Reformando y follando en el chalet
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PARTE I
Eran cerca de la una de la tarde en agosto y el sol entraba por las ventanas a raudales, sin una sola nube en el cielo, y los pájaros piaban tranquilos.
David tenía treinta y dos años, de pelo negro bien recortado y sin barba; estaba fuerte. Tenía un cuerpo ancho y musculoso, tanto de su trabajo como del gimnasio que hacía religiosamente seis días a la semana. Y si a eso le añadías el trabajar en la obra y no pasarse con ir al bar a beber cerveza… estaba genial, mucho mejor que muchos de su edad.
Elena y él se aseguraban de que ninguno de los tres críos la liase parda en la cocina. Pere y Pablo no tenían problemas en comerse sus galletas María con leche en sus vasos de plástico, pero Pepe, el mediano, no parecía dispuesto comer lo mismo que sus hermanos, y las galletas en su vaso empezaban a parecer vomito.
—Io….¡Ioguuuur! —berreó con una mueca cuando intentaron meterle la cuchara en la boca.
—Nada —dijo Elena, desistiendo—. No se lo come. O yogur o vomito y babas.
—Que conste que yo era partidario del yogur desde el primer minuto —le dijo David a su mujer con una sonrisa encantadora y sus ojos grises brillando divertidos.
—Ioguss
—Lo sé, lo sé —dijo ella—. Anda, tráele el yogur.
Como si los entendiera el pequeño sonrió y agitó sus manitas en el aire riendo. Batalla contra mamá y papá ganada. Bebé, uno. Padres, cero.
David fue a la nevera para buscarle el yogur y el móvil le sonó cuando estaba inclinándose para cogerlo.
Sacó el móvil distraídamente del bolsillo, aún con la puerta de la nevera abierta. Se trataba de un mensaje de Arturo:
«¿Te apetece un trabajo para una semana por dos mil pavos?».
Ni siquiera se lo pensó antes de contestar:
«Me apunto —tecleó—. Mándame los detalles».
*—*
Al día siguiente los Pepe y Pablo estaban jugando en el jardín delantero de la casa, correteando por el jardín de la entrada, y se acercaron mientras él hablaba con su mujer que sostenía a Pere, el más pequeño de sus hijos, en brazos.
—¿Estás seguro de que este trabajo es necesario? —dijo ella mientras el pequeño balbuceaba en sus brazos, aún no decía ni pio, a diferencia de sus hermanos mayores—. Es un viaje muy largo.
Todavía esperaba que él se echara atrás; y él lo sabía, pero no lo iba a hacer. Ya habían tenido esa conversación la noche anterior y para la mayoría de las pegas la respuesta era la misma: necesitaban el dinero. Corrían tiempos bastante flojos para el negocio, y con tres críos cualquier ayuda era poca.
—Volveré de una pieza —le sonrió él—. Solo es una semana. Y son dos mil pavos, cariño. Nos vendrán de lujo. Otras veces he estado fuera más tiempo y me han pagado peor. Es una ganga.
—Lo sé, lo sé —dijo ella con aire triste—. Pero no me gusta que te vayas.
Pepe y Pablo llegaron corriendo y se pusieron a sus pies agitando las manitas y dando saltitos. Cogió a cada uno con una mano y los levantó mientras ellos reían encantados para abrazarlo.
—¿Quién va a echar de menos a papá? ¿Vais a echar de menos a papá? —les preguntó a los niños—. Papá está fuerte, ¿eh? Es todo un guerrero.
Se acercó por turnos a la cara, primero a Pepe y luego a Pablo, y ambos le dieron besos en la mejilla en señal de despedida.
—¿Ya has hablado con María? —le preguntó a su mujer.
—Sí, no tardará mucho en llegar.
—De acuerdo.
María era la hermana de Elena, y ayudaría a Elena con los críos mientras él estuviera fuera. Se quedaría en la habitación de invitados.
—¿Y tú, mami? —le preguntó a Elena, acercándose a ella poniendo su voz seductora, aún con los bebés en brazos—. ¿Me echarás de menos?
Ella lo miró un segundo, seriamente. Luego suspiró.
—Claro que te echaré de menos, papá —dijo, resignándose—. Los cuatro lo haremos.
Seguramente esa noche los niños darían guerra y les costaría dormir sin él por allí. Eso casi hizo que se plantease la posibilidad de decirle a Arturo que pasaba del trabajo.
Casi.
Se acercaron —él con dos bebés en brazos y Elena con el tercero— y se besaron en los labios mientras los críos reían.
—Volveré —prometió.
Ella esbozó una sonrisa.
—Más te vale. Y no te pases mucho con el alcohol, que sé cómo le gusta pasar la tarde a Arturo después de trabajar ¿Todavía no ha encontrado a ninguna novia? —le preguntó mientras iban hacia el coche.
—No lo sé, no le he preguntado —replicó él—. Pero no creo. Es un soltero empedernido. Un lobo solitario…
—Ya está mayor —dijo ella mientras David dejaba a los críos en el suelo que reían, divertidos—. No le vendría mal sentar la cabeza antes de que empiecen a caérsele los dientes y a salirle canas. Y dejar de ir a bares —añadió.
A David no se le escapó que era un aviso para él, para que no se pasase de copas.
—Bueno, ¿quién sabe? A lo mejor me llevo una sorpresa —dijo abriendo la puerta del conductor de su jeep negro mientras los críos se ponían junto a su madre. Se subió al coche, lo arrancó y bajó la ventanilla para dirigirle una sonrisa a su mujer—. Aunque lo dudo. Le daré recuerdos de tu parte.
Los miró a los cuatro ahí, su mujer y a sus tres críos que le miraban esperando a que arrancase el coche.
—Papá —masculló Pablo.
—Papá —repitió Pepe.
Pere no dijo nada, pero lo miraba con atención.
—Cuídate —dijo Elena con una sutil sonrisa—. Y no te pases de bares.
—Bueno, todo depende de lo animado que este el sitio —bromeó él—. Podría ser un pueblucho sin bares. Podría serlo —insistió ante la mirada de su mujer—. ¿Qué sería peor: pueblucho sin bares o Las Vegas dos punto cero?
Ella hizo un sonido escéptico y David la conocía lo bastante como para entender lo que quería decir: «Si no los hay os iréis al pueblo de al lado a buscar la fiesta» y dejó a Pere en el suelo con sus hermanos para acercarse a él.
—Ni lo uno, ni lo otro.
Y se volvieron a besar, esta vez para despedirse. Iba a ser el último beso hasta dentro de una semana. Los chicos rieron. Cuando los miró vio que Pepe agitaba su manita despidiéndose.
—Volveré —dijo él a Elena mirándola con cariño—. Ya lo verás. Será antes de lo que piensas. —Y quitó el freno de mano—. Ya te acordarás de esto cuando te dé tu regalo en Navidad. Y me darás las gracias —añadió con una sonrisa pícara que indicaba sexo.
«A lo mejor hasta hacemos al cuarto osito», se dijo, divertido mientras su mujer retrocedía un paso, apartándose del coche.
—Adiós, papá oso.
—Adiós, mamá osa. Adiós, ositos.
Los niños agitaban sus manitas hacia él, despidiéndose.
—No te olvides de llamar —le recordó ella.
—¿Cuándo me he olvidado yo de llamar? —bromeó él como despedida.
Y pisó el embrague y el coche arrancó para salir a la carretera de asfalto. Miró por el espejo y vio cómo su familia se iba alejando hasta desaparecer.
Eran cerca de las doce cuando se fue, en un tórrido día de agosto, y era un viaje de cuatro horas. Lo aguantó bien con música, las ventanas del coche abiertas, sintiendo el viento caliente en la cara, y cantando Enjoy de silence de Anberlin.
Tardó unas dos horas en parar a comer y luego se pasó por el supermercado y compró una botella de bourbon de The devil’s bond, del bueno. Por si acaso no había bares a donde puñetas fuera que estuviera el pueblo ese. Seguramente con eso aguantarían toda la semana. No es que fuera muy dado a beber en el bar, pero con Arturo…
«Cuanto más mejor», se dijo mirando la botella de licor con una sonrisa. Papá oso en casa, lobo cachondo en la carretera.
Y el coche volvió a enfilar la carretera con Icona Pop cantando I love it.
*—-*
Llegó al pueblo a eso de cuatro y media de la tarde, y aprovechó la gasolinera para repostar y llamar a Elena para decirle que todo iba bien; y saludar a los críos que gimotearon palabras mirando su cara a través del teléfono, por videollamada. También saludó a María, la hermana de su mujer.
—Intenta que no te lie demasiado para salir de juerga —le dijo su mujer a forma de despedida.
—Vale —rió él recordando la botella que tenía en el maletero—. Te quiero.
—Yo a ti también —dijo ella.
Y puso el coche en marcha para cubrir el último tramo del viaje.
Parecía el típico pueblo medio muerto a esas horas de la tarde, y con el calor que hacía apenas había un alma por la calle. A esas horas de la tarde apenas había rastro de gente por la carretera principal del pueblo, mientras el jeep negro atravesaba la carretera de entrada en solitario. Aunque subiendo por la calle vio que apenas había gente, y ningún coche en circulación, aunque contó unos seis bares solo en esa carretera. Uno de ellos le hizo gracia porque se llamaba La Guarida.
«Parece que aquí nos vamos a divertir» pensó. Parecía que no se aburrirían mucho.
—Gira a la derecha y sigue por la carretera a un kilómetro para llegar a su destino —le informó el teléfono móvil que descansaba sobre el cenicero del coche.
David obedeció y al poco llegó a una carretera de un solo sentido y apenas la había enfilado cuando empezó a ver unos chalets, uno de esos sería su nuevo trabajo.
—Tu destino está a quinientos metros.
—De puta madre —sonrió él.
Estar cerca del pueblo les vendría bien. Les vendría bien para evitarse trayectos en coche mientras estuvieran borrachos, aunque tampoco le importaba demasiado conducir borracho. Pero cuando se iba pedo cuanto menos se condujera, mejor. Por si acaso.
Y según le había dicho Arturo por mensaje solo tenían un vecino, así que tendrían bastante privacidad.
Perfecto.
*—-*
El chalet tenía pinta de ser bastante viejo y tener sus añitos, grande, de dos plantas y una valla de metal y un murete que marcaba los límites de la propiedad.
La puerta de metal que tenía pinta de necesitar una mano de pintura —y pintarla formaría parte de su lista de trabajos con toda seguridad— estaba abierta y supuso que Arturo se la había dejado abierta para que entrará al llegar, porque le había mandado un mensaje desde la gasolinera después de hablar con su mujer.
El chalet tenía un patio delantero bastante grande y al avanzar con el coche vio que también le había dejado abierta la puerta del garaje, donde esperaba una vieja furgoneta cuatro por cuatro a la que le hacía falta un buen lavado para quitarle toda la mierda que tenía acumulada.
Aparcó junto al de Arturo y se apeó del coche para saludar a su amigo. Se dirigió a la puerta del chalet, golpeándola con el puño con ganas.
Arturo, un hombre de cincuentón, fuerte como un roble, moreno y con barba de un par de días se plantó en la puerta con su habitual cara de mala leche. Aun así, era un tío guapo, con músculos de acero, llenos de venas y una buen mandíbula. Le sacaba unos centímetros.
Y todo lo que tenía de guapo lo tenía de gruñón y mala leche.
—Ya era hora de que llegaras, joder.
—Yo también me alegro de verte —replicó él con una sonrisa, y chocaron las manos.
Arturo siempre había sido un cascarrabias, pero en ese momento y sonrió al verlo ahí.
—Ya era hora —dijo Arturo—. Empezaba a preocuparme que te hubieras perdido.
—Seguro que te has estado rascando los huevos peludos —replicó él con una sonrisilla.
—Cabrón.
—Hijo de puta —le replicó David, retador, con los ojos grises brillantes.
Arturo rió de buena gana, y David relajó su sonrisa y preguntó:
—¿Cómo vas, tío?
—Bien. He comenzado con el suelo del baño sin ti. Venga, te enseño donde vas a dormir y nos ponemos a trabajar.
—Siempre pensando en el trabajo —dijo aunque no esperaba una respuesta—Tenemos tiempo de sobra para todo.
—Venga, mueve el culo y entra de una vez —le replicó él.
No había nada que a David le apeteciera menos hacer que trabajar, pero entendía que era su forma de ser y no replicó.
Su habitación temporal estaba en el primer piso, y no era nada especial, vieja y descolorida, y el colchón de la cama estaba hecho polvo. Seguramente comprarían otra cama en cuanto la reforma estuviera hecha y se fueran de allí. Para estrenar ellos las nuevas.
—Comodidades de primera calidad —dijo con sarcasmo dejando su maleta sobre la cama, que chirrió con ganas—. ¿Las habrán desinfectado antes de llamarnos? Yo creo que no.
—Es lo que hay —replicó Arturo tranquilamente desde la puerta—. Hemos trabajado en sitios peores.
—También es verdad —replicó David mirándolo.
Arturo llevaba una camisa blanca y sucia sin mangas, como la que él tenía para trabajar, que se le pegaba al cuerpo. Olía a sudor, a macho, y los músculos brillaban al sol.
Desde luego el cabrón envejecía como el puto vino. O mejor el bourbon. Como el que él tenía en el coche.
—En la cocina tienes café, agua y cerveza que he comprado —dijo Arturo rompiendo el momento de silencio—. ¿Te parece bien?
—Perfecto —dijo él sonriente mirándole con esos ojos grises.
—Pues venga —dijo Arturo separándose de la pared—. Cámbiate y vamos a trabajar. No nos sobra el tiempo.
David se quedó mirando el sitio donde había estado él, sin poder evitar sonreír. Ese cabrón seguía tan adicto al trabajo como siempre. La jubilación le iba a sentar fatal.
Y no le había dado ni una sobada de huevos después de tanto tiempo sin verlo.
—Aguafiestas —masculló.
Solo le contestó el silencio.
Y luego se levantó para cambiarse. Había que currar si se quería cobrar.
*—–*
Mientras trabajaban el suelo del baño Arturo le fue poniendo al día de lo que tenían que hacer, y tal y como David había supuesto iba a ser una cosa bastante larga, e incluía cambiar la cocina, el suelo del baño, de las habitaciones en las que ellos estaban —dormirían en el salón esos días— y darle una capa de pintura a la verja de la entrada.
También hablaron de sus cosas y sus vidas. Arturo no era muy fan de los móviles, ni de mantener el contacto. Todo un lobo solitario. Estaba todo sudado del trabajo, músculos de acero, mandíbula marcada con una barba corta aunque bastante descuidada… y tenía algunas canas en el pelo negro, aunque seguía teniendo todo el pelo en la cabeza.
—El dueño es un ricachón —le explicó—. Tiene pasta para dar y tirar. Creo que se ha comprado el chalet y quiere remodelarlo entero.
—Pues ya podría estirarse un poco más con la paga.
Arturo no rió el chiste sino que lo miró muy serio y gruñó —«eso no va a pasar»— para seguir trabajando, y David se centró en el trabajo.
—Seguramente cuando nos vayamos meterá un jacuzzi y montará una piscina en la parcela… para que quede más lujoso.
Como hacía calor tenían todas las puertas y ventanas abiertas de forma que corría una corriente bastante agradable a esas horas de tarde. Arturo estaba muy cachas y David también, de levantar pesas en el gimnasio y el curro, y aunque había pillado a Arturo mirándolo mientras se estiraba y se pasaba las manos por el cuerpo el cuerpo, —sobre todo después de quitarse la camisa por el calor, claro— pero se limitó a sonreírle cuando le pilló mirándolo, y aunque no hiciera ningún comentario David sabía que disfrutaba de las vistas. Arturo era un puto obseso del curro y no caería en horas de trabajo. Pero cuando terminasen… eso ya sería otra historia.
Llevaban ya unas tres horas trabajando y todavía hacía sol fuera, en verano los días se hacían eternos. David salió al pasillo de la habitación en la que habían dejado unas botellas para beber algo de agua fresca mientras Arturo seguía a lo suyo.
Cogió la botella de agua y bebió con ganas. Había un ventanal por el que la luz entraba a raudales iluminando el pasillo. Tenía vistas al monte y al chalet vecino y al estar en el primer piso podía ver perfectamente cómo un chico iba por la carretera hasta la puerta del chalet del vecino y el que fuera el dueño de la casa —un chico moreno de más o menos su edad, fuerte también— cruzaba el pequeño jardín delantero y le abría la puerta para que entrara.
El recién llegado era un chico joven, tendría veinti pocos, pensó; jovencito. El pelo castaño que brillaba al atardecer —«y qué culito…»— y al ver cómo se saludaban su sentido sexual empezó a vibrar. Había algo en el tono, en esa actitud relajada del joven… puede que la cercanía entre ellos, estaban bastante pegados el uno al otro, que le llamó la atención.
Tenía una buena visión de la escena desde el primer piso. Y vio cómo cerraban la puerta exterior y avanzaban por el jardín para poco después darse un buen morreó en toda regla, confirmando sus sospechas.
Sonrió por haber acertado, disfrutando del espectáculo. Y ese chico tenía algo atractivo… Parecía la clase de cabrón al que le gustaba que le dieran con ganas, haciéndolo gritar y gemir del gusto, disfrutando de un buen polvo como Dios mandaba. Desde esa distancia ya estaba bastante seguro de que tenía que ser un fiera en la cama.
Bufó cachondo sin dejar de mirar.
El beso siguió con toda tranquilidad y vio cómo se frotaban el uno al otro, cómo se acariciaban. Aquello atufaba a sexo veraniego, pensó.
Los vio entrar en la casa y unos segundos después los vio pasar por la ventana de la planta baja, y luego, un momento después, por la que había justo delante donde él estaba, y que debía de ser la habitación; podrían haberlo visto asomado a la ventana, pero en esos momentos no estaban pensando con los cerebros sino con sus pollas.
Vio cómo el chico intentaba darle otro beso al vecino. Parecía que se estaban divirtiendo. El vecino cogió al chaval para darle un buen morreo. Y vio cómo el cabrón del vecino le quitaba la camisa al chaval y lo ponía de rodillas para que empezara a toquetear su bragueta.
Joder…. Alguien iba a echar un buen kiki.
—Ey —le dijo en tono bajo a Arturo para llamar su atención haciéndole gestos para que se acercara a donde él estaba—. Ven. Mira esto.
Arturo gruñó algo y se acercó con su habitual cara de mala leche.
—¿Qué coño te pasa? —preguntó, pero David se llevó un dedo a los labios para que bajara el tono.
—Shhhh. Mira.
Arturo se puso junto a él y ambos vieron cómo el chico intentaba besarlo después de abrirle la bragueta pero el vecino lo presionaba para que le comiera la polla. Arturo no hizo ningún comentario de aprobación pero tampoco se apartó ni replicó, lo que hizo sonreír por dentro a David, pensando que pese a su cara de cabreo disfrutaba viendo cómo el vecino le daba de mamar al chaval.
—Qué cabrón —masculló.
—Joder, ya lo creo —sonrió David.
De ver lo que hacían esos dos David sintió que se ponía cachondo y se llevó la mano a la entrepierna con suavidad. El chavalín mamaba polla con de dedicación.
«Oh, sí. Eso es, nene. Así se hace —pensó—. Yo sí que te daría un rabo de primera».
Se notaba que disfrutaba chupando y mamando, como un campeón.
«Es un buen chico».
Desde donde estaban no podían ver al vecino, solo al chaval chupándole la polla, disfrutando, pero sí que oyeron cómo gemía del gusto y le sujetaba la cabeza para follarle la boca…
—Chúpala como un profesional, cabrón —masculló David metiéndose la mano por la cintura del pantalón para agarrarse la polla.
—Joder… —dijo Arturo y David detectó un movimiento y giró la cara apenas lo suficiente para ver que su colega estaba siguiendo su ejemplo y se llevaba su manaza por dentro de los vaqueros, sobándose la polla que marcaba un buen bulto ahí dentro—. Cómete ese rabo, vamos…
David volvió a centrarse en la pareja, sonriente, y pensando que Arturo estaba muy cachondo. Ni si quiera él pondría el trabajo por encima de echarle un buen polvo a ese potrillo de ahí.
Oyeron cómo el vecino soltaba un gemido, disfrutando de la mamada de ese nene. Ninguno de los dos podía apartar la mirada de la mamada que estaba pasando en el chalet de al lado.
El vecino volvió a gemir; obviamente lo estaba disfrutando.
Y entonces el chaval debió de notar algo, porque se la sacó de la boca —puede que percibiendo algún movimiento, o presentimiento— y al girar la cabeza los vio, con la manos en sus pollas, disfrutando del espectáculo y deseando ver más.
«Mierda —se dijo David, sin poder reprimir una sonrisa, en parte bastante divertido, como un niño al que pillan en una jugarreta—. Nos ha pillado».
El chaval se los quedó mirando un segundo, y les sonrió; obviamente sin importarle que le estuvieran mirando. Era una sonrisa encantadora. La de un buen chupapollas.
Y entonces el vecino se puso delante de la ventana, y su expresión era bastante menos amigable; él no les sonreía, los miraba hoscamente, para nada divertido por tener espectadores. Estiró las manos y de un enérgico movimiento cerró las cortinas, terminando con el espectáculo.
—Mierda —masculló Arturo.
—Hijo de puta —dijo David, resentido.
El puto amargado les había fastidiado el espectáculo. No se conocían, pero David le deseó que se pillara los huevos con la cremallera de los vaqueros.
Como ya no había nada que ver volvieron al trabajo y aunque a veces David se asomaba por la ventana ya no fue capaz de ver nada más, las cortinas seguían firmemente cerradas. La primera vez no vio nada salvo que la ventana que daba a la habitación estaba cerrada, y una hora más tarde la cortina del salón de la planta baja también lo estaba; al parecer a ese capullo amargado no le gustaban los mirones.
—No hay suerte ¿eh? —preguntó Arturo detrás de él.
—No, no la hay. Puta mierda. —masculló y luego se volvió hacia Arturo con una sonrisa—. ¿Qué tal si me consuelas un poco?
Arturo no se la devolvió.
—Deja de pensar con la polla y vuelve al trabajo, joder.
David deseó poder mamarle la polla, pero lo de ir de zorrita hambrienta y suplicar por polla no era su rollo, no le iban las locas; tampoco creía que eso fuera a funcionar, ese no era el estilo de Arturo. Y en parte era lo que le gustaba de él, otro motivo por el cual se llevaban tan bien.
Bufó molesto mientras volvía al trabajo. Casi podría salir, ir al jardín de al lado, abrir la puerta de una patada para apartar a ese capullo del vecino y darle al chaval una buena follada de verdad, una que sin duda sería mejor que la de ese soso de mierda. Entonces Arturo se apuntaría, entre los dos reducirían al puto vecino si se atrevía a piar, y le darían a ese cabroncete una buena follada mejor que cualquiera de las que le hubiera dado ese cabrón pichafloja.
