ME CULIE A LA MUJER DE MI AMIGO

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Todo empezó cuando Katty, una mujer de piel blanca, ojos color miel, cabello castaño, medidas de infarto y esposa de un amigo, obtuvo su título de Ingeniera Comercial. Le dieron una entrevista de trabajo en la ciudad donde vivo. Como no conocía el lugar, mi amigo —a quien conozco desde la adolescencia— me pidió que la fuera a esperar a la terminal. Así que la fui a recibir. Cuando llegó y la vi con un vestidito corto, se le veían esas piernotas y me imaginé chupándole esa conchita rosadita y cogiéndomela por ese culazo rico.

Saludamos amigablemente y me dio la dirección del lugar de la entrevista. La llevé al hotel más cercano. Le ayudé con su equipaje hasta la habitación y estaba dispuesto a irme a mi casa para correrme un pajazo en nombre de ese monumento de mujer. Pero ella me pidió que no la dejara sola porque le daba miedo, ya que no conocía el sitio. Que la esperara un momentito, que solo se iba a duchar para que la acompañara a cenar. Accedí y me quedé.

Saben, esa mujer tiene 25 años, se casó con mi amigo hace 7. Siempre me ha gustado porque tiene una carita de ángel y cuerpazo de modelo de TV (no sé por qué se casó con el regordete de mi amigo que hoy tiene 30 años; yo tengo la misma edad). Así que no pude evitar espiarla cómo se bañaba totalmente desnuda. Estuve a punto de meterme a la ducha y violarla por todos lados, pero me contuve. En eso una voz interrumpe mis pensamientos: «Pásame la toalla». Era ella que ya había acabado de bañarse. Aproveché para quitar la cortina de la ducha y verla desnudita toda ricota, con esa conchita depilada y esas tetotas ricas. Ella gritó: «¿Qué te pasa, abusivo?». Avergonzado le respondí: «Discúlpame, no era mi intención. Sabes, mejor me voy antes de que termine violándote».

Ella se pegó una carcajada y dijo: «Estás loco». Yo le dije: «Pues sí, siempre me has gustado y estoy a punto de meterme en la ducha y cogerte a la fuerza». Hubo un momento de silencio y de pronto me dijo: «¡VEN!». No podía creer lo que escuchaban mis oídos e ingenuamente pregunté: «¿Quieres que me meta en la ducha contigo?». Ella retiró la cortina, me miró fijamente a los ojos y dijo: «¡SÍ!». «Nunca le he sido infiel a mi marido a pesar de que él me traiciona constantemente con algunas putillas, pero hoy quiero hacerlo contigo. He escuchado que la tienes grande» (mi amigo se lo debió contar; cuando cumplimos la mayoría de edad apostamos, le gané y una prostituta nos midió la verga: la de él midió 13 cm y la mía 19 cm).

Le saqué mi herramienta que ya estaba lista para el combate desde hacía rato y ella puso una cara de admiración. Más rápido que un rayo yo estaba desnudo y metido en la ducha con ella. Me la mamó hasta casi reventarme la cabeza de mi verga. Yo le chupé su conchita rosadita. Fuimos a la cama y le puse una almohada debajo de sus nalgas y puse sus piernas en mis hombros. Gritó, pero igual me la cogí hasta cansarme. La puse en cuatro y le di por ese culito en forma de corazón. ¡Qué rico, mamacita! Ella gemía de placer. Mientras la penetraba, me decía que tengo una vergota y estaba rica, que le dé más duro. Eso me excitaba más y más y yo no podía parar de atravesarle ese culito rico y apretadito.

En eso mi amigo le llamó por teléfono y le preguntó si yo la había ido a recibir y cómo estaba. Ella le respondió que sí la había recibido y la había dejado en un hotel, y además que estaba bien y ya iba a dormir. Colgó el teléfono y seguimos con nuestra maratón sexual. Claro que ella «estaba bien»: ¡BIEN ATRAVESADA por mi vergota! Así que esa noche no iba a dormir. Cogimos toda la noche y madrugada (total: 11 veces). Por cierto, nos olvidamos de la cena.

Ella me dijo que hacía tiempo que su esposo no la cogía, que la tenía descuidada porque él andaba entretenido con otras mujeres y que la culiada que le pegué esa noche ha sido la mejor de su vida.

Al día siguiente fue a la entrevista con una cara de satisfacción y, para mi buena suerte, la aceptaron (claro que algún morboso debió haberle dado el trabajo para según él cogérsela; lo que no sabe es que yo la tengo bien atendida con mi herramienta). Hoy en día ella trabaja en una reconocida empresa en la ciudad donde vivo, y cogemos todas las noches de lunes a jueves, porque los viernes, sábados y domingos se va a visitar a mi amigo y a su hijo. Mi amigo está feliz porque él tiene el tiempo libre para cogerse a sus putillas. De vez en cuando me llama para preguntarme si he visto a su mujer en algún acto comprometedor, y claro yo le digo que todo está bien, que no se preocupe, que apenas la vea en algo «sospechoso» yo le aviso. Mientras tanto, yo sigo perforándole el culo a esa muñequita rica.

Autor: javico2078

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