Se agranda la familia: nuevas caras, viejas tentaciones y un culo que promete – I, II, III, IV

Duración estimada de lectura: 70 minutos

Visitas: 6,718

Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.

Para aquellos que hayan leído alguno de mis relatos anteriores, soy un adicto a las maduritas desde que tengo uso de razón, pero no por ello dejo de lado al resto de las mujeres.

Hace ya tres meses, mi hijo Gero convocó a la familia completa a un almuerzo. Eso hacía suponer que algo traía entre manos, ya que acostumbra a hacer cosas así cuando va a informar temas trascendentes.

Llegó el domingo y nos fuimos juntando todos en casa: mis hermanas y sus maridos e hijos, mi ex con su actual pareja, mi otro hijo con su pareja e hijos: éramos casi 20 y faltaba el principal implicado. Pasado el mediodía llegó acompañado con su nueva pareja.

Gero: familia, les presento a Julia, mi pareja. Llevamos casi 9 meses saliendo y hemos decidido irnos a vivir juntos.
La cara de León, su hijo, se transformó: pasó de la alegría por la juntada a miradas fulminantes a Julia. Me aproximé y le pedí que me ayudara a traer algunas bebidas y me lo llevé a otro sector de la casa.

Alejo: vos sabias que estaba saliendo con ella, no sé qué te sorprende.
León: no dijo que me llevaría con él, solo que se iría a vivir con ella.
Alejo: tranquilo, ya habrá tiempo.
León: hay cosas que todavía no sabés, ya te vas a enterar.
Tomamos las bebidas de la heladera y volvimos a la reunión. Era todo un alboroto, saludos, presentaciones, algo de algarabía por parte de algunos y de sorpresa por otros.

Estábamos en plena reunión cuando sonó el timbre de la casa, me preparé para ir a ver quién era, pero mi hijo hizo un gesto y fue él a abrir la puerta. Un par de minutos después, ingresaba acompañado por dos mujeres jóvenes.

Lo miré a León y entendí sus dichos. Su padre formaba una nueva familia y él seguiría en casa conmigo, no entraba en la nueva ecuación.

La reunión siguió hasta avanzada la tarde, momento en que se fueron retirando todos a sus domicilios. Solo quedamos mi ex (Mina) con Cacho, León y yo.