Pero Arturo tenía razón: ahora no era el momento… pero tenían la semana entera para jugar. Y más tarde o más temprano Arturo caería, eso seguro.
Siempre lo hacía.
*—-*
—Bueno —dijo Elena desde la pantalla del móvil—, ¿cómo va todo?.
Se la veía cansada y David la conocía lo suficientemente bien como para saber que aunque su hermana estaría siendo de gran ayuda seguramente estarían echándolo en falta. Y los chicos estarían dando más guerra de la habitual al no tener a papá en casa.
Aprovechando que había sido el primero en terminar de cenar estaba haciendo una videollamada con su mujer, la primera desde que había llegado, y David estaba en la calle para no molestar al resto de clientes del local y tener también algo de privacidad. Hasta de noche seguía haciendo bastante calor, joder.
Le había dicho a su mujer que estaban cansados y cuando había anochecido se habían bajado al pueblo a pie, para ir a un bar al que Arturo le había echado el ojo para cenar.
Se dedicó a contarle a mujer algo de las cosas que tenían que hacer y lo que había hecho a lo largo del día, omitiendo, por supuesto el incidente del vecino.
—Cenaremos y nos iremos a la cama —dijo al terminar—. Estoy molido.
Ella le dedicó una sonrisa mientras alguno de los chicos balbuceaba algo desde la mesa.
—No os vayáis a dormir muy tarde.
Sabía que ella no le creía, después de todo le conocía bastante bien también, aunque por suerte para él, no tan bien como ella creía. Puede. O más le valía que así fuera.
—No, para nada —dijo estirándose y lanzando un bostezo—. Estoy hecho polvo, pero si así estoy yo, Arturo estará todavía peor.
—¿Cómo está?
—Pues ya sabes, como siempre. Es un viejo cascarrabias.
—¿Se ha echado ya alguna novia o qué?
—No lo sé, no hemos hablado de ello —sonrió él—. Nunca ha sido mucho de echarse novia, ni de tener pareja. No creo que le haya dado por eso.
—Dile que debería ir buscándose una novia, e ir pensando en sentar la cabeza.
—Le transmitiré tus preocupaciones por su vida amorosa, tranquila —le replicó él, con una sonrisa.
La verdad era que no habían hablado del tema, pero desde luego sabía que Arturo no tenía ninguna novia, y a sus cincuenta años no tenía ninguna intención de cambiar eso. Así que eso de sentar la cabeza no iba a pasar.
«Y aunque la tuviera tampoco cambiaría mucho la cosa —se dijo— Lo siento, cielo».
—Pásame al trio de oro, anda —pidió—. ¿Me han echado mucho de menos?
—¿Tú qué crees, papá oso? ¡Mirad, chicos! ¡Mirad quién está aquí!
—Apaaaa! —gritó Pablo, agitando las manitas.
—¡Madre mía! —dijo David mirando a los tres bebés que estaban ahí sentados—. Pero que grandes estáis… ¿habéis crecido tres metros desde esta mañana?
La charla con los chicos —si es que se le podía llamar así— lo entretuvo un rato más hasta que por fin se despidió y colgó la llamada.
Cuando entró Arturo estaba junto al billar del bar.
—Ya era hora —dijo, muy serio—. Empezaba a pensar que te habías puesto a ligar en la calle.
—Oh, bueno —le replicó—, pues mientras hago eso si quieres puedes ir al baño y cambiarte el pañal, abuelo.
—Hijo de puta. Venga, deja de hablar y saca ya, joder —dijo mientras David cogía uno de los tacos disponibles junto a la pared del bar.
—A tus órdenes.
Y puso el taco junto a la bola, preparándose para sacar. Aprovechó para inclinarse bien y Arturo, que estaba apoyado junto a la barra, se llevó la copa Devil’s Bond a los labios clavando la mirada en el culo de su compañero mientras sacaba.
Sonó un chasquido y las bolas rebotaron por toda la mesa, entre ellas, desperdigándose en todas direcciones.
David se incorporó, divertido y sonriente.
—Te toca, abuelo.
—No me toques los cojones, pimpollo —dijo él apartándose de la barra para acercarse a la mesa para tirar—. Esto solo acaba de empezar.
Durante las siguientes partidas de billar el alcohol corrió. Fueron tres partidas, David ganó una y Arturo ganó dos aunque no era de los que alardeaban; se limitaba a sonreírle burlón y chulesco mientras le ganaba, y David recordó que desde luego el cabrón sabía cómo darle a las bolas.
Hablaban entre ellos y los demás del bar los dejaban a su aire, probablemente porque eran nuevos en la zona, extranjeros en ese pueblo tan pequeño en el que todos conocían hasta al perro del vecino.
(Aaaaah… Joderrrrr…)
Salieron del bar hacia las doce de la noche.
A pesar de que David consideraba que todavía era bastante pronto, el bar seguramente cerraría a las dos de la mañana como muy tarde; en los pueblos pequeños esa clase de cosas solían ocurrir: ocho bares y para las tres de la mañana no quedaría ni uno abierto. Ambos iban por la calle, completamente desierta, riendo y picándose mutuamente bajo la luz de las farolas.
Llegaron a la parte alta del pueblo y a la carretera que llevaba al chalet.
—Si me dieras la revancha te ganaría —le picó David sonriente, ambos estaban bastante achispados para entonces.
—Sigue contándote eso —dijo Arturo con un inusual buen humor—. Más suerte mañana.
No esperaba otra cosa, simplemente se lo había dicho para hablar, cualquier cosa serviría, cualquier cosa de la que se pudiera hablar era buena; era una cosa de hombres, del género masculino de la población, hablar el lenguaje de pullas y piques.
Anduvieron por la carretera con tranquilidad. Por suerte había luna y podían ver por dónde iban. La carretera estaba tan silenciosa como las calles del pueblo, como si todos se hubieran ido a dormir pronto, no había nadie a pesar de que era verano.
Solo vieron pasar un coche, cuando ya estaban llegando a la pelada puerta de metal del chalet.
—¿A dónde coño vas? —preguntó Arturo vendo cómo David se dirigía al garaje donde estaban sus coches.
David no le contestó. Puede que la cena hubiera terminado pero era pronto para terminar, la noche aún era joven. Arturo se limitó a mirarlo mientras subía la puerta del garaje con las manos y luego abría el maletero de su coche, buscando algo.
—¿Nos tomamos la última? —le preguntó a Arturo enseñándole la botella de bourbon con una sonrisa, pasando por el lado de su amigo para dirigirse a la puerta frontal.
—Mañana tenemos que trabajar —le recordó Arturo.
—Venga, no seas aguafiestas —dijo David con alegría entrando en la cocina, abriendo el armario de los vasos para sacar un par—. Es tu favorito.
»Nos tomamos la última y nos vamos a la cama, y prometo que mañana estaré levantado a la hora. O puedes enchufarme con la manguera —añadió con una sonrisa y esta vez Arturo sí que se la devolvió, encontrando la idea muy atractiva. Tomándolo como una aceptación, David le puso una considerable cantidad de alcohol en cada vaso—. Probablemente van a tirar esas mierdas de camas que nos han agenciado en cuanto nos larguemos de todas formas. ¿O acaso estás cansado ya, viejo? Los años no perdonan, ¿verdad?
Arturo soltó un gruñido y alargó la mano.
—Trae, anda.
David sonrió al pasarle su copa.
—Y no sonrías tanto —le dijo Arturo—. Solo será una copa.
—Sí, claro.
O puede que un par. Eso ya se vería.
*—-*
—Y cuéntame —dijo David—. ¿Cómo vas con el tema pareja? ¿Alguna afortunada?
—Ya sabes que eso no me interesa.
—¿Y algún afortunado? —preguntó con una sonrisa endemoniada llevándose el vaso a la boca.
—Nada demasiado estable —dijo él, con tranquilidad—. Pero estoy satisfecho.
—Me lo imaginaba.
—Si ya lo sabes, ¿para qué preguntas?
—Ey, no llamas, no escribes… Y mi mujer tenía curiosidad por saber si habías sentado la cabeza.
—Pues dile a tu mujer que puede sentarse ella, porque va a estar esperando mucho tiempo.
David rió, divertido.
—Creo que solo le interesa saber si has dejado de ser una mala influencia.
Eso le sacó una sonrisa a Arturo.
—¿Yo soy la mala influencia? —preguntó llevándose el vaso a los labios.
David le dedicó una sonrisa endiablada.
—Tengo que mantener mi buena reputación, hermano.
—Eres un cabronazo —exclamó Arturo, divertido.
—Claro que sí ¿Quieres otra?
—No —respondió, pero David volvió a servirle otros dos dedos de bourbon.
Arturo no comentó nada, pero se llevó el vaso a la boca con una sonrisa.
—¿Te crees que no sé lo que intentas? —le dijo tras darle un trago a su vaso—. Te veo el plumero.
—No tengo ni idea de lo que insinúas —replicó él en un tono que indicaba lo contrario.
—Ya, claro. Y yo soy la mala influencia…
David le sonreía y él también le sonreía; pero no era su sonrisa, fue su forma de mirarlo, cómo lo había mirado tantas otras veces antes, lo que le hizo sentir un cosquilleo por dentro.
«Esta noche mojo» pensó triunfante.
—Y cuéntame —dijo como si tal cosa—. ¿Cuánto hace que no mojas?
—Un par de semanas, más o menos.
—¿Algún camionero peludo? —rió, divertido—. ¿No te interesa saber cuándo follé yo?
—Viendo a tus tres críos, creo que follas bastante.
—Deberías pasarte por casa un día de estos. Para conocer a los chicos. Hasta podríamos irnos a tomar algo.
—Y terminaremos la noche follando dentro de mi coche, seguro —adivinó Arturo.
—Mejor en el mío. Está más limpio que el tuyo, cerdo.
—Oh, perdona. No me había dado cuenta de que te habías vuelto tan delicada… toda una nena.
Ambos rieron divertidos.
Siguieron hablando sin problemas, de sus vivencias, riendo y disfrutando, y David trató de beber despacio, y no tomar más copas; quería estar fresco para lo que venía después.
*—-*
Al final consiguió colarle una última copa antes de que Arturo diera por terminada la conversación y se cerrase en banda a seguir bebiendo, aunque ya no necesitaba que bebiera más, ya estaba bastante borracho.
—Venga, vámonos a la cama, cabrón. «Buena influencia», ¿eh?. Mis cojones…
«Bien grandes y gordos, como siempre seguro» se dijo David.
Arturo le sonreía a David, y aunque sus ojos tenían ese brillo febril del borracho estaba claro que aún sabía dónde estaba y lo que estaba haciendo.
Y también sabía lo que David quería, claro.
—Cuando quieras —accedió David, cordial—. Pasa tú primero, campeón.
—Chupapollas —le replicó él saliendo de la cocina.
—Me conoces tan bien…
Subieron al piso de arriba y David lo acompañó a la habitación donde estaba durmiendo. Entraron en la habitación y Arturo se detuvo delante de la cama.
—¿Piensas arroparme en la cama también?
—Solo me aseguro de que no te caes y te partes la cadera, viejo —respondió David con una sonrisita, aunque sin molestarse en disimular demasiado.
—Lo primero, que te jodan —sonrió Arturo mirándolo con esos ojos negros, ligeramente atontado.
—Encima que me preocupo por ti…
—…Y lo segundo ya has hecho esto otras veces —siguió diciendo él mientras David se pegaba más a él, seductor—. Me emborrachas para bajarme los pantalones y que te dé polla.
—Y siempre funciona.
—Eres un cerdo chupapollas —le insultó él, ensanchando su sonrisa.
—Lo sé —respondió él tranquilamente.
Aunque Arturo le sacaba media cabeza a David, estaba bastante borracho, así que cuando David lo empujó con suavidad perdió el equilibrio y cayó sobre el viejo colchón con un chirrido de muelles.
—¿Pero que…? ¿Qué coño crees que haces? —masculló y bufó—. Ahora no estoy de humor…
—Siempre dices eso también —le replicó David quitándose la camisa de tirantes y arrojándola al suelo antes de dejarse caer entre sus piernas.
A la luz de la luna los músculos, pectorales y tableta resaltaban como un juego de luz y sombras, como si su cuerpo estuviera esculpido en mármol duro y fuerte, y David vio cómo Arturo lo observaba desde la cama.
—¿Qué haces? Para, joder…
—Hace un momento parecía que tenías más energía… —sonrió David echando mano al cinturón de su amigo maduro. Las manos de Arturo se pusieron por medio, pero con tanta pereza que fue fácil apartarlas—. ¿Qué pasa? ¿Te pone cachondo que sea yo el que te lo pida? —dijo desabrochándole el cinturón—. Igual es que disfrutas follando conmigo.
—Oye —masculló Arturo—. Mmmmm… Qué te jodan… tío.
—Creo que esta noche tendrás que hacerlo tú —le contestó él con una sonrisa.
Le quitó las zapatillas con facilidad. Y fue igual de fácil quitarle los pantalones, a pesar de que el cabrón era un puto armario y no puso de su parte, pero tampoco peleó en contra, a parte de algún gruñido de protesta y un débil intento de agarrarse la cintura del pantalón, que se le escapó de las manos cuando David dio un enérgico tirón —«joder» masculló Arturo dejando escapar el aire «Puta mierda» recostándose en la cama— y los pantalones vaqueros siguieron con facilidad.
—Joder…
—Tío, no te hagas el difícil —sonrió él—. Sabes que siempre lo pasas bien conmigo… Todas las veces.
—Mmmmm… —masculló él, y David con una sonrisa volvió a tirar.
En cuanto terminó de sacarle los pantalones a ese puto armario de tío, pudo ver a la luz de luna los slips gastados y mugrientos que sin duda el cabrón no habría lavado durante una buena temporada; probablemente más de una semana… Se relamió antes de incorporarse y situarse entre esas piernas. Vio que él lo estaba mirando, con esos ojos negros, sin hacer nada por detenerlo. Se inclinó para amorrarse a esos calzoncillos gastados y oler la peste que emanaba de ellos, pegando la nariz a ese bulto de carne que tanto había echado de menos, y que conocía muy bien. El olor a polla y huevos sudados le puso a cien, y besó ese bulto con ganas, ansioso por llevarse esa polla a la boca y notando las manos de su amigo en la cabeza.
—No… —masculló Arturo, dejando escapar un gemido—. Venga, tío, no lo hagas.
Pero viendo que sus manos parecían jugar con su pelo, más que querer apartarle, David optó por ignorar sus protestas, y siguió besando los gastados gayumbos, saboreando la peste y sintiendo cómo esa polla se iba despertando, poniéndose dura ahí dentro. Y sonrió sin dejar de saborear esa peste, encantado.
—No…
—Venga, Arturo. Eres tan buen jefe. Tan buen compañero… Deja que te compense.
—Chupapollas… —masculló Arturo terminando en un suave gemido cuando su capullo rosado y cada vez más duro, demasiado para ser contenido por esos putos calzoncillos que estaban hechos polvo, salió por uno de los camales del slip gastado y David aprovechó para darle una suave lamida—. ¡Aah! Joder… —gimió—. Eres incorregible. Puto cabrón ¡Ooooh!
—Seguro que te has metido a monje desde la última vez que nos vimos, colega —replicó David con una sonrisita lanzando otra lamida a esa barra de carne que cada vez estaba más dura sobresaliendo más y más de esos gayumbos hechos polvo.
Arturo masculló sin dejar de acariciarle la cabeza.
—Mmmmmm… «Mala influencia…» mmmmm… —masculló dejándose caer sobre el colchón—. ¡Ooooh!
La mano sobre su cabeza le acariciaba la nuca sin hacer el más mínimo intento de apartarlo, y David seguía repartiendo besos y lametones por ese bulto cada vez más despierto. Le dio alguna lamida más al capullo, respirando ese olor a huevos sudados y polla, mientras esa tranca se iba poniendo dura contra su cara.
—Sabía que esto te gustaría —dijo David sin parar de restregarse y de besarle la polla—. Eres todo un semental, colega. Y necesitas descargar la mercancía. Esa lefa caliente…
—¡Ooooh! —gimió Arturo con suavidad.
La mano de Arturo le acariciaba la cabeza de David con suavidad, sintiendo el pelo corto y cálido contra su mano, dejándolo hacer.
—Eso es —dijo David repartiendo besos por ese paquete, sintiendo la tranca dura contra sus labios, más dura a cada beso—. Tú deja que yo me encargue. Ya tengo experiencia con este rabo y sé cómo tratarlo. Mmmm…
Arturo respondió con otro gemido.
—¡Ooooh, joder! —masculló su amigo y otro gemido salió de su boca, acariciándole la cabeza a David—. Cabrón.
— Eso es… tú solo déjate hacer —le dijo David pasando la lengua por el capullo sin parar, provocando otro gemido de Arturo—. Disfruta. Tu polla ya está bien cachonda y dura. Sí…
Solo recibió más gemidos en respuesta mientras David se la trabajaba con ganas.
Cuando a David le pareció que la polla de su amigo ya estaba a plena potencia y que los gastados calzoncillos parecían a punto de reventar, se puso de rodillas sintiendo cómo la mano de Arturo caía sobre sus hombros y luego sobre el colchón. Agarró esos gayumbos gastados y contrayendo la cara tiró.
Y…
¡¡¡RAAAAAAAS!!!
Con un sonido de rasgado —que costó mucho menos de lo que esperaba— ese trozo de tela apestosa se rasgó y la polla enorme y venosa y dura como una piedra de Arturo saltó hacía fuera, libre al fin.
La polla se bamboleó delante de su cara mientras Arturo emitía otro gemido. Cogió ese rabo duro y fuerte, sintiéndolo caliente y ardiente en su mano.
—Joder —masculló David mientras Arturo emitía otro «oooh».
Y lo engulló sin perder tiempo. Llevaba deseando hacer eso, desde que había recibido su mensaje pidiéndole ayuda para el trabajo.
—¡Ooooooh! Joder…
—¡Mmmm…! —masculló, metiéndose un buen trozo de ese enorme rabo en la boca.
Le encantó sentirlo en su boca. Su lengua lamió ese enorme capullo rosado, engullendo esa tranca dura y venosa.
Joder…
—Oooooh….
—Mmmm… —masculló él, metiéndose más a dentro esa tranca.
La mamó sin problemas, desde la punta hasta los cojones, haciendo suspirar a Arturo y sintiendo cómo movía la cadera débilmente para ayudarle a metérsela toda en la boca, hasta la tráquea —era un gran rabo—, pero aún demasiado bebido o adormilado para no follárselo con ganas y dejándole ir a su bola sin ejercer demasiada presión con la mano que tenía sobre la cabeza.
Se la sacó un momento de la boca y exclamó:
—¡Joder! ¡Aaaah! Cómo he echado de menos tu polla, cabrón. Joder… —sonrió.
Arturo masculló algo y trató de volver a presionarlo contra ella para que siguiera mamándosela, pero a David no le costó demasiado sujetarlo y apartó la mano de Arturo con suavidad para dejarla sobre el colchón y mirarlo a la cara y ver que estaba mirándolo con los ojos medio abiertos, y obviamente disfrutaba el momento. A la luz de la luna estaba insuperable.
—¿Ya te has cansado de hacerte el difícil, amigo? —preguntó mientras cogía la polla con una mano y le daba un ligero lametón pero sin llegar a metérsela en la boca, haciendo que Arturo suspirase.
—Mmmmmm…
—¡Oooooh! —gimió Arturo, volviendo a colocar la mano sobre su cabeza con suavidad, mirando el techo—. Repíteme eso de que yo soy la mala influencia.
—Mmmmmm… —David miró a Arturo con una sonrisa—. Claro que eres una mala influencia. No es culpa mía que seas todo un toro, o que tengas una tranca tan enorme… ni de que me esté llamando desde que he llegado —dijo sonriente y Arturo le devolvió la sonrisa, complacido y David lo miró; sus ojos grises resplandecían por la luz de la luna. Luego volvió a amorrarse a su polla—. Mmmmm…
—¡Oooooh! —exclamó Arturo, con una inusual cara de relajación, volviendo a colocar la mano tranquilamente sobre la cabeza de su compañero.
David seguía mamando.
—Mmmmm…
Esa polla estaba a tope, lista para una buena follada.
Y él todavía estaba vestido.
Se levantó de un salto y se quitó la camisa rápidamente para arrojarla contra la pared, y luego se quitó las zapatillas y los pantalones, casi como si estuvieran ardiendo.
Cuando se incorporó y se fijó que todavía llevaba los calzoncillos puestos, volvió a agacharse tirando de la molesta prenda y cuando se volvió a incorporar la polla tan dura como la de su amigo, y aunque la de Arturo era un poco más grande, desde luego la suya no tenía mucho que envidiarle.
Arturo lo miraba desde la cama con las manos detrás de la cabeza y sus ojos negros lo observaban, bastante somnolientos. David sonrió al pensar en el festín que iba a darse esa noche. Llevaba todo el día pensando en él.
Iba a hartarse de comer rabo esa noche. Y nada mejor que el rabo de un cabrón como ese, maduro, tan duro que podría doblar metal con las manos. Nada mejor que eso para alimentarse bien. Joder.
Los ojos grises de David resplandecían a la luz de la luna, viendo a ese hombre desnudo, cachondo, y esperándolo. Listo para darle lo que le pedía.
Volvió a subirse a la cama, acariciando esos muslos fuertes y peludos dignos de un culturista, haciendo chirriar los muelles con violencia, mirando a Arturo a los ojos, sonriendo y él le devolvió la sonrisa, aún un poco atontado por el alcohol mientras él le agarraba esa polla dura para engullirla con ganas sintiendo cómo Arturo movía su cadera para que se la tragara hasta el fondo.
—Mmmmm…
—¡Ooooh! —aulló Arturo, presionando su cabeza—. ¡Mmmmm! Tenías hambre, ¿eh? Hijo de puta.
—Mmmmm… —masculló David, disfrutando de esa polla.
Para confirmar que desde luego, tenía mucha hambre, se tragó la polla entera, hasta los cojones lubricándola bien, y como acto de rebeldía apartó de nuevo la mano que Arturo había puesto sobre su cabeza con bastante brusquedad.
Y Arturo sonrió, divertido.
Se dedicó a comerle la polla, a veces dejando que Arturo le sujetara la cabeza y marcase el ritmo de la mamada, aunque no tardaba mucho en apartarle la mano, rebelde y sonriente, antes de escalar por su cuerpo y ponerse rodillas a la altura de su cadera sin tocarlo, aunque sintiendo cómo la polla de Arturo estaba dura y caliente contra su culo. Sintió cómo le hormigueaba el culo de tenerla tan cerca de su entrada trasera. Y él estaba listo para cabalgar a ese semental.
Miró a Arturo a los ojos con una sonrisa que él le devolvió.
—¿Vas a empalarte tú solo con mi polla, cabrón? —preguntó Arturo—. Disfrutas, ¿verdad?
