Un curso sola en casa de mi cuñado y mi primo
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Me llamo Claudia, tengo 19 años y vivo en un pequeño pueblo lejos de la gran ciudad. Mi vida se ha desarrollado con mucha tranquilidad y felicidad. Tengo una hermana cinco años mayor que vive y trabaja en la gran ciudad con su esposo e hijo. En la distancia los veo muy poco, en este caso más de dos años. Mi sexualidad es casi nula porque chicos jóvenes se ven muy poco por aquí, ya que todos parten en busca de trabajo o estudios.
Un día en casa de mi tío, durante una visita familiar cuando yo ya tenía 19 años, él me acostó en la cama y me desnudó por completo para enseñarme a masturbarme. Me tocaba mis pechos ya grandes y lamía mis pezones. Después pedía que lo hiciera yo sola, descubriendo mis puntos sensibles en toda esa zona. Ese día me besó y sacó su lengua en mi vagina, por lo cual me humedecía y sentía cosas ricas. Cuando estaba a punto de sentir algo más que no podía definir, él tomó su mano a la mía y puse un dedo en ese botón extraño. No hizo falta mucho, ya que en pocos movimientos sentí como algo me salía de la espalda y brotaba en mi vagina. No pude parar de gemir en voz alta.
A partir de ese momento me masturbaba yo sola por las noches en mi habitación, pensando en que un chico joven me poseía. También con los gritos de mi madre y el bufido de papá que algunas noches escuchaba, me excitaba bastante.
Llegó mi hora y partí a la universidad a ese lugar grande y totalmente desconocido que era la gran ciudad. Fui al piso de mi hermana, la cual me acogió con alegría. Mi primer trayecto sola fue algo extraño, ya que muchos hombres en los buses se pegaban a mí por detrás y ponían sus cosas duras en mis nalgas. Alguno metió sus dedos por debajo de mi falda y, apartando mi braguita, me acariciaba todo e incluso sentí algo de dolor porque me metían dos dedos dentro, sacando y metiendo. Pensaba en los consejos de tranquilidad que me dio mi madre al respecto, diciendo que eso me iba a pasar.
Con tanto frotamiento tenía ganas de llegar a casa de mi hermana y tocarme hasta hacerme venir. En la llegada a la tarde los veo a todos y, después de ducharme, me pongo un pijama nuevo que mi hermana me había comprado. “Quítate el sujetador al estar por casa”, me comentó, “pues es muy incómodo y ya tienes más pechos que yo”. Me fijé en mi primo Oscar, ya con 19 años, que había pegado un gran estirón y era el más alto de todos. Tenía también muchos músculos. Él iba por la casa en calzoncillos y me fijé en un bulto en esa zona que iba inclinado hacia su derecha. Mi tío Sebastián tendrá 40 años y su cuerpo es igual al hijo, pero algo más bajo. Mi hermana y yo éramos las únicas pequeñas y pechugonas.
Como siempre hacíamos en Navidad en el pueblo y al tener la casa de mi hermana dos habitaciones, me instalé en la de mi primo en una cama auxiliar plegable, algo incómoda y pequeña. Al darnos las buenas noches, mi hermana le dice a mi primo que recuerde lo hablado y mucho respeto. No entendí esas palabras. Notaba a mi primo muy distante y me pasé a su cama para jugar como siempre a los médicos. Él estaba negativo y huidizo. Le dije que ya me sabía masturbar y, desnudándome totalmente, me acosté junto a él. Le expliqué cómo era mi vagina y, después de mucho rato y cerrando la habitación con llave, puso su cabeza junto a mi rajita. Le dije que lo iba a enseñar y me puse sus dos dedos entre mis piernas y lo fui llevando hasta tocar todo.
Él estaba como raro y, mirando a su calzoncillo, ese bulto a la derecha ahora era más grande y duro. Hasta que sus dedos fueron dándome gustito hasta que me hizo venir.