Mina: vas a tener que manejar todo con mucha calma, León está que vuela de bronca. Contá conmigo, mándalo a casa el finde que viene mientras el padre se lleva sus cosas.
Alejo: gracias Mina, en la semana voy hablando con él y si quiere lo mando
Cacho: va a ser menos jodido ver cómo se lleva todo menos a él.
Alejo: tenes razón Cacho.
Quedamos solos, terminamos de ordenar todo y León se fue rápidamente a enfrascarse en juegos on-line para no hablar de lo sucedido.
Esa semana fue terrible, vivía en un bajón continuo y hasta aflojó en estudios y tareas habituales. Cuando le ofrecí ir a pasar el finde con su abuela y Cacho, aceptó rápidamente. Preparó un bolso con algo de ropa y lo dejó en el auto. Cuando fui a retirarlo de la escuela el viernes a mediodía, estaba algo más calmado, lo dejé en casa de su abuela y le pedí que cualquier cosa me llamara y vendría. Me saludó y tras darle un beso a la abuela, entró en la casa, Mina me hizo un gesto de “llamada telefónica” y luego extendió el brazo a modo de saludo.
Volví a casa. A las 15:30, mi hijo llegaba a casa con una camioneta para llevarse sus cosas.
Gero: ¿y León?
Alejo: con tu madre, por el finde.
Gero: pensé que me ayudaría con la mudanza
Alejo: ¿para ver que no tendría lugar en tu nueva casa?
Gero: papá, la idea es que conozca a las chicas y se vayan uniendo.
Mientras iba cargando las cosas en el transporte me contó que vendría Julia con (Irma) una de sus 4 hermanas a buscar las ropas que dejaría preparadas en bolsos, ya que Irma tenía vehículo.
Quedé solo y a la espera de las dos mujeres. Llegaron cerca de las 19.
Aprovecharé este momento para describirles a Julia e Irma. Julia tiene 30 años, mide quizá 1,55, cabello castaño claro tipo melena, es rellenita (no gorda), buenas curvas, muy simpática. Mientras su hermana es el polo opuesto: 1,68, bastante más estilizada, cabellos rojizos (de peluquería), bastante más habladora y de lenguaje algo vulgar, y al igual que Julia, con curvas muy pronunciadas (tetas muy llamativas y culito parado).
Julia: Alejo, me llevo algunos bolsos así vamos acomodando la ropa y después vuelve Irma para llevar otra carga.
Irma: la yegua esta me tomó de flete, ¿podés creer?
Julia: compórtate Irma, qué va a pensar Alejo
Irma: que ustedes dos me van a vivir este fin de semana.
Cargaron las cosas y se fueron, una hora más tarde, Irma volvía a casa, cigarrillo en mano y con aliento a cerveza. Evidentemente ya estaba cobrando por sus servicios.
Irma: negri, ¿tenés algún bolso más para cargar ropa? No vaciaron nada
Me sorprendió la confianza que se tomaba la coloradita, ya que apenas me conocía. Fui por un par de bolsos y volví a la habitación de Gero, la encontré sentada en el suelo, con su celular en mano, hablando con Julia. Ésta le pasaba información de que llevar como prioridad. Se puso de pie y fue en busca de lo solicitado, aproveché el momento para observarla en detalle: llevaba unos leggins a rayas de colores vivos, muy ajustados que dejaban poquito a la imaginación, por detrás se metían bien a fondo en la raja del culo y de frente le marcaban una concha muy abultada (podía adivinar de labios gruesos) y la remera suelta (quizá más de lo aconsejable) con las tetas muy liberadas (parecía no llevar brassier). Cuando se agachó a guardar la primera tanda de ropa en uno de los bolsos, casi me tiento de tocarle el culito, era una invitación a frotarlo y hundir el dedo mayor en la raja. Para no volver a tentarme, le alcancé una silla para que pusiera el bolso en ella y tuviese que agacharse menos.
Irma: gracias negri, andá a hacer lo tuyo, yo me arreglo solita.
Alejo: ¿segura? Si necesitas ayuda, me llamás
Irma: vivo sola y me manejo así en todo en mi vida
Lo dijo con una sonrisa pícara, mientras volvía a retirar ropas del ropero.
Cuando se fue, se despidió con un beso y un abrazo, aplastando sus tetas en mi pecho; me pareció poco normal, pero quizá había sido parte de mi mente calenturienta.
El sábado por la mañana, inicio movido, a las 9:30 sonó el celular, era Gero.
Gero: papá en una hora voy por el ropero, televisor y equipo de audio.
Alejo: ok, me visto y te espero
Gero: después va Irma por otra carga de ropa, se la dejo en la cama
Alejo: ¿viene con Julia?
Gero: no, sola. Julia está ordenando las habitaciones y viendo si hace falta algún mueble más
Alejo: ¿la cama, el colchón?
Gero: por ahora no
Pasada la hora, llegó mi hijo y casi en el mismo momento Irma. Abrazo y beso a mi hijo y beso para mí. Había cambiado un poco la vestimenta: la remera más apretada que indicaba la presencia de un brassier deportivo que le levantaba las tetas y los leggins de colores había sido reemplazado por uno gris claro, tan ajustado como el anterior pero con un detalle: no marcaba elástico alguno de bragas.
Irma: buenos días chicos ¿cómo pasaron la noche?
Gero: destruido, jamás pensé que una mudanza cansara tanto
Alejo: lo pasé raro, la casa muy silenciosa
Irma: si querés ruido, llamame, ja ja ja ja
Empezó el desfile de muebles y el trabajo de retirar la ropa que necesitaba llevar, le dejó un par de bolsos a Irma para que la guardase y un par de cajas para el calzado.
Gero: bueno pa, creo que ya no vuelvo por hoy, voy a ordenar allá
Alejo: listo Gero, cualquier cosa avisa.
Irma: negri, no se va a Europa, se va a casa de mi hermana, que es bastante aquilombada, igual que mis sobrinas. Eso le va a llevar tiempo.
Cuando se iba, Gero me hizo un gesto de cuidado con Irma, sabía que era tan zafada como se expresaba. La dejé sola en la habitación ordenando las cosas y fui a la cocina a preparar un mate, tomé dos o tres y luego fui a ofrecerle algunos.
Irma: ¡¡guau!! Qué bueno un hombre ofreciéndome mates en la mañana, que desacostumbrada estoy a esto
Alejo: no será para tanto
Fuimos tomando algunos mates mientras ella acomodaba las ropas y me contaba de su vida. Es divorciada, se casó a los 20. Heredó el trabajo de su madre cuando esta se jubiló en una residencia geriátrica, habitualmente trabajaba tres noches y tenía dos de descanso. Un día volvió a casa antes de lo previsto y encontró a su ex con una de sus amigas en pleno ejercicio sexual, de allí su divorcio y un buen ingreso que le pasaba el infiel como arreglo judicial. Lo complementaba con su trabajo y le permitía vivir sola en un departamento mono ambiente céntrico. Con sus actuales 28 años, disfrutaba de la vida: organizaba sus cosas y disfrutaba de los fines de semana con salidas a antros, no se enredaba con nadie, pero sabía pasarla bien.
Irma: es la diferencia entre la tonta de mi hermana y yo, ella no se casó y el padre de sus hijas no le pasa un mango.
Habiendo terminado de cargar los bolsos, se sentó en la cama desarmada y tomamos un par de mates más.
Irma: tenía planes para hoy y mañana, pero esta pendeja me los cagó con la mudanza. Me iba de joda anoche y hoy, pero levantarme temprano no es mi fuerte cuando salgo. Trato de reponerme para ir al trabajo.
Alejo: tan mal no te va…
Irma: si me toca cuidar las viejas, todo bien, pero los viejitos quieren más atenciones: me han tocan el culo, franelean las tetas pero no pasan de ahí.
Alejo: deberías irte del laburo…
Irma: ni loca, con lo que me pagan vivo genial. Lo malo es que a veces me dejan recaliente porque no se les para y termino pajeandome en casa.
Alejo: y te desquitas los sábados…
Irma: obvio, pero esta semana no va a poder ser
La charla se iba poniendo interesante y caliente, pero tirarme a la pileta podía terminar en un buen quilombo. Se puso de pie y trató de cargar el bolso en la espalda para llevarlo al auto, pero el peso la superó. Me ofrecí a ayudarla y entre ambos cargamos las cosas.
Irma: bueno negri, vuelvo en un rato por el resto, Gracias por lo mates.
Se despidió con otro beso y abrazo apretado, que aproveché para darle un ligero toque al culo, se sonrió y salió, pero no dijo nada del toqueteo.
La suerte estaba echada, lejos de enojarse pareció gustarle el toque. Empecé a imaginar cómo haría para avanzar sobre ella sin que hubiese rechazo y termináramos revolcándonos.
Unas dos horas después volvió con varios bolsos vacíos, se la veía sudada y el olor a cerveza era intenso. Estaba chispeadita por el alcohol, como más liberada.
Irma: negri, te traje de vuelta los bolsos, ya les dejé el despelote a los tortolitos.
Alejo: gracias Irma. ¿Una cervecita fría?
Irma: estaría genial ¿algo para picar? Estoy cagada de hambre
Le extendí la cerveza y después busqué algún fiambre y queso en la heladera. Nos sentamos a la mesa y compartimos el momento, se chupó la cerveza como una esponja y se desparramó en la silla, comió algo del fiambre y pidió pasar al baño.
Irma: tengo que desagotar tanta birra.
Entró al baño y podía sentir el potente chorro que despedía de su cuerpo, luego abrió el grifo del bidet y supongo que para lavarse, pero demoraba bastante en salir quizá unos 15 minutos. Me acerqué al baño y le consulté si estaba bien. “Ya voy, en 5 termino” respondió mientras sentía un chapoteo.
Efectivamente, salió 5 minutos después, mucho más sudada, las gotas de sudor bajaban por el cuello y se perdían entre las tetas rumbo al brassier. Había una mancha poco discreta en los leggins grises a la altura de la concha: se había clavado una paja mientras se lavaba, era indudable.
Esa fue señal que necesitaba para avanzarla. Me acerqué a ella y sin mediar palabra mandé mi mano derecha a su entrepierna, extendiendo el dedo mayor por la raja. Abrió grandes los ojos y entreabrió la boca como para decir algo, pero no le di tiempo, Le comí la boca mientras aceleraba el manoseo de la raja, la pajeaba con ganas y ella aflojó la resistencia, se colgó de mi cuello y empezó a colaborar con los besos y caricias.
Irma: negri, ¿querés cogerme? Estoy recaliente
Le bajé los leggins y sentí su piel caliente y húmeda, no había tanga ni hilo ni nada que la cubriera. Tardé segundos en meter mi dedo en la cueva caliente y encharcada, la paja se estaba volviendo intensa, haciéndole aflojar las piernas.
La levanté en el aire y la llevé a la cama de Gero, con el dedo ensartado en la concha, la dejé caer en ella mientras me sacaba la ropa. Irma se quitaba todo hasta quedar totalmente desnuda, de piernas abiertas, invitándome a montarla. Me ubiqué entre ellas y acomodándome apenas, se la empecé a frotar por toda la raja.
Irma: métemela ya, no tardes que estoy que vuelo
Alejo: primero te la voy a comer y después te la meto
Irma: ¡¡ay papito!! ¿me vas a comer la concha? Me encanta, haceme acabar
Me arrodillé y me dediqué a mamarle los labios, pasar la lengua por toda la raja y abriéndola buscaba el clítoris para mordisquearlo. Ante ese tratamiento, comenzó a gemir fuertemente y apretarme la cabeza para no dejarme salir de allí.
Irma: ¡¡ ufff, qué lindo la chupás!! Un poquito más y te lleno la cara de juguitos, dale…
Y fue exactamente así, dos o tres minutos más y tuvo una acabada feroz, chorreando de manera intensa.
Irma: ahora cógeme, lléname la concha de leche, ni se te ocurra parar…
Los gemidos ya casi eran gritos y se movía como poseída. Me hizo girar y me montó para iniciar una cabalgata frenética que duró unos 15 minutos hasta que en medio de un grito completó su segundo orgasmo, al que respondí con varios chorros de leche en su interior.
Fue bajando la intensidad del bombeo hasta quedar detenida totalmente, aún empalada y apoyándose en mis hombros soltó un suspiro intenso.
Irma: ¡¡qué buen polvo, que falta me estaba haciendo!! Tres meses sin coger
Alejo: sos muy putita, te gusta mucho
Irma: obvio, si no fuese por el trabajo que tengo, sería una puta profesional
Alejo: ¿y entregás el culo también?
Irma: gratis no negri, ese tiene costo ¿te gusta mi culito?
Alejo: se ve muy lindo y apretado
Irma: déjame pensarlo, en la semana cuando tenga franco te llamo y te cuento si te lo doy y a qué precio.
Alejo: ¿los polvos son gratis?
Irma: a cambio de otra mamada, podría ser…
Estábamos negociando cuando sonó su celular, atendió y le respondió a Julia que estaba con un amigo, que por la tarde iría a la casa. Apartó un poco el celular del oído y me dejó escuchar parte de la charla.
Julia: ya estás cogiendo otra vez, cuídate de quedar embarazada, pásalo bien y disfrutá la tarde. Después te llamo.
La llamada se cortó, me miró y me dijo: “Deberías conocer a mi vieja, es más puta que yo y ya no cobra, lo hace por placer. La encontré varias veces con tipos como vos y algún que otro pendejo. Se mueve mucho y dura más pero solo lo hace en su salón de masajes, cuando quieras te saco un turno pero prométeme que no le vas a chupar la concha, eso es solo para mí, ¿sí?” Acepté la propuesta, pero no creí que fuera a concretarse.
Se bajó de la cama y en bolas, se fue al baño lavarse. No podía creer que la minita fuese tan fácil o quizá la perdía el alcohol, ya tendría tiempo de averiguarlo.
Volvió a la habitación y se puso a buscar sus ropas, cuando se inclinó para levantarla del suelo, dejó el culito en pompa, realmente era muy tentador y extendí mi mano para acariciarlo, se dejó hacer un poco y cuando ya estaba empezando a mojarse otra vez, giró y mirándome dijo: “No seas guacho, tengo algunas cosas que hacer y si seguís no me voy a ir”.
Le metí el dedo mayor a fondo en la concha y cerró los ojos, apretó las piernas y me retuvo dentro: “negri… en serio… me tengo que ir… me encanta pero no puedo quedarme…” se afirmó al ropero y empinó el culo, abrió apenas las piernas para que moviese el dedo un poco más y tomando mi mano, completó una paja leve, ya escurría como perra en celo. Me senté en la cama, y le abrí los cachetes del culo para tener mejor acceso a la concha, pero el agujero del culo me hipnotizó, me agaché y se lo comencé a comer, despacio, disfrutando de los latidos del anillo. “Ufff… qué rico se siente… no seas guacho… poné el dedito y me lo llevo adentro, papi” murmuró mientras abría más las piernas.
Le hice caso y con un movimiento rápido lo internó en su recto. “Así… quietito… que se agrande…” dijo mientras se movía muy despacio. Pero no todo puede ser perfecto, no resistí y comencé a meterlo y sacarlo con ganas y fue la perdición. Así como lo metió, lo sacó con rapidez. “Te dije despacio y que me dejaras hacer, unos minutos más y me hubieras enculado, ahora te quedás con las ganas” dijo y se puso de pie, tomó sus ropas y se vistió con rapidez. La seguí hasta la cocina, la tomé por los hombros y la giré, le estampé un beso. Se despegó de mí y mirándome con una mezcla de furia y angustia dijo: “yo elijo cuando y con quien entregar el culo, te lo perdiste por no escucharme. En la semana te llamo, pero no vas a tener acceso a mi culo”.
Tomó las llaves del auto y salió de la casa.
Me lamenté por no saber contenerme, pero estaba convencido que habría más encuentros con Irma, al fin y al cabo, sería interesante conocer al resto de la familia de Julia.

