Vacaciones y BDSM – Parte 1: El esclavo del turista

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Hace unos cuantos años, mientras aún estudiaba, estuve de vacaciones en Sudamérica y me encantó, por muchos motivos. Me gustaría contarles una experiencia extraordinaria que tuve en ese viaje.
Uno de los involucrados me pidió absoluta reserva sobre su identidad, por lo que algunos datos van a ser un poco imprecisos. Os pido disculpas por eso.
Yo estaba en la terraza de un bar, en una parte bastante turística de una ciudad (no pequeña , pero tampoco demasiado grande). Desde el otro lado de la calle, me miraba un hombre realmente HERMOSO. Cabello rubio y cara de ángel pero con un cuerpo de machote, pero machote de verdad. Muy cachas, con musculosa blanca y bermuda de jeans.
Cuando terminé mi cerveza, salí y le pregunté cualquier tontería sobre dónde quedaba un museo. Grata sorpresa cuando se ofreció a acompañarme para que no me perdiera.
Le hice un par de preguntas sobre el museo, pero no sabía mucho sobre eso. Entonces cambié de tema y pregunté qué más había para visitar en la ciudad.
Fuimos a un parque muy lindo (en bicicleta, así que tuve que alquilar una). Y allí estuvimos charlando, de viajes, de deportes y del gimnasio.
Luego le dije que tenía hambre, entonces me invitó a su casa. Por supuesto que acepté.
Fuimos a una casa bastante grande (me sorprendió que alguien de su edad y viviendo solo tuviera una casa de ese tamaño. Quizás unos 200 metros cuadrados, y luego descubriría que también tenía un sótano). Me contó que la compró en ruinas, con la ayuda financiera de su familia, y que luego la reparó él solo. Mucho trabajo.
-Ahora entiendo de dónde sacaste ese cuerpo tan lindo.
-Bueno, me paso bastante tiempo haciendo fierro.
-Con muy buenos resultados.
Se sonrojó un poco y miró hacia abajo. Lotería! Me encantan los tímidos.
-¿Entramos y tomamos algo fresco?
-Si me encantaría, con el calor que hace y la bicicleta estoy bastante sofocado.
-¿Te gusta la limonada?
– Sí, perfecto. (En realidad no, pero no importaba).
-Si querés, podés darte una ducha fresca también.
-Me encanta la idea de que nos bañemos.- Dije tirando los tejos.
Para mí desilusión, me mostró dónde era el baño y luego salió. Me sentí un poco desconcertado, pero bueno, ya vería cómo hacer.
Cuando me estaba enjuagando la cabeza, él entró en la ducha. Estaba súper empalmado, su polla no era tan grande (luego supe que eran 14cm). Pero madre mía, era la personificación de la belleza masculina, parecía una escultura de Miguel Angel.
Enseguida empezamos a besarnos y a enjabonarnos mutuamente.
En un momento, mientras me enjabonaba la raja, intentó meterme un dedo.
-Ey! Que yo soy sólo activo.
-Mierda! Yo también
-Bueno, dos activos igual pueden divertirse mucho.
Empezamos a reírnos, y seguimos jugando con el jabón.
Luego fuimos a la cama, así mojados, y continuamos con los juegos.
Le besé el cuello y el pecho, me encantó mordisquear sus tetillas porque eso lo puso eléctrico. Me encanta encontrar los puntos erógenos de un chico, no hay nada más interesante que investigar un cuerpo masculino. También olí y chupé sus axilas, tiene muy
poco pelo, pero igual era un poco difícil. Y el se reía mucho por las cosquillas. Seguí hacia abajo, por un abdomen cuadriculado y lampiño, hasta llegar a un pubis rubio y poco abundante. Al chuparle la polla, yo también gocé mucho, quería comerle los huevos (aunque me resultó un poco difícil por sus hermosos pelos rubios).
También pude chuparle el culo, mientras le tocaba esos glúteos enormes.
Luego él sacó preservativos de la mesa de luz, al principio me pareció raro; pero luego ví que tenían sabor chocolate. Se puso uno y después me puso un preservativo a mí. Quería correrse en mi boca. Volví a meterme su polla en la boca y él a tragarse la mía. En muy poquito tiempo los dos nos corrimos, él un poco antes que yo.
Él se levantó y fue a por más limonada, al salir de la habitación, yo miraba cómo se movía su culo, dos globos hermosos y tensos.
Nos levantamos, nos vestimos y fuimos un rato al jardín. Allí en la tumbona, estábamos en una parte donde no podían vernos los vecinos; entonces me animé y volví a comerle el rabo, qué morbo ver su pubis rubio!! Esa vez no acabó en mi boca sino que lo masturbé hasta que su pecho quedó lleno de su propia leche. Me quité el short, me senté a horcajadas sobre él y me masturbé, tirando toda mi lefa sobre su cara, pecho y abdomen. Su ombligo era un lago de semen (suyo y mío).