—Tú tampoco pareces estar pasándolo muy mal —replicó David con una sonrisilla y Arturo rió con suavidad—. Y… no tengo intención de dejar que me revientes tan pronto, viejo.
Y tras decir eso, taladrándolo con la mirada, cogió la camiseta gastada de Arturo y pensando que ojalá no fuera su favorita, tiró. Hubo otro sonido de rasgado y la tela de la camisa se rasgó y el pecho inflado de Arturo salió a relucir… esos pectorales y ese abdomen ligeramente peludos, de piedra, brillando a la luz de la luna… era todo un papi culturista. Estaba fuerte como un roble, joder.
Aún tuvo que dar algún tirón más para terminar de desgarrar la camiseta, aunque Arturo se limitó a gruñir y se dejó hacer.
Cuando se deshizo de la molesta prenda se abalanzó sobre ese torso desnudo para acariciarlo y manosearlo a gusto, esos duros e inflados pectorales y esa tableta dura que era todo un portento digno de batir algún récord, seguramente.
—Joder, cabrón —exclamó mientras manoseaba esos pectorales, sintiéndolos calientes y duros en sus manos, y pellizcándole los pezones erectos. Luego bajó las manos por su tableta. Era un cuerpo bastante lampiño aunque tenía algún pelo suelto bastante largo que se podría eliminar con una simple pasada de Gillette, y era duro y moldeado como la piedra—. Me voy a poner las botas —sonrió.
Y se lanzó a besar esos pectorales duros y alcanzar esos pezones y pasarles la lengua como si fuera un cabritillo en busca de leche, lactando de esos pezones erectos, sintiendo como las manos grandes de Arturo le ascendían por la piernas y pasaban sobre su culo, amasándolo, lanzándole cosquilleos para posarse en su cadera, sujetándolo con firmeza mientras él jugaba con sus pectorales y acariciaba esos brazos fuertes y ese torso duro.
David besó ese cuerpo duro y desnudo, los pectorales y la tableta, acarició esos brazos fuertes y disfrutando del roce de sus cuerpos, bajando la mano hasta la polla dura de Arturo, pajeándolo con tranquilidad para que no perdiera la erección.
—He estado soñando con esto —dijo mientras se la cascaba con tranquilidad notándola dura en su mano.
—Sí que estás sentimental, joder… —dictaminó Arturo con una sonrisa—. Pareces una mujer, cabrón.
—Pues tal vez debería reventarte el culo con mi polla para demostrarte que no soy una mujer —replicó David dejando de pajearle y deslizando la mano por sus cojones, acercándose a la zona roja del culo.
—Ni lo intentes —le dijo Arturo—. O te partiré la cara de una hostia y te lanzaré por esa puta ventana.
—¡Ja! —sonrió David.
Arturo gruñó.
—Te devolveré a tu casa con tu mujer y tus hijos en una silla de ruedas con los dos brazos y las piernas rotas —aseguró él.
—Al menos así conocerías a mis renacuajos —le picó él, divertido.
Arturo gruñó, desafiante; no le molaba poner culo, y David lo respetaba, aunque se burlaba del tema: la idea de meterle la polla por el culo —de primera calidad— a ese viejo lobo cascarrabias era muy atractiva. Muy pero que muy atractiva.
Aunque no pensaba jugarse el cuello. Lo creía muy capaz de cumplir su amenaza. Bueno… tal vez no, porque eran amigos, pero seguro que le cascaba una hostia si lo intentaba.
—Pues vale, viejo cascarrabias —dijo David con una sonrisa—. Entonces… —Se incorporó de un saltó poniéndose de rodillas para ponerse en la postura opuesta, abriendo las piernas y poniéndose sobre el cuerpo desnudo de Arturo, de rodillas, poniéndole el culo en la cara— ya pongo yo el culo. Cómeme las pelotas, cabrón remilgado.
—Gilipollas —le replicó él pero lamió cuando acercó el culo a su cara—. Mmmm…
David sonrió, sintiendo cómo su barba de unos días le raspaba y echando mano de la polla y la engulló hasta el fondo, mientras sentía cómo la lengua de Arturo le lamía el culo con generosos y tranquilos lengüetazos.
—Mmmm…—masculló mientras mamaba, esforzándose por llegar hasta el fondo de esa tranca monumental—. Mmmm…
Le comía la polla con ganas y no tardó en sentir roces en su propia polla y sus cojones a medida que Arturo le iba pasando la lengua por la zona, tomándose su tiempo, dando amplios lengüetazos. Que lo hiciera así, sin ninguna prisa, degustando su culo le ponía más cachondo, acelerando su mamada. Podía sentir su respiración acariciándole las pelotas, sintiendo cómo se le contraían.
—¡Ooooh! —gimió David sacándose la polla de Arturo de la boca, presionando su culo contra la cara de Arturo para que lamiera más—. Eso es, tío… ¡Ooooh! Me encanta cómo me comes las pelotas.
—Mmmmmm… ¡Aaaah! ¡Joder!
—¡Ooooh! Mmmmmm…
David volvió a engullir la polla sintiendo cómo Arturo le daba lamidas por el tronco de su polla y sus cojones, amplias y extensas, poniéndole la polla dura del todo y sintiendo cómo le hormigueaban sus cojones ensalivados cuando sentía su respiración y su aliento.
—Mmmmm…
Después volvió al culo. Empezó, dándole pequeñas lamidas en el agujero y la raja, para luego hacerlas más extensas y amplias recorriéndole toda la raja; a veces hasta alternaba entre sus cojones y su polla. Y David disfrutaba restregándolos por su cara para llamarle la atención, y pegando más el culo contra su cara cuando le chupara la raja.
—¡Ooooh… joder! —gimió David—. Eso es, tío… eso es… ¡Ooooh!
—Mmmmm… —respondió Arturo dándole lametones a ese culo, haciéndole gemir más.
Cuando David se sacó la polla de Arturo de la boca tenía una sonrisa de felicidad en la cara; definitivamente había echado eso de menos.
«Si mi mujer me viera así me pediría el divorcio» pensó, aunque en esa situación el pensamiento le hizo más gracia que otra cosa; la polla pareció endurecerse aún más. Dudaba que hubiera dejado de follar ni aunque Elena hubiera entrado en ese momento por la puerta de esa habitación. Estaba demasiado cachondo.
—¡Aaah! —gritó cuando sin previo aviso cuando se sacó la polla de Arturo de la boca, poniéndose tensó, mientras él seguía lamiéndole el culo con la lengua—. ¡Joder! —aulló cuando Arturo le metió un dedo por la entrada trasera—. ¡Ooooh!
—Parece que por aquí no ha entrado nadie desde hace bastante tiempo —comentó Arturo con toda tranquilidad mientras hurgaba con el dedo sin demasiada delicadeza.
—¡Aaaah! Soy exigente sobre quien puede follarme por detrás, hijo de puta —dijo David—. Para que veas que eres afortunado, cabrón.
—Así que tengo pase a la zona VIP, ¿eh?
—Ya te digo ¡Ooooh! —gimió porque Arturo no paraba de mover el dedo con suavidad en su culo.
Con una sonrisa lobuna Arturo sacó el dedo al que le había metido poco menos de la primera falange y se lo miró antes de metérselo en la boca para ensalivarlo.
—Muy bien —dijo—. Pues tendré que abrirte bien, para dejarte bien satisfecho.
—Más te vale… —masculló David antes de volver a lanzarse a por su polla—. Mmmm…
—Ooooh —bufó Arturo al sentir cómo este engullía su polla y se lanzó de nuevo a devorar ese culo rosadito dándole una larga y gran lamida, pasándole la lengua con generosidad—. Mmmmmm…
—Mmmmmm…
Ninguno habló durante un buen rato, mientras Arturo le engrasaba el culo, David le engrasaba la polla, ayudándose el uno al otro, como buenos cabrones, lubricando bien la zona para lo que vendría a continuación.
David mamaba polla —«mmmmm…»— y Arturo le comía el culo sujetándolo por la cadera con sus manazas para levantarlo suavemente y tener mejor ángulo con ese culo que se estaba comiendo y que estaba sobre su cara.
Estuvieron así hasta que Arturo dio por preparado ese culo lanzándole un buen escupitajo y restregándolo por todo el agujero con el dedo pulgar mientras David seguía sobre él, comiéndole la polla.
—Esto ya está —le dijo Arturo, aún presionando ligeramente con el dedo—. Venga, vamos a reinaugurar tu puerta trasera por todo lo alto.
—Mmmmmm… ¡Aaaah! Sí tú lo dices… —le sonrió David.
Arturo le devolvió la sonrisa, y aprovechando que aún lo tenía sujeto, le arreó un cachete en el culo que resonó como un latigazo.
—¡Aaaaah! —gimió David—. ¡Joder!
—Venga —dijo Arturo—. Vamos al asunto.
—Joder, joder… —masculló mientras cambiaba de postura sobre el cuerpo de Arturo hasta ponerse cara a cara con su amigo, cara frente a cara, mirándose, respirándose mutuamente el uno en la cara del otro.
Se miraban mutuamente mientras se respiraban en la cara del otro, mientras David sentía la polla de Arturo entre los cachetes de su culo, húmeda por su saliva. Habrían podido besarse, pero ese no era su estilo.
—¿Vas a follarme? —le preguntó David a Arturo mientras sentía cómo ese manejaba su polla para metérsela por el culo. Él sonrió en una muda afirmación—. Reviéntame —le desafió David.
—¿Qué te reviente? —preguntó él con tranquilidad mientras introducía por fin esa polla entre esos dos cachetes jugosos, por el agujero que él mismo acababa de lubricar, y su polla igualmente se coló por ese agujero como si estuvieran embadurnados de mantequilla, deslizándose, dura y caliente—. No sé yo si podrás soportarlo.
David cerró los ojos con fuerza y gruñó al sentir que esa tranca enorme le entraba por el culo.
—Sí… —masculló.
—¿Qué te reviente? —repitió Arturo con una sonrisita, sin dejar de mirarlo.
—¡Joder, sí!
—¿Cómo tu mujer nunca podría hacerlo?
David gruñó y abrió los ojos para mirarlo. Esos ojos negros, esa sonrisa tranquila… el cabrón de Arturo lo estaba disfrutando; sabía que lo tenía en la palma de su mano.
—Fóllame como ningún otro hombre puede hacerlo —le pidió David mirándolo a los ojos, cachondo como un mono.
La polla se deslizó por el culo, introduciéndose más en su culo. David soltó una especie de gemido bajo; Arturo gruñó, sintiendo cómo el cuerpo de David se pegaba más al suyo mientras su polla entraba.
—Tú lo has pedido, cabrón. ¡UMMMM! —y movió la cadera, con fuerza.
—¡AAAAAH! ¡Joder! —gritó—. ¡Más cuidado, hijo de puta!
—¿No era esto lo que querías? —preguntó Arturo bajo su cuerpo, con una sonrisita.
—Sí pero… ¡Ooooh! se más gentil al principio, bastardo. ¡Joder!
—Princesa —se burló él, aunque redujo el ritmo para ir más despacio.
—Puede que la próxima vez que te emborrache te ate a la cama y te folle yo a ti por el culo a toda hostia sin florituras. Así sabrás lo que se siente, bestia.
—Te arrancaría la cabeza —le replicó Arturo, desafiante, sin dejar de mover la cadera con suavidad.
—Y yo ¡Ooh! te ataría con una correa —dijo David pegando más su cara a la suya—. Y te pondría un collar. Y un bozal. Serías mi lobo particular ¡Aaah!
—Sigue ladrando, perrito, pero soy yo el que te va a follar.
—¡Ooooh…!
Aun así ambos sonreían; y ahora Arturo tenía los ojos bien abiertos, completamente despierto y atento. El culo de David dolía, aunque se iba reduciendo conforme se lo iba follando. Con el tiempo dejaría de doler, lo sabía por experiencia.
Finalmente la polla de Arturo entró del todo con un gemido suave de David y un gruñido de Arturo. Ahora estaba toda dentro. Esa tranca enorme estaba toda metida en su culo. Calentita y lista para la acción.
—¡Aaaah! —gimió David.
Arturo gruñó con suavidad y David lanzó un sonoro gemido.
—¡Ooooh! Cómo he echado esto de menos…
—¿Me echabas de menos?
—¡Síiiii! ¡Joder! Muchísimo, cabrón… ¡Ooooh!
Arturo enseñó los dientes en una sonrisa. La luna brillaba en el cielo y su luz pálida entraba por la ventana de la habitación que daba acceso a un pequeño balcón.
—No —le replicó Arturo con tranquilidad—, lo que echabas de menos era mi polla Por eso has venido cuando te he propuesto el trabajo, porque querías que te metiera la polla hasta el fondo, cabrón —rió, divertido; David gimió—. ¡Qué buen amigo eres!
David sonrió divertido mirándolo a la cara mientras se agarraba a ese par de brazos fuertes, preparándose para la follada que le iba a meter, excitado y encantado por tener su polla de nuevo dentro del culo.
—¿Son mutuamente excluyentes? —le preguntó—. ¿No puedo querer pasar tiempo contigo, querer tu polla y de paso ganar algo de dinero? —Le dedicó una de sus sonrisas seductoras—. Es un negocio redondo.
—Ya, por eso llevas mirándome toda la puta tarde desde que has llegado.
—Bueno, es que a parte de lo del chavalín chupapollas y el vecino de mierda no hay mucho más que mirar, así que… es ser práctico. Si no, me follaría a otro, papi.
—No me digas… —dijo él—. Llevas toda la tarde pidiendo polla, y yo te la voy a dar ahora, cabrón chupapollas.
Y empezó a mover la cadera, y David empezó a cabalgar sobre él. Dos tíos fuertes como armarios follando juntos en una cálida noche de verano. Notaba cómo la polla entraba y salía de su culo, y a las pocas embestidas Arturo empezó a subir el nivel, haciendo gemir a David.
—¡Ooooh! Dios. ¡Aaaah! Cómo lo he echado de menos.
—¿Crees que puedes soportarlo? ¿eh? —le reto Arturo. Sus ojos negros echaban chispas—. ¿O te has vuelto un blando, papá?
—¡Sí! —exclamó David—. Reviéntame el culo, viejo. ¡Dame duro!
—¡Así me gusta! ¡Mmmmph! ¡Mmmph!
Empezó a imprimirle más fuerza a sus embestidas, follándoselo con agresividad haciendo que los sueves golpes en el colchón pasarán a ser agresivos y rabiosos, reventando ese culo. Tenía una mueca rabiosa en la cara, enseñando los dientes y con los ojos como platos.
David gemía, y Arturo sonrió al ver que desde luego podía con ello. Como siempre.
—Estás hecho todo un cabrón ¡joder! —declaró, alzando la voz—. Este culo me ha echado mucho de menos.
—¡Síiii! —gritó él—. ¡Ya lo creó, joder! ¡Aaaaah! —exclamó ante las embestidas de Arturo, mientras su polla le reventaba el culo, sin miramientos.
Arturo lanzó un gruñido de respuesta, y agarrando la cadera con sus manazas empezó a follárselo sin tregua, con fuerza, gruñendo con las manos de David sobre sus pectorales peludos, ambos compañeros de profesión, ambos cabrones. David gimió y él gruñó sintiendo cómo el culazo de David grande y firme, abrazaba su polla y se la tragaba mientras él se lo follaba.
—¡Aaaah! —gimió David y Arturo sintió sus manos en su pecho—. Joder…
—Venga, disfrútalo, cabrón. Solo estamos empezando.
Y entonces empezó la follada de verdad, y David se encontró gruñendo, luchando por ahogar los gemidos. Los golpes de la cadera se volvieron frenéticos y los muelles del viejo colchón chirriaban como locos mientras la cadera de Arturo subía y bajaba como loca; Arturo con la cara contraída en una mueca feroz, gruñendo como un animal salvaje, y David gimiendo como un cabrón en celo a la luna llena que brillaba sobre los campos con su luz pálida. Dos lobos aullando a la luna.
—¡Aaaah! —gimió David sin cortarse un pelo.
—¡Jodeeer! —respondió Arturo, gritando.
Los campos estaban desiertos y los conejos siguieron a lo suyo, tranquilos en la hierba, oyéndolos berrear y follar. El único que estaba por la zona era el vecino malhumorado, que se levantó de la cama y cerró las contraventanas de forma violenta, para acallar su gemidos, aunque seguía oyéndolos.
—¡Aaaah! —El bombeo se detuvo y David, con un gemido, se sujetó a él poniendo las manos sobre los pectorales de Arturo, resistiendo sus embestidas.
Respiraba agitadamente de la follada que le estaba metiendo; Arturo también. La luz de la luna les iluminaba a ambos la mitad de la cara, dejando a la otra mitad en sombras, pero pudo ver que amigo le sonreía, y él también le sonrió.
—¿Me has echado de menos? —preguntó Arturo, otra vez.
—Mucho —respondió él sin dudar—. ¿Y tú a mí?
—También. Mucho —dijo Arturo dejando su cadera para acariciar los fuertes brazos de David—. Cuesta encontrar un cabrón con tanto aguante.
David podía sentir ese pedazo de tranca, metida por completo en su culo. Dura y caliente.
—Deberíamos vernos más —comentó David sonriente.
—Ya lo creo. —Arturo soltó un gemido—. ¿Dónde quieres que me corra?
—Creo que ya lo sabes.
—Eres un cabrón en celo, «papá» —sonrió Arturo.
—¡Cállate y préñame como a una puta, joder! —le replicó él sin contenerse.
Y Arturo obedeció. Volvió a bombear, moviendo la cadera y David empezó a gemir:
—¡Aaaaah! ¡Ooooh! ¡Jodeeer!
Arturo bufó y volvió a acelerar el bombeo, y como había pasado antes pasó de cero a cien en segundos, reventándole el culo a David, dándoselo todo, mientras ambos gemían y gruñía.
—Grrrrr…
—¡Aaaaaah!
Un último esfuerzo… Máximo esfuerzo.
Arturo gruñó más alto aún y taladró como un animal, como había hecho tantas otras veces, los gemidos y bufidos de ambos eran ensordecedores. La cama era vieja parecía estar a punto de partirse por la mitad. Los muelles chirriaban como locos, bajo su peso.
Arturo estaba taladrando como loco, perforándolo con la mirada, cuando sintió que la polla empezaba a palpitar dentro de ese culazo de campeonato mientras ellos gozaban.
—Grrrrr…
—¡AAAAH! —aulló David—. JODEEEEEER…
—GRRRRRRRR…
La polla descargó, empezando a escupir amplios trallazos dentro de ese culo.
Amplios trallazos inundaron ese culo, rellenándolo mientras David gemía —«¡Aaaaah… hostia!»— y finalmente Arturo contemplaba cómo se le relajaba la cara, con toda su polla metida dentro de él, hasta los cojones, terminando de descargar..
La cara de David se relajó en una mueca de placer con los ojos entrecerrados y la boca abierta, recibiendo su corrida en ese culazo de primera que tenía.
Había deseado eso desde que le dijo lo del trabajo.
—¡Oooooh…!
Arturo gruñó, sintiendo cómo vaciaba los cojones y su corrida dentro de ese culo…
Para cuando dejó de descargar, ambos estaban completamente sudados, respirando agitadamente. Sus respiraciones era lo único que se oía en esa habitación.
«A sido una buena descarga. La verdad es que este cabrón sabe complacerme» pensó Arturo dejándose caer y cogiendo la almohada para ponérsela debajo de la cabeza. Se acomodó mirando a David, que estaba completamente relajado sobre su pecho, sintiendo su culo lleno de corrida y polla.
No le metió prisa para desmontar, y le dejó hacerlo a su ritmo.
David se la sacó del culo con unos quejidos y luego se dejó caer a su lado para empezar a pajearse como un burro, cachondo, pensando en los gruñidos de Arturo, en su cara, en esos pectorales, en esa polla enorme.
La polla de David era más pequeña que la de Arturo, pero debía medir unos diecinueve centímetros, no tenía desperdicio, bien depilada y lista para jugar. Y se la estaba cascando como un cabrón, lanzando pequeños gemidos. Arturo estuvo mirándolo un rato, con tranquilidad, disfrutando de las caras que ponía y los sonidos que hacía mientras se autocomplacía, viendo cómo se cascaba un pajote.
La verdad es que el cabrón le ponía muy cachondo.
—¡Aaaah! —gimió David con suavidad, pajeándose con fuerza lanzando más gemidos suaves, nada que ver con los alaridos de hace un momento mientras cabalgaba sobre su polla.
Arturo sonrió, incorporándose un poco.
—¿Necesitas ayuda? —preguntó deslizando la mano entre sus muslos desnudos para acariciar sus cojones con los dedos.
—No ¡Aaaah! —contestó él, pero apartó su mano para recostarse sobre la almohada dejándole la polla libre para que se la cogiera—. Pero me gusta que seas tú el que me la machaque —sonrió.
—Como no… —musitó Arturo agarrando esa polla dura con fuerza y empezar a cascársela.
David gimió cuando se la agarró y empezó a cascársela con tranquilidad, disfrutando de su tacto y del calor de sus dedos.
—Mucho mejor… ¡Aaah!
Arturo gruñó en respuesta sin contestar nada, totalmente centrado en la polla de David.
Mientras lo masturbaba David gemía con suavidad, disfrutando de su paja, y él se la cascaba a su rollo, sin comentar nada. David acariciaba su propio cuerpo, sus pectorales y su tableta, y se pellizcaba los pezones, a veces también acariciaba los anchos hombros de Arturo, empapados de sudor en esa noche de verano, con la luz de la luna iluminando la habitación.
—Mmmmmm… —murmuró Arturo saboreando su placer mientras se la cascaba a buen ritmo.
—¡Aaaaaah! —gimió David, y luego otra vez. Eran gemidos más alargados, más altos que el resto, y pensó que su amigo estaba muy cerca de correrse.
Iba a…
—¡Aaah! Joder tío… —volvió a gemir David y sintió que su polla empezaba a palpitarle en la mano mientras se la cascaba—. ¡Mierda!
Trallazos de lefa empezaron a salir de la polla de David e impactaron contra su pecho mientras este gemía. Arturo hizo un sonido de satisfacción agarrando su polla con fuerza, viendo cómo descargaba a la luz de la luna.
—¡Aaaah…! —gimió mientras los trallazos se hacían menos potentes y caían sobre sus marcados abdominales.
Los últimos cayeron sobre la parte baja del abdomen y Arturo sonrió satisfecho. David estaba ahí en la cama, su pecho subía y bajaba sin parar, fuerte y potente, y tenía todo el cuerpo pringado de sudor y de su propia lefa. Y la lefa de Arturo estaba almacenada en su culo…
No era fotógrafo profesional, pero definitivamente de haber tenido una cámara a mano, habría sido una foto cojonuda. David, fuerte y musculoso, con su abdomen subiendo y bajando, sonriendo satisfecho y cansado después de vaciar los cojones, y recibir su corrida en su culo. Bien preñado y descargado.
—Echaba esto de menos —le dijo David con una cansada sonrisa poco después, cuando su respiración se calmó.