PARTE II

Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Había transcurrido una semana desde la mudanza de Gero y Julia, ya se habían organizado bastante y nos invitaron a León y a mí a una cena típica de día sábado en Argentina: pizzas y cerveza.
Impulsado por su padre, León fue a jugar videojuegos con Rina su hermanastra de 13 años y quedamos Julia, Gero y yo en la cocina, preparando las cosas para la cena.
Me extrañó la cantidad de pizzas que estaban en la mesada y les consulté si comían tanto habitualmente. “No, ya deben por llegar mi madre y otra de mis hermanas, espero no te moleste” dijo Julia mientras encendía el horno.
Bueno, iba a conocer a la profesional del sexo según Irma. Me imaginé varias cosas y situaciones, hasta que sonó el timbre y vi ingresar a las dos mujeres.
Julia: Alejo, ella es mi hermana Cristina y ella mi madre Chela.
Me aproxime a ambas y las saludé, mientras les hacía un típico escaneo de reconocimiento. Cristina de 22 años era virtualmente un clon de Irma, quizá con algo más de pecho y cabellos castaños con algunos reflejos de color rubio, jeans apretados y una camisa clara que traslucía un brassier de media copa con encaje que le resaltaba las tetas.
Chela de 60 y pocos, era una hippie de los años ’70 transportada al siglo 21. Vestido hindú muy holgado, de colores en la gama del violeta, cabellos plateados naturales, un perfume a sahumerio intenso y por lo que podía adivinarse, buenos pechos aunque algo caídos y unas nalgas importantes. La vestimenta no ayudaba mucho a descubrirla, pero marcaba levemente las curvas.
La joven saludó respetuosamente con un apretón de manos, mientras la madre me depositó un beso bastante sonoro en la mejilla. Dejaron sus abrigos y ayudaron a preparar la mesa. La joven más pendiente de su celular y la madre iniciando conversación como para saber un poco de mí.
Cuando todo estuvo listo, vinieron los tres adolescentes a la mesa y tras ubicarnos comenzamos a cenar. Las pizzas iban desapareciendo una a una y las botellas de cerveza se vaciaban con rapidez.
Algo debo reconocer de la familia de Julia: son de muy buen beber y cada uno con sus preferencias en sabores (cervezas rojas, negras y algunas honey).
Finalizada la cena, León y Rina volvieron a los videojuegos, Nuria a prepararse para salir de ronda con su novio y quedamos solo los adultos haciendo sobremesa.
La charla era animada. Chela no paraba de decir que Julia parecía una adolescente embobada por mi hijo y que esperaba que Cristina tuviese más suerte que Irma y Julia a su edad, que encontraran a alguien con quien formar una buena pareja, estable. Cristina la increpaba porque le elegía o le espantaba a los muchachos que ella llevaba a casa, sin darle pie a elegir.
Cristina: y no quiero entrar en detalles de lo que hiciste con Nico, mamá.
Chela: agradéceme que lo atraje, sino te hubiese corneado seguramente.
Juro que me atraganté con el trago de cerveza, la madre estaba diciendo abiertamente que se había apurado (o quizá algo más) al novio de la hija.
Cristina: no era necesario que fueras tan clara.
Julia interrumpió lo que parecía el inicio de un intercambio de frases que prometía ponerse interesante. “Mamá, Cris, ¿Me ayudan a levantar la mesa? Así traemos el postre…” dijo animándolas a cortar la charla.
Las tres mujeres se levantaron y recogiendo las cosas se fueron a la cocina para lavar todo y volver unos 20 minutos después con un par de potes de helado, una botella de tequila y otra de whisky.
Mientras tanto, Gero y yo fumábamos en el patio.
Gero: mi suegra es muy especial. Se considera un espíritu libre y así se comporta.
Alejo: ¿qué es un espíritu libre para vos?
Gero: imagínate, el miércoles fuimos a buscar las pizzeras para cocinar, nos abrió la puerta y andaba en tanga. Ni se calentó en vestirse, así en pelotas se paseaba por la casa.
Alejo: al fin y al cabo, es su casa.
Gero: sí, claro pero antes de abrir ponete una bata
Alejo: ¿de qué vive tu suegra?
Gero: una indemnización por un accidente de trabajo y la jubilación. Además es masajista, tiene un gabinete en la casa.
Alejo: ¿y tu suegro?
Gero: se divorciaron al poco tiempo de nacer Cristina. El tipo era camionero y tenía otra familia en el sur. Después de un choque, se encontraron las dos mujeres en el hospital, al menos eso me contó Julia.
Volvimos al comedor y las mujeres ya nos esperaban con todo preparado.
Cristina: ¿qué le sirvo Alejo?
Alejo: paso del helado, un whisky gracias.
Chela: yo también quiero whisky pero con helado
Así se fueron sirviendo hasta terminarlo, para el final solo quedaba media botella de whisky y el tequila casi completa.
Nuria se despidió de todos y se fue con el novio, León y Rina, abandonaron los videojuegos y se durmieron, quedando solo los 5 adultos en el comedor.
Mientras yo estaba con mi segundo vaso, las tres mujeres prepararon algunos shots de tequila y los bebieron al más puro estilo mexicano, cosa que repitieron otras 3 veces.
Cristina estaba bastante alegre y comentaba algunas de sus andanzas y Chela daba clases de mística y las mezclaba con sus conocimientos de masajes orientales, entre risas. Julia se dio cuenta que ambas estaban bastante pasadas de alcohol y retiró la botella de la mesa, al menos ella tenía su cama mucho más cerca que su madre y hermana. Con Gero salimos a fumar nuevamente y nos acompañó Chela.
Chela: te noto algo tenso Alejo, te vendría bien una sesión de masajes.
Alejo: lo agradezco, pero estoy complicado de horarios.
Chela: me adapto a la comodidad del cliente, en tu caso lo haría gratis.
Gero me hizo un gesto advirtiéndome del tipo de masajes que Chela pretendía darme y negaba discretamente con la cabeza.
Ella volvió al interior en busca de una tarjeta con su dirección y teléfono para concertar la cita. “Papá, te quiere voltear, no hay ninguna duda, ojo que es complicada” mencionó antes de la mujer volviera y me extendiera la tarjeta.
Chela: espero tu llamado, ¿sí?
Terminamos de fumar y volvimos al interior. Cristina no para de reír ante cualquier cosa, demostrando que el alcohol le había pegado duro. Julia sugirió que pidieran un Uber y fueran a casa a descansar. Cristina insistía con salir de ronda con sus amigos, que solo necesitaba una ducha que la despejase. Julia la acompañó al baño y se quedó con ella, hasta que salió bastante repuesta, minutos más tarde un bocinazo anunciaba que venía por ella. Saludó, se abrigó y se fue.
Chela: bueno, tendré que irme sola a casa
Revisó su teléfono y vio que no había mensajes, la noche del sábado pintaba soledad para la masajista. Ingresó a la aplicación para pedir transporte, pero siendo primeras horas del domingo, estaba colapsada: una demora mínima de 2 horas le informaban.
Desperté a León y le propuse irnos a casa, se levantó y entre dormido se despidió de todos para encaminarse al auto.
Chela: ¿estás con auto? ¿No me llevarías a casa?
Me puso en un compromiso, del que no pude escapar. Estando cerca de mi casa, opté por llevar a León y que se acostara, para luego llevar a Chela que vivía en la otra punta de la ciudad.
Ya en camino a su casa, pidió permiso para fumar, abrió la ventanilla y encendió uno de sus cigarrillos. Hablaba de sus hijas, de su vida y remarcaba el cambio que experimentó al jubilarse, el tiempo libre la llevó a estudiar masajes y uno de sus mentores la inició en los temas místicos, hacía una rara mezcla entre ambas cosas.
Cuando llegamos a su casa, me invitó a tomar un café, con la excusa de hablar de Julia, sus nietas y mi hijo. “Solo uno, porque dejé a mi nieto solo en la casa” le advertí.
Encendió la cafetera eléctrica y se encaminó a su cuarto, a quitarse calzado y ponerse pantuflas. Volvió, sirvió las dos tazas y me extendió una.
Chela: vamos directo al tema. Nuria es hija de una violación y eso le llevó un buen tiempo de superar, Rina si es hija consentida en pareja con un tarado drogadicto que la corneo mientras la nena estuvo internada por una enfermedad y mi Juli se la pasaba en el hospital cuidándola. Lo descubrió Irma.
Alejo: ok, ¿esto lo sabe Gero?
Chela: si, fue el paso que le costó dar a Julia, contarle todo y que él lo supiera. Por eso estuvieron casi un año saliendo, hasta que ella se sintió segura y le contó todo.
Alejo: muy bien, espero que la relación siga y esto no surja en algún momento de enojo de ambos.
Chela: espero lo mismo. ¿Puedo hacerte una pregunta muy personal?
Alejo: me reservo el derecho a no responder ¿sí?
Chela: ok, mis hijas no tienen secretos conmigo y sé que te cogiste a mi hija Irma. Tranquilo que no voy a contarlo. ¿Me echarías un polvo ahora? Lo necesito y me causó envidia cuando me dijo lo que hicieron.
Sorprendido por la pregunta, no atiné a responder inmediatamente. Ella supuso que era una negativa y trató de usar un recurso más: levantó su vestido y me mostró que se había quitado la ropa interior, estaba semidesnuda y decidida a que cumpliera con su pedido.
Alejo: no niego que sería interesante, pero ya te dije que dejé solo a mi nieto y esto llevaría un buen rato.
Dicho esto, me puse de pie y dejando la taza de café a medias, me dispuse a irme. Ella se puso de pie y se acercó a escasos centímetros.
Chela: ¿no te gusto? Puedo ser una viejita interesante
Me cerró el paso y colgándose de mi cuello, comenzó a comerme la boca como una poseída. Me llevó contra la pared y descargó el peso de su cuerpo para impedir que me fuera, bajó una de sus manos y me apretó la entrepierna buscando una reacción. Lo que encontró fue que le devolví el apretón a su entrepierna y levantándole el vestido, enterré dos de mis dedos en su cueva algo cubierta de vellos grises recortados. Aceleré un mete saca, propinándole una buena paja que la calmara, que costó un poco pero fue sucediendo.
Cuando aflojó su presión, la giré y apoyándola en la pared, le abrí las piernas y de manera tan violenta como podía la hice llegar a un orgasmo que acabó con su resistencia. Me separé un poco y dejé caer su vestido.
Chela: ¡¡madre mía!! Si así haces una paja, no me quiero imaginar lo que debes ser cogiendo en una cama.
Alejo: ya te dije, hoy no había tiempo suficiente, pero voy a volver por los masajes y ahí veremos. Eso si, solo pongo una condición: no quiero un solo vello: ni en la concha, ni en el culo y mucho menos en las axilas. Tu olor es muy fuerte.
Chela: con pretensiones el caballero…
Alejo: son condiciones, me gusta disfrutar lo que hago y que lo disfrutes.
Chela: aceptaría, pero también tengo una condición
Alejo: ¿cuál es?
Chela: mostrame la pija, quiero saber cómo es.
Me pareció justo, desprendí el botón y el cierre del jean, bajé el bóxer y tomándola, la saqué para mostrarla.
Chela se relamió y con una sonrisa en los labios dijo sus últimas palabras antes de dejarme ir: “He visto y comido más grandes, pero me contaron que es muy habilidosa y con eso me conformo”.
