Me cogió mi maestro de natación

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Hace unos meses viajé con mi esposa a un pueblito de Veracruz, México. A unos metros del restaurante donde almorzamos pasa un río y alguien comenzó a pedir auxilio porque se estaba ahogando un joven. A pesar que tuve el impulso de ir a ayudar, me contuve, porque recordé que a mis 50 años de edad no sé nadar. Mi esposa lo rescató y le dio los primeros auxilios.

Me prometí que al regresar a la ciudad aprendería natación. Me inscribí en una escuela especializada y acudía todas las tardes. Me asignaron como instructor a Federico, de complexión atlética, alto y con mucha paciencia, de unos 35 años de edad.

Noté que cuando estábamos en el agua me pasaba rozando las nalgas y muchas veces, mientras me daba indicaciones, se me pegaba bastante y sentía algo duro. La verdad es que me gustaban esos roces y me provocaban excitación y obviamente mi instructor aprovechaba para tocarme el paquete.

Así estuvimos durante varios días, hasta que el viernes nos despedimos en los vestidores y cuando nos dimos un abrazo, nuestras caras quedaron muy juntas y nos besamos, nos dimos varios besos bastante cachondos que nuestras vergas se pararon y chocaban una con otra.

Me invitó a su departamento y lo seguí con mi coche. Una vez dentro, nos besamos como dos enamorados, al tiempo que nos tocábamos y quitábamos nuestras prendas que quedaron esparcidas en la sala. Era tanta la calentura que cuando él quiso ponerse a mamarme la verga, también lo deseaba, por lo que optamos por un maravilloso 69, además de mamarnos el culo y meternos los dedos para empezar a dilatarlo.

Después de darnos unas ricas mamadas y cogidas, nos confesamos que desde el primer día nos gustamos y que esta relación es maravillosa y seremos muy discretos para que en la escuela de natación no se den cuenta, porque podrían despedirlo y a mi cancelarme la membresía, aunque varias veces hemos hecho el amor en la regadera una vez que me termina de entrenar.

Mi maestro de natación tiene una verga espectacular, con una enorme cabeza, que cada que me entra siento que me taladra en lo más profundo de mi ser y solo de pensarlo me empiezo a mojar y ahorita que escribo este relato, estoy metiéndome dos dedos en el culito.

A pesar que ya he tenido otras experiencias homosexuales, lo que estoy viviendo con mi profesor de natación es distinto, estoy enamorado, lo amo, no puedo ni quiero dejarlo y se ha ganado mi amor porque sabe cómo tratarme, me besa de pies a cabeza, me dice al oído que soy lo mejor que le ha pasado y también me lo repite cuando me tiene con toda su verga dentro de mi culito. Me gusta que me mame el culito, me lo llena de saliva y después me mete hasta tres dedos, lo que me pone a mil.

Me gusta meterme su vergota en la boca, tragarme su leche, no me gusta desperdiciarla, me gusta que también me llene el culito de leche, me gusta ser su perrita, le encanta que le pida más y más verga.

El fin de semana que mi esposa se fue a visitar a sus papás a una ciudad que está a seis horas, me la pasé en casa de mi amorcito, donde desayuné, comí y cené verga y leche calentita. Nos bañamos juntos, me empinó en la taza y me dio una rica cogida, me gusta ser pasivo, para disfrutar de ese enorme rabo que se carga.

Gracias maestro por enseñarme a nadar y a coger bien rico contigo. Les cuento que estoy feliz en esta relación, la disfruto, me gusta cómo me coge mi amante.

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