Se posicionaron en la cama; Arturo ya se imaginaba que esa noche le tocaría compartir cama. Y la verdad es que compartirla con David no le molestaba.
—No ha estado mal —le picó Arturo.
—Te ha encantado y lo sabes, cabrón.
—Pues ahora a dormir, venga. Mañana tenemos trabajo que hacer.
David se dejó caer en la cama, tranquilo y relajado ahora que se había corrido.
—Nada mejor que correrse para dormir como un bebé en una noche de verano.
Arturo no contestó, pero estaba de acuerdo. Cogió la segunda almohada y se la puso debajo de la cabeza, metiendo la mano debajo para estar más fresco.
La verdad es que esa noche durmió de lujo.
Ambos lo hicieron.
*—-*
PARTE II
A la mañana siguiente no hubo carantoñas ni cursiladas, pero tampoco vergüenza. Habían follado, así de simple, como tantas otras veces.
Ya estaba clareando cuando David se levantó antes con un chirrido del viejo colchón al que definitivamente le habían dado un buen último meneo antes de acabar en el vertedero.
Fue a la que iba a ser su habitación mientras hicieran las reformas y cogió ropa para luego volver a enfilar el pasillo y meterse en el baño de la primera planta sin molestarse en cerrar la puerta. Se tomó unos segundos para darse un repaso en el espejo y comprobar que necesitaba un afeitado y abrió el chorro del agua de la ducha para dejar que corriera y se calentase el agua; a pesar de que era verano, le gustaba ducharse con agua caliente.
Probablemente Arturo no tardaría mucho en despertarse —si es que no lo había hecho ya— y en mover el culo. Había sido un polvo genial y con él ya había confianza; no era tan cariñoso como su mujer, pero le metía unas folladas brutales, y eso le encantaba. La mayoría de jóvenes que se dedicaban al oficio… no lo hacían tan bien. Y los que eran mayores tenían panza y se habían abandonado hacía bastante. Con Arturo tenía historia… ambos sabían lo que le gustaba al otro y cómo hacerlo disfrutar, y después de echar un buen polvo, el factor de saber que no iba a venirle con alguna escenita de celos o que se había montado la película de amor en su cabeza y que iba a contárselo a su mujer era un bonus con mayúsculas a tener en cuenta para él.
Ambos sabían que solo era sexo, ambos lo disfrutaban. Y ambos eran amigos. Era una amistad con derecho a roce de máxima calidad, el sueño de cualquier tío casado y con hijos.
Se repasó la cara con la cuchilla y cuando comprobó que el agua dentro de la ducha ya estaba lista, con el cristal empañado por una nube de vapor que apenas dejaba ver nada tras el cristal. La bajó un poco antes de meterse bajo la alcachofa y pasándose las manos por el pelo negro mojado, dejando que el agua le recorriera el cuerpo, su piel, y enjabonándose el cuerpo musculoso y sin pelos, pasando las manos por los pectorales y metiéndose el dedo por la raja del culo para limpiarlo lo máximo posible.
«Me voy a hartar a follar —pensó feliz con los ojos cerrados mientras su dedo entraba por el agujero hurgaba con suavidad mientras sus labios se curvaban en una sonrisa—. Las oportunidades así hay que exprimirlas al máximo».
Aún se entretuvo un poco más antes de darse por duchado y cerrar el grifo de la ducha para salir. Y se encontró con Arturo, de pie, completamente desnudo y meando en el váter.
No pudo evitar darle un buen repaso con la mirada a ese cuerpo y a esa tranca que estaba vaciando el depósito delante de él. ¿Cuántos hombres de cincuenta años había así? Pocos; no había suficientes.
—Pensaba que te habrías cocido ahí dentro como una langosta —comentó Arturo dejando de mear durante un segundo para coger la toalla del toallero que tenía al lado y lanzársela—. ¿Estabas bailando el lago de los cisnes o algo?
David, que había atrapado la toalla al vuelo, y aún chorreando de la ducha, lo miró y sin cortarse un pelo ni cubrirse dijo:
—Estaba terminando de gozar porque el viejo con el que me lo monté anoche me dejó insatisfecho —sonrió burlón, mientras se pasaba la toalla por la nuca y el cuerpo mojado para secarse un poco.
Arturo terminó de mear y se volvió hacia él esbozando una sonrisa afilada de lobo.
—Hijo de puta —dijo—. Después de lo de anoche por tu culo podría entrar un rascacielos entero.
—Probablemente —reconoció él con una sonrisita.
La sonrisa de Arturo se ensanchó y pasó por su lado para darle un cachete en el culo antes de entrar en la ducha.
David se puso la toalla en la cintura y fue a colocarse frente al espejo del baño para lavarse los dientes mientras el agua de la ducha volvía a correr.
Mientras se cepillaba los dientes David no pudo evitar mirar cómo Arturo se duchaba, ese cuerpo fuerte y duro como una piedra. A diferencia de David, Arturo se duchaba con agua fría, así que podía ver perfectamente cómo se lavaba el cuerpo y cómo se enjabonaba.
Desde luego era una buena vista.
«Una buena imagen para empezar el día» pensó mientras lo devoraba con la mirada. «Solo podría superarlo echar otro polvo, aunque probablemente hasta la noche no tendré esa suerte».
Escupió en la pila, para luego amorrarse al grifo del lavamanos y escupir para limpiarse la boca.
La ducha volvió a apagarse, y David se llevó un dedo a la cintura de la toalla y esta cayó al suelo al tiempo que cogía el enjuague bucal.
Arturo salió de la ducha chorreando y cruzó el baño para ponerse detrás de él, y mientras David se enjuagaba la boca con los mofletes hinchados frente al espejo, cogió la cuchilla de David y se dedicó a repasarse los laterales de la cara, por si había algún pelo demasiado largo, aunque sin fijarse mucho.
—Tengo que ir a por materiales —le informó mientras alzaba la cabeza para afeitarse la zona de debajo de la mandíbula—. Puede que tarde como un par horas.
David se inclinó y escupió en la pila antes de contestar.
—Vale.
Abrió el agua del lavabo para beber agua y enjuagarse la boca y cuando volvió a incorporarse sintió el cuerpo de Arturo detrás de él, contra su espalda, duro como una pared, mojado; sabía que había aprovechado para acercarse un poco más y notaba su polla rozándole el culo, pero no hizo ningún comentario y lo miró por el espejo mientras seguía repasándose la cara.
—Me dedicaré a pintar la puerta de la entrada —añadió sin molestarse en disimular que lo estaba mirando.
—No te distraigas —le avisó él—. Si pasa el mamón de ayer le das los buenos días y lo dejas circular. Que te conozco.
David le sonrió a través del espejo y con fingida inocencia dijo:
—Si me habla tendré que responderle y ser un caballero.
Ese comentario hizo que Arturo riera con alegría.
—Tú no eres ningún caballero —aseguró—. Lo que quieres es ventilártelo, cabrón.
—Eso no quita que sea un caballero —le replicó él—. Dejo que uses mi cuchilla para afeitarte, por ejemplo.
—Eso es verdad —concedió Arturo con una sonrisa—. ¿Te importa si la uso para repasarme los cojones?
La sonrisa de David se ensanchó.
—Ya te los repaso yo, cabrón —dijo y se volvió para agarrarle la polla flácida amigo por la que asomaban algunos pelos cortos y masajearle la tranca flácida tranquilamente mientras Arturo lo miraba—. Pero si te hace ilusión… que sepas que luego tendrás que compensarme por usar mi cuchilla… —dijo con una sonrisita—, y así compruebo que está bien afeitada.
—Hijo de puta. Seguro que en cuanto me vaya te tirarás en el sofá a hacerte un pajote pensando en la follada de anoche.
—¿Y para que voy a hacer eso cuando puedo comerte la polla? —Ambos se miraron, con sonrisas en sus caras—. Ahora, ¿me dejas salir para que vaya a vestirme, o piensas seguir restregándote contra mí, chucho mojado? Puedo darte una mamada para que empieces el día más animado, colega.
Con esa sonrisa en la cara que indicaba que se lo estaba pasando bien, Arturo dio un paso atrás, para que pudiera salir.
—Anda, ve a vestirte, cabrón —le dijo—. Y que sepas que me debes unos calzoncillos y una camisa nueva.
—Estaban hechos polvo —adujó él—. Prácticamente caminaban solos. Mi mujer no te dejaría entrar en casa con ellos.
—Yo sé otra cosa que escandalizaría a tu mujer… —le replicó él refiriéndose a la follada de la noche anterior.
David le sonrió y pasó por su lado soltándole la polla a Arturo, y pensando que era una pena no empezar el día follando, pero para Arturo el trabajo solía ser una prioridad. ¿Qué se le iba a hacer? Era un viejo cascarrabias. Y tenían bastante trabajo que hacer.
Fue a su habitación y se vistió.
Luego bajó a prepararse una cafetera para el café matutino. La botella de bourbon aún seguía encima de la mesa. Y pensó que esa noche conseguiría que Arturo se tomase un par de copas, aunque una vez roto el hielo, ya no hacía falta emborracharlo para follar; los dos sabían cómo iba la cosa, y les gustaba.
Aún le mandó un mensaje a Elena deseándole un buen día y preguntando por los chicos y cuando Arturo bajó, vestido con vaqueros y una camiseta gris que le resaltaba los musculosos brazos y el pecho, David se estaba tomando una taza de café con tanto azúcar que resultaba empalagoso.
Arturo se sirvió la suya y se la bebió sin echarle nada de azúcar, a pelo, amargo como él.
*—-*
El sol estaba empezando a despuntar cuando Arturo cogió su camioneta y salió de allí para enfilar la carretera secundaria y desierta e ir a por el material y David decidió ponerse a trabajar en pintar la puñetera puerta del chalet. Estaba contento, lleno de energía. Era increíble el buen humor que se le ponía a uno después de un polvo…
Sonrió empezando a pintar el portón de negro brillante, pensando que no tardaría mucho en acabar y con suerte para el fin de semana estaría de nuevo en su casa, y el dinero haría que todo le supiera mucho mejor. Habría sido una buena semana.
Y por supuesto estaba el sexo. Quería a Elena, y estaban muy bien, pero algunas veces necesitaba algo más… fuerte, intenso. Y Arturo definitivamente sabía cómo hacérselo pasar bien, pero qué muy bien.
Todavía recordaba la sensación, cómo su polla le había follado el culo, cómo había gruñido mientras lo taladraba con ese rabo duro, ambos completamente desnudos en esa cama.
«Aaaaah… —había gemido mientras Arturo gruñía y lo agarraba con fuerza, mientras movía la cadera con los ojos cerrados, taladrándolo y golpeando el colchón, apunto de soltar su lefa en su culo—. ¡JODEEER!».
De solo pensar en ello el culo empezó a hormiguearle y se le contrajeron los cojones mientras su polla empezaba a reaccionar.
(Aaaaah… Hostia puta…)
Empezó dar brochas de pintura negra y brillante a la puerta de metal, y no tardó en pensar que con el calor que haría ese día… lo más seguro era que hacia las cuatro de la tarde, con unos cuarenta grados que iban a hacer… la pintura ya estaría más que seca.
Echo una mirada a la carretera pero no vio nada. No le vio. Y siguió pintando.
Para cuando lo vio aparecer ya tenía pintada una cara de la puerta y estaba empezando con la exterior.
Primero era una figura difusa, venía andando por el arcén de la carretera, con vaqueros cortos y una camiseta roja de manga corta. Por ahora la temperatura era soportable, aunque no tardaría en ponerse a hacer un calor de mil demonios.
David siguió pintando, consciente de que cada vez estaba más cerca.
«Seguramente vienes a por tu ración matutina de leche caliente de la polla de ese amargado de mierda», se dijo David mientras lo veía acercarse.
Y él tenía el rabo en oferta. Y de mucha mejor calidad.
Pudiera ser que no se fuera a pasar por ahí, después de todo solo le había visto una vez —mamando de la polla al vecino—, o que pasara de él. Aunque después de ver su sonrisa mientras veía cómo los dos le veían mamar al muy putito… no le dio la impresión de que fuera la clase de cabrón.
No, este tenía pinta de querer gozar, para nada el tipo de un capullo de mierda como ese puto vecino. Gilipollas amargado.
Ese chico era de los que pensaba que cuanto más rabos en la barbacoa, mejor. Y si al capullo al que se la estaba chupando no le parecía bien podía irse a tomar por culo. Y si se ponía chulito él podía enseñarle quien mandaba. Un par de tortas y a correr. Podía oler a los fantasmas a un kilómetro, igual que a los putitos, y ese potrillo era un putito hambriento de rabo.
También podría estar equivocado, y que no se fuera a comer un rosco, pero estaba bueno, así que ¿por qué no intentarlo?
Al acercarse pudo verlo claramente, con ese pelo rizado castaño, esa camisa roja que le marcaba los músculos y que resaltaba su piel un poco bronceada por el sol del verano, y unas buenas piernas, fuertes, que seguramente tenían un buen culo hambriento de polla.
Él también estaba bueno. Sí, muy bueno. No sabía su edad, pero él vecino definitivamente era mayor de edad, y sí él podía follárselo y darle polla, David tampoco lo tendría tan difícil.
Sobre todo después de pillarlos viendo cómo mamaba…
Y esa sonrisa…
Ese potrillo definitivamente pedía polla. Polla a saco.
Y el que no arriesga no gana, al fin de al cabo.
«Sí —pensó viéndolo acercarse—. Vamos a tirar los dados. A ver si hay suerte y con mis buenos modales de caballero consigo que cantes para mí mientras te meto la polla por el culo, potrillo. Haremos buena música los dos juntos».
Cuando lo tenía bastante cerca el chaval le sonrió. Y la creencia de David de que se lo iba a follar se reafirmó.
—Hola —saludó David con una sonrisa amigable.
—Hola —contestó llegando hasta él y dejando de andar—. ¿Qué estáis haciendo?
—Ah, solo uno de los tantos trabajitos que me pagan por hacer en el chalet —dijo haciendo un gesto hacia la verja medio pintada.
Sí, era un buen cabrón, fuerte y joven. Todavía no estaba al cien por cien pero seguro que en gimnasio lo daba todo, el pecho se le marcaba contra la camisa y los brazos. La camiseta hacía que su piel resaltase más todavía. Se fijó en que sus ojos eran marrones, a juego con el pelo.
David se tomó un momento para repasarlo con la mirada sin ningún disimulo, antes de hablar.
—A ti también podría… hacerte algún trabajito —le soltó seductor al chico.
—Por mí encantado —le sonrió él, para nada intimidado.
Era una sonrisilla de chupapollas, se dijo David. Oh, sí, un gran chupapollas. Habían tenido una suerte de la hostia, joder.
—Me llamo David —dijo poniendo la mano—. Un placer conocerte…
—Yo soy Bruno —respondió él estrechándole la mano.
—Un placer, Bruno.
Se soltaron las manos pero el chico no hizo ánimo de moverse o de seguir su camino. David sabía que era atractivo y estaba fuerte, y que ese chico no le pondría mucha resistencia a echar un buen polvo. Y viendo cómo había reaccionado cuando le habían pillado mamando polla… apostaría a que no le parecería mala idea.
—¿Qué? ¿Vas a desayunar? —preguntó haciendo un gesto con la mano como si estuviera haciendo una paja invisible—. ¿… comer un poco de fuet?
David le sonreía cómplice. Y el chico le devolvió la sonrisa, dejando claro que podían prescindir de las formalidades, que no iban a hacer como que no habían visto cómo se la chupaba al vecino. Y que ellos habían estado en la ventana, mirándolos mientras se sobaban las pollas, disfrutándolo.
—Esa es la idea, sí —respondió el chico, con esa sonrisa y sus ojos marrones lo miraban con descaro.
—¿Y quién podría culparle? Estás en buena forma —lo aduló agarrándole con suavidad el brazo musculado, era un buen brazo, y luego pasando la mano por su pecho—. Para comerte.
—Lo mismo digo —replicó él y levantó la mano para ponerle la mano en el pecho. David le dejó hacer y se cuadró, sacando pecho y poniéndose firme, sintiendo cómo la mano del chico le acariciaba los pectorales, y su polla empezaba a despertarse en los pantalones presintiendo que pronto era a él al que le iban a comer el fuet hasta sacarle la leche—. También estás genial.
Bruno se había acercado, pegándose a él un poco más ¿y por qué no iba a hacerlo? Después de pillarlos mirando y sobándose las pollas… ¿qué más había que ocultar? Si eso no daba confianza…
—Puedes tocar lo que quieras —le dijo David con suavidad, mirándolo con esos ojos grises, invitándolo a seguir—. A ti te dejo —le dijo—, pero el tío al que te follas fue muy borde al cerrarnos la ventana. Solo queríamos mirar el espectáculo.
—Sí, es bastante gilipollas —convino el chico, y por el tono en el que lo dijo David ya estaba oyendo ovaciones del público, felicitándole—. Es el típico “hetero” que quiere probar, ya sabes, muy majo en la app de citas, quiere follar, pero si te he visto luego no me acuerdo. Y que nadie nos vea juntos o hablando, no vaya a ser que piensen que estamos follando.
David rió, comprensivo.
—No es lo mejor del mercado pero… —Bruno se encogió de hombros—. Es lo que hay. Me estoy sacando el carnet de conducir pero hasta que lo haga…
En parte David tenía que comparecerse del gilipollas, él estaba casado y entendía lo del miedo a que te pillaran con las manos en la masa, por eso no metía la polla en ningún culo que no fuera el de su mujer —salvo con la excepción de Arturo— cuando estaba en casa y tenía la suerte de que el curro muchas veces le tocaba viajar, y aprovechaba esos trabajos a tope.
Además, eso no significaba que ese gilipollas le callera mejor. Seguía siendo un cretino. Y no le daba lastima levantarle al potrillo.
La mano del chico seguía en su pecho, acariciándolo.
—Vaya, así que esa cara de amargado que tiene no es solo una fachada —comentó él disfrutando de la cercanía del chico. Casi hasta podría besarlo.
—No. Solo quiere sexo, bam bam y adiós, y que no me vea nadie, no vaya a ser que piensen que le van los rabos.
—Suena a gilipollas total.
—Ya…—contestó el chico distraídamente, bajando la mano con tranquilidad hacia su abdomen, palpándolo para notar lo duro que estaba.
David le puso la mano en el cuello del chico y se lo acarició con tranquilidad imaginándose cómo sería sujetarlo mientras se lo follaba, antes de ponerle los dedos bajo la barbilla para levantarle con suavidad la cabeza y mirarse a los ojos. Esos ojos marrones. Era una monada.
«Es como si el lobo malo estuviera flirteando con Bambi. Que tierno».
—¿Y cómo es que un chiquitín como tú tiene que aguantar a semejante capullo? Un potro como tú… —dijo bufando y mirándolo de arriba abajo—. No tendrás problemas para conseguir una buena polla para comer. O un par —añadió con una sonrisita.
—Es un pueblo pequeño y no hay muchas pollas para comer… y entre lo que hay, él es lo que hay.
Por supuesto ya sabía la respuesta, pero tenía que darle coba para seguir teniendo una excusa para tocarle, y pegarse más a él.
—Ya, pobrecito…—dijo David mientras notaba cómo la mano del chico se deslizaba hasta su cinturón, «eso es, chico, sigue bajando»—. Yo te daría rabo del bueno sin problemas —le ofreció—. Solo voy a estar aquí hasta el lunes que viene, pero… si quieres mamar y poner el culito… si es lo que te va…
Notó un cosquilleo en la polla cuando el chico deslizó los dedos por la entrepierna de sus vaqueros, con suavidad, podía sentirlos acariciando la tela. Su polla los sentía, y se endurecía.
¡Pero qué joyita!
—Yo tengo un buen rabo disponible —dijo David—. Creo que te gustaría.
—La verdad es que es muy tentador pero… ¿Y tu amigo? ¿No erais dos? —preguntó el chico mirando por encima de hombro de David como si esperase ver a Arturo detrás de él—. ¿A tu compañero no le importará?
«Oh, a él le encantaría unirse, y a ti te encantaría que te diéramos polla los dos a la vez. Seguro que puedes con ello».
—Se ha ido a comprar unos materiales y no volverá hasta la tarde —mintió con una sonrisa encantadora—. Tenemos la casa para nosotros solos. Si quieres podría… ocuparme de ti ahora, en lugar de ese capullo amargado —sugirió como si tal cosa, ofreciéndole una mirada seductora—. Yo haré que te lo pases mejor. Te lo garantizo.
Ni pestañeó. Ni si quiera miró en dirección hacia la casa del puto vecino antes de acceder a su propuesta; otra prueba más de que el vecino era un mierdas.
—Vale —accedió él sin perder la sonrisa acariciando la entrepierna de David con suavidad. La polla ya estaba completamente despierta—. Si te pones así…
—Cojonudo. Venga, vamos… Te prometo que no muerdo… a menos que me lo pidas.
—Eso suena bien —dijo él con una sonrisilla.
Definitivamente iba a pasárselo muy bien con ese chico.
David adoraba a Arturo, pero nunca se había alegrado tanto de que no estuviera por allí. Resultaba más fácil ligar sin él cerca. El cabrón sabía follar, pero en el tema de relacionarse estaba un poco verde, y con esa cara de pitbull cabreado que tenía seguramente el chaval no se habría acercado tanto, incluso después de ver que los dos estaban cachondos como monos mirando por la ventana cómo mamaba polla.
Abrió la verja del todo, con cuidado de no macharse los dedos invitándolo a pasar, y no perdió la oportunidad de mirarle el culo cuando pasó junto a él mientras cerraba la verja.
Era un culito de diez.
Joder…
Cruzaron el patio delantero hasta la puerta de la casa y dejó que Bruno entrase primero. Cuanto antes comenzasen mejor. No sabía hasta cuando iba a estar fuera Arturo, pero seguro que se encontraba con una sorpresa de puta madre cuando volviera. Y si el horno ya estaba encendido y a plena potencia era mucho más probable que se uniese a la juerga que si los pillaba cuando estaban empezando a enrollarse.
Sonrió. Lo conocía lo bastante como para saber que, por muy adicto al curro que fuera… no iba a poder resistirse a ese chavalín.
En cuanto David cerró la puerta, se abalanzó sobre el chico, pegándose a él, y lo besó. Y el chico respondió al beso con ganas, dejando que lo arrinconara contra la pared con tranquilidad, mientras sus lenguas jugaban, acariciándose, el cuerpo de David era más grande y aunque Bruno era un poco más bajo se besaban con ganas… David pegado a él, presionándolo contra la pared, acariciándolo; podía sentir el cuerpo caliente del chico contra el suyo, sus labios, su respiración… su lengua jugando con la suya.
Sentía sus manos acariciando su cuerpo cómo él estaba acariciando el suyo.
David llevó la mano hacia atrás y cogió la parte trasera de su camisa para tirar de ella y quitársela, y conforme su piel blanca fue quedando al descubierto, pudo sentir las manos de Bruno acariciando sus músculos, sus abdominales y pectorales, besándolos y lamiéndolos como un buen cabrón.