Fuimos a ducharnos de nuevo, y yo tenía que irme para devolver la bici.
Le pedí desodorante, y me dijo que lo tomara del armario. Adentro del mismo encontré un bolso con el logotipo de Mr M. Yo nunca estuve involucrado en el BDSM, pero he visto algunos vídeos porno de esa tendencia, y luego me llegó publicidad de esa marca.
Fui todo el camino pensando en eso, y de nuevo con un poco de morbo por el asunto.
Llegamos justo antes de que cerrara la tienda de bicicletas.
Mientras caminábamos por la calle dije:
-Te invito a comer algo, estoy muerto de hambre. Gastamos mucha energía entre la bici y el sexo, y no hemos comido nada.
-Ah, yo te vi comer bastante.- Dijo entre risas.- Me gustó mucho el sexo contigo.
-Jaja. A mí también!
Al final fuimos a un bar. Sin ningún cuidado solté la pregunta:
-¿Tú practicas el Bondage?
Se quedó como congelado por unos instantes, era obvio que no sabía qué responder.
-¿Porqué preguntás eso?
-Perdona, no quise ser invasivo. Es sólo que ví el bolso de Mr M en el armario de tu baño, y me dió curiosidad, también un poco de morbo.
-Ah!!!!! (Se llevó una mano a la cabeza). Me olvidé de guardarlo en su lugar.
-OK. Me gustaría hacerte un par de preguntas sobre el tema, yo estudio psicología y hacer una entrevista sobre el tema me vendría genial (no era cierto, pero sí era una buena excusa).
-MMM. No sé. Es un tema delicado.
-No tienes nada qué perder. Naturalmente, te garantizo el anonimato.
-No es un tema que yo hable mucho.
-Lo entiendo, pero como te dije, nadie se enterará. Además, tengo la intuición de que te haría bien hablar sobre eso. ¿Tienes un sub permanente? (Le pregunté casi susurrando, porque obviamente no quería que el resto de la gente lo escuchara).
– Mejor hablamos después sobre esto.
-OK.
Terminamos de comer en silencio y fuimos a una plaza, donde nos sentamos, muy alejados del resto de la gente. Yo no quería volver a sacar el tema, porque él estaba un poco conmocionado. Creí que lo mejor era esperar. En un momento, se decidió a hablar.
-Para mí es muy difícil hablar de esto. Sólo lo he comentado con un par de personas. Yo fui el esclavo de otro chico, pero ahora no puedo contarte mucho más sobre esto.
-Entiendo…
-Sé que puede parecer raro…
-Me encantaría hacerte algunas preguntas, si te sientes preparado para responderlas.
-OK. Tenés razón en que me haría bien hablar, a veces me siento atragantado.
-Bien, te voy a dejar algunos días tranquilo, sigo con mi viaje de mochilero, y puedo volver a esta ciudad para hacer la entrevista.
-La entrevista es muy importante para vos. ¿Cierto?
-Sí. Pero no quiero presionarte.
-No me presionás.
–Genial, me interesa mucho, y me serviría para mí carrera (volví a mentirle).
-Bien. Pero estoy pensando algo más…
-Te escucho.
-Si querés hacer la entrevista, vas a tener que pagar un precio…
Depende…
-¿No te lo imaginás?
-Creo que sí: quieres follarme.
-Quiero ser tu Master.
-No! Eso es demasiado!
-No es negociable.
-Déjame pensarlo.
-OK. Mañana paso a buscarte por tu Hostel, y te acompaño a la terminal. Entonces me respondés.
De alguna manera se habían invertido los papeles, al principio él era el frágil y yo el negociador. Ahora él tenía la sartén por el mango y yo estaba dudando.
Esa situación me dejó muy caliente. En el hostel no podía dormir, y estaba empalmado de nuevo. Tuve que levantarme al baño (por suerte eran individuales) y hacerme una puñeta.
Al otro día, me esperaba en la puerta, su sonrisa era enorme al saludar. Tanto brillo tenía esa sonrisa, que eclipsaba su corpachón perfecto.
Obviamente acepté su propuesta.
Cuando se lo dije, me abrazó, y eso me hizo sentir calor en el alma. Fue hermoso.
-Quedate tranquilo, todo es para que disfrutemos los dos. Acá te doy una lista con las reglas: sé que vas a disfrutar mucho.
1- no hay daño permanente.
2- no hay sangre, orina ni escatología.
3- todo va a ser privado, nada en público.
4- vas a hablar sólo para responderme, si yo no te pregunto algo, silencio.
5- vas a elegir una palabra de seguridad, si la usas, se detiene de inmediato lo que estemos haciendo.
6- si usás la palabra, te vas inmediatamente y no hay más contacto (tampoco entrevista).
7- va durar desde el viernes al anochecer hasta el lunes temprano.
Al despedirse me volvió a abrazarme (creo que fue el abrazo más cálido de mi vida) y me dijo:
-El finde serás mi esclavo, pero a partir del lunes te voy a tratar como un rey.

Es la primera vez que escribo una historia. Cualquier feedback es bienvenido comenta

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