Me acompañó a la puerta, abrió pero se mantuvo detrás de ella, levantó su vestido y se lo quitó totalmente, mostrándose absolutamente desnuda. Me sonreí y entendí que así como había comido a la hija, en breve me comería a la madre.
Me fui a casa, al llegar verifiqué que todo estaba en orden, me iba para el baño cuando vibró el celular. Lo tomé y abrí el WhatsApp, había un mensaje de Irma avisando que el jueves y viernes tendría franco y me esperaba en su casa (incluía la dirección) y otro de un número desconocido, lo observé y encontré una foto de una concha totalmente rasurada, aún irritada y con un dildo de buen tamaño metida en ella. Debajo un par de líneas: “ya está libre de pelos, pero llena con un juguete que podría haber sido tu pija” era Chela.
Me reí y me fui a dormir, eran casi las 4 de la mañana y el whisky me estaba venciendo.
Desperté cerca del mediodía del domingo, ya había sonido a videojuegos en la habitación de León. Tomé el celular y había mensajes de Irma, Gero y Chela.
Irma me escribía desde su cama, provocándome con frases picantes que acompañaba con una foto donde podía verse sus piernas descubiertas y las sábanas tapando la concha. “Espero tu mensaje para vernos en mi franco, poneme el día y horario y te voy a estar esperando, negri” cerraba.
Gero preguntaba qué tal me había tratado Chela y si había zafado de ella: “Acordate lo que te dije, es jodida, trola pero jodida” y finalmente Chela enviaba nuevas fotos exhibiéndose ya sin vellos en las zonas requeridas de mi parte: “Cumplido, ahora solo queda que pidas el turno para los masajes”
Me levanté, me di una ducha y le preparé algo de almorzar a León, que tras devorar la comida se fue con sus amigos a pasear aprovechando la tarde.
Estando solo, ordené las habitaciones y me dispuse a responderle a los tres sus mensajes: a Gero que si bien Chela había intentado algo, logré zafar; para Chela e Irma, me hice una foto de la pija parada y se las envié con distintos textos “para que no me olvides y te vayas mojando” a Irma y “para que te hagas buenas pajas hasta que tenga el turno” a Chela.
El resto del domingo pasó tranquilo, ya el lunes volví a la rutina: León a la escuela, el mantenimiento de casa, las compras de cada día. Al atardecer, nuevo mensaje de Chela: “Estoy libre mañana por la mañana, sin turnos, te espero”, definitivamente la mujer estaba desesperada por coger, conmigo o con quien fuera, le respondí con emoji de ok y allí quedó todo.
El martes llevé a León a clases y de allí fui a completar unos trámites bancarios, siendo las 9:30 me senté en un bar a tomar un café, habilité el celular nuevamente y en segundos cayeron 2 mensajes de Chela: “Buenos días, ya te estoy esperando” en el primero y una foto de una mesa de noche junto a la cama con aceites en la segunda. Me provocó una sonrisa, terminé mi café, pagué el consumo y tras buscar el auto me fui a su casa.
Toqué timbre y se habilitó el acceso desde un portero eléctrico. Ingresé y sentí el aroma a sahumerios, dulces e intensos. Al fondo del pasillo, se veía una luz tenue de color naranja y escuché la voz de Chela: “pasá que ya tengo todo preparado”.
Caminé por el pasillo y me preguntaba cómo estaba tan segura que era yo, podría haber sido cualquiera que tocara timbre. Al pasar por el comedor, vi el resplandor de un monitor de una notebook que permitía ver el portal de ingreso. Allí comprendí, me vió y supo que había llegado su momento.
Llegué a la puerta de la habitación y la vi, vestida con una bata corta, restregando sus manos como quien quiere darle calor a las mismas.
Chela: Desvestite, así te doy el masaje y nos vamos poniendo en clima.
Señaló una silla donde podía dejar mis ropas. Me quité casi todo, dejando solo el bóxer.
Chela: tendete en la cama, boca abajo.
Le hice caso y sentí como se aproximaba a la mesa de noche y tomaba un par de frascos, se colocó aceite en las manos y segundos después inició el masaje descontracturante. Sabía muy bien hacer su trabajo, tenía las manos suaves y tibias, apretaba en los puntos exactos y fue eliminando una a una las contracturas. Primero la espalda y el cuello, para terminar por las piernas. Terminado el recorrido me hizo girar e hizo el mismo trabajo pero ahora de frente, se centró en los brazos y luego en los pies. Realmente era muy buena como masajista.
Sentía que mi cuerpo flotaba, cuando noté que sus dedos se enroscaban en el elástico del bóxer y tiraba desde allí para quitármelos. Hecho esto, utilizó otro aceite y lo fue distribuyendo por el vientre, dándole especial tratamiento a la verga, que se endurecía con cada masaje; cerré los ojos y me dediqué a disfrutar.
Me estaba pajeando con suavidad, logrando una erección como hacía tiempo no tenía. “Ya está a punto…” dijo y dejó de masajearla para reemplazar sus manos por la lengua, que recorría de arriba hacia abajo, jugando de manera muy excitante. De tanto en tanto, al llegar a los extremos, abría la boca y daba ligeras mamadas al glande y a los huevos. Me hizo abrir las piernas, se ubicó de rodillas entre ellas y se quitó la bata, quedando totalmente desnuda; bajó hasta meter la verga en su boca y comenzó a mamarla, despacio, como deleitándose. Era una sensación increíble, quise llevar mis manos a su cabeza para acompasar la mamada pero me las quitó: “Tranquilito, sé muy bien lo que estoy haciendo” dijo tomando un respiro, para luego volver a su tarea.
Alejo: ¡¡qué linda boquita tenés Chela, cómo me gusta!! Ponete de lado así te voy masajeando yo también.
Le gustó la idea, y se ubicó según le había pedido, dejándome la concha muy a la mano. No tardé nada en comenzar a acariciarle la raja, buscando humedecerla, abriéndole los labios vaginales en busca del clítoris.
Me encontré con una sorpresa: tenía un piercing colocado en él, una pequeña argollita que permitía tironear de ella delicadamente y estirarlo hacia afuera. Después del segundo tirón, retuvo la verga con los labios y ahogó un gemido como respuesta del placer que eso le provocaba.
Hundí dos dedos en su interior y con el dedo pulgar le frotaba el anillo que aprisionaba su clítoris, fue sentirlo y acelerar la velocidad de la mamada.
Alejo: tranquila putona o te vas a quedar sin leche para la concha
Chela: me estás haciendo acabar guacho, no pares…
Efectivamente, unos segundos después dejaba escapar un chorro de flujos de manera violenta y un gritito intenso mientras el cuerpo se le tensaba.
Le saqué la verga de la boca, la llevé al medio de la cama, la hice ponerse en cuatro y abriéndole las piernas, se la mandé a fondo aprovechándome de la humedad que tenía. La tomé por el cuello y comencé a bombearla con ganas. Ella hundió la cabeza en la almohada y con sus manos abrió los cachetes del culo para facilitarme ir lo más adentro posible. Retumbaban en la habitación el ruido de choque de los cuerpos y del elástico de la cama contra la pared. Gemía y pedía que no me detuviese, la concha le latía desenfrenada casi a contramano con las embestidas, se abría al máximo los cachetes y pude observar su ojete apretado. Dejé caer algo de saliva en él y puse un dedo, presionando para entrar, hubo un bufido saliendo de su boca y aquel agujero mágico se tragó el dedo totalmente. Otros dos bombeos y otro chorro de flujo salía rumbo al colchón, un nuevo orgasmo y para mi sorpresa, yo seguía duro y con ganas de más. Le saqué el dedo y mojé dos con sus jugos, ella se movía y el culo le latía, dudé algo pero intenté que ahora los dos dedos entraran en aquel agujero.
Constó un poco, pero lo logré. Chela bramaba y se sacudía, con la verga en la concha y los dedos en el culo, hizo un par de movimientos y apenas girando su cara en la almohada me pidió que la enculara.
Chela: métemela en el culo y llénamelo de leche, apurate que no resisto mucho más. ¡¡¡Dale!!!
La saqué de la cueva caliente y empapada para llevarla al agujero apretado y casi seco. Retiré los dedos y aprovechando la dilatación la empecé a meter. Yo iba lento pero ella tenía otros planes, hizo un movimiento hacia atrás y se empaló por completo. “¡¡Si hijo de puta, así bien metida hasta el fondo!!”
Se sacudió dos o tres veces y me apretó de manera firme e intensa, provocando que explotara llenándola de leche. Me quedé quieto mientras expulsaba los últimos chorros y ella se dejó caer sobre la cama.
Quedé arrodillado detrás de ella, observando la leche brotar del culo y resbalando por la raja, caer al colchón. Me dolía la verga después del apretón recibido, me senté y traté de recuperarme, hacía mucho tiempo que no duraba tanto y que descargara tanta leche, estaba sorprendido.
Varios minutos después, Chela giró hacia un costado y me observaba con una sonrisa.
Alejo: ¿de qué te reis?
Chela: ¿sorprendido por algo? Te hice trampas, el aceite que usé es retardante y vigorizador, ideal para relaciones prolongadas
Alejo: ¡¡ con razón!! Jamás había durado tanto…
Chela: te lo dije, me he comido más grandes pero la iba a disfrutar.
Alejo: tenés que decirme como se llama ese aceite o donde comprarlo
Chela: lo hacemos con un grupo de masajistas, no se vende en farmacias ni sex-shops. Te voy a regalar una muestra, que sirve para un encuentro.
Alejo: me la chupaste después de ponerme el aceite…
Chela: no es tóxico, pero vas a demorar al menos un día en volver a tener una erección razonable sin usarlo.
Ahí estaba yo, aprendiendo cosas nuevas y habiendo disfrutado de un polvo memorable con la consuegra. Cosas que iba a utilizar con su propia hija en la semana, pero no se lo iba a contar, claro.
Accionó una perilla y la luz naranja se hizo más intensa, permitiendo ver el resultado del encuentro: la cama encharcada con flujos y leche, su culo abierto y bien dilatado, sus piernas marcadas con los líquidos y mi verga reducida casi a la mínima expresión.
Chela: pasá al baño y límpiate un poco o vas a llegar a buscar a tu nieto a la escuela con olor a concha…
Le hice caso, y después de ello me vestí pensando en irme.
Chela: espero que podamos repetir alguna otra vez, pero no creas que se dará seguido. Mis hijas se darían cuenta y podría haber problemas. ¿Ok?
Alejo: de acuerdo ¿qué te debo por los masajes?
Chela: nada, me doy por pagada con los tres orgasmos que me sacaste
Nos despedimos en el pasillo de ingreso a su casa, me dio un beso en la mejilla en medio de un abrazo y le retribuí apretándole el culo y dando una caricia en la concha. “Sos manolarga, y eso me gusta. Andá que ya sé que no vas a aguantar otro round y me voy a quedar caliente” dijo mientras me empujaba a la puerta.
Salí a la calle, aspiré profundo y quedé pensando qué hubiera sucedido si después de haberle metido la verga se me hubiese ocurrido comerle la concha, qué efecto tendría el aceite en ella…
Me subí al auto y guardé en la guantera el frasquito con la muestra del aceite para usar con Irma, pero seguramente tendría que llamar a Chela para sacarme la duda.