Arrojó la camisa de trabajo un lado sin mirar mientras el chico le besaba los pectorales, buscando sus pezones, como un cervatillo buscando leche de las tetas de su madre. Capturó su pezón izquierdo con la boca, y David sintió, cómo succionaba, cómo pasaba la lengua por su pezón erecto, antes de que él le obligase a parar y apartarse para levantar los brazos y quitarse la camisa para mostrar su cuerpo joven y musculoso.
Sí, definitivamente ese chico tenía muchos polvos, era fuerte y tenía un buen pecho y abdominales, lampiños y suaves. Acarició esa piel joven, relamiéndose, casi saboreándola, examinándolo.
Joder… menudo elemento. Desde el principio del trabajo había sabido que ir allí iba a implicar follar con Arturo, pero ese chico era todo un bonus… un bonus muy apetitoso. Le tenía ganas.
Bruno se abalanzó sobre él y le besó y apenas tuvo tiempo de cogerlo antes sentir sus labios sobre los suyos y la lengua en su boca, besándolo, saboreándolo. Cuando se apartó se miraron a los ojos, ambos sonrientes, cachondos, casi retándose mutuamente, con fuego en la mirada.
«Joder… este nene está muerto de hambre. Necesita una dieta estricta de pollas, sexo anal, cojones sudados, mucho amor masculino y leche a litros».
Esa mirada le puso a mil. Ambos eran hombres —puede que el chico apenas acabase de cumplir la mayoría de edad pero aun así, hombres—, y desde luego ambos querían lo mismo: sexo a tope.
David era fuerte y le sacaba a Bruno media cabeza de altura.
Lo cogió por la nuca con fuerza y firmeza y volvió a plantarle otro morreó, más tranquilo, quería disfrutar del momento; después de todo la gracia del asunto era tener todo el tiempo del mundo para follar. Saboreó ese beso disfrutando de la lengua del chico, y sintiendo su pelo entre sus dedos, y cómo sus manos acariciaban su cuerpo desnudo, pidiendo más de él.
Cuando se separaron el chico lo miraba con tranquilidad, también lo estaba disfrutando.
—Fóllame fuerte —dijo el chico—. Por el culo.
Los ojos grises de David destellaron al oírle decir esas palabras, y su polla le dio un tirón de la excitación dentro del pantalón.
—¿Eso es lo que quieres? —preguntó y Bruno le hizo un sonido de asentimiento.
—Párteme el culo —le pidió sonriéndole y sin asomo de duda.
Definitivamente ese trabajo era la leche… pensó mientras le pasaba la mano por el cuello acariciándole la cara y la curva de la mandíbula.
—A tu servicio —dijo devolviéndole la sonrisa, y volvió a besarlo.
Entre besos y sobeteos, cargó con él y cuando llegó a la mesa que ocupaba buena parte del comedor, y que seguramente era la mesa en la que comían o habían comido los dueños de la casa, interrumpió el beso arrinconándolo contra ella, para luego darle la vuelta y hacerle recostarse contra la mesa. Bruno emitió un gemido cuando David echó mano de ese culo firme dándole un azote y una buena sobada.
—¡Ooooh! ¡Sí señor! Mmmmm —masculló David sobando ese pedazo de culo. Gruñó mientras Bruno volvía a gemir. Aquel culo era firme y no demasiado grande, pero tampoco pequeño; era perfecto, fuerte y firme. A ese culazo no le vendrían nada mal unas mayas o unos pantalones de cuero… La gente se lo quedaría mirando al pasar, y seguro más de uno se lo querría merendar.
Y era él el que se iba a comer ese culito para almorzar, joder.
Estaba deseando catar ese culo.
Le quitó esos putos pantalones con prisas y cuando vio ese culo firme y tierno frente a él, no pudo resistirse a besarlo.
—¡Ooooh! —gimió antes de meter la cara en ese culo y lamer con ganas, deseando probarlo—. Mmmmmm… Mmmmmm… ¡Ooooh! ¡Mmmmmm!
—¡Aaaah! —gimió Bruno con tranquilidad, complacido.
David levantó una mano y le dio un azote al glúteo derecho, haciendo que Bruno soltase otro gemido, y cuando por fin sacó la cara de ese culo miró al chico con una sonrisa, deseando devorar a ese chico.
—Estoy tan feliz de haberte conocido —le dijo devorándolo con la mirada. Sus ojos grises miraban los marrones del chaval completamente dilatados—. Vas a ser mi almuerzo de hoy, potrillo.
Ayudó al chico a subirse a la mesa y Bruno se puso de rodillas, poniendo su culo frente a él, ofreciéndoselo para jugar, y cuando David se acuclilló y tuvo ese culo frente a su cara, lo atrajo como un imán. Metió su cara con un sonido ansioso entre esos cachetes y sitio cómo el chico se sorprendía de su contacto.
—¡Ooooh!
—Mmmmm… Mmmm… —David no se molestaba en ser silencioso, tenían toda la casa para ellos y estaban en el puto campo. Puso una mano en la parte baja de su espalda con suavidad, mientras oía cómo el chico gozaba mientras él le comía esa raja depilada y suave a lengüetazos.
—¡Ooooh! —aulló Bruno, con una expresión de felicidad en la cara—. ¡Joder! ¡Ooooh!
Bruno volvió a gemir, y él le dio un suave azote en el cachete derecho, sin dejar su trabajo, sintiéndose abrazado por ese culo firme y caliente, mientras Bruno podía sentir cómo le iba comiendo el ojete.
—¡Aaaaah! ¡Joder…!
David sacó la cabeza, relamiéndose.
—Mmmmm… dulce culito —y le dio otro cachete volviendo a meter la cabeza para trabajárselo y haciendo que Bruno soltara otro gemido—. Mmmmm…
—¡Aaaah! —David sacó la cara de su culo y le dio un azote a ese precioso culo antes de volver a atacar, y lamerlo con ganas.
Ese culo estaba muy bien, era obvio que el chaval se lo trabajaba en el gimnasio, y seguramente más de uno de los clientes se lo trabajaban a él. Y eso seguramente haría que se lo machacase con más ganas, para que pollas calientes y duras entrasen a saludar, y a descargar.
—¡Mmmmm! ¡Aaaah! ¡Qué rico!
Cuando volvió a sacar la cara escupió a ese agujero dilatado y le dio otro azote.
—¡Sí! Hora de trabajarse este culo a base de bien —sentenció, y metió uno de los dedos en ese culo para comprobar que estaba bien dilatado y la punta del dedo entró sin problemas, hasta la mitad de la segunda falange.
Empezó a moverlo con suavidad.
—¡Aaaah!
—Qué encanto. Oh sí… —dijo David sacándole el dedo—. Vamos a jugar. ¿Te das la vuelta, cielo?
Así que el chico se volvió tumbándose boca arriba sobre la mesa y David aprovechó el momento para quitarse los pantalones y los zapatos, de forma que cuando volvió a incorporarse completamente desnudo, el chico esperaba a su polla con una sonrisa, el culo babeante y las piernas abiertas. Qué bonito.
«Solo le falta una manzana en la boca y un poco de salsa por encima» se dijo devorándolo con la mirada.
Le puso las manos en los muslos, acariciándole las piernas con suavidad, hasta llegar a los tobillos. Lo sujetó y lo atrajo hacia él para besarle el tobillo mientras el chico lo miraba sonriente y juguetón como un cachorrito.
—Ahora te daré una polla de verdad… —le dijo al chico que sonreía encantado.
Bruno sonrió y se llevó la mano a la boca para lamérsela y luego sobarse la polla y los cojones. David pudo ver que sus dedos entraban un poco en la entrada de su culo que él había ensalivado. Y no perdió más tempo para escupirse en la mano y masajearse la polla, lubricándola antes de ponerse sus piernas sobre sus hombros.
Acercó la polla a ese culo.
Y suspiro.
—Buff… ¡Ooh! Joder…
Presionó la polla para que entrase y ese culo se tragó su polla sin problemas.
Bruno gimió y David respondió a su gemido con un sonido de placer. Sujetó las piernas del chico sobre sus hombros y se puso a follárselo ahí mismo.
—¡Aaaah! —gimió el chico del gusto—. ¡Aaaah! Joder… ¡Aaaah!
David respondió con otro gemido mientras su polla iba más y más adentro de ese culo, abriéndose paso sin problemas.
No tardó mucho en empezar a moverse y a taladrar ese culo con ganas; pillando ritmo y dándole con ganas. Bruno empezó a gemir más fuerte y David también, mientras le daba caña. Pronto ambos estaban gimiendo.
—¡Aaaah! ¡Aaaah! —mascullaba Bruno.
—¡AAAAH! —le respondió David—. ¡Dios! Pero que culito más rico… ¡Aaaah!
David gruñó. Tenía el ceño ligeramente fruncido, y el chico le sonreía encantado mientras se lo follaba. Obviamente era un pasivo nato, disfrutaba recibiendo toda la polla posible, en la boca y en el culo. Con otro gruñido se la metió hasta el fondo de golpe.
—¡Aaaah! —gimió Bruno en respuesta—. Joder…
David abrió la boca en un mueca, enseñando los dientes, y volvió a gemir sintiendo la polla dura dentro de ese culo… ese dulce culito. Oh, Dios…
Lo estaba taladrando a fondo, con ganas y fuerza, lo bastante para que la mesa se tambalease; los gemidos de Bruno se convirtieron en alaridos de placer, mientras David gruñía. Dios… ese culo se tragaba su polla con dedicación, la abrazaba; era como follarse el coño de su mujer, aunque sin riesgo de embarazo, por suerte.
—¡OOOH! —gruñó en respuesta al gemido de Bruno, mientras se lo follaba.
Ese culo… —«Ooooh»—, le encantaba. Lo tenía loco. La forma en la que Bruno gemía mientras le daba polla… cómo lo disfrutaba.
—¡Aaaaaah! —gimió Bruno—. ¡Joder!
—¡Ooooh! —gruñó apretando con fuerza las piernas de Bruno contra su abdomen desnudo dándole como a cajón que no cierra, sin tregua. Sus gemidos y gruñidos ganaron fuerza, convirtiéndose en auténticos alaridos.
—¡AAAAAH! —gemía el chico—. ¡AAAAH! MÁS MÁS…
—¡AAAAAH! Grrr… Grrrr… ¡Aaaah!
—JODEEEER…—gimió Bruno, mientras David se lo follaba—. ¡Aaaaah!…
—GRRRR… —David tenía la cara contraída, y miraba a Bruno y sus caras de placer con los ojos entornados—. GRRRR….
—¡AAAAAH!
Ese chico era suyo. Ese culo era suyo. E iba a reventarlo hasta el fondo —«GRRRR….»— hasta que no pudiera ni andar. Dios, qué culazo… ¡Le encantaba! Y le encantaba ver cómo el chico lo gozaba, cómo su mujer nunca lo haría.
—Aaaah, ¡fóllame el culo, joder! —exclamó el chico.
Menuda joyita de crio…
—¡AAAAAH! —Gimió él por encima de los gemidos del chaval.
Y entonces, se dejó caer sobre él, metiéndosela toda dentro —Bruno soltó otro gemido— y sus cabezas quedaron a la misma altura. Bruno lo miró de reojo, con esos ojos marrones, cansado pero feliz, y David le devolvió la sonrisa sintiendo cómo ese culo calentito se comía toda su polla.
Estuvieron un rato así hasta que volvió a incorporarse para seguir follándoselo, y mientras lo hacía y el crio gemía como un cabrón en celo. Ian pensó que desde luego era una pena que Arturo no estuviera por ahí —y ya no tardaría en volver, se había ido hacia bastante—, porque entre los dos… ese chico iba a tener motivos de sobra para no caminar en una semana.
Se lo follarían hasta reventarlo, se dijo. Ese pensamiento lo excito tanto que se la metió hasta el fondo de una embestida arrancándole a Bruno un gemido. Y él le respondió con un gruñido feroz.
—¡Aaaaah! ¡Joder! ¡Aaaaah!
—¡Aaaah! Eso es, nene… —gruñó—. Sigue así.
—¡AAAHH! —berreó Bruno sin contenerse—. ¡AAAAAAH…!
David siguió follándoselo, gruñendo y gimiendo, disfrutando de los sonidos que el chico hacía mientras él le metía la polla, follándoselo sin parar. Tenía los ojos completamente dilatados, cachondo de oír cómo el potrillo cantaba mientras él le daba a la zambomba, encantado de sentir cómo disfrutaba de su polla.
—¡Aaaaah!
—¡GRRRR! ¡OOOOH! —le respondió él.
—¡AAAAAH!
Siguió follándoselo con ganas, dándole a ese culo con todo, dispuesto a darle un servicio que nunca podría olvidar, que le dejaría pensando en él cada vez que el gilipollas del vecino le metiera la polla, si es que había una próxima vez, pensó divertido.
—¡AAAAAAH!
—GRRRR… —respondió él y aceleró aún más la follada, sin piedad, dispuesto a darle con todo a ese cabrón.
Le encantaba ese culo…
Y en esos momentos era todo suyo.
Justo entonces se oyó cómo la puerta se abría, y apenas tuvo tiempo de pegarse más al chico y taparle la boca al chaval con la mano.
—¡Mmmmm… Mmmmm!
Pero David sonreía —«Justo a tiempo, colega»— y tras unos pasos en el vestíbulo Arturo entró en el salón.
Hubo un silencio total, apenas un segundo.
Nadie decía nada. David sabía la clase de cuadro que estaban ofreciendo: Él y Bruno, ambos desnudos en el salón, el chaval en el culo en pompa sobre la mesa para que él pudiera follarle el culo a gusto. Y a David con media polla metida en ese culito jugoso y joven.
David suponía que estaba procesando el encontrárselos follando, y luego Arturo exclamó:
—¡¿Pero qué hostias…?! ¿Qué puñetas estáis haciendo?
—¡Ey has vuelto! —exclamó él contento y feliz—. ¿Por qué no te apuntas?
Arturo lo miraba, ceñudo.
—¿No te había dicho que lo saludaras y siguieras trabajando?
—Venga, tío —dijo David sin ánimos para sermones, estaba demasiado excitado—. Míralo. Está cachondo perdido y ansioso de rabo… ¿Por qué no vienes aquí y… le das polla tú también? ¿Qué dices tú, cielo? ¿Eh? —Y se la sacó cogiendo a Bruno del brazo para atraerlo y apretarlo contra él. El chico gimió cuando le sacó la polla sin miramientos, pero David acalló el gemido con un beso en los labios y el chico respondió fogoso y cachondo, mientras Arturo los miraba—. Tiene un rabo enorme, te lo digo yo —Lo besó en la mejilla—. ¿Qué dices? ¿No te parece que está bueno? ¿eh? —le preguntó al chico mientras ambos se centraban en Arturo—. Míralo, maduro y sexy. Te aseguro que sí. Es todo un maduro revienta culos, créeme, aunque tenga malas pulgas.
El chico sonrió, respirando por la boca de la follada que le estaba metiendo David, repasando a Arturo con la mirada de arriba abajo, con sus pantalones vaqueros y camiseta gris mientras David lo sujetaba por el cuello con su cuerpo contra el suyo.
—Cuantos más rabos mejor —sonrió Bruno, encantador.
—Eres tan putito… —musitó David volviendo a besarlo, saboreando su boca y su lengua.
Cuando se separaron ambos miraron a Arturo sonrientes y encantadores.
—Venga, gruñón, no seas así —le dijo David, simpático—. Es todo un potro y quiere que lo monten y le den mucho rabo y leche. —Le lamió la mejilla—. Y le encanta.
—Aja —respondió el chico.
—Y es tan guarrillo… —dijo David volviendo a comerle los morros—. Es un precioso putito chupapollas… ¡Mmmmm!
Volvió a besar sus labios y Bruno hizo sonidos de gusto mientras se besaban.
Arturo vio cómo se besaban, imperturbable, y esperó a que terminaran para mirarlo y ver que les contestaba.
Él los miró un segundo y dijo:
—Eres un hijo de puta —le gruñó a David, que le sonreía de oreja a oreja—, pero si así es como están las cosas… —Y entonces con un gruñido avanzó hacia ellos.
—Sabía que te gustaría —sonrió David.
—Cállate —le gruñó él colocándose al otro lado de la mesa—. Le dices que no se folle al nene y en cuanto me doy la vuelta un minuto… Está bien, nene. A ver qué sabes hacer.
Y se puso en el lado opuesto a donde estaba David. Se desabrochó la bragueta y su polla saltó grande y dura.
—Mmmm… —masculló Bruno relamiéndose mirando la polla del recién llegado.
—¿Te gusta? —preguntó David aún sujetándolo del cuello y besándoselo—. Mmmmm…
—Aja…
—Pues te aseguro que sabe de lujo. Es una buena polla. —Y lo soltó para que fuera a por la polla de Arturo—. Venga, ve a por esa polla.
Bruno puso las manos sobre la mesa para acercarse a la polla de Arturo, que estaba ahí dura y enorme. Le dio un beso y luego sin ceremonias se la metió en la boca y David sonrió cuando vio que se la metía hasta el fondo sin problemas y Arturo le ponía la mano en la cabeza con suavidad, disfrutándolo. David le sonrió y dándole un azote en el culo —«Mmmm… a seguir comiendo. Vamos allá»— le metió otra vez la polla y siguió moviendo la cadera, follándose ese culo.
—Mmmmm…
Bruno le chupaba la polla sin problemas, y se la comía sin ganas, capaz de metérsela entera en la boca, hasta los cojones, mientras Arturo miraba cómo disfrutaba, tranquilo pero con profundas respiraciones, disfrutando de una mamada sorpresa. Solo le quitó la mano de la cabeza para quitarse la camiseta gris y tirarla a un lado, revelando ese torso bronceado por el sol, fuerte y duro, como si estuviera tallado en piedra, aunque con algunos pelillos sueltos, aquí y allá .
—¡Ooooh! —mascullaba Arturo mientras Bruno le comía la polla, poniéndole otra vez la mano sobre la cabeza—. ¡Ooooh! ¡Mmmmm!.
—¡Mmmmm…! ¡Mmmmm! —masculló Bruno comiéndole la polla con ganas.
—¿Qué te había dicho? —le preguntó David sonriente—. ¡El chaval es bueno! ¿A que sí, Bruno? —sonrió dándole un azote sin dejar de follárselo—. ¡Ja! No seas tímido. El cabrón muerde, pero creo que a ti te dejará hacer ¿eh, cabrón?
—¡MMMMMM…! ¡Mmmmm!
—¡Ooooh! ¡Así, muy bien! ¡Ooooh!
Hasta Arturo lanzó un gruñido de placer, disfrutando de ese cabrito.
Pero hubo algo que les interrumpió. Un pitido. Y luego otro. Y otro. Y otro. Y David pareció detectar que venían del vestíbulo. Obviamente era el móvil del chico.
—¿¡Y ahora qué coño pasa!? —ladró David molesto, y se la sacó del culo para luego darle un suave azote y darle un beso en el cachete derecho antes de apartarse—. Vuelvo en un segundo, tesoro.
Y fue a ver qué pasaba con ese dichoso móvil.
—Mmmm… —masculló Bruno sin dejar de comer polla mientras Arturo le acariciaba la cabeza con una de sus manazas.
Arturo se apartó un poco para sacarle la polla de la boca al chaval y cogiéndolo por el cuello con suavidad le hizo incorporarse, poniéndose de rodillas y acercó sus labios a los suyos, rozándolos, y sintiendo su lengua, antes de besarlo. Fue un beso profundo y tranquilo, y sus lenguas jugaron con tranquilidad, explorando la lengua y la boca del otro, mientras David rebuscaba en los bolsillos de sus pantalones para encontrar el móvil de Bruno y ver a qué coño venía tanto timbre de los cojones.
Le bastó un vistazo para ver cuál era el problema.
Arturo y Bruno se estaban besando cuando David entró de nuevo en el salón con el móvil del chaval.
—Parece que tu «amigo» se está impacientando —comentó David volviendo junto a la mesa y pasándole el móvil a Arturo para que viera lo que pasaba: Chalet Milkr estaba bombardeando al chico a mensajes y no paraban de saltar en la pantalla de bloqueo del teléfono.
«Dónde coño estás, joder!???»
«Por que no contestas a mis mensajes?»
«Te he dicho mil veces que cuando te llame me contestes, joder»
«Quieres contestarme»
«Eres un crio inmaduro, joder. No sé ni para que quedo contigo»
Mensajes como esos entraban en cascada y sin parar y parecía que el gilipollas se había pillado un buen cabreo.
Arturo le pasó el móvil a Bruno para que lo viera mientras el móvil seguía vibrando, indicando que seguían entrando nuevos mensajes.
—Vaya… —dijo con una sonrisilla—. Está muy cabreado.
—¿Y a quien le importa? —terció David molesto—. Es un gilipollas.
—Tiene malas pulgas.
—¿Ah, sí? —dijo Arturo—. Pues yo también.
*—-*
Después de que Arturo se quitara los pantalones vaqueros subieron al piso de arriba, los tres en pelota picada y Arturo le pidió a Bruno que le pasase el móvil, ya desbloqueado, y este lo hizo mientras llegaban a los ventanales del final del pasillo.
—Yo le llamo —dijo Arturo y le dijo a David—: ¿Boca o culo?
—Mejor boca y así cambiamos —convino David con tranquilidad. Los tres estaban sudando del calor del verano.
Desde ahí habían visto a Bruno besándose con él y luego comiéndole la polla en la habitación, que en esos momentos tenía la persiana bajada; tenían una buena vista del jardín y de la casa del vecino.
Le indicaron al chico que se pusiera en el suelo a cuatro patas y este no rechistó y se puso en posición mientras David se ponía delante de él y Arturo se ponía de rodillas mirando el teléfono.
Justo antes de llamar le entró un mensaje nuevo, ya con el chico dándole lametones a la polla de David.
«¡Ven aquí ya, coño!».
—Hijo de puta…—gruñó Arturo, molesto.
Ese mensaje aún le puso de más mala hostia. Odiaba que le dijeran lo que tenía que hacer, y más un punto fantasmón como ese que no tenía ni media hostia.
Pulsó a llamar, y como esperaba ese cretino no tardó ni tres segundos en contestar.
—¿Pero que cojones te pasa? Vas a…
—Eh, hijo de puta —le cortó él, sin miramientos—. ¿Qué tal si dejas de dar por culo y sales al jardín?
Y colgó. Dejó el móvil en el suelo, apartándolo para que no estuviera por medio, incordiando.
Luego le dio un firme cachete a ese culo del cabrito de Bruno y dijo:
—Vamos a darle un buen espectáculo a ese mamón… ¡Mmmph! —se la metió hasta el fondo de una estocada, con un gruñido.
—¡Ah! —gimió Bruno sintiendo cómo empezaba a bombear.
