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Mi extraña esposa excitada al máximo y sin bragas

Hoy jueves acabo de llegar del trabajo y me he tumbado cómodamente en el sofá para ver cualquier programa de televisión y evadirme de los problemas suscitados durante la jornada laboral. No llevaba ni media hora echado en el sofá cuando Chelo se ha presentado en casa con la cara desencajada, venia con una expresión de lujuria, de deseo sexual, de estar terriblemente caliente y no me equivoqué. Le pregunté:

– ¿Que te ocurre?.

A lo que ella me respondió:

– No te vas a creer lo que me ha ocurrido, vengo excitada al máximo, tengo las bragas completamente mojadas, necesito ahora mismo que me calmes este furor uterino.

Y se sentó a mi lado frotándose su sexo por encima del pantalón. Yo le pregunté entusiasmado:

– Cuéntame, rápido cuéntame que te ha ocurrido.

Seguidamente, y sin dejar de frotarse su coño, me contó lo siguiente:

– Cuando regresaba del trabajo, en el autobús, este venia repleto, veníamos apretados unos contra otros, en un momento dado y cuando el conductor ha realizado una maniobra brusca he sentido que detrás de mi se colocaba una persona, notando como restregaba su miembro contra mi culo. Al momento he tenido intención de retirarme, pero al sentir que tenia unas dimensiones demasiado grandes me ha invadido una cierta curiosidad, al instante y después de algún frenazo intempestivo notaba como ese miembro de proporciones exageradas se iba hinchando y se pegaba cada vez mas a mi culo. Yo cada vez estaba más caliente y los labios del coño se estaban entreabriendo y los jugos internos me salían inundando las bragas y las ingles. Ha llegado un momento que yo movía mis caderas hacia los lados para sentir mejor ese aparato al mismo tiempo que el hombre arremetía con verdadera saña sobre mis nalgas. He llegado a pensar en bajar la mano para coger esa herramienta y hacerle una verdadera paja. Menos mal que cuando ya tenia la intención el autobús ha realizado la parada para bajarnos. Yo sin mirar me he venido para casa esperando que ese ardor que tengo entre las piernas me lo puedas apaciguar.

Yo sonreía abiertamente de la exposición que había hecho y sobretodo del énfasis que estaba poniendo en restregarse su concha por encima del pantalón. Entonces se me ocurrió una idea genial. Le dije:

– Chelo ponte atractiva y guapa que vamos a salir.

A lo que ella me contestó:

– Pero antes déjame un poco tranquila.

A lo que le contesté:

– No te preocupes que esta noche te vas a quedar satisfecha plenamente, hazme caso.

Refunfuñando se fue para el dormitorio y al momento apareció con un vestido minifaldero dejando ver la mitad de sus muslos y atado al cuello con dos tiras teniendo la espalda totalmente al descubierto y dejando ver el empiece de sus senos. Solo de verla me excité.

En el interior del coche le propuse:

– Te voy a llevar a un cine de barrio donde proyectan una película porno.

Cuando llegamos a la sala esta ya había empezado y en semipenumbra nos sentamos en las butacas de las ultimas filas. Mirando Chelo a su alrededor me indicó revolviéndose en su asiento:

– Mira a tu izquierda para que veas lo que están haciendo esos dos.

Yo gire la mirada hacia donde me indicaba y vi a un hombre semiechado en la butaca mientras otro le hacia una felación. Tanto por esta visión como por la de la propia película mi mujer estaba que echaba chispas ya que no hacia mas que tentarse y frotarse su vagina. Entonces y lentamente me levanté de mi asiento y fui hacia un señor corpulento (mas bien gordezuelo) de unos 50 años y le dije:

– Desea sentarse al lado de mi señora para que lo pueda masturbar, pero con la condición de que usted no haga nada.

El hombre asintió y rápidamente me siguió hasta sentarse al lado derecho de mi mujer. Yo rápidamente le dije al oído:

– Entorna los ojos recuesta tu cabeza sobre mi pecho, extiende la mano a tu derecha y da rienda suelta a tu imaginación.

Tal y como se lo había dicho así hizo encontrándose con la polla del que tenia al lado. Al instante noté como su cuerpo temblaba no sé si de lujuria o de miedo, pero observé como lentamente seguía tocando todos los rincones del miembro. Noté como la respiración se hacia cada vez mas fuerte y más deprisa. La mano de mi mujer tenia movimientos convulsivos y frenéticos hacia arriba y hacia abajo apretando fuertemente la polla del vecino. Al cabo de un rato la masturbación llego a su final llenando de leche totalmente la mano de Chelo, ella siguió dulcemente acariciando el sexo masculino hasta que dio por finalizada su tarea. Al instante me dijo:

– Por favor Juan, vamonos.

Nos levantamos de nuestros asientos y nos dirigimos a la calle. Cuando estábamos fuera le pregunté:

– ¿Que tal?.

A lo que ella me respondió:

– Eres un cabronazo tengo el chocho completamente chorreando llévame a casa y fóllame por todos los sitios que quieras pero necesito joder.

– No te preocupes que te voy a llevar a un lugar donde puedas realmente satisfacerte completamente. Hoy vas a llegar a casa inundada de placer – le respondí.

Y ella me contestó:

– Pues vamos rápidamente porque ya no aguanto más.

Nos trasladamos en el coche a un pequeño pub del extrarradio de la ciudad. Yo lo conozco porque en algunas ocasiones hemos estado de juergas en él. Tiene la particularidad de que existe un altillo por encima de las mesas cuyo suelo es de cristal transparente y se ve perfectamente desde abajo toda la parte superior. Cuando llegamos estaban cuatro mocetones jugando a las cartas (edades comprendidas entre los 24 y 28 años), un chico moreno y bien parecido de unos 25 años en un rincón del establecimiento y un hombre de unos 35 años en la barra tomándose una copa y hablando con el camarero. Todos se volvieron cuando entramos mirando con lujuria a Chelo. Ella se sonrojó un poco al ver las miradas ansiosas sobre su cuerpo y estrechándose conmigo nos sentamos en dos taburetes de la barra. Le pedimos al camarero nos sirviera dos copas y le dije a mi mujer al oído:

– ¿Con cual de ellos te apetecería hacértelo?

– Ahora mismo como estoy con cualquiera pero el joven del rincón está buenísimo – dijo ella.

Entonces le dije:

– Ven conmigo al cuarto de arriba.

Ella complaciente se dejo llevar. Desde lo alto pude ver como miraban todos para contemplar las piernas y los glúteos de mi mujer. Entonces le dije:

– Espera un momento aquí.

Y sin decir nada mas me encaminé hacia la puerta del pub y cerrando la puerta (con la aprobación del dueño) le dije al chico moreno:

– ¿Te gustaría follártela?.

El chico respondió que si y yo le indiqué el camino con la mirada. El joven subió deprisa las escaleras y encontrándose de frente con Chelo se quedó parado en mitad de la estancia. Ella mirándolo con verdadera ansia se le acercó y le dio un largo y cálido beso, a continuación se apretaron sus cuerpos y la mano hábil de mi mujer se la paso por toda la bragueta estrujándole el miembro. El chico sin poder contenerse se bajó los pantalones enseñando su polla tiesa y levantándole el vestido la echó sobre el sofá. Sin quitarle las bragas ya que se las retiró hacia un lado le metió toda su polla dentro de su chorreante conejo. Dando embestidas como un poseso se corrió al momento.

Yo que estaba contemplando el espectáculo (como todos los presentes) y antes de que se enfriara la situación le indiqué a dos jóvenes (de los cuatro) si ellos querían seguir con la función. Los dos rápidamente se dirigieron a la estancia superior. Chelo no había tenido tiempo de arreglarse el vestido cuando los dos jóvenes se pusieron uno a cada lado y le desabrocharon la parte superior dejándole las tetas al aire. Uno se puso a comerle los pezones y el otro agachándose le quito las bragas y empezó a chuparle su coño. Ella se recostó aun más en el sofá. A continuación los chicos se desvistieron y sacando sus penes se lo pasaban por la boca y por el cuerpo de Chelo. Ella se retorcía de placer. Y fue cuando tomó la iniciativa tomo la polla de uno y se la metió en la boca, al otro joven lo sentó en el camastro y se puso encima de él dándole la espalda (de ese modo podía estar comiéndose la otra polla). Así continuaron un rato y cuando vi que los dos chicos se corrían sobre mi mujer le dije a los tres restantes espectadores:

– No dejéis pasar la ocasión y podéis subir.

Como resortes se presentaron los tres. Mi mujer se quedó sorprendida pero ellos no la dejaron ni respirar. El mas mayor la volteó y le metió su tranca, ya tiesa, por atrás mientras los otros se dedicaban a cogerle los pezones. Ella mientras les cogía las pollas y otras veces se las engullía en su boca, al rato la pusieron sobre una mesa de la estancia echada sobre ella y uno tras otro se la fueron follando incluso el primer joven, que su picha se había vuelto a hinchar, participó otra vez follándosela de nuevo. Todos acabaron corriéndose unos dentro de su vagina y otros por el cuerpo de ella. Totalmente exhausta (llevaba las piernas un poco abiertas) nos retiramos para casa.

En el viaje de regreso me dijo:

– Me has hecho ver el firmamento entero, me he corrido cinco veces, eres un grandísimo cabronazo, pero soy feliz a tu lado.

Y dándome un beso largo y cálido llegamos a nuestra casa.

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