PARTE III

Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.

Si no leyeron los dos capítulos anteriores, se los resumiré muy rápidamente. Mi hijo Gero formó pareja con Julia, primera de 4 hermanas. Durante la mudanza de él, conocí a Irma la segunda de ellas que resultó ser bastante flojita de bragas, adicta a la cerveza y muy liberal. Heredó el trabajo de su madre tras un accidente laboral y utilizaba sus francos para calmar el ardor que los viejitos habitantes de la residencia geriátrica le producían al manosearla. Como el sueldo recibido era muy bueno, lo aceptaba sin decir nada y se descargaba en antros y visitas a su departamento.
Unas semanas después, conocí a Chela (madre de Julia), masajista mística que incluía dentro de las sesiones sexo libre. Hippie de los ’70, mantenía las costumbres de aquellas épocas.
Finalmente Cristina, la menor de las hermanas. Adicta al trago como Irma y su madre, de la que mucho no conocía aún, pero ya habría tiempo.
Irma fue la primera en entregarse tras un día de mucho trabajo y alcohol, durante la mudanza. Me dejó clarísimo que era quien elegía con quién y cuándo acostarse, y lo que entregaba en cada encuentro. Nuestra primera tarde-noche fue muy buena, hasta que quise ser quien tomara las decisiones y me fue muy mal. Tuvimos muy buen sexo oral, mucho mejor el vaginal, pero me puso freno cuando quise invadir un culito tentador.
Chela me citó a su casa unos 10 días después y me demostró que era una experta masajista y sabía cómo extraer de su amante eventual el mejor rendimiento, aun utilizando algunas trampitas. Una de ellas fue la utilización de un aceite vigorizante y retardante, que me permitió uno de los mejores polvos de mi vida, pero dejó como consecuencia un par de días para obtener una erección fuerte y firme (ella me lo había dicho después de aquella mañana de martes).
Resultó ser que el pasar de esos dos días coincidía con la invitación de Irma a conocer su departamento. Durante miércoles intenté provocar una erección: ver videos, leer relatos calientes y nada me dejaba llegar a pleno.
Cerca de las 21 horas, estuve a punto de cancelar la visita a Irma. Fue entonces cuando León (mi nieto) me dijo que al día siguiente habría un cambio de horarios en sus clases y saldría casi dos horas más tarde, luego iría a gimnasia y recién se liberaría a las 18. Eso me daría casi todo el día libre y se me ocurrió pedirle al padre (Gero) que lo tuviese en su casa hasta que volviera de una serie de trámites con la inmobiliaria. Aceptó y hasta me ofreció a tenerlo allí hasta llevarlo a la escuela al día siguiente. Eso cayó como anillo al dedo: tendría todo el día para estar con Irma e intentar cumplirle como hombre, lo acepté y le envié un mensaje a Irma avisándole que iría sobre las 9 de la mañana. Me respondió con emoji de alegría, me pasó la dirección exacta y un “Te espero preparadita, negri”.
El jueves sonó el despertador y me levanté para preparar el desayuno de León como todos los días. Allí encontré la primera sorpresa: mi típica erección matinal había regresado, quizá no en su máxima expresión pero eso me aseguraría no hacer papelones con la trolita.
Tras el desayuno, cumplí con mis funciones y a las 7:45 estaba liberado. Me fui a una estación de servicios a desayunar, para no ir directamente al departamento de Irma.
Con ansiedad, me tomé el café y leí las principales noticias de los diarios en la web. Cuando estaba a nada de partir al departamento, me di cuenta que la dirección era muy céntrica y debería dejar el auto en una cochera hasta el día siguiente y no me resultó confiable. Volví a casa, guardé el vehículo en el garaje, tomé la muestra del aceite vigorizante de la guantera, la coloqué en uno de los bolsillos del abrigo y solicité un Uber para ir a ver a Irma.
Sobre las 9:15 bajaba del vehículo y me encaminaba al edificio donde ella vivía. Accioné el portero eléctrico y tras consultar quien era, se abrió la puerta y pude acceder. A escasos 3 metros, en un escritorio estaba el portero del lugar. Me hizo un escaneo típico de quien no conoce al el visitante.
Portero: Buenos días, ¿a qué departamento viene señor?
Alejo: Piso 6 departamento D
El encargado revisó la lista de propietarios y consultó rápidamente.
Portero: ¿Irma B?
Alejo: exactamente
Portero: tome el ascensor de la derecha, va a los pisos pares.
Le agradecí y me dirigí hacia allí. Ingresé y presioné el botón 6, había una música suave de fondo mientras ascendía y al llegar al 5to, sonó un aviso de detención.
Las puertas se abrieron y automáticamente se encendieron algunas luces del pasillo. Mientras avanzaba, me preguntaba cómo hacía Irma para pagar tanto lujo. Cuando enfrenté la puerta, estaba entreabierta, ingresé y cerré detrás de mí, giré y me encontré con un espacio breve, donde una división separaba la cocina del dormitorio. El mono ambiente había sido modificado para separar cocina y baño de la habitación. Desde la habitación brotaba una luz mínima y en la cocina Irma estaba sirviendo un par de tazas de café.
Vestía un camisón traslúcido de color celeste claro, que permitía verle las tetas sin ninguna interferencia y una tanga miniatura que tenía menos tela que una servilleta. Cabellos revueltos, ojos entre cerrados, labios al natural, pezones erguidos y esas aureolas color marrón que parecían crecer mientras se alejaban del centro.
Irma: hola negri, me quedé dormida, el llamado del portero me despertó.
Alejo: buenos días Irma, tomate tu tiempo, te espero.
Irma: lavado de dientes, también la cara, algo de acomodar el pelo, el resto está más que listo.
Fue al baño y sin cerrar la puerta, pude sentir como se higienizaba después de despertarse. Lo peor, fue escuchar como orinaba para luego accionar el bidet y se lavaba la conchita. Habrán pasado un par de minutos y se sentaba a mi lado, bebimos el café hablando de pavadas sin sentido, ninguno se animaba a dar el primer paso.
Terminado el desayuno, se puso de pie y tomó las tazas para colocarlas en el fregadero. Me dejó a escasos 30 centímetros ese culito tan tentador y no pude resistirlo: estiré la mano y se lo acaricié, pero a diferencia de lo hecho en casa, lo hice sin invadirla para que no me echara tan rápido del departamento.
Irma: vino calentito el señor…
Alejo: con semejante hembra al lado, cómo hacer para no calentarse…
Irma: acordate, si haces lo que no me gusta o no es el momento, se acaba todo y te vas a casita, ¿sí?
Me puse de pie, la abracé desde atrás y comencé a besare el cuello mientras estiraba mis manos para frotarle las tetas. “qué lindo se siente que te mimen… te hace creer que te aman y no solo te quieren coger… cómo me gusta…” dijo mientras recibía atención en sus pezones y apretones en las tetas. Bajé una de las manos y ubicándola entre sus piernas la empujé hacia atrás para que sintiera como me estaba poniendo, la verga crecía y se ubicaba en la raja del culito.
Irma: vamos despacio, que tenemos mucho tiempo.
Alejo: me ponés loquito…
Irma: uff… de pensar en tu lengüita entre mis piernas me voy mojando muy rápido…
Alejo: ¿te gustaría que te la coma, despacito y bien profundo?
Irma: si mi negri, me encantó como me la comiste en tu casa…
Alejo: ¿querés que te la coma en cuatro o normal?
Irma: en cuatro te vas a tentar con mi culito…
Alejo: vamos a tu cama…
Me tomó de la mano y me llevó al otro lado de la división. Ante mí apareció un somier King Size, con una sábana azul como toda cobertura. Irma sabía cómo utilizar sus ingresos y más que nada encontrar el lugar más cómodo para encamarse. Se detuvo a los pies del trono y dejó caer el camisón, quitándolo por sus hombros, se sentó en la cama y me fue desprendiendo el jean para bajarlo lentamente, mientras yo me quitaba la parte superior.
Ella en tanga y yo en bóxer nos fuimos acomodando en aquel espacio gigante. Me dejó acostado y se puso sobre mí, subiendo desde el vientre rumbo a mi rostro. Se afirmó a la pared, abrió muy bien las piernas y dejó el pequeñísimo trozo de tela que cubria su concha en mi boca.
Se movía con lentitud, de arriba hacia abajo, haciendo que mi lengua le fuera mojando aquel trocito de tela. Ante cada lengüetazo, se marcaban más y más sus labios vaginales, ya había una mezcla de flujos intensos y saliva que la empapaban.