—Es un buen culo —comentó Arturo con una sonrisa dándole con ritmo. Levantó la mano y le dio un azote—. Vamos a enseñarle a ese gilipollas cómo se folla a un culo así—. Venga… Grrrr…
—¡Aaaah! —gimió Bruno mientras la polla de David estaba frente a su cara y él lo miraba sonriente, cómo disfrutaba de su follada ahora que Arturo se había unido a la fiesta—. ¡AAAAAH!
Como Arturo había previsto el gilipollas no tardó ni cinco segundos en salir, y al oír los gemidos del chico, amortiguados por el cristal pero audibles desde su jardín, se quedó ahí plantado viendo cómo al chico le daban por culo y lo hacían gozar como a un buen cabrón, con dos hombres de verdad, como tenía que ser.
—¡Aaaaah! —berreó el chico dándole lengüetazos al rabo de David que se zarandeaba delante de su cara—. ¡Me encanta, joder! ¡Aaaah!
David le cogió la cabeza con ambas manos mientras el chico se retorcía del gusto y Arturo soltaba un gruñido dándole por el culo.
—Y ahora que ya tenemos su atención… Es la hora de llenarte bien a fondo —Y se la metió por la boca hasta los cojones—. ¡Aaaah!
—¡Mmmmm…! ¡Mmmmm!
—¡Ooooh!
Los gemidos del chico se acallaron, y ahora el mojigato del vecino tenía un asiento de primera para ver cómo jugaban con el chico, por delante y por detrás, dejándolo completamente satisfecho.
—¡Joder…! —masculló David—. ¡Qué gustito!
Arturo gruñó.
—No te cortes y dale con ganas —le dijo a David—. Que ese cabrón vea la follada que le estamos dando.
—Oh, sí. Ya te digo —sonrió David—. Que lo vea bien ¿verdad que sí, nene?
—Mmmmmm…
Arturo esbozó una sonrisa afilada al girar la cabeza y ver la cara que estaba poniendo el gilipollas, completamente pasmado ahí plantado. David también lo vio y ambos a la vez le saludaron desde ahí arriba, al otro lado de la ventana, mientras le daban polla al chico, como había que dársela a diario, sí señor.
— A ver si así aprendes algo, hijo de puta —le gruñó Arturo.
—¡Síii! ¿a que sí, cariño? —le David dijo a Bruno, y se la sacó de la boca para que Bruno soltase un gemido.
—¡Aaaah, jodeer…! ¡Aaah!
—Pero que putito tan mono… —ronroneo David, cogiéndolo por el cuello para ponerlo a su altura y besarlo—. Mmmmm…
—MMMM… ¡AAAH! MMMM… ¡JODER! ¡AAAAH! ¡MMMMM!
—Eso es —le dijo David, animado—. Canta para mí, putito cabrón. Mmmmm… Deja que Arturo le de caña a tu culo —y volvió a besarlo.
—Mmmmm…. ¡Aaaaah! ¡Ahhh! ¡AAAH! ¡Hostia puta! ¡Aaaaah!
David sonriente le dejó gemir antes de volver a morrearlo con ganas, capturando su boca y metiéndole la lengua hasta la campanilla.
El gilipollas del vecino frunció el ceño, mientras veía cómo le daban rabo por el culo al chaval, y cómo David se morreaba con él mientras Bruno gemía como un cabrón en celo, obviamente disfrutando. Un segundo después echó a andar sobre sus pasos dedicándoles una peineta y Arturo se la devolvió. Les dirigió una mirada cabreado antes de meterse en su casa y cerrar la puerta.
—Eso es. Vete a tomar por culo, joder. Asunto resuelto —dictaminó Arturo, sacándosela del culo a Bruno y levantándose—. Creo que ese ya no te va a llamar más, chico.
Le tendió la mano y le ayudó a levantarse.
—Bueno —dijo—. Tendré que buscarme a otro.
—¿Para qué? —dijo David rozando su polla contra el tórax del chico—. Tienes dos pollas bien gordas de primera aquí mismo.
El chico les sonrió, encantado.
—Ven —le dijo Arturo—. Ya me he cansado de dejarme las rodillas en el suelo. Vamos a un sitio más cómodo.
Entraron a la habitación principal. La habitación parecía bastante nueva; era amplia y abierta, con suelos pulidos y la luz entraba por las ventanas. La mayor parte de la estancia estaba gobernada por una cama enorme en la que cabrían con facilidad cuatro o cinco personas. Se suponía que parte de su lista de tareas era tirarla a la basura y deshacerse de ella, pero David suponía que aún podían darle un último asalto, antes de hacerlo.
—Vamos —dijo Arturo poniendo a Bruno sobre la cama—. Y tú ponte en la cama también, joder —le dijo a David—. Voy a trabajaros los culos a los dos. La que has liado, joder.
—Venga, no seas cascarrabias, hombre —replicó David poniéndose de rodillas justo en el borde de la cama y sonriéndole a Bruno cuando este se puso a su lado, también con el culo en pompa, imitándolo—. Encima que comparto al chaval…
—Es muy mandón ¿no? —comentó el chico con una sonrisa.
—No te haces una idea, Brunete.
—¡Cerrad el pico los dos, putos! —gruñó Arturo detrás de ellos—. ¡Putos de mierda! —Y les dio un azote a ambos a la vez, en el culo.
David ya se lo esperaba porque conocía bien a Arturo, pero Bruno no, y no fue capaz de contenerse cuando lo azotó.
—¡AAAAH! —gimió Bruno, y David observó cómo el chico se tensaba un momento y cómo la sorpresa daba paso a una sonrisa ancha y relajada. Desde luego lo disfrutaba.
—Hijos de puta —masculló Arturo metiéndose dos pares de dedos en la boca para luego meterlos en los dos culos a la vez sin demasiada delicadeza—. ¡Mmmmm!
Bruno que ya tenía el culo bien abierto, gimió —«¡Aaaah!»— mientras que David gruñía y se tensaba sintiendo cómo le profanaban el culo y soltó un gruñido apretando los dientes:
—¡BUOHH! ¡GRRRR!, ¡Joder! ¡Aaaah!
—¡Aaaah! —Bruno gimió con suavidad junto a él, feliz—. ¡Aaaah!
Arturo gruñó mientras sus dedos taladraban esos culos a la vez, y David respondió con un gemido alto y tensándose.
—¡Más suave, cabrón! —le espetó—. ¡Joder!
—Vamos, compórtate como un hombre, joder —le replicó Arturo—. El chico no se queja ni la mitad que tú, nenaza.
Aun así David rió y le dejó hacer hasta que volvió a soltar otro gemido —«Aaaah»— y cuando se calmó giró la cabeza y vio que Bruno le sonreía de oreja a oreja; su culo estaba follado que el de David, y seguramente el cabrón abría mucho el culo, y recibía pollas religiosamente.
—Es un puto bestia —sonrió David refiriéndose a Arturo.
—Pero está para comérselo —le dijo Bruno con una sonrisa.
David notó que Bruno se acercaba a él y se besaron con suavidad, una y otra vez, el uno al otro, en los labios, mientras Arturo seguía preparando sus culos, follándoselos con los dedos. Sonrió al ver lo que estaban haciendo.
—Eso es…—dijo Arturo y les dio un azote a ambos a la vez «PLASS»—. Poneros cómodos mientras yo os doy caña, joder. Disfrutad. Esto era lo que querías ¿no, hijo de puta?
Como «Hijo de puta» era una forma cariñosa de referirse el uno al otro David supuso que se refería a él.
—Como si tú no lo estuvieras disfrutando… mmmm… —respondió con una sonrisa antes de que Bruno volviera a besarlo.
Arturo no respondió sino que soltó un gruñido y se acuclilló delante de esos dos culos, a los que se iba a follar. Los olfateó; primero al de David y luego al del chico.
—Mmmm… grrr —con un gruñido atacó, y metió la boca dentro del culo de Bruno, caliente al que ya le había metido la polla, saboreándolo—. Mmmmm…
—¡Aaaah! —gimió Bruno del gusto, mientras David lo miraba y sonreía antes de besarle el hombro desnudo.
—Mmmm… grrr… mmmmm.
Arturo se dedicó a comerle el culo a Bruno. Este sentía su lengua dentro de su culo, ensalivándolo todavía más, devorándolo, pasando la lengua y lanzando gapos a esa raja depilada para luego amorrarse y hacer sonidos de succión.
—¡Aaaaha! —gimió mientras David enterraba la cara en su cuello y empezaba a devorarlo a besos.
—Mmmmm —masculló Arturo apartándose un poco para sacar la lengua y dándole lengüetazos a esa raja calenté de ese culito tragapollas con una mano en cada cachete para abrirlo bien—. Mmmmm… —y volvió a enterrar la cara en ese culo haciendo sonidos de succión y arrancándole nuevos gemidos a Bruno.
—¡Aaaaah!
David le sonrió, viéndolo disfrutar, y cuando el gemido disminuyó hasta apagarse, le sonrió a Bruno alentador al chico, y este le devolvió la sonrisa antes de volver a besarse en los labios; los ojos de ambos brillaban de excitación.
Cuando Arturo juzgó que el culo del chico ya estaba bastante trabajado, le dio un suave mordisco de despedida en el cachete y se pasó al de David, poniendo las manos sobre ese culo pálido y bastante más grande que el del chaval para abrirlo bien y lanzar un escupitajo dentro.
—Segundo plato del día —dijo, y como había hecho con el de Bruno enterró la cabeza y empezó a devorar.
—¡Aaaah! —masculló Arturo—. Joder…¡Aaaah!
Bruno le sonrió.
—Es un follaculos —comentó acercando la cara a la de David para besarlo como David había besado a él mientras Arturo se encargaba de su culo—. Mmmmm… —masculló mientras ambos se besaban con una sonrisa en los labios.
—No te vayas muy lejos, putito —dijo Arturo desde atrás al detectar que se movía un poco en la cama para tener más facilidad para llegar a David. Levantó una mano y le dio un azote en el culo al chico—. Todavía no he terminado contigo ¡Mmmmm!
—¡Oooooh! —gimió David—. ¡Hooostia putaaa!
—Mmmmm… Daaaah —masculló Arturo con la boca abierta dándole lengüetazos al culo de David haciendo que David lanzase otro gemido. Y volvió a enterrar la cara en su culo—. Mmmmm…
—¡Aaaah! ¡Cómo comes, cabrón!
—¡Mmmmm! ¡Mmmmm!
—¡Aaaah! —masculló David echando la cabeza hacia atrás mientras Bruno le besaba el brazo fuerte y tenso sujetándose al colchón de la cama—. Joder… ¡Aaaah!
—Mmmmm… —Arturo pasó del culo de David al de Bruno y lo sobeteó un momento con sus manazas, estimulándolo—. Putos cerdos —dijo, y escupió dentro de ese culo—. Os encanta que os coma el culo a los dos, joder ¡Mmmmm!.
—¡Aaaah! —Bruno pegó la parte superior de su cuerpo al colchón levantando aún más el culo mientras encantado de la vida y una expresión de felicidad en el rostro—. ¡¡Joder!! ¡Me encanta! ¡Aaaah!
Arturo no dijo nada y siguió a lo suyo, su mirada era decidida, sin dejar de devorarle el culo —«mmmmm…daaaaah»— con un gruñido le dio un azote en el cachete derecho.
—¡AAAAAH! ¡¡OOOOH!! JODER… ¡AAAAH! —berreó Bruno disfrutando mientras con otro gruñido sentía cómo la manaza de Arturo se colaba entre sus piernas rozándole los cojones y le agarraba la polla que estaba dura como una roca, y empezaba a cascársela.
—Mmmmm —masculló Arturo sin dejar de comer de ese culo mientras lo masturbaba a ese chico.
«Desde luego los jóvenes podían pasarse el día follando», pensó él sin dejar de comer, oyendo cómo disfrutaba el chaval.
David también puso la cabeza contra el colchón y con el culo en pompa se puso a masturbase, disfrutando de los gemidos de Bruno y de los sonidos que hacía el cabrón de Arturo. Tenía pinta de que iba a darles una follada monumental a los dos, pensó excitado. Seguramente iba a reventarles el culo por haber empezado sin él, se dijo con una sonrisa. Y no podía decir que la idea le molestase lo más mínimo.
—¡Aaaaah! —gimió mientras se la cascaba con ganas.
—Mmmmm… —gruñó Arturo y con un nuevo gemido de Bruno sacó la mano de entre sus piernas dejando la polla dura joven y caliente para acercarla al culo de David, darle un buen tortazo en la nalga izquierda —«¡Aaaaah! Joder»— y meterle un par de dedos en ese culazo que tenía el cabrón de su compañero.
—¡AAAAAH! ¡AAAAAAH! —bramó David—. ¡Hostia! ¡Aaaah! ¡Joder! ¡Qué bien! ¡Aaaah!
Arturo siguió devorando el culo de Bruno mientras que sus dedos seguían follándole el culo a David, trabajándose los culos de los dos a la vez, como todo un profesional.
Desde luego, cuando uno valía, valía.
—¡OOOOH! ¡JODEER! —masculló David con los ojos cerrados con fuerza mientras sus dedos se lo follaban y él se masturbaba—. ¡AAAAG!
—¡Aaaah! —respondió Bruno con la boca abierta, gozando al máximo de la comida de culo—. ¡Esto es la hostia!
—¡OOOOH!
—¡Aaaaah! ¡Me encanta! —exclamó Bruno, feliz.
Arturo gruñó con satisfacción sin dejar de trabajarse ambos culos. Sí, definitivamente esos dos iban a gozar de lo lindo la follada que pensaba meterles.
Ambos gimieron a la vez, como si confirmaran sus pensamiento y aunque Arturo siguió a lo suyo, muy concentrado, la verdad es que por dentro estaba sonriendo, orgulloso, de ver cómo gozaban esos dos.
—¡Daaaah! —masculló finalmente, apartando la cara del culo de Bruno y sacando los dedos del de David para ponerse de pie—. Bueno, esto ya está, hijos de puta. —Se agarró la polla dura y gorda, completamente erecta—. Ahora empieza lo bueno.
Ni David ni Bruno sabían muy bien de que estaba hablando pero cuando ambos lo miraron le devolvieron la sonrisa.
Les mandó que se bajaran de la cama y se pusieron en fila, Bruno delante y David detrás de él que se sujetó a sus caderas mientras este ponía las manos en el colchón de la cama.
—¡Oh, sí! ¡De puta madre! —exclamó David colocándose detrás e Bruno y sujetándose a su cadera—. Trae aquí ese dulce culito, encanto ¡Ooooh! Joder…
—¡Aaaaah! —gimió Bruno mientras la polla de David empezaba a entrar en su culo.
—¡Aaaah! ¡Oh sí! Dulce dulce culito ¡AAAAH! ¡Oooh…! ¡Mmmph! —Y se la metió entera hasta los cojones con una embestida más.
—¡AAAAAH! ¡JODEEER! ¡AAAAAAH!
David sonrió moviendo la cadera con bastante soltura, ese culo estaba más que listo para recibir polla, y pensaba follárselo con ganas.
—¡Oooh, sí! —sonrió mientras Bruno gemía y mientras su polla entraba y salía de ese culo—. ¡Papi está en casa!
—¡Aaaaah! ¡Joderrr!
David gimió con una sonrisa en los labios.
—Oh, sí. Dios, me encanta este culo. Dale culito a papá… Sí, señor, bravo.
—¿Estás hablando de mí, cabrón?—dijo una voz sería a sus espaldas mientras Bruno gemía—. ¡Mmmph!
—¡OOOOH! —gritó y sus ojos grises se abrieron de par en par cuando Arturo se pegó al suyo, metiéndole toda la polla dentro de golpe, como él había hecho con Bruno, aunque el chico tenía el culo más trabajado.
Gritó otra vez el sentir su cuerpo duro y sudoroso contra su espalda y su cabeza junto a su oreja soltando un gruñido. David respondió con otro gruñido.
—¡OOOH! Cabrón…
Arturo solo soltó otro gruñido mientras su polla llegaba al fondo del culo de David.
—Ahora sí. Desde luego que papá está en casa.
—¡Aaaah! Hijo de puta… ¡Ooooh!
—No te pongas celoso, cabrón ¡Mmmph! Tú también tienes un buen culo
—Y te encanta —sonrió David, adolorido—. ¡Aaaaah!
Bruno a la cabeza del trenecito giraba la cabeza todo lo posible para ver lo que pasaba y las comisuras de sus labios se curvaban en una sonrisa mientras veía las caras que ponía David y cómo Arturo acababa de ocupar su sitio como último vagón del trenecito.
—Tu culo aún se acuerda de mí —le dijo Arturo con la cara junto a la de David, y gruñó mientras su polla se movía un poco dentro de su culo.
David gritó aunque luego sonrió.
—Intenta… ser más delicado… joder ¡Aaah! —sonrió girando la cabeza y sintiendo la cabeza de Arturo junto a la suya, su respiración en el cuello—. Pedazo de bestia.
—Parecía que os estebáis divirtiendo mucho sin mí… papi.
David sonreía, aunque el culo le escocía. Si no se lo hubiera follado la noche anterior seguramente le habría reventado el culo, joder. Como una puta bomba.
—No se te puede decir nada…—dijo gallito, intentando recuperarse. Vio que Bruno sonreía—.Para ser un tío tan duro… te lo tomas todo muy a pecho.
Arturo sonrió, chulito.
—Pero si te encanta, joder ¡Aaah!
—Sé más suave, joder —dijo y vio cómo Bruno intentaba mirar y se pegó más a él con suavidad, metiéndole la polla y sacándose la de Arturo para pegarse a su espalda y acariciarle el cuerpo desnudo con las manos y guiñándole un ojo—. Vas a asustar al chaval. ¡Ooooh! ¡Ya verás cuando quiera entrar por tu puerta trasera, nene.
—¿En serio? —Arturo ababa de meterle la polla otra vez, pegándose a él como David lo estaba de Bruno—. Pues a mí me parece que el chico se está adaptando bien ¿eh, chico? —le preguntó y aunque Bruno no contestó sonreía tranquilamente y no parecía nada preocupado. Por supuesto David estaba siendo más suave con él—. Creo que lo soportará. Y que hasta le está gustando. Como a ti. Venga —les dijo—. Empezad a moveos, antes de que me aburra y lo haga yo.
Y así, poco a poco, el trenecito empezó a funcionar, suavemente al principio; David movía la cadera con cuidado pero el chico que en esos momentos era el que más trabajado tenía el culo también lo movía disfrutando su parte. Y poco a poco Arturo también empezó a moverse viendo que David empezaba a acostumbrarse a tener de nuevo su polla en su culo. Lo único que se escuchaban eran los gemidos de David y Bruno, y los gruñidos de Arturo.
—¡Aaaah! —gemía Bruno.
—¡Ooooh, joder! ¡Ooooh! ¡Mierda! —le respondía David.
—Grrr —gruñía Arturo.
Bruno lo disfrutaba y David también aunque, empezaba a pensar que estar en el medio de ese sándwich, entre el chico y el bestia de su amigo no había sido buena idea, y que tendrían que haber apostado por reventarle los dos el culo a ese cabrito chupapollas del chaval, joder; seguro que Bruno lo disfrutaría como un puto total. Bueno, ya era un poco tarde para echarse atrás.
—¡Oooooh, joder! ¡Hostia! —gruñó David—. Me cago en la puta ¡Mmmmm!
Arturo sonrió y empezó a mover la cadera con más insistencia.
—¡Aaaaah!
—¡Aaaaah! Joder… —gimió Bruno.
Los tres estaban ahí gruñendo y gimiendo; a Bruno se lo follaba David, y a David se lo follaba Arturo… el pez grande se follaba al pequeño.
Los tres gemían y gruñían, moviendo sus caderas, y follándose al que tenían delante.
Arturo gruñía mientras los otros dos jadeaban y gemían recibiendo polla y notando cómo las pollas entraban en su culo, compenetrados.
—¡Aaaah! —masculló Bruno mientras se lo follaban y notaba la respiración y los jadeos de David en su nuca y espalda—. Joder… ¡Aaaah!
David gimió y deslizó la mano por el pecho musculoso del chico para atraerlo hacia él y pegarlo sin dejar de follárselo y mover la cadera contra su culo.
—Puto —le dijo David a Bruno entre gemidos junto a su oreja mientras Arturo se lo follaba por el culo.
—Fóllame, cabrón —gimió Bruno, y le sonrió—. Pienso darte de comer polla en cuanto me la saques ¡Aaaah!.
David también sonrió y con un gruñido le imprimió más fuerza a la follada del culo de Bruno haciendo que este aullase del gusto, y al mismo tiempo haciendo que la polla de su compañero se lo follase a él.
—¡Aaaaah! ¡Aaaaaah!
—Menudo par… —masculló Arturo con tranquilidad, sin parar, mientras Bruno aullaba y David gruñía delante de él mientras se lo follaba.
—¡Aaaah! ¡Joder! —aulló Bruno.
—Cabrón ¡Aaaah! ¡Me está reventando el culo! ¡Buaaaah! —respondió David mientras se lo follaba y se lo follaban a él. Sonrió—. Y me encanta ¡Aaaaaah!
—¡Aaaah!
Eso hizo sonreír a Arturo, que disfrutaba de la escena, viendo cómo follaban esos dos, ambos fuertes y sudados, lampiños, sin pelo… mientras él repartía. Estaban disfrutando de la follada. Y allí era él el que cortaba el bacalao.
—¡Aaaaha! —gimió Bruno cuando David se pegó más a él y empezó a besarle el cuello—. ¡Mmmm…!
Bruno se dejó besar mientras David seguía moviendo la cadera contra su culo, y luego, con un gemido, Bruno se sacó la polla de David del culo y le ofreció al moreno que le doblaba la edad una sonrisa traviesa.
—¿Qué tal si me la chupas tu a mí ahora, cabrón?
—Trátame con respeto, chico —le replicó David devolviéndole la sonrisa—. Soy un hombre adulto.
—Según la ley yo también.
—Eres un bebé que acaba de dejar los pañales —le picó David y al final soltó un gemido de la follada que le estaba metiendo Arturo.
—Lo que tu digas, bebé —intervino Arturo, divertido.
—Pues tendré que aprender a dar polla ¿no? —sugirió Bruno, mirándolos divertido.
—Tendremos que enseñarte como toca, entonces ¿eh, nene? —le sonrió Arturo.
David le sonrió de buena gana, y Arturo le sacó la polla del culo el tiempo justo para que se subiera de la cama, poniéndose de rodillas mirando a Bruno que se puso de rodillas sobre el colchón delante de él. Bruno vio cómo David se relamía mirándole la polla dura frente a su cara y se la sacudió con suavidad, seductoramente. David se la cogió por los cojones y se la metió en la boca, y haciendo que Bruno soltase un gemido del gusto.
—Mmmm…
—¡Ooooh! —gimió Bruno notando cómo la lengua de David le acariciaba la polla. Vio que Arturo lo miraba sujetándose su propia polla y le sonrió—. La chupa muy bien —comentó sonriendo a David que lo miró divertido sin dejar de mamar.
