Un ride inesperado
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Buen día amigos lectores, hoy les contaré algo que me contó mi esposa del viernes pasado.
Por motivos de trabajo tuve que salir de la ciudad un par de semanas, a lo cual mi esposa se quedó sola en casa.
El viernes me mandó mensaje que tendría juego de voley, a última hora de la jornada deportiva, a las 9 de la noche. Una compañera de ella pasaría por ella ya que no sabe manejar. Al llegar al juego estuvimos mensajeando y me decía que los juegos iban atrasados, casi una hora. Pasadas las 10 comenzó su juego, para las 11:15 terminó.
Luego del juego las otras chicas querían ir a tomar algo a casa de una de ellas, pero mi esposa les dijo que ella no quería, que estaba cansada y quería ir a casa, así que se iría caminando. Al avanzar unas cuadras oyó que una camioneta le pitó y voltea, en eso le dice: oye, ¿no quieres que te dé un ride?
Era el vecino que andaba ya en la ciudad otra vez. Mi esposa le dijo que sí y se subió a la camioneta.
Se saludaron de beso y antes de avanzar empezaron a platicar.
E: ¿Y eso qué andas aquí?
V: Me dieron unos días y quise venir para acá.
E: Mira, ¿y me andabas espiando o qué?
V: No, pura casualidad. Salí a dar la vuelta y tomar unas cervezas, cuando pasé por las canchas y te vi, me puse a ver tu juego. Ya luego vi que venías caminando y te seguí, solo que no quise abordarte ahí con tus amigas.
E: Aaa, mira, ¿y qué tal jugué?
V: Muy bien, lucias muy bien y esos leggins te resaltan muy bien, eh.
E: Jajaja, gracias, gracias.
V: ¿Tienes prisa o quieres que demos la vuelta por ahí?
E: Te acompaño un rato.
Le ofreció una cerveza, pero mi esposa no quería, así que la llevó por una bebida. Fueron a dar la vuelta por la ciudad y luego la llevó a un cerrito donde se junta gente. Platicaron un rato y luego le dieron para atrás del cerrito, un poco más solos y oscuro el lugar.
Ya ahí siguieron platicando y mi esposa le dijo que tenía calor, ya que pues sí, ya es época de calor por aquí. Él dijo que se quitara la playera del uniforme. Mi esposa se hacía la difícil diciéndole que no porque le daba pena y alguien podía ver, pero la terminó convenciendo y se quitó la playera quedando en el bra deportivo, uno con cierre al frente.
El vecino se le quedó viendo y le dijo que se veía muy sexy así sport. Mi esposa se sonrojó y le dio un trago a su bebida, pero cuando la puso en el porta vasos, el vecino aprovechó para besarla. Mi esposa lo jaló del cuello y le correspondió el beso. El vecino aprovechó y llevó su mano al bra y comenzó a bajar el cierre hasta que se abrió quedando sus senos al aire. Ella intentó cubrirse, pero él le sujetó las manos y le dijo: tranquila, nadie nos ve aquí, está solo y oscuro, por eso te traje.
La siguió besando, bajó por su cuello y sus hombros hasta llegar a sus tetas, las agarró con ambas manos, las juntó y las besaba. Luego comenzó a chuparle los pezones que de inmediato se le pusieron muy duritos a mi esposa. Le comía las tetas de una manera que la hizo dar pequeños gemidos, mientras ella acariciaba la pierna del vecino, subiendo hasta llegar a sobarle la verga por encima del pantalón. Luego fue desabrochando el cinto y abriendo el pantalón para sacarle la verga, para masajearla ahora sí en todo lo largo y ancho.
Se dejaron de besar y se vieron a los ojos.
E: Ya extrañaba tu verga.
V: Y yo extraño tu rico culo.
E: ¿Ah sí?
Mi esposa se empezó a sacar los leggins que llevaba, quedando en pura tanga. El vecino le acariciaba las piernas y las nalgas. Mi esposa se acomodó en 4 en el asiento de copiloto para que se las pudiera ver bien, a lo que él le empezó a dar unas nalgadas y darle de mordidas como si fuera pastel. Luego así en cuatro se volteó hacia el vecino, le sujetó firme la verga, lo vio a los ojos y le dijo: te dije que aquí iba a estar esperando tu putita.