Retiró una mano de la pared y corrió la tela hacia un costado, dejándome la posibilidad de entrar en contacto directo con su piel. Se notaba que se había lavado recientemente, por lo que el olor de sus flujos era más suaves, mezclados con la fragancia del jabón.
Irma: ¡¡cómo me hace gozar esa lengua!! Me pone hirviendo y me hace sentir como me comés, negri…
Me retiré apenas… “No me ahogues si queres que te haga acabar con ella” le dije mientras volvía a cargar contra el triángulo caliente de su vientre.
Manejaba los tiempos de manera excelente, aceleraba si me iba deteniendo y se frenaba cuando sentía que el orgasmo le llegaba.
En un momento dado, se detuvo. Retiró una de sus piernas y se giró para dejarme la concha en la boca, pero ahora tenía mi verga al alcance de sus labios. Un hermosísimo 69 que siguió manejando a su antojo, apretaba la base de la verga cuando sentía las palpitaciones previas a que soltara mi leche y una vez controladas, volvía a chupar como posesa. Así me tuvo un buen rato, hasta que se rindió y aceleró hasta bañarme la cara en jugos y llenarse la boca de leche. Tosió por la sorpresa y la cantidad, pero hizo el esfuerzo de tragar todo lo que pudo. Podía sentir como le palpitaban los labios de la concha, mientras daba mis últimas chupadas. En un momento dado se giró rápido, como para abortar un segundo polvo y se tendió en la cama.
Irma: es una maravilla como me haces acabar con la lengua, pero quiero sentir la verga adentro y que me llenes de lechita.
Alejo: ¿querés que te deje preñada? ¿o tengo que usar forro?
Irma: tranquilo negri, me cuido desde hace años, soy muy metódica con eso. Me gusta coger a pelo, por eso me cuido.
Se puso de pie y fue al baño a quitarse los restos de leche de la boca y la cara, para volver y tenderse a mi lado.
Irma: hace unos días hablaba con mi madre y me decía que le encantaría que la garcharan bien garchada, pero ella sabe de trampas para que los machos le duren más.
Alejo: ¿le hablaste de nosotros?
Irma: no tenemos secretos entre nosotras dos, ella me aconseja y yo aprendo de sus dichos.
Alejo: me estas exponiendo ante tu familia…
Irma: para nada, lo que hablamos entre nosotras queda ahí.
Alejo: ¿y si te dijera que ella me dijo que quería que la cogiera como lo hice con vos? ¿Qué dirías?
Irma: que podríamos montar un buen trío. Ella me enseña y yo lo pruebo, no sería la primera vez que lo hacemos
Alejo: me estas jodiendo…
Irma: para nada, somos dos putas pero con una diferencia: ella lo hace gratis y yo cobro, si es que lo considero adecuado. ¿Cómo crees que se mantiene este departamento?
Me quedé pensando un rato, no podía creer que la madre y la hija compartieran cama con alguien, una regalara el trabajo y la otra cobrara. ¿En qué categoría caería yo? Con la madre había sido gratis, ¿la hija me cobraría? Pude ver una sonrisa pícara en su cara.
Irma: comamos algo liviano o no vas a tener energía para la tarde…
Alejo: ¿y si me quedo hasta mañana?
Se giró y me miró sorprendida, asentí con la cabeza: “Ya organicé mi jueves, puedo quedarme en tu cama hasta mañana por la mañana” le dije para completar su sorpresa.
Irma: voy a serte clarita. ¿tengo ganas de cogerte? Si ¿me vas a aguantar el ritmo? No creo ¿buscas algo especial? Negociemos.
Alejo: ¿voy a cogerte? Tal vez ¿quiero algo especial? Si, tu culito ¿Voy a aguantar el ritmo? Preguntale a tu madre que me regaló
Irma: no era lo convenido…
Alejo: ¿hicimos un arreglo? No lo creo. Puedo vestirme en este mismo momento y hasta acá llegamos.
Irma: ¿te irias sin coger?
Alejo: no acepto extorsiones
Se quedó sentada en el borde de la cama, mirándome y pensando en lo que habíamos hablado. Tenía cara de duda, por lo que me puse de pie, busqué mis ropas y comencé a vestirme. Mi salida era muy próxima.
Mientras ataba las zapatillas, sentí como se ponía de pie y venia rumbo a la cocina, desnuda totalmente. “¿siempre sos así? ¿O me estas probando?” dijo afirmada a la puerta. La miré tranquilamente y completé el anudado de los cordones.
Alejo: no soy un chico Irma, si querés estar conmigo, me quedo. Caso contrario, me voy y listo, todo bien.
Irma: ok, es tu decisión
Alejo: no, es tuya. Vos queres cogerme.
Me encaminé a la puerta y traté de abrirla. “Esperá, ¿no te gusto?” dijo con voz grave, “Si, pero no me dejo manejar por nadie, por eso estoy solo” le respondí.
Abrí la puerta y me fui, sin volver siquiera a mirarla. Llegué a la calle y pedí un Uber para volver a casa. Minutos más tarde estaba ingresando a mi hogar, caliente, enojadísimo con la pedantería de la minita.
Me puse a acomodar algunas cosas y sobre mediodía sonó el timbre de casa. Abrí y allí estaba Irma, mochila al hombro, con un jogging gastado y un buzo de color rosa. Entró sin decir nada, se encaminó a la cocina y una vez allí se quitó el buzo y el jogging, quedando totalmente desnuda (otra vez).
Irma: vamos a tu cama, y no digas nada. No quiero arrepentirme de esto.
Entramos a la habitación, se acomodó en el centro de la cama, ubicada a cuatro patas, abriendo bien las piernas y entregando por completo una concha perlada de flujos. Cualquiera diría que vino masturbándose en el camino para llegar tan caliente, me desnudé y me puse detrás de ella, enfilé la verga al centro de la concha y se la metí a fondo. Me quedé quieto en su interior, sintiendo el calor que brotaba de los pliegues de su piel. Ella hizo los primeros movimientos, para meter y sacar mi verga de su interior, a lo que respondí tomándola del cabello y con embestidas lentas, le fui marcando el ritmo.
Cada vez que la enterraba, ella respondía con un gemido y al retirarla con un suspiro. Se mojaba intensamente, la verga le resbalaba con facilidad adentro y afuera. “Mojame el culo, juga con él” pidió en un momento dado. Le quité la verga de adentro y me detuve.
Irma: ¿no vas a seguir?
Alejo: si, pero déjame buscar con que lubricarte el culo
Tomé el famoso frasquito y dejé caer un chorro sobre aquel agujero. Entonces si, volví a posicionarme y meterle la verga en la concha, mientras jugaba con un dedo en su culo. La dilatación fue rápida, casi podría decir que tranquilamente le entrarían dos dedos sin problemas, pero en vez de ello, empecé a alternar con la verga entre la concha y el culito, sin meterla por atrás, hasta que sentí como se me endurecía.
Irma estaba entregadísima, gemía y pedía que no me detuviera por nada, sabía que acabaría en cualquier momento. Cuando empezó a temblar y ponerse muy tensa, se la saqué de la concha y la fui metiendo dentro del culo dilatadísimo. Lo notó y se aferró de las almohadas, aceptando que ya me había entregado aquello que yo tanto deseaba. ¿Cuánto tiempo pasó? 5 o 6 minutos, hasta que me derramé en su interior. Chorros de leche como aquella vez dentro de Chela, sin perder dureza, llenándola a Irma que acabó en medio de un grito.
Las palpitaciones del esfínter anal eran notables, me exprimían al máximo hasta dejarme absolutamente seco.
Rendidos, se la saqué y nos dejamos caer en la cama. Tardamos un buen rato en reponernos, nos dormimos, y ya caían las primeras sombras de la noche cuando despertamos.
Nos abrazamos y nos quedamos tendidos sin hablar, podía notar que estaba incómoda con alguna molestia en el culo y “mi muchachito” se había reducido al máximo.
Cuando la oscuridad dominaba la habitación, habló por primera vez “El brebaje de Chela para una relación intensa y duradera, ¿cierto?” mencionó.
Alejo: exactamente, lo ameritaba ese culito precioso.
Irma: No quiero irme sin volver a acabar, ¿me doy una ducha y me das lengua otra vez? Sé que no se te va a parar…
Mi respuesta fue el primer beso de lengua que nos dimos en muchísimo tiempo, entendió el mensaje, se levantó y fue a lavarse para volver a la cama y entregarse. Nos costó bastante, pero después de un buen rato acababa entre gemidos y arañazos a mi espalda.
Irma: voy a pedirte algo, seré la única de la familia a quien le hagas el culo ¿sí? Sé que van a pedirte que las hagas gozar tanto como a mí, pero quiero ser la única en eso.
Lo acepté, porque estaba claro que Chela gozaba más cogiendo y no se me hubiera ocurrido, en este momento, que alguna de las otras dos hermanas (no conocía aún a Reina), me lo pediría.
Dormimos juntos hasta las 7 de la mañana, desayunamos y la alcancé a su trabajo, despidiéndonos con un beso y sin promesas de futuros encuentros, que se darían si las circunstancias lo permitieran.
Aún queda algo más, pero hay que esperar, porque es demasiado reciente.