—Menudo par de putos —comentó volviendo a situarse detrás de David para meterle la polla por el culo otra vez—. ¡Ooooh! ¡MMMPH!
—MMMMM…! —masculló David cuando a la primera embestida de amigo le metió la polla de Bruno hasta la campanilla.
—¡Aaaah! —gimió Bruno de felicidad—. ¡Oooooh… joder! ¡Mmmmmm!
«Puto bestia cabrón» pensó David, sin dejar de mamar.
—Mmmmm…
Con una sonrisa en la cara Arturo rugió, y se puso a follarle el culo a su compañero mientras este le chupaba la polla al chico.
David mascullaba y emitía sonidos ahogados con la polla de Bruno en la boca mientras el chico gemía y Arturo gruñía y le daba azotes en el culo, mientras este chupaba sin parar mirando las caras de gusto que ponía Bruno, oyendo sus gemidos y suspiros por la mamada que le estaba dando.
—¡Ooooh! —masculló Bruno, y David se la sacó de la boca conteniendo un gemido para pasarle la legua por la polla, desde los cojones hasta la punta, recreándose en la punta y Arturo suavizó las embestidas de la follada para que no se moviera mucho mientras le lamía el capullo al chico.
—¿Disfrutando, cabrito? —le preguntó David a Bruno mientras se movía un poco por la follada que Arturo le estaba metiendo por el culo.
—Sí, mucho —respondió el chico con una sonrisa—. Sigue chupándomela, vamos… —dijo pasándole la polla pringada de babas por la cara de David.
—Mmmmm… un sumiso con personalidad —comentó—. Sabe recibir y también dar… Me encanta ¡Mmmm!
—¡Aaaaaaah! ¡Joder! —masculló Bruno cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás mientras David volvía a chuparle la polla.
Arturo le sonrió mientras le daba por culo a David con suavidad, mirando divertido al más joven del trio.
—Parece que te mola mucho el sexo, chaval.
—¿Qué hay mejor que jugar con pollas y culos para divertirse?
Arturo no contestó pero su sonrisa se acentuó y se la metió de una estocada hasta el fondo del culo a David.
—¡MMMMM! —masculló este.
Bruno le puso la mano en la cabeza.
—Eso es… eres jodidamente genial —le dijo acariciando esa cabeza rapada de un tío que le doblaba la edad—. Sigue chupándomela, vamos.
—Mmmmm… mmmm —masculló volviendo a centrarse en engullir ese polla.
—¡Ooooh! Joder…. ¡Me encanta! —exclamó Bruno.
Arturo con una sonrisa y un gruñido volvió a embestirlo.
David engullía polla mientras se lo follaban por el culo y disfrutaba oyendo tanto las exclamaciones de gusto del chico como los gruñidos de Arturo que era más bien de pocas palabras y se limitaba a gruñir y mascullar mientras le llenaba el culo con su polla a base de bien.
—Grrrr… joder.
—¡Oooh! ¡Qué bien la chupas, joder! —gimió Bruno.
—GRRR… —Con un rugido Arturo se la metió hasta el fondo, echándolo hacía adelante y haciendo que engullese la polla de Bruno que soltó un gemido. Todo su cuerpo estaba sudado y las venas se le marcaban junto con algunos de los pelos que tenía por la zona de la ingle empapados en sudor.
David consiguió a duras penas sacarse la polla de Bruno de la boca.
—¡Aaaah! —gimió David mientras recibía polla sin parar—. ¡Ooooh! Mmmm… —masculló cuando engulló la polla de Bruno y Arturo gruñó, follándole el culo.
—¡Aaaah! —gimió Bruno echando la cabeza hacia atrás mientras Arturo seguía moviendo la cadera a lo bestia, gruñendo y metiéndosela, taladrándole el culo a David, dispuesto a reventárselo hasta que pareciera un puto túnel. David recibía polla por la boca y por el culo.
Bruno notó que la polla le palpitaba en la boca de David, y le sujetó la cabeza —«¡Aaaah! ¡Joder!»— para meterle toda polla dentro de la boca. David abrió los ojos como platos, al tiempo que con otro gemido más fuerte Bruno descargaba su corrida en su boca, caliente y espesa.
—¡Aaaaah!
David se la bebió sin poner pegas, aún con la polla de Arturo dentro de su culo se bebió toda la corrida del chaval.
—¡Ooooh! ¡Aaaah!
—Mmmmm…
David se bebió toda su leche, notando cómo el agarre de ese cabrito se relajaba, y cuando pudo sacarse su polla de su boca le sonrió al chico.
—Mmmmmm… Qué rica leche das, cabrito putito —dijo dándole un lametón en la punta de la polla al chaval, antes de volver a metérsela en la boca, para dejarla bien limpia.
—¡Aaaah! —gimió Bruno, feliz y recién corrido—. ¡Aaaaah!
Bruno miró a Arturo y soltó un gemido. Arturo gruñía y follaba, y al pillarlo mirándolo le sonrió, una sonrisa feroz, y Bruno le devolvió el gesto, completamente relajado y disfrutando de su mamada, diciéndose que Arturo desde luego no tenía ningún desperdicio. Era todo un macho, un padrazo, un madurito como el que te podías encontrar en las pelis porno, ¡Joder! Y tenía la suerte de estar follando con él. Definitivamente era mucho mejor que follarse al cagado del vecino. Pensó que, en ese momento podría entrar alguien por la puerta, y lo más seguro es que el cabrón no dejase de follar. No. Estaba demasiado centrado follándose ese culo como para parar. No pararía de follar ni aunque entrase una clase entera de alumnos y flipase con el espectáculo que estaba ocurriendo ahí mismo. Probablemente les dedicaría una mirada feroz y les invitaría a unirse si se les ponía dura. Probablemente podría follárselos a todos, uno detrás de otro, sin pestañear.
Arturo enseñó los dientes y echó la cabeza hacia atrás sin bajar el ritmo ¡Joder! Era como un toro salvaje, fuerte y furioso. Para comérselo. Gracias a Dios que se había puesto cachondo al verlos follando y había decidido unirse..
—Mmmm ¡Aaaah! —gimió David, sacándose la polla de la boca—. ¡Joder! ¡Aaaah! —David se dedicó a masturbar esa tranca cubierta de saliva.
Bruno respondió con otro gemido pero seguía mirando a Arturo, y Arturo lo miraba a él. Bruno juntó los labios y los volvió a abrir, como si lanzara un beso al aire, hacia él, con ese cuerpo duro y venoso….
La sonrisa en la cara de Arturo se acentuó, sin dejar de follarse a David.
Bruno se apartó de David lo dejó ahí, de rodillas, enculado y gimiendo —«¡Aaaah! Hostia puta ¡Aaaah!»—, y gateó por el colchón a toda pastilla para ir hasta donde estaba Arturo y abrazarse a ese cuerpo furo mientras David gemía y besar esos abdominales de acero y esos pectorales para subir hasta su cara. Sintió su respiración contra su cara.
Y entonces lo besó.
Y él respondió al beso, con bastante tranquilidad, aunque la lengua de Bruno se movía con ansia en su boca, mientras poco a poco él iba dejando de mover la cadera y pasaba las manos por el cuerpo desnudo de Bruno; joven y fuerte, abrazando ese cuerpo joven contra el suyo. Arturo era más ancho, y sus brazos lo abrazaban apretándolo contra su cuerpo sudoroso mientras el beso continuaba.
David aprovechó el descanso para gatear por el colchón y apartarse, sacándose ese rabo enorme del culo antes de que lo reventase.
—¡Aaaah! —gimió, dejándose caer respirando agitadamente y sudado—. Joder… —respiraba por la boca aunque sonreía. Echaba de menos un buen polvo salvaje. Y en esta ocasión había más pollas con las que jugar.
Al final se dio la vuelta para ver cómo esos dos seguían morreándose delante de él. La polla de Arturo salía enorme y dura con los huevos compactos de la excitación.
No pudo evitar sonreír. Menudo par… Hijos de puta.
—Ya podrías ser más delicado —le dijo a Arturo con una sonrisa—. Joder.
Ellos siguieron morreándose como si no le hubieran escuchado, aunque a él apenas le importó, y se le ocurrió otra idea.
Cuando ambos terminaron de besarse Arturo miró a Bruno con tranquilidad, respirándole en la cara, y luego miró a David, y al ver lo que estaba haciendo sonrió mientras deslizaba las manos hacia abajo, por los costados del chico, hasta llegar a ese culito tan trabajado, agarrar los cachetes y abrir ese culo con tranquilidad para que David pudiera ver las vistas; su amigo sonrió tranquilamente cogiéndose la polla y cascándosela con tranquilidad. Y Bruno le estaba besando el cuello a Arturo.
Ambos obreros se miraron; Arturo conocía muy bien a su compañero, y supo lo que quería.
—Creo que vamos a ver si tu culito puede con nuestras dos pollas a la vez —dijo con tranquilidad—. ¿Te apetece probarlo, chico? —le preguntó y el chico lo miró con los ojos brillantes, alegre, atraído por el desafío—. ¿Crees que puedes con dos sables bien gordos, cabrón?
—Por mí cuando quieras —dijo David también excitado y con las piernas abiertas dándose golpes en la palma mano con su propia polla que estaba dura como una piedra.
—¿Qué me dices, chico? —le dijo Arturo—. Vamos. Échale huevos.
—Vale —accedió él.
—Pues vamos allá, joder —Y lo apartó de un brusco empujón haciendo que Bruno cayera sobre el colchón, y sobre David mientras él se unía a ellos y se subía también en la cama.
Ahora estaban los tres.
Bruno se tumbó encima de la cama y Arturo fue a tumbarse a su lado, mientras que David se plantó delante de su cara y empezó a pasarle la polla por la cara, y el chico abrió la boca encantado de poder engullirla.
—Buen chico —murmuró David mientras le comía la polla—. Cómetela toda… Así… muy bien. Buen chico…
—Mmmmmm….¡daaah!
Bruno lo miraba con los ojos brillantes, mientras le comía la polla, se notaba que lo disfrutaba. Le encantaba esa carita… Esos ojos marrones…
—¡Aaah! —gimió David—. Eso es…
Los ojos de David resplandecían como monedas de plata mientras Bruno se la chupaba.
Arturo se limitó a sonreír ahí tumbado de lado, viendo cómo el chico se la chupaba a David con ganas, agarrándose su enorme polla y masturbándose con tranquilidad, sin intervenir.
—¡Aaaah! —rugió David metiéndole algo más de caña y moviendo la cadera adelante y atrás—. Cabrón.
—Mmmmm… Mmmmm…
—Te tengo ganas desde que te vi —dijo el moreno al chico.
—Mmmmm… —masculló Bruno mirándolo.
Aún se la chupó un rato antes de que Arturo les llamase la atención a los dos.
—Venga, dejaos de mariconadas y pon el culo a trabajar, chico.
—Ya va, ya va —dijo David con una sonrisita—. Pensaba que te vendría bien un descaso, viejo.
—Ya te daré yo descanso…
David le sacó la polla de la boca a Bruno, le acarició la cara y le plantó un beso en los labios, sin cortarse.
—Vamos, cariño. Vamos a reventarte el culo entre los dos ¿vale? ¿Crees que podrás con nuestras dos pollas en tu culo?
—¡Síiiiii! —exclamó él, ansioso por tenerlos dentro a los dos—. ¡Por favor…! ¡Folladme! ¡Reventadme!
—Oh, pero que putito…
Bruno se puso sobre Arturo y David se plantó detrás de él en el colchón casi sobre él, con su polla rozando la de Arturo, y con un gruñido se la metió por el culo.
—¡AAAAH! —gimió el chico.
—¡Ooooh! Qué culito tan encantador… ¡Ooooh! —exclamó David mientras Arturo soltaba un gruñido—. Mira cómo se la traga, joder… —masculló y Bruno gimió—. Me encanta.
—¡Aaaaah!
—Muy bien, nene —David se acomodó detrás de él—. Una de dos, y aquí viene la segunda. Vamos allá…
Con un gruñido David la metió en ese culito apretado, haciendo que Bruno soltase otro gemido. Él gimió en respuesta, un gemido que terminó en un gruñido, mientras su polla entraba en ese culo joven; notaba la polla de Arturo junto a la suya, y él chico gemía mientras él se la metía hasta el fondo.
—¡Aaaaah! ¡Joder! —gimió él chico. Arturo lo miraba con tranquilidad mientras la polla de David acababa de entrar—. ¡Aaaaah!
—Eso es, nene —dijo David contra su espalda—. Dos pollas bien gordas solo para ti, como un campeón. Así se hacer joder. —Bruno gimió en respuesta—. ¡Allá vamos, chaval! ¡Aaaaah!
—¡Aaaaah! —Bruno gimió más alto.
Ellos respondieron a sus gemidos con gruñidos y empezaron a follárselo. Empezaron a moverse, dentro de él, a la vez, sus pollas entraban y salían, sin ceremonias, y sin calentamiento, dándolo todo desde el minuto uno.
—¡AAAAAH! —aullaba Bruno como loco, sintiendo cómo esas pollas entraban y salían de dentro—. ¡JODEEEER! ¡AAAAH!
Sus gemidos eran ensordecedores, como una puta en celo, sin quejarse mientras recibía rabos de ese dos tíos; uno de ellos seguramente tenía casi el doble de años que él, y el otro el triple.
—Joder…—masculló Bruno sintiendo cómo esas dos pollas lo taladraban—. ¡Aaaah!
Ambos gruñían a su espalda y en su cara, y le daban polla sin parar.
—¡Ooooh! —gruñó David detrás de él—. Joder…
Arturo respondió gruñendo con las manos del chico agarradas a sus enormes hombros.
—¡Aaaah! —Bruno solo pudo gemir; era lo único que podía hacer.
—¡Cabrón! —aulló Arturo. Sus ojos relampagueaban.
—Me encanta este culo…
—¡Aaaaaah! —gimió Bruno.
Ellos dos gruñían y le decían guarradas mientras se lo follaban, el colchón se movía sin parar y Bruno gemía, mientras sentía cómo esas dos pollas se lo follaban como si estuvieran dispuestos a reventarlo por dentro, y Bruno sentía el placer a cada embestida que le daban, metiéndole hasta el fondo ambas pollas, gimiendo sin parar.
Las manos de Arturo se sujetaban con firmeza sobre su cadera, mientras que la de David le apretaban del hombro tan fuerte que hasta le dolía mientras gruñía a su espalda como un animal salvaje.
—¡Grrr!
—¡Aaaah! —gimió Bruno—. Joder…
—Qué culo… —masculló Arturo bajo él. Sus ojos negros centelleaban—. Vamos, gilipollas —le dijo a David—, no pierdas el ritmo, o tendré que hacer solo todo el trabajo para satisfacer a este putito ¡Oooh!
—¡Cállate, hijo de puta! O serás el próximo al que le meta la polla cuando terminemos de preñar a este cabrón —le espetó él y Arturo rió, divertido.
—¡Aaaah! Joder… —gimió Bruno mientras Arturo sonreía satisfecho por haber picado a su compañero—. ¡Oooooh!
Ambos siguieron dándole polla y Bruno sentía cómo si sus entrañas se estremecieran a cada embestida de esos dos que parecían no perder ritmo y seguían concentrados en follárselo sin parar, taladrándolo, haciéndole gemir mientras ellos dos también gemían de buena gana, y bombeaban. Notaba la piel caliente de Arturo debajo de él.
—¡Aaaah! —gimió sin contenerse. Aquello le encantaba.
Sintió que el agarre de David sobre su hombro se endurecía, presionando más haciéndole soltar otro gemido, aunque no le importó el dolor.
—¡Oooh! Ya casi…¡Oooh! —avisó Arturo.
—Sí ¡Aaaah! —respondió David—. ¡Yo también, joder! ¡Aaaah!
Ambos aumentaron aún más el ritmo y la follada se volvió frenética, sus caderas se movían como locas y las entrañas de Bruno parecían gritar del gusto.
—¡AAAAAH! —gimió Bruno a pleno pulmón mientras se lo follaban.
Ambos gruñían y gemían —«Ooooh…» «Aaaah….» —follándole el culo al máximo, dándolo todo; Bruno solo podía gritar —«AAAAAAH… JODER…»— mientras ambos le reventaban el culo.
—¡¡…AAAAAH!! ¡¡AAAAAH!!
—¡Aaaaah…! Hostia puta… —bufó David—. Ya casi…
—¡Mierda! —gruñó Arturo, sintiendo la polla de David moverse contra la suya; él también estaba a punto. Gruñó con fuerza.
Puede que fuera por la compenetración que tenían después de tantos polvos —después de todo con el sexo se puede conocer muy bien las preferencias de tu compañero de cama—, pero mientras Bruno, berreaba, ambos, exactamente al mismo tiempo, metieron las pollas hasta el fondo del culo del chico —«¡AAAAAAH!!»— y se corrieron.
Sus pollas, empezaron a descargar lefa al mismo tiempo, las dos a la vez, escupiendo lefa dentro de ese culito joven, rellenándolo de lefa caliente de las pollas duras de esos dos machos que le habían reventado el culo.
Con gruñidos, ambos se corrieron dentro de ese culo.
—¡OOOOh! —aulló David.
—¡AAAAAH! —gemía el chico.
David gruñía junto a su oreja, con los ojos cerrados y la cara tensa, enseñando los dientes mientras ambas pollas descargaban trallazos de lefa inundando ese culo desde dentro, llenándolo de semen caliente de esos dos trabucos duros y fuertes. El chico podía sentirlas ambas dentro, bañándose en su propia corrida.
Bruno tenía los ojos abiertos de par en par y recibía la corrida de los dos con la boca abierta mientras el sol iluminaba la habitación.
—¡BUAAAHHH! —aulló Arturo sintiendo las manos del chico sobre su pecho, apretando, recibiendo corrida de las dos pollas. Sus ojos negros brillaban. Y podía ver los ojos de David, detrás del chaval; echaban chispas como si su objetivo fuera destrozar a ese chico. Sintió una brisa veraniega sobre su piel cubierta de sudor, refrescándolo.
David gimió con más suavidad y Arturo soltó otro gruñido, mientras la corrida empezaba a disminuir, pero aún con las pollas dentro de su culo.
Bruno se dejó caer sobre el duro pecho de Arturo, con un gemido. El chaval intentó incorporarse, usando los brazos, pero le temblaban después de semejante follada, le fallaban las fuerzas, y se desplomó sobre el pecho sudado de Arturo, que observaba los intentos del chaval aún con las dos pollas metidas dentro de su culo, y como finalmente se desplomaba sobre su pecho. Le pasó la mano por la cintura con suavidad, mirando a David que sonreía de oreja a oreja, complacido.
Pobre cabroncete, pensó. Igual era demasiado joven para recibir semejante entrenamiento, aunque desde luego era bueno que entrenase. Y aunque estaba reventado sin duda lo había aguantado como todo un campeón.
Eran tres tíos sudados en la misma cama, después de una follada de matrícula.
Y menuda follada.
«Pero que muy buena follada» pensó mientras alargaba la mano para coger una de las almohadas y ponérsela debajo de la cabeza y se acomodaba en la cama, aún con la polla metida dentro del culo del chaval, con sus ojos negros entrecerrados y completamente relajado después de todo ese ejercicio de cardio intensivo.
Con un gruñido, David, con todo el cuerpo brillando por el sudor, se la sacó del culo del chaval, que emitió un débil gemido y Arturo lo miró; tenía los ojos cerrados. David se dejó caer sobre el colchón a su lado. También respiraba agitadamente.
Los tres tirados en esa enorme cama, sudados y exhaustos después de una buena follada, si señor.
El paraíso.
Estuvieron ahí los tres, Bruno dormido, David medio dormido, ni despierto ni dormido, o como mucho ligeramente dormido, somnoliento. El único que permaneció despierto era Arturo.
Los tres se quedaron ahí, en silencio, en lo que le pareció un largo rato, hasta que David notó que Arturo se incorporaba; giró la cabeza y vio su ancha espalda cuando este se levantó de la cama.
—¿Qué estás haciendo? —le preguntó en un susurró para no despertar al chaval.
—¿Tú que crees? Volver al trabajo —respondió—. Aún nos queda trabajo. Y has dejado la puerta de la entrada a medias.
A David le sorprendió su respuesta, solo durante un segundo. Luego sonrió.
—¿En eso es todo lo que piensas? ¿en el trabajo? Joder, tío, vuelve a la cama. Si vamos a muy buen ritmo. Y aquí se está tan bien… —rezongó
—Si no curramos no cobramos, idiota —le replicó Arturo con un tono cansado, aunque ya parecía completamente recuperado de la follada—. Así que no te acomodes mucho, o me quedaré con tu parte del sueldo, cabrón. Deja de sobarte los huevos.
—Hace un rato parecía que te lo pasabas bien jugando con mis huevos —comentó él con una sonrisilla.
Pero Arturo no replicó nada y se marchó de la habitación completamente desnudo, y David aprovechó para mirar esa espalda escultural y fuerte, y ese culo duro como una piedra salir por la puerta. Arturo cerró la puerta al salir.
David se tomó su tiempo, disfrutando del silencio, del calor del cuerpo del chaval contra el suyo y de la brisa que entraba por los ventanales abiertos, pensando en el polvazo que acababan de echar, recordando partes de la follada, en el meneo que le acababan de meter entre los dos, los gemidos del chaval, la sensación de las embestidas mientras hacían el trenecito, los gruñidos de Arturo…
Casi le daba pena que el momento hubiera pasado, pensó mirando a Bruno que dormía plácidamente.
Casi.
Menuda follada.
Sonrió.
Y el capullo de Arturo solo podía pensar en volver al trabajo, joder. Que lástima que no fuera actor porno. Si su trabajo fuera follar…
Aunque había cumplido, definitivamente había cumplido. Y lo había disfrutado, el muy cabrón. Por muy cascarrabias que fuera, lo había gozado.
Notó que la sonrisa se le ensanchaba un poco más oyendo los gruñidos de Arturo en su cabeza y sintiendo el peso y el calor de Bruno sobre su cuerpo.
Un polvazo de matrícula.
*—-*
Empezó a oír martillazos unos cinco minutos más tarde. Sonaban muy amortiguados así que imaginó que estaba en la cocina. Por lo menos había tenido el detalle de irse lo más lejos posible para no despertar al chico.
Se quitó al chaval de encima con cuidado y se aseguró de que seguía profundamente dormido antes de salir de la habitación, echándole un buen repaso a ese chico que en ese momento dormía boca abajo con la cabeza de lado, desnudo y con el culo y las piernas abiertas supurando lefa.
Le dio un buen repaso antes de salir de la habitación. Definitivamente era un encanto de potrillo, pensó, y cerró la puerta para que pudiera seguir durmiendo tranquilamente, aunque fuera solo un poco más.
«Sí que tiene un buen culo el cabrón» pensó con una sonrisa.
