Confesiones | 5.522 lecturas | 04:00

Confesión a mi Mujer

Luis y Lourdes estaban en su espacio íntimo, ese lugar en el que las palabras brotan con la misma facilidad que los susurros al oído. El dormitorio en penumbra, iluminado por la tenue luz de unas velas aromáticas, parecía el escenario perfecto para confiar secretos que iluminaban la faz de su lujuria. Lourdes, “Nena” para él, se encontraba envuelta en una bata de satén, mientras Luis, desnudo, se revolvía entre las sábanas con nerviosismo.

Un día como cualquier otro, Luis, acarició con delicadeza el rostro de su amada. Sin poder evitarlo, las palabras comenzaron a brotar de su boca con una mezcla de miedo y excitación. “Nena”, comenzó, “tenemos una vida sexual extraordinaria, siento que puedo confesarte todo, incluso mis fantasías más profundas y secretas”.

Un destello de sorpresa y expectación se encendió en los ojos almendrados de Lourdes. Mantuvo la calma, se mordió el labio inferior sugestivamente y dijo: “Eso es lo que más amo de ti, Amor. No hay secretos entre nosotros. Dime, ¿qué sueñas cuando cierras los ojos y piensas en alcanzar el clímax?”

Fue entonces cuando Luis sintió vibrar las cuerdas de su valentía. “Sé que puede sonar extraño”, comenzó Luis con los ojos cerrados, “pero… últimamente he fantaseado con la idea de ser penetrado. Incluso, me he dejado llevar pensando que mamaba una verga dura y caliente”. No hubo desprecio en el rostro de Lourdes, solo un interés candente y auténtico que tranquilizó a Luis.

“Me interesa saber, ¿por qué te atrae esa fantasía?” preguntó Lourdes. Y Luis le explicó con detalle cómo la idea de someterse, de sentir la vulnerabilidad de ser penetrado, alimentaba su excitación. Habló de la curiosidad por experimentar sensaciones nuevas, de cómo la idea de mamar un pene le resultaba intrigante y retadora.

Luis le platicó que de joven, había tenído una relación frugal con un amigo mas grande qué el. No me gusta besar o acariciar a un hombre… “es solo el placer de poder mamar y de que mas caliente llegando a los limites, me penetren y hagan que me venga sin tocarme, sn meter las manos… sin masturbarme”. “Cuando estoy solo es mas fuerte, cuando estoy contigo, es más rapido… es decir que cuando estoy contigo las barreras se rompen más fácilc y siento que puedo desear todo….”

Su confesión fue compleja pues Luis trataba de descubrir y compartir los orígenes de su nuevo deseo. Comprendiendo que esta pulsión sexual no debería atentar contra su identidad ni su relación, sino que simplemente era una forma diferente de experimentar el placer.

Lourdes, que siempre había respetado y valorado la profunda conexión sexual que compartían, escuchó cada palabra que Luis pronunció, ponderando cada una de sus palabras. ¿Cómo podría afectar esto a su relación? ¿Estaba preparada para ser la persona que Luis necesitaba para explorar esta faceta de su sexualidad?

No había histeria ni rechazo, solo una mujer madura, tratando de descifrar una nueva ruta en el mapa sexual de su marido. Fue entonces cuando comprendió, ese era solo el primer paso hacia un viaje de exploración y descubrimiento, uno que podrían emprender o no juntos.

El rostro de Lourdes, adornado con una expresión de profundo pensamiento, estaba iluminado por la cálida luz de las velas. sus ojos, siempre llenos de pasión y curiosidad, parpadeaban lentamente mientras asimilaba la confesión de su marido. Había algo en su mirada, una decisión silenciosa que prometía aventuras futuras.

“Amor,” comenzó, con voz suave. “Es natural que nuestras fantasías evolucionen a medida que exploramos nuestra sexualidad. Estoy dispuesta a embarcarme en este viaje contigo. Pero debes entender, esto no sucederá de la noche a la mañana. Podemos comenzar despacio. No hay prisa. Lo importante es que confíes en mí”.

Ella extendió la mano hacia él, ofreciéndole una pequeña sonrisa. Luis tomó la mano extendida con la suya, intercalando sus dedos con los de ella, y juntos se zambulleron en un nuevo capítulo de su historia juntos. Este era un viaje que recorrerían juntos, explorando nuevas fronteras de su intimidad, siempre a su propio ritmo, siempre con respeto y consideración por las necesidades del otro.

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