PARTE IV

Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.

Gero (mi hijo mayor y actual pareja de Julia) me informa que el 3 de julio festejarían el cumpleaños de Rina, la hija menor de Julia al que no pudimos concurrir por un evento deportivo donde jugaba León. Pero gracias a contactos de Julia, podríamos pasar el fin de semana largo del 9 de Julio (feriado largo en Argentina, jueves, viernes, sábado y domingo) en unas cabañas en una laguna cercana donde se da muy bien la pesca del pejerrey.
Afecto a ese tipo de excursiones y aprovechando la situación, aceptamos la invitación. Quedamos en encontrarnos el miércoles sobre las 16 en la casa de Gero, distribuir a los viajeros en 3 autos (el de Irma, el de Gero y el mío) y emprender el viaje.
Obvio estábamos los tres conductores, más Chela, Rina, Nuria y su novio (Joaco), León, Julia, Carlos (el dueño de las cabañas) y una joven que luego me enteré que era Reina (la única hermana que no conocía). Emprendimos el viaje tras distribuirnos en los vehículos. Me tocó ser el chofer de los más jóvenes.
Tras una hora y media de viaje por ruta y otra media hora por un camino vecinal, llegamos a un apartado muy pintoresco: varias cabañas, algunas casas típicas de pescadores eventuales, una proveeduría y un amplísimo espejo de agua calma.
Seguí el auto de Gero donde viajaba Carlos hasta llegar a las cabañas que ocuparíamos. Todas estaban preparadas para recibir 5 personas, con calefacción por estufas a leña, dos dotadas con televisión satelital y la última un tanto más precaria pero que contaba con amplio comedor donde podríamos juntarnos todos a comer.
El primer problema fue distribuirse: Gero, Julia, Nuria, Rina y Chela ocuparían una. Reina, Irma, Carlos y yo a la más precaria y el resto a la otra que contaba con televisión.
Sin ser muy perceptivo, noté que había alguna química entre Carlos e Irma (eran viejos conocidos), y Reina ponía cara de muy pocos amigos sabiendo que iría a la nuestra ya que prefería ver tv o estar con los más jóvenes.
Descargamos todo y mientras las mujeres organizaban todo para la cena, los varones recorrimos un tramo de la laguna para buscar el mejor lugar para la pesca. Atardecía bastante rápido (estamos en pleno invierno), por lo que deberíamos aprovechar las horas de sol para nuestra actividad y volveríamos a tiempo para colaborar con las demás actividades y disfrutar del calor de las estufas, mientras jugábamos juegos de cartas o de mesa: gran problema para los más jóvenes, pues no había señal de internet, tan solo una señal tenue para los celulares desde un punto específico de la laguna.
Reina: ¡¡por favor, nos trajeron a la selva…!! ¿no había lugar peor?
Chela: si Reinita, quedarte en casa sin teléfono. ¿qué te parece?
Nuria: ¿qué vamos a hacer sin conexión?
Julia: ¿qué tal hablar, escuchar música, dar algunos paseos, cebar mate? Hay muchas cosas para hacer, no todo es celulares e internet…
Joaco: podemos ir a la cabaña grande a ver tv
Rina: ¡¡¡siii películas de terror!!!
Irma: ¡¡no, de acción!!
Y a partir de ello una nueva discusión por la temática de las películas, que resolvieron tras un juego de cartas, el equipo ganador elegiría el tema.
Los fumadores nos fuimos afuera, desafiando el frío, a disfrutar de nuestro vicio: Julia, Gero, Chela, Reina, Carlos y yo. Una breve charla donde distribuimos tareas para el día siguiente, mientras los adolescentes ya se entregaban a una partida de cartas encarnizada. Tras ella, llegó la hora de la cena: tallarines con tuco para todos. Sobremesa con historias varias y allí empecé a conocer a Reina.
Tenía 22 años, adicta recuperada, pero que ante cualquier tentación tendía a recaer y por ello estaba casi siempre controlada. Tan afecta al alcohol como sus hermanas y madre, había decidido vivir con su padre y eso la llevó a una vida muy complicada. Tras una crisis, su madre la trajo a vivir con ella y la ayudó a salir de lo más bajo. Era la más bella de todas, casi una escultura, ojos claros, 1,75 de altura, cabellos oscuros casi a la cintura, pechos quizá de 90 o 95, cintura estrecha y caderas bien formadas y con un culito firme y bien plantado. ¿Único defecto? Demasiado lanzada y siempre vestida provocativa en exceso. Lo podría definir con la primera imagen que me dio cuando nos juntamos en la casa de Julia: se agachó a levantar su bolso de viaje y la muy diminuta falda dejó a la vista el hilo dental rojo que se le perdía entre los cachetes del culo.
En la sobremesa supe que Irma había sido pareja temporal de Carlos y que aún se veían, que Chela había sufrido un accidente por salvar a una paciente del geriátrico donde trabajaba y eso le había provocado una lesión que no superaría en uno de sus brazos y motivó que Irma ocupara su lugar, además de evitar una demanda judicial a cambio de una alta suma de dinero que le dio la oportunidad de comprar no solo su departamento, además el que ocupaba Irma, bancar los gastos de recuperación de Reina y el estudio de Cristina. Carlos de 55 años, era un “benefactor” de la familia, divorciado, además de iniciar a Chela en su fase mística, enamorado eterno de Irma que le mantenía gustos y que Julia había tomado la decisión de apartarse bastante de su familia para no caer en situaciones similares.
A fuerza de trabajo, se asoció con una adinerada y entre ambas montaron una residencia, que hoy manejaba.
Cuando las botellas se fueron terminando y las fuerzas abandonando a los presentes, cada quien se fue a su cabaña. Quedamos Carlos y yo sentados en el gran comedor.
Carlos: mirá Alejo, hay tres espacios aquí, espero que me dejes uno para compartir con Irma. “Entre bomberos no nos vamos a pisar la manguera”
Me sonreí y entendí sus ideas, asentí con un gesto, mientras Irma abandonaba el baño tras mudarse de ropas y él entraba al lugar.
Irma: calculo que entenderás esto, ya tendrás tus beneficios, ¿si?
Alejo: lo único que te pido es que te cuides, no quiero contagios.
Irma: seguro, aguanta un polvo y muere. No te aproveches de Reina
Alejo: tranquila que ni me registra
Irma: es medio sonámbula…
Alejo: ¿para meterse en mi cama?
Irma: y mucho más…
Alejo: no lo hará con vos tan cerca
Irma: no te fies… hasta mañana
Dicho esto, se fue a la habitación que tenía cama de dos plazas y esperó a su amante de turno, que no tardó mucho en disfrutar de ella y luego dormirse. Reina había salido de la ducha y se había acomodado en un sillón, mientras fumaba un cigarrillo, era una invitación al pecado: Camisón corto, sin brassier, hilo dental negro, cabellos húmedos cayendo a los lados de sus hombros que mojaban la curva de sus pechos, trasluciendo los pezones rosados, bien puntiagudos.
Reina se reía mientras escuchaba el concierto de gemidos de Carlos y como el silencio invadía nuevamente la cabaña.
Reina: ¿podés creer que ya se durmió? Irma se debe estar pajeando para calmarse y terminar.
Alejo: al menos podrían haber esperado que nos acostáramos nosotros, ¿no te parece?
Reina: no aguanta nada Carlitos, pero es un tipo muy bueno con nosotras.
Nos despedimos con un beso corto en la mejilla y cada uno se fue a su cama, esa noche no hubo visitas extrañas. Hubiera pagado por que Reina me visitara aunque fuera en su sonambulismo.
Mi cama estaba en el salón principal, por lo que mi sueño fue interrumpido por el ingreso de los que estaban preparando el desayuno masivo. No se preocuparon por mi descanso, hicieron tanto ruido como les fue posible.
Me levanté de mal humor y me fui al baño, ni se me ocurrió golpear la puerta, simplemente entré y me encontré a Irma sentada en el inodoro, orinando. No intentó cubrirse, más bien me mostró todo su cuerpo y trató de manotearme la verga que tenía la típica erección matutina, pero no había tiempo suficiente para nada y debí conformarme con algún roce, antes de que abandonara el lugar. Me lavé la cara, y al salir me topé con Reina, que me dio un beso corto en los labios y me corrió para ingresar. Le respondí con un toque leve en la cola que correspondió con una sonrisa.
El primer avance sobre la única mujer que me restaba probar de la familia se había iniciado.
Los hombres nos fuimos, tras el desayuno, a disfrutar de la pesca. Sobre mediodía las mujeres vinieron a vernos con termos de agua caliente y mates para compartir un rato. Para evitar engancharnos entre nosotros, estábamos separados por unos 5 metros. Julia se fue con Gero, Irma con Carlos, Nuria con Joaco, Rina con León y Chela conmigo.