Al bajar abajo Arturo estaba desempaquetando los materiales que necesitaban en el salón. Se había puesto los pantalones aunque seguía sin camisa y David pensó que aunque fuera un gruñón seguramente no se había vestido del todo con la esperanza de impresionar al chaval, o a él. O a los dos.
—Ya estoy aquí, jefe —anunció completamente desnudo con la polla al aire. ¿Estoy bien así para trabajar o me pongo algo?
Arturo ni si quiera lo miró mientras desempaquetaba.
—Yo que tú me lo pondría, porque podrías perder los huevos si vas por ahí con los cojones colgando.
David hizo una mueca entre ofendido y divertido.
—Te he preparado café —siguió diciendo Arturo.
—Vaya, ten cuidado o empezaré a pensar que te importo.
—Es para que te espabiles, capullo —dijo Arturo impaciente girando la cabeza para mirarle y David le dedicó una sonrisa.
Tuvo ganas de meterse un poco con él y preguntarle si quería que se vistiera antes o después de tomarse la taza de café, pero lo conocía lo bastante como para saber que solo lo irritaría más, así que fue a la cocina con los cojones colgando.
Al entrar en la cocina vio que había una cafetera preparada, llena y humeante, así que el chaval también podría tomarse una cuando se levantase. Arturo no era tan mal tío, detrás de toda esa mala hostia que tenía.
Se llenó una taza de café y le metió bien de azúcar antes de pegarle un par de tragos, y luego fue al salón a buscar su ropa mientras Arturo seguía desempaquetando cosas y dejó la taza sobre una cómoda para coger sus pantalones del suelo y empezar a vestirse ahí de pie. Se puso los gayumbos y luego los pantalones, y sonrió al oír el silencio y al girar la cabeza pilló a Arturo mirándole.
—¿Quieres una foto? —preguntó.
El arrugó el gesto al instante.
—¡Que te den!
—¿No lo has hecho tú ya?
—Sí —sonrió él, como un lobo—. Y sabes que te encanta.
David sonrió y terminó de ponerse los pantalones y la camisa que se había puesto esa mañana cuando se había puesto a pintar la valla.
Se terminó la taza de café antes de ponerse a trabajar, y durante un buen rato estuvieron usando los martillos y el ruido no era demasiado excesivo, aunque cuando empezaron a usar la radial… David pensó que el chaval no tardaría en bajar.
*—–*
A los minutos bajó por las escaleras, tan desnudo y despeinado como habían bajado los otros dos, que estaban con las herramientas eléctricas en la cocina que hacían un estruendo increíble. Por desgracia ya estaban vestidos y se habían puesto las camisetas, aunque no era que eso los hiciera menos atractivos precisamente.
Arturo fue el primero en verlo y apagó la radial y entonces David se giró y anunció:
—¡Hora de levantarse, dormilón!—anunció alegremente—. Aquí el amigo cascarrabias de la polla enorme nos ha preparado café, te he dejado una taza ahí encima de la cómoda para que no se ensucie. Y tu ropa está tirada por ahí.
—Gracias —dijo Bruno con una agradecida sonrisa—. Aunque mis padres me decían que no aceptase comida de desconocidos.
—¿Desconocidos? —David sonrió—. Después de haberte follado por el culo y hacer el trenecito… esperaba más confianza.
El chico sonrió y fue a por su taza de café.
—Le he puesto bien de azúcar —le informó David después de que este le pegara un trago—. Espero que te guste.
El chaval le sonrió.
—Está perfecto, gracias.
—Sois como dos gotas de agua —masculló Arturo en tono bajo, antes de volver a encender la radial con su sonido rompe tímpanos .
David pensó que, salvo porque su pelo era negro y el del chaval marrón… bien podrían haber sido parientes. Pensar eso le resultó bastante excitante.
Ninguno de los dos dijo nada más y siguieron trabajando, aunque a David le iban los ojos hacia el chaval mientras lo veían tomarse el café en pelota picada explorando el salón con curiosidad. Era como un cachorrito, un cachorrito nuevo y desnudo.
«Definitivamente no me importaría que se quedase un poco más por aquí» pensó David mientras miraba esa espalda y ese culo antes de seguir con su trabajo.
Aun así estaba bastante pendiente de él, viendo cómo se exploraba el salón, desnudo. Vio que Arturo también lo estaba mirando.
—¿Qué pasa? —inquirió Arturo cuando se giró y le pilló sonriéndole. No hizo falta responder nada, la sonrisa de David ya lo decía todo—. ¡Que te jodan!
Desde luego daba gusto tener tanta confianza con alguien y que se llevasen tan bien, pensó David. Alguien así no se encontraba en cualquier parte.
No mucho después el chaval dejó la taza y fue a ponerse justo donde se había puesto David y ambos dejaron de hacer lo que estaban haciendo para ver cómo el chaval ponía el culo en pompa para ponerse los vaqueros.
Acababa de meter una pierna e iba a meter la otra cuando giró la cabeza y los pilló mirándolo. Sonrió. Ninguno de los dos se molestó en apartar la mirada para disimular.
—¿Seguro que no queréis otra ronda antes de que me vaya? —les preguntó como si nada.
—Tentador… —masculló David sonriente.
—Pero tenemos trabajo —dijo Arturo.
Al ver la cara de fastidio que ponía David al oír eso hizo reír al chaval de buena gana.
Siguieron mirando mientras se vestía, antes de volver al trabajo. Bruno se quedó por ahí durante un rato más mientras terminaba su taza de café, ya vestido.
Cuando anunció que se iba para sorpresa de David, Arturo se ofreció a acompañarlo, y aunque supuso que en parte era para asegurarse de que no robase nada —como si fuera a robar un paquete de losas para llevárselas carretera abajo cargado y andando como una puta mula de carga— le sorprendió que Arturo fuera tan amable, y él también dejó las herramientas y salió con ellos al patio para acompañarlos hasta la verja.
En cuanto Arturo abrió la puerta de entrada una moto pasó zumbando como un rayo.
—Parece que tu “amigo” está muy cabreado contigo —comentó David socarrón; había reconocido el modelo del vecino.
—Es igual, es muy paranoico —replicó Bruno con toda tranquilidad.
David rió, divertido, y Arturo masculló:
—Capullo —dijo con desprecio—. ¿Y quedas con alguien así? —le preguntó.
—Está cerca —respondió el chico con un encogimiento de hombros—. Y aún no me he sacado el carnet.
David notó un movimiento y vio que Arturo se metía la mano en el bolsillo.
—Toma —dijo dándole algo a Bruno. Durante una fracción de segundo pensó que era dinero, billetes, para pagarle como a una puta, pero cuando el chaval lo cogió se dio cuenta de que era un trozo de papel—. Es mi número de teléfono —aclaró—. Estaremos por aquí unos días, hasta el lunes. Llama si quieres pasarte… si te entra hambre.
El chico sonrió ante el comentario y se guardó el papel en el bolsillo y David se acordó de porque estar con Arturo era tan genial; él al estar casado no podía ir dándole su número a todo con el que se encontraba, vete a saber si se les ocurría llamar cuando estaba en casa con la familia, o montarte una escenita. Pero Arturo sí que podía.
Ventajas de la soltería.
Bruno les sonrió, encantado y prometió que llamaría, metiéndose el teléfono en el bolsillo. Y David pensó que desde luego lo haría, porque había disfrutado de la follada que le habían metido.
—Encantado de conoceros, chicos.
Arturo sonrió mientras que David respondió:
—Igualmente, nene.
El chico se fue y David aprovechó para asomarse y ver cómo se largaba, y ver ese culo alejándose por la carretera.
—Deja de hacer el tonto —le gruñó Arturo.
David se apartó y Arturo cerró el portón de metal a medio pintar.
—Así que le has dado tu teléfono ¿eh? Eso es que te gusta. Al final no eres tan duro.
—Tiene unos veinte años —replicó Arturo, tranquilamente—. Es como una versión de ti más joven.
—¿Y eso en qué te convierte a ti, viejo verde?
Arturo le respondió con un gruñido irritado.
—Cierra la puta boca —le contestó él—. Encima que consigo que un jovencito se pase por aquí como si fuera pizza caliente…
—Oh, sí —sonrió David—. Este llama esta misma noche para pasar a por su dosis de lefa… Habrá que hacer horas extra —sonrió lascivo de solo imaginárselo.
—Pues habrá que hacerlo. —Arturo sonrió levemente, echando a andar hacia la casa—. Lo que mande el trabajo.
—Te recuerdo que he sido yo el que lo ha enganchado —le dijo David presumido, siguiéndolo—. Tú has llegado después, cabrón.
—Mamón.
—Gilipollas.
Entró en el chalet detrás de él y al poco volvieron a sonar los sonidos de las herramientas eléctricas.
*—*
Durante los siguientes días trabajaban por el día y follaban por la noche, puede que Arturo se lo pusiera un poco difícil a veces, pero lo disfrutaba tanto como él aunque intentase negarlo, y David apostaría a que había dormido más en la cama de Arturo que le habían asignado a él en ese puto chalet.
También habían llamado a Bruno para jugar con él, siempre después de cenar, para que el chico ya viniera cenado y con energía para la fiesta. El chico no tuvo problemas en pasarse por el chalet a pesar de ser de noche, ya que apenas estaba a un kilómetro del pueblo, y en un par de ocasiones consideraron que podía quedarse a dormir ya que el crio caía redondo y no les pareció justo mandarlo a casa a oscuras; y además se lo había currado. Y muy bien.
Normalmente Bruno aparecía en la puerta a los veinte minutos de llamarlo, con una sonrisa en la cara y hambriento de sexo. Y ellos le recibían con la misma mirada, más que dispuestos a complacerle, y jugar.
El vecino podía oírlos desde el chalet de al lado, desde luego no se cortaban un pelo a la hora de hacer jaleo, y en cuanto los gemidos de Bruno empezaban a sonar iba a las ventanas y bajaba las persianas, enfurruñado.
—¡Aaaaaah! Joderr —gimió Bruno—. ¡Aaaaah!
Los tres estaban desnudos en el salón. Bruno estaba de pie delante de David, recostado sobre el sofá mientras Arturo gruñía y le follaba el culo haciéndolo gemir, y David lo miraba lascivamente con sus ojos grises mientras gemía delante de su cara, inmutable, y disfrutando, mientras se masturbaba con toda tranquilidad.
Arturo gruñía como un animal, y el chico lo disfrutaba como un buen putón.
—¡Aaaaah!
—Ven aquí, cariño —dijo David con suavidad, usando la mano libre para atraer la carita del chaval a la suya.
—¡Aaaaah…! ¡Mmmmm! ¡Mmmm!
—¡Mmmmm! —masculló David, cuando sus labios se juntaron y sus lenguas se pusieron a jugar. Arturo gruñó metiéndole la polla a Bruno hasta el fondo, y Bruno interrumpió el beso con un gemido.
—¡Aaaaah! ¡mmmm! —masculló cuando David siguió besándolo—. ¡Aaaah!
David sonrió, observándole y echándole el aliento.
Era genial, le llamabas, y él venía, encantado de la vida y sin exigencias. El panorama gay en ese pueblo enano no sería muy bueno. Y eso les venía genial.
Otra noche estaban en la cocina, sin ropa, otra vez, y habían terminado de follar cuando se fueron a la cocina a tomar algo y David aprovechó la oportunidad para agarrarlo por detrás y ponerlo contra la nueva isla de granito gris que habían colocado en medio de esa puta cocina ese mismo día, y meterle la polla en ese culo jugoso, que Arturo, el lobo dominante, tenía más que olfateado desde que se habían conocido.
Bruno gimió cuando se la metió por el culo, sorprendido, pero no se resistió, y se recostó sobre la nueva isla con suavidad.
—¡Aaaah!
—¿Te gusta la nueva isla de granito? —le preguntó David empezando a bombear, sin el más mínimo interés en la respuesta.
—¡Aaaah! —gimió él y sonrió—. Creo que tanto como a ti te gusta mi culo ¡Aaaah!
—Bueno… —rió David sin dejar de follárselo y haciéndolo gemir con más fuerza—. Es que un cabrón gruñón se ha encariñado con este culo, y no te deja ni respirar —sonrió y Bruno volvió a gemir, dejándose hacer.
Se refería por supuesto a Arturo, que sentado en una de las anticuadas sillas de la cocina que aún no habían tirado para tener donde sentarse, veía con calma cómo David se lo follaba, y cómo Bruno disfrutaba mientras él se bebía de un vaso con un par de dedos de líquido ambarino.
—¡Aaaaah! —gimió Bruno con una sonrisa por las palabras de David, y por un segundo, su compañero de curro y el jovencito lo miraron, sonrientes cachondos y con los ojos brillantes.
Los ojos grises de David brillaban. «Te he calado, ¿eh colega? El nene te gusta ¿y por qué no iba a gustarte? Tan caliente… Tan puto».
Arturo le sostuvo la mirada y le dio otro trago su vaso.
—¡Aaaah!
—¡Ooooh… que culito tienes, encanto!
—¡Aaaah! ¡Aaaah!
Esa noche la fiesta acabó algo tarde, y dejaron que el crio durmiera con ellos, no querían mandarlo a su casa tan tarde, y como la única cama en la que cabían los tres era la principal, esa noche durmieron en ella los tres, en esa cama enorme a estrenar. El chico se despidió de ellos a la mañana siguiente antes de irse, deseándoles una buena jornada de trabajo después de tomarse un café asqueroso.
La última noche de trabajo antes de irse decidieron hacer una cena de despedida, compraron pizza en el pueblo y cuando el chico llegó empezó la fiesta: pizza, alcohol y sexo. ¿Qué más se podía pedir?
De nuevo los tres desnudos en el salón, Bruno y David le comían la polla a Arturo, mientras este comía pizza tumbado en el sofá y ellos le comían la polla.
—¡Mmmmm! ¡Aaaha! —Bruno sonrió a David cuando se sacó la polla de Arturo de la boca. Sus caras estaban tan cerca que sentía la respiración de David acariciándole la cara.
—Está buena, ¿eh? —le preguntó refiriéndose a la polla de Arturo pringada de babas. Sus ojos grises eran como imanes.
Bruno le dedicó una sonrisa. Una sonrisa de cachorrito muy guarrete y cerdito.
—Está que te cagas.
—Mmmm… —masculló David acercando más su cara a la de él para besarle.
—Mmmmm…
Arturo vio cómo se comían los morros mientras le comían la polla y cogió otro trozo de pizza de barbacoa.
—Míranos —le sonrió David después de besarlo—. De completos desconocidos a folladores de primera —sonrió acariciándole la cara del chico, pringada de babas—. De puta madre, cabritillo.
Bruno sonrió conforme y cachondo.
—¡Eh! —David le dio un golpe fuerte en el abdomen a Arturo que gruñó molesto—. Deja de comer, cabrón. Nosotros casi no hemos tocado las pizzas, joder. Y tenemos hambre —Miró a Bruno y el chico sonrió conforme.
—Relájate, joder —le espetó Arturo—. Todavía queda bastante. Y ya os daré yo de cenar —dijo dándole otro voraz mordisco a su trozo de pizza, y gimió del gusto con la boca llena cuando bruno volvió a meterse su polla en la boca.
Aquello era genial. Esa noche follaron con ganas y hasta muy tarde, durmieron juntos en el chalet, y se despidieron del chico con besos y abrazos a la mañana siguiente, cuando empezaba a amanecer.
Casi sentía pena al no volver a verlo más, aunque seguro que el cabroncete no tenía problemas en encontrar a alguien más con quien jugar.
*—-*
Las reformas terminaron según lo previsto y David se encargó de darle la brasa a Arturo por ponerse siempre tan pesado con el trabajo a lo que él respondió que se relajara y cuando David insistió en burlarse de él le amenazó con darle una paliza.
—Que agresivo, jefe —sonrió él.
Al día siguiente el jefe de verdad, el que había contratado a Arturo se pasó por ahí y dictaminó que todo estaba según lo acordado y que todo tenía muy buena pinta, y con todo, intentó regatearles el precio, pero al final consiguieron que les diera lo acordado. David suponía que era porque Arturo intimidaba bastante, y sabía que después de todo le habían hecho un buen trabajo, y por un precio más que razonable.
Al día siguiente sobre las cinco de la tarde salió de la casa con Arturo y ambos se sonrieron satisfechos, y se despidieron bajo el sol de la tarde, dándose la mano.
—Nos vemos pronto, cabrón —le dijo David con una sonrisa.
—Puedes apostarte el culo, gilipollas —le sonrió él.
—Ya, pues hazme un favor y no me hagas esperar tanto para volver a verte. Puedes pasarte a saludar. Además —añadió—, así conoces a los críos.
—Ya, y así tú no pasarás hambre ¿eh, so mamón?
—Daaa, con mi mujer delante va a ser complicado, tío —replicó él con una media sonrisa. Sus ojos grises destellaron—. Sería demasiado arriesgado, así que no creo.
—Ya. —Arturo le sonrió, escéptico—. Seguro que se te ocurre algo; el hambre agudiza el ingenio.
Ambos rieron, divertidos, aunque cuando terminaron de reír Arturo le sonrió amistoso a David, viendo por donde iban los tiros.
—Supuse que con los críos te vendría bien algo de espacio.
—Ya.
—Estuve a punto de no llamarte.
—Pues hazme el favor y llama, cabrón. Con tres bocas más que alimentar, el dinero nunca está de más.
—Ya. Estoy bastante seguro de que son cuatro bocas las que hay que alimentar —sonrió Arturo—. Cinco si contamos al chaval.
Sí, claro. Solo que alimentar Bruno les salía gratis. Prácticamente gratis.
Compartieron una sonrisa cómplice.
—Nos vemos pronto, tío.
Se dieron la mano y se abrazaron y se palmearon las espaldas.
—Nos vemos —dijo Arturo junto a su oído. Y luego deslizó la mano por su espalda hasta agarrarle un cachete del culo con la mano y David sonrió mientras se separaban—. Y gracias por la botella de bourbon.
Se apartaron y subieron a sus vehículos y la camioneta de Arturo no tardó en salir y enfilar la carretera, despidiéndose con la mano, y David lo vio alejarse antes de llamar a Elena en una videollamada.
—Voy saliendo para allá, cariño —le dijo cuando le cogió la llamada y su cara apareció en la pantalla de su móvil—. Cojo el coche y me planto allí en un santiamén.
—¡Perfecto! —celebró ella.
Hablaron del sueldo, el trabajo, lo que había dicho el contratista, y luego tocó hablar con los chicos que se dedicaron a balbucear y agitar sus manitas hacia él con alegría. Y luego habló un rato más con Elena y colgó antes de subirse al coche; la verdad era que tenía ganas de verlos.
Durante el camino de vuelta —que se le hizo increíblemente corto— cantó la música de la radio y pensó en los polvos que había echado esos días lejos del hogar. La vida brillaba cuando se tenía los bolsillos llenos de dinero y se follaba a gusto.
La imagen de Bruno gimiendo mientras él le metía la polla y se lo follaba contra la encimera destelló en su cabeza. Era guapete el cabrón…
«Buen chico…» pensó con una sonrisa, oyendo sus gemidos en su cabeza.
Y Arturo aún tenía su teléfono. Puede que volvieran a verse; el viejo Arturo parecía duro, pero sabía que el crio se lo había ganado por muchos tacos que dijera cuando él sacaba el tema.
Hizo varias paradas en gasolineras, para repostar, contento y satisfecho. Tenía dinero, había follado hasta hartarse, había conocido a un jovencito que follaba de lujo. Tenía dinero, repitió con una gran sonrisa.
¿Por qué no iba a sonreír? La vida era brillante. Resplandecía.
Siguió por la carretera con una sonrisa en la cara y llegó a casa con la canción Carry On Wayward Son de Kansas en la radio; cuando el sol estaba ya escondiéndose, y ya estaba anocheciendo.
Se sentía optimista y satisfecho. Qué bella era la vida.
*—-*
Los chicos estaban jugando en el jardín mientras que Elena estaba sentada en los escalones de la entrada de la casa; se habían negado a dormir la siesta, como si entendieran que su padre volvía, demasiado emocionados por su llegada como para dormir, y habían estado jugando toda la tarde; esa noche caerían redondos en la cama en cuanto terminasen de cenar.
Elena se levantó cuando aparcó y se apeó del coche mientras los chicos iban corriendo hacia él agitando las manitas y llamándolo a gritos.
—¡¡Papáaa!!
—¡Mis chicos! —rió, cogiendo a Pepe y Pablo, uno en cada brazo, y cruzando el terreno para llegar hasta Elena que llevaba al pequeño Pere en brazos mientras los otros dos daban palmitas en sus brazos con amplias sonrisas y ojos brillantes.
—Hola, extraño —sonrió ella.
—Hola, señora —le contestó él y le plantó un beso en labios con cuidado de no aplastar a los críos que se limitaron a dar palmaditas y mirarlos sonrientes. Seguramente en unos años harían muecas de asco y hasta se pondrían enfermos de solo verlos besarse ¿Y quién quiere ver a sus padres morreándose?
—¿Qué tal el trabajo, papá oso? —le preguntó ella mientras se dirigían hacia la puerta de entrada con los críos balbuceando felices.
«De puta madre».
—Estupendamente, cariño —respondió él con una de sus arrebatadoras sonrisas pícaras—. Ya sabes, lo de siempre.
Y entraron. David cerró la puerta al pasar con un movimiento del pie, con los chicos en brazos.
Bonus
En la casa de David hacía un sol radiante, pero en el norte, en la tierra de Bruno, por la tarde había empezado a nublarse y a las siete de la tarde el cielo estaba cubierto completamente por nubes plomizas, densas y grises y al poco de que David fuera recibido por su mujer y la hermana de esta —que acabaría quedándose a cenar mientras David le contaba que el trabajo había estado “bien” sin entrar en demasiados detalles— los truenos empezaron a recorrer el cielo y el agua empezó a descargar,
Bruno estaba en su cuarto, sin camiseta, desnudo y tirado en su cama. La brisa veraniega ahora refrescaba, y era bastante fría. Tenía los pezones duros y erectos, pero a él le gustaba. Y vaya, definitivamente estaba cayendo una buena.
El móvil empezó a sonar y al mirar se sorprendió que fuera Arturo, puesto que en teoría se había despedido de ellos esa mañana, y en teoría no iban a volver a verse.
Cogió la llamada.
—Estoy en un motel de la zona —le dijo Arturo sin rodeos—. ¿Te apetece venirte?
Una sonrisa se le dibujó en la cara.
—Me encantaría.
—Guay. Dime donde y voy a recogerte.
«Míranos. De completos desconocidos a folladores de primera. De puta madre, cabritillo» dijo la voz de David en la cabeza del chico.
Bruno se lo dijo con una sonrisa, deseando otra dosis de sexo y polla.
FIN
Gracias por las lecturas, comentarios y correos a [email protected]
Y gracias por las valoraciones y correos de mi anterior proyecto. Muchas gracias, chic@s
Besos y abrazos.