Luego se agachó y le empezó a dar una mamada, jugaba con la cabeza de la verga, le daba besos. El vecino se bajó más el pantalón y mi esposa pudo acceder a sus huevos que también apretaba y le dijo: espero que me hayas traído mucha leche de esta que me gusta.
Le seguía dando una mamada, tratando de meter todo lo que podía, y el vecino con una mano empujaba la cabeza de mi esposa, y con la otra hizo a un ladito la tanga de mi esposa para meterle dedo, en la panochita y en el culito. Con la dedada mi esposa empezaba a gemir más, sus gemidos ahogados por la verga en la boca, pero su panochita estaba inundada ya de sus jugos.
Luego el vecino le dijo: ándale putita, ven montame.
Y mi esposa obediente se pasó al asiento del piloto, se acomodó y se empezó a sentar en la verga del vecino así de frente, lo abrazó del cuello y fue bajando lento, dejándolo ver su cara de placer de cómo le iba entrando toda. Cuando ya quedó bien sentada le dijo:
E: En verdad extrañaba cómo me abre tu verga.
V: A ver, demuéstrame cuánto extrañabas.
Mi esposa lo empezó a cabalgar, primero moviendo la cadera, luego él levantándola de las nalgas hacía que se diera sentones más y más fuertes.
Luego de un rato se giró y ahora lo monta de espaldas, ella inclinándose hacia adelante para que tuviera una mejor vista de su culo y como chocaban sus cuerpos. Así estuvo cabalgando un muy buen rato, hasta que sintió el palpitar de la verga del vecino y le soltó chorros de semen dentro de ella. Se hizo hacia atrás, recargando su espalda en el pecho del vecino sin sacarse la verga, seguía moviendo la cadera, giró su cabeza y se besaron.
V: Tú me quieres ordeñar todo, ¿verdad? (no dejaba de mover despacio la cadera)
E: Quería ver si sale más chorros de leche, estuvo muy rica tu vaciada (le apretó los huevos).
Luego se levantó y la leche salió de su panochita y escurrió por la verga del vecino. Se acomodó en el asiento del copiloto pero no dejaba de ver la verga escurriendo.
El vecino la tomó del cuello y le dijo: ¿qué esperas putita? No que querías toda mi leche? No la desperdicies.
Y mi esposa obediente bajó a tomar con su lengua la leche derramada, se la chupó y se la dejó bien limpia.
Se acomoda en el asiento bien ella y lleva sus brazos hacia el posa cabezas, agotada, con las tetas expuestas, y el vecino pues aprovecha para comérselas otra vez, hasta que la cordura regresa a mi esposa y le dice que ya porque los pueden ver, y se cierra el bra. Se quiso poner los leggins pero el vecino no la dejó.
V: No, así quédate, de abajo no te van a ver.
E: Mmm, bueno, te haré caso.
V: Como debe de ser, putita.
Se pusieron a platicar otro rato.
E: Me dejaste agotada, es un reto cabalgar esa verga.
V: Cuando quieras, siempre tengo leche para ti.
Mi esposa agarró su mochila y sacó una botella de agua, a lo que el vecino le agarró la mochila para ver qué más traía y sacó un balón de voley que estaba ahí. Le dijo: tengo una idea. Se bajó de la camioneta y se fue del otro lado, abrió la puerta del copiloto.
V: Ven, bájeté.
E: No, ¿cómo crees? Nos van a ver.
V: Que te bajes, putita (la tomó de la nuca, la besó intenso y la hizo bajar).
Le dio el balón de voley y le dijo: te voy a hacer una sesión de fotos a mi jugadora estrella.
Le sacó unas fotos ahí abajo de la camioneta, posando con el balón, enseñando el culo, con el bra abierto y el balón tapando las tetas, luego la posó con el balón a un costado, las tetas al aire y le bajó la tanga para que se viera toda desnuda. Una vez completada su sesión la dejó subir a la camioneta. Entendieron el regreso a la casa ya sobre las 2 de la mañana, y así la llevaba en puro bra, tanga y tenis, dieron otra vuelta a propósito y llegaron a la casa.
Se dieron un beso y mi esposa se iba a poner los leggins, pero le dijo que así se tenía que bajar, tal como estaba.
Mi esposa ya sumisa le hizo caso, pero bajó rápido con la llave en la mano, que olvidó su playera y sus leggins en la camioneta.
Al día siguiente muy amablemente se los fue a devolver, no sin pedirle recompensa…