Chela: ¿pasaste buena noche?
Alejo: más o menos, estaban cogiendo a 3 metros de mi cama…
Chela: ¿vos nada?
Alejo: no, Reina se rio cuando escuchó a Irma y Carlos, pero no intentó nada.
Chela: ¡¡la puta madre!! Nuria se la pasó cogiendo con Joaco casi toda la noche y yo me maté a pajas mientras los oía. Me hubiera ido a tu cabaña y la hubiésemos pasado genial y que Reina se los aguantara a los pendejos.
Alejo: aprovechá y cambiá esta noche…
Chela: no puedo, si lo hago se van a dar cuenta, más tarde voy a hablar con los pendejos para que se calmen o al menos disimulen un poco.
Cuando el termo se terminó, ellas se fueron y nos pidieron que en un rato más volviéramos a la cabaña a almorzar. Estábamos en pleno almuerzo cuando se desató una tormenta, la lluvia golpeaba los vidrios y el frío apretaba. Encendimos las estufas y nos quedamos todos allí.
Tal mi costumbre, tras almorzar, me dormía sentado y Carlos igual. Nos despedimos y ocupamos cada uno una habitación: Carlos en la que ocupaba con Irma y yo en la de Reina, dejando el salón para que los demás se quedaran allí hasta que amainara la tormenta.
No sé cuánto tiempo habrá pasado, pero la cabaña se silenció. Me acomodé un poco más y seguí durmiendo, hasta que sentí que alguien me rozaba bajo las sábanas. Me giré y ahí estaba Reina, temblando de frío.
Reina: se apagó la estufa y no sé cómo encenderla, Irma y Carlos duermen
Alejo: ya voy y la enciendo…
Reina: estoy cagada de frio, calentame un poquito…
La abracé y le di calor, se acurrucó contra mí y pude notar lo frío de su cuerpo. La cama era estrecha y mi espalda estaba contra la pared, ella ocupaba el espacio de salida, me quedé ahí pegado a ella. Tenía un perfume muy suave, ropas muy livianas, casi podía sentir su piel, se durmió así y por qué negarlo, yo también.
Sentí un ruido en la cocina y traté de levantarme sin despertarla, Sali a la cocina y vi a Carlos encendiendo las hornallas para preparar el mate de la tarde.
Carlos: te felicito negro, te sacudiste a la pendeja…
Alejo: nada que ver, estaba durmiendo y ella se metió en la cama porque se había apagado la estufa, estaba helada.
Carlos: ¿no te la moviste?
Alejo: no, ni la manoseé.
Carlos: aprovechá el momento, no sabes cuándo va a ser el último, son así.
Me extendió el mate y quedamos un buen rato solos hablando de la familia de Julia y sus intenciones. Estaba hasta las manos con Irma, pero tenía en claro que había mucha diferencia de edad entre ellos y que jamás llegaría a más que esto. Chela lo había enganchado, pero él estaba loco por la hija, negociaron y lo ayudó a que Irma lo aceptara: la mantenía a cambio de favores de cama eventuales.
Por un momento me sentí otro Carlos: ¿sería Reina la asignada para mí? Debía saberlo, para no quedar enganchado, pero al menos ese finde disfrutaría de la niña rebelde de la familia.
La tormenta amainó en el anochecer, cenamos todos en nuestra cabaña pero fuimos todos a la principal para ver un par de películas antes de dormir. Tomamos por asalto la proveeduría y nos llevamos la cerveza, el whisky y el tequila que había. Vimos un bodrio elegido por Nuria y su novio y cuando ya terminaba y no quedaba más alcohol, nos fuimos cada uno a su cabaña,
La primera en quedar a oscuras fue la de Gero y Julia, luego la de Irma y los jóvenes y finalmente la nuestra.
Hubo un nuevo concierto de gemidos de Carlos e Irma, hasta que el silencio se hizo dueño del lugar. Yo estaba en mi cama y pude observar la luz del baño encenderse, las sombras de Reina entrar y minutos más tarde salir, Esperé un rato y cuando no escuché más que ronquidos, me levante y con el reflejo de mi teléfono me metí en la pieza de Reina. Estaba de frente a la pared, dando la espalda al borde de la cama, levanté a penas las sábanas y frazadas y me metí. Ella dio un respingo al sentir mi cuerpo frio, pero me dejo el espacio necesario para ubicarme tras ella y acoplándose a una hermosa posición cucharita, me permitió pegarme a ella.
Me sorprendí al no encontrar ropas, toque su piel desde el primer momento: estaba desnuda bajo las ropas de cama. Me ubiqué un poco mejor y dejé que mi verga creciente se posara entre la raja del culo, movió levemente las piernas y me dio el lugar suficiente para colarla allí y rozarle los labios vaginales que se empezaban a humedecer.
Lentamente, fui recorriendo la raja, desde atrás hacia adelante, esparciendo la humedad por todo el espacio, hasta que en un movimiento suave, me llevó a su interior.
Sentí el calor que brotaba de su concha y como se afirmaba a la almohada para morderla y evitar que sus gemidos pudieran escucharse.
Le acaricié la raja de la concha, mientras le metía la verga desde atrás. Ella hacía un esfuerzo por abrir los cachetes del culo para que fuera más a fondo.
Reina: pasá la otra mano por debajo de mi espalda y tócame las tetas, pellízcame los pezones que me estoy viniendo.
Levantó apenas su torso y me dio espacio para cumplir con su pedido. Tironeaba de esos pezones, clavaba mis dedos en su raja y enterraba la verga tanto como podía dentro de ella.
Despacio, fuimos haciendo lo necesario para que al cabo de un buen rato ambos llegáramos a una acabada buenísima. Yo despachaba leche a chorros y ella apretaba mis manos para que prolongara su orgasmo.
Ya rendidos, nos fuimos relajando. Se la saqué de la concha pero no retiré los dedos de la raja, hasta que sus labios dejaron de palpitar… Recién ahí me retiré de su cuerpo. Giro para ponerse de frente y abrazándome me dio un beso muy profundo y prolongado. “No podes quedarte acá, seguro que alguien vendrá en la mañana, pero antes de volver vamos a coger otra vez, te lo juro” dijo mientras me abría la cama para salir. Sin encender ninguna luz. Volví a mi cama, me acomodé y dormí como un bendito.
No sé cuánto tiempo habría pasado, cuando me despertó una sensación cálida atrapando mi verga, estiré mi mano y le marqué el ritmo de la mamada a la invasora, hasta que dejé salir lo poco que me quedaba en los huevos. La boca intrusa hacía todos los esfuerzos por sacar más, pero ya no lo había. “Cogiste anoche, tenes la verga con olor a concha y casi nada de leche: ¿en cuál de ellas descargaste?” era la voz de Chela que aprovechando que sus hijas y Carlos aún dormían se había dado el gusto de una mamada matutina.
No le respondí, me limité a agarrar su cabeza y meterle la verga tan a fondo como podía para provocarle una arcada, a modo de castigo por despertarme.
Se liberó y se fue a la cocina a preparar el desayuno mientras sus hijas despertaban y se acercaban a ella, para saludarla. Ambas tenían olor a sexo reciente, por lo que le provocaban más ansiedad de saber cuál había estado conmigo. Carlos salió de la habitación y le dio un chirlo en el culo a Reina, en medio de una sonrisa: Chela no sabía que pensar… Entonces comprendió que solo estando allí sabría lo que sucedía.
La mañana fue tranquila, tras la tormenta anterior los piques fueron buenísimos y cobramos muchas piezas de pesca, por lo que los hombres nos quedamos a la vera de la laguna casi hasta el anochecer, apenas si tomamos un descanso mínimo para almorzar algo a la pasada. En la noche, se encendió la parrilla para consumir lo obtenido y festejar los días vividos.
A sugerencia de Chela, liberamos las dos cabañas principales e hicimos un campamento nocturno en la última.
A raíz de ello, todos perdimos. No hubo sexo para nadie, pero si promesas de reencontrarnos cuando volviéramos a la ciudad.
Ya veremos que sucede, llegamos hace apenas un par de horas y los teléfonos arden buscando compañía para los próximos días. En mi caso: Irma quiere que pasemos otro día juntos, Chela está desesperada por entregar algo más a cambio de gozar como Irma y Reina quiere saber por qué se pelean Irma y Chela cuando hablan de mí.
Les recuerdo, con casi 60 años, soy un tipo normal, no tengo la súper verga, pero aprendí que jugando con todas tus armas (lengua, dedos, verga y seducción) podés lograr más que con 25 o 30 centímetros de carne y una dosis de Viagra.

Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.
Saludos,
Alejo Sallago

👉 ¿Te gustó este relato? ¡Compártelo! ✨
Alejo Sallago
Alejo Sallago

Mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Para aquellos que hayan leído alguno de mis relatos, soy un adicto a las maduritas desde que tengo uso de razón, pero no por ello dejo de lado al resto de las mujeres.

Artículos: 31

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *