Mi amigo y yo

Hola, es un placer contar mi historia. En mi época adolescente, con 19 años ya cumplidos, conocí a un chico que me encantaba. Los primeros dos años anduvimos todo el tiempo juntos; por dentro me moría de ganas de decirle que me gustaba, pero todo tuvo su tiempo. Sus ojos eran verdes como el agua, su sonrisa hermosa y sus labios divinos.

El último año de preparatoria fue especial. Un día en su casa, estuvimos hablando y jugando. Se me ocurrió acercarme; nos quedamos frente a frente y creo que él entendió el mensaje. Ya no me resistía a sentirlo. Para entonces, él sabía que me encantaba usar ropa interior femenina: llevaba pantalones ajustados de mujer y cabello largo. Empezó como un juego con un beso rico; sentí sus labios y me puse roja por dentro. Nos abrazamos, y estoy segura de que él deseaba besarme tanto como yo a él.

Lo acaricié, lo hice sentir rico, y él me agarró en un abrazo fuerte. Me levantó y fui a la cocina; me siguió y me abrazó por detrás. Sentí que estaba excitado. Lo toqué abajo y palpé su miembro duro. Me volteó y nos besamos con pasión. Al fin estaba con la persona que siempre había querido. De repente, le quité la playera y admiré su cuerpo musculoso y su abdomen perfecto. Empecé a besarlo por todo ese bello torso.

Nos fuimos al sillón. Le quité el cinturón y el pantalón; en su bóxer, lo vi excitado. Me levanté, me quité el suéter —llevaba una playera rosa— y él me la sacó. Yo también estaba excitada. Me bajó los pantalones, revelando mi ropa de encaje: una tanga negra. Él nunca me había visto así; adoro la ropa femenina y cuido cada detalle. Lo empujé al sillón, le quité el bóxer, toqué su miembro grande y grueso, lo froté suavemente mientras nos besábamos sin parar.

Después de unos minutos intensos, me arrodillé y puse mi boca en él. Lo besé, lo sentí, y poco a poco se lo mamé con devoción. Tras veinte minutos, le dije que terminara en mi boca, que se desahogara. Se lo chupé tan rico que al fin me derramó su leche caliente. Seguí lamiéndolo, disfrutando cada gota.

De repente, me llevó a su cuarto, me tiró a la cama y me dijo que me pusiera en cuatro. Obediente, lo hice. Solo movió el hilo de mi tanga —llevaba lubricante listo—. Me lo unté y empezó a introducir su pene en mi culo, despacito, con suavidad. Pronto, yo misma le pedía que lo metiera y sacara con más fuerza. Me lo dio duro; gemí y gemí de placer.

Cambiamos a cucharita, alzándome las piernas, y vi en el espejo cómo me cogía. Su verga estaba tan rica que le dije que si no me la dejaba para llevar. Luego, me puso en misionero, dándome rico por el culo. Sabía que era hombre, pero yo soy pasiva y él lo entendía perfectamente. En esa posición, se corrió una vez más, llenándome el culo. Yo también terminé excitada. A pesar de haber acabado, no quería sacarme su enorme verga; yo encantada, recibiendo todo.

Al fin, se la quité para lamer su lechita y su miembro mojado: una delicia. Esa noche dormimos desnudos, y yo emocionada porque me había cogido como siempre soñé. Después de ese día hubo más encuentros; nos hicimos novios y tuvimos otros momentos intensos. Después les contaré.

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Jimena2050
Jimena2050
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Un comentario

  1. Me encantó tu relato.
    Soy solamente pasiva.
    Es delicioso entregarse al hombre que deseo.
    Seguiré tus relatos. Leo junto a mí novio. El ( 49 ) Yo ( 23)
    Roberta.

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