Fueron pasando los días y semanas y mi primo estaba cada día menos alejado de mí. Era rara la noche en que le explicase la lección sobre mis pechos, pezones y cómo saber lamer, chupar y morder. Se ve que a él le estaba encantando saber sobre mi vagina, mi clítoris y mis pechos. Iba tan mejorado que me hacía venir cada día más. Una de tantas noches pasamos a la lección del pene, en los que ambos éramos desconocidos del tema. En este caso mi primo mostró una masa de carne grande y dura que me sorprendió. Día a día mejoraban las lecciones. Aprendí perfectamente a masturbarlo a él y me fue gustando cada día más su enorme cantidad de líquidos que le salían, era muy espeso y caliente. Él propuso cómo sería si yo se la chupo y, como no, a lamer sea dicho, cuántas y cuántas veces la comí. Casi no cabía en mi boca, pero tampoco la tragaba entera y llegué a ser tan buena en esas lecciones que me lanzaba sus líquidos dentro de mi boca, llegando ya a tragarlos todos.
Fueron muchas noches y muchos meses en los que casi a diario nos poníamos a estudiar como él me pedía. Mi hermana siempre me decía si Oscar se estaba portando bien, a lo cual respondía sí y que incluso nos ayudábamos con las lecciones. Una noche mi primo me dijo si alguna vez vi a alguien copulando y lo que respondí, solo a los animales de mi padre y que el macho tomaba a la hembra desde atrás y se movía rápidamente hasta supongo dejarla preñada. Él me respondió que nunca tampoco, pero creía que en un sitio había un agujero y si quería me lo enseñaba como lección. “¡Claro!”, le dije inmediatamente.
Una noche Oscar me mueve y al despertar me pide silencio y que lo acompañe en solo calcetines para no hacer ruido. De mano me lleva al pasillo lateral de la habitación de mi hermana e indicándome un agujero debajo, me tuve que poner a cuatro patas para ver lo acontecido. Mi hermana estaba en posición de perrito totalmente desnuda, sus tetas colgando se movían como unas campanas tocando a misa. Mi cuñado también desnudo detrás, haciendo lo mismo que los animales, la empujaba agarrando su cintura. Noté que mi primo me había bajado el pijama y la braga hasta la cintura y tenía su miembro húmedo rozando mi húmeda rajita.
Mi hermana solo decía “dameee toda tu leche” y muchos “ahhhhh ahhhhh ahhhhh”. Mi primo me puso la cabeza de su cosa perfectamente en mi entrada y empujó un poco y noté como algo de dolor se mezclaba con placer. Mi hermana se puso boca arriba y mi cuñado tomó sus piernas y, como una contorsionista, la colocó en sus hombros mientras ahora se movía de forma más lenta pero con golpes secos. Mi primo me seguía empujando desde atrás y a un golpe tuve que taparme mi boca con la mano, pues noté dolor y algo que me había atravesado. Lo dejé y llegó al fondo, pues noté sus testículos en mi culo.
Solo se escuchaba ahora los gritos y decir “sígueeee no pares que la noto en mi estómago y si sigues me voyyy a venirrrr toda”. Mi primito ya me daba más fuerte y entre una cosa y otra mi placer era enorme. Cuando en silencio indiqué a mi primo “más fuerte que me veníaaa”. Mi cuñado gritaba que si quería leche y mi hermana “todaaaaaa y que se venía”. A un acelerón fuerte donde la cama se partía, un “ohhhhh” de él le dijo “tomando lecheeeee mi putita” y mi hermana dijo “me vengooooo ya y soy tu putita y soy tu zorra”. Yo me moría de placer y a los golpes brutales de mi primo me vine de gusto en silencio mientras notaba su caliente semen dentro.
Estuvimos lo que restaba de curso aprendiendo esa nueva lección.
Y mientras mi cuñado cada mañana me acompaña en bus al norte, pues mi hermana y mi primo iban al sur, y cada mañana se pegaba detrás para protegerme de hombres malcriados metiendo mano. Dentro de mí haciéndome venir y yo pasaba una mano detrás y lo masturbaba tapados con una chaqueta hasta sentir su líquido en mis manos. Por último, una vez a la semana a la llegada en los baños de la estación me ponía de pie con la cara mía pegada a los azulejos y me tomaba desde atrás de forma rápida y dura. Me venía mucho y me gustaba esa lección que me daba mucho morbo.
