Mi primo me cogio delante de mi esposo
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Semanas atrás mi tío que vive en Torreón me llamó para decirme que mi primo vendría a la ciudad y que si podía apoyarlo dándole hospedaje unos días. Él es maestro de educación física y natación y venía a unos cursos y unas competencias y que si podía quedarse conmigo.
Le comenté a mi esposo y me dijo que no había ningún problema.
Yo estaba en casa como de costumbre ya que desde hace años me jubilé, me encontraba haciendo ejercicio cuando tocaron a la puerta. Pensé que era alguien X, me asomé y vi un hombre alto y fornido.
—Sí, diga.
—Buenas tardes, prima.
—Ooooh, Carlos, está abierta la puerta, solo quita el seguro.
Entró. Yo me encontraba toda sudada, aún así me acerqué a saludarlo.
—Estoy toda sudada.
—Está bien, ya la interrumpí.
—No pasa nada, estás bien cambiado, no te reconocí.
—Es que pasaron muchos años, prima. Creo la última vez que la vi yo tenía como 12 años.
Él es menor que yo.
—Tanto, ¿ya cuántos años tienes?
—31.
—Sí, fueron muchos años.
Pude ver que me vio bien. Por el sudor mi top estaba casi transparente y aunque me puse una toalla se me movía, además de que tenía que secarme.
—Déjame me baño rápido y bajo para acomodarte, ¿gustas algo de tomar?
—Sí, está bien.
Me bañé, me puse un short de mezclilla y una blusa de tirantes como siempre. Para mí es muy normal andar en casa ligera de ropa y a veces lo hago de manera automática. No me di cuenta de que la blusa, aún al ser negra, estaba muy delgada y mis pezones se veían muchísimo, además de que yo seguía excitada por el ejercicio. (Quien guste ver mi atuendo, con gusto le mando imagen.) Pero me di cuenta de esto por la manera en que me vio mi primo. Ya no podía hacer nada.
—Voy a poner café y a desayunar, ¿ya desayunaste o gustas?
—Sí, está bien. La verdad solo lo que me dan en el camión.
Me puse a preparar mientras nos poníamos al día. Después subimos y le mostré el cuarto que está al fondo.
—Si necesitas algo, dímelo sin pena.
Nos bajamos a la sala a seguir hablando.
—Prima, está bien chula. Mi tío siempre nos hablaba de ti y nos presumía que tenía una sobrina que estaba guapísima. Y la verdad no se lo discuto. Está bien chula.
—Gracias.
Más tarde llegó mi esposo. El calor era mucho, yo seguía sudando y mi blusa estaba pegada a mi piel. Nos dimos un beso y le presenté a mi primo.
—Mucho gusto.
—Mucho gusto.
—¿Gusta una cerveza?
—Sí, está bien.
—Amor, ¿no quieres una? Con este calor te va a saber a gloria.
—Sí, está bien.
Pasaron los días y ellos se llevaron muy bien. Cierto día ya tarde noche, recién bañada me puse a cocinar. Me puse mi short corto y mi blusa blanca ya de pijama. Mi idea era cocinar y dejar la comida antes de que llegara mi primo o mi esposo y subirme, pero todo salió diferente. Llegó antes mi esposo y ya me entretuvo en la cocina y en poco rato llegó mi primo. Y ahí estaba yo con una mini blusa blanca que dejaba ver mis pechos por completo. (No pude subir foto.)
Las miradas de mi primo eran penetrantes, no disimulaba nada y no era para menos, mis pechos se veían por completo a través de la tela delgada, mis pezones no se diga, andaba casi en topless. Mi esposo nada más me sonreía de manera traviesa. Le dio una cerveza a mi primo, cenamos y nos quedamos en el comedor. Así estuvimos un par de horas tomando.
Nos levantamos para irnos a dormir y mi esposo me tomó de la cintura y me dio un beso en el cuello mientras subíamos. Sentí su mano deslizarse por mi cadera y supe que la noche apenas comenzaba. Mi primo se quedó en la sala viendo televisión, pero yo sabía que había visto todo. Y una parte de mí, la más traviesa, no podía dejar de pensar en su mirada.
