Llevando a mi hijo al kinder – I, II
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Me llamo Jessi, tenía 24 años. Mi hijo acababa de entrar al kinder y yo me encargaba de llevarlo todas las mañanas. El kinder quedaba solo a dos cuadras de nuestra casa en la colonia Santa Cruz, Tizimín. Mi esposo se iba muy temprano a trabajar así que yo me quedaba sola casi todo el día. llevar a mi hijo, al kinder no impedia q no me vestiera bien provocativa. Me ponía faldas cortas, blusas escotadas o ajustadas que marcaban mis pechitos, y a veces leggings o shorts que se me clavaban entre las nalgas. Me encantaba sentir las miradas de los papás y de algunos maestros. Sabía que era una mamá joven, de 1.45, curvas marcadas, cintura pequeña y culo redondo. Me hacía sentir poderosa y cachonda. Una mañana, mientras esperaba afuera del kinder a que abrieran, un señor como de 45 años se acercó. Era alto, moreno, con algo de panza, barba bien arreglada. Me sonrió y me dijo:—Buenos días. Tú eres la mamá de Mateo, ¿verdad? Siempre te veo con él.
Empezamos a platicar de cosas normales: la escuela, los niños, el calor q hacia, Se llamaba Roberto. Tenía una voz grave y tranquila que me gustó desde el principio. Ese día solo fue una charla corta, pero al siguiente ya me buscó otra vez. Yo había elegido una falda jean cortita y una blusita blanca anudada que dejaba ver mi ombligo y un poco de mi espalda. Noté que sus ojos bajaban a mis piernas y a mi escote cuando hablaba. Poco a poco las conversaciones se hicieron más largas. Me preguntaba cómo estaba, si dormía bien, cosas inocentes pero con miradas que ya no eran tan inocentes. Una mañana, después de dejar a mi hijo, me dijo:—Jessi, me caes muy bien. ¿Te molestaría si te pido tu número? A veces me aburro en el trabajo y me gustaría platicar contigo. Se lo di sin pensarlo dos veces. Esa misma tarde empezó el chat en WhatsApp. Al principio eran buenos días, memes, preguntas sobre el día… pero yo empecé a coquetearle un poquito. Le mandaba fotos mías “casuales” en casa, con ropa ligera, o le decía “hoy me vestí así para traer a Mateo, espero que no haga mucho calor”. Él respondía con indirectas: “Te ves peligrosa con esa falda” o “Tienes que tener cuidado, vas a volver locos a todos los papás”.
Pasaron como tres semanas así. Cada vez me vestía más puta para ir al kinder: faldas más cortas, blusas más transparentes, sin brasier a veces para que se me marcaran los pezones. Roberto ya me esperaba todos los días. Sus miradas eran más intensas.Un lunes, después de dejar a mi hijo, me invitó:—¿Tienes prisa? Te invito a desayunar. Conozco un lugar rico aquí cerca, no tardamos. Acepté. Subí a su coche (un sedan amplio, asientos de tela oscura). Fuimos a un lugar sencillo pero bonito. Desayunamos, platicamos de todo: mi matrimonio, que mi esposo me consentía pero trabajaba mucho, que yo era muy inquieta… Él me contó que estaba separado. Hubo muchas miradas, risas y toques “accidentales” de rodillas bajo la mesa.
A partir de ese día, casi todas las mañanas, después de dejar a Mateo, nos íbamos a desayunar o simplemente dábamos vueltas en su coche platicando. El coqueteo subió de nivel. Me decía lo rica que me veía, lo mucho que le gustaban mis nalgas cuando caminaba, lo pequeña y provocativa que era.Una mañana, como tres semanas después de la primera invitación, ya no fuimos a desayunar. Después de dejar a mi hijo, subí al coche y estando aun costado del kinder alli nos quedamos en el coche. El corazón me latía fuerte ya q habia gente pasando y carrosen eso me dijo .—Jessi… ya no aguanto más —me dijo con voz ronca, poniendo su mano en mi muslo desnudo. Me besó. Fue un beso profundo, hambriento.
Sus manos grandes recorrieron mis piernas y subieron por debajo de mi falda cortísima. Yo gemí contra su boca. Le respondía el beso disfrutando el momento y la excitacion Le bajé la cremallera del pantalón y saqué su verga: estaba dura, gruesa, venosa y con una cabeza grande y roja. Olía a hombre excitado. Me incliné sobre él en el asiento del piloto. Empecé lamiendo despacio desde los huevos hasta la punta, mirándolo a los ojos.—Qué verga tan rica tienes, Roberto… —susurré. La metí a mi boca poco a poco, chupando con ganas, bajando más cada vez hasta que me golpeaba la garganta. Él gemía y me agarraba el pelo, empujando suave. Yo babeaba toda, haciendo ruidos húmedos mientras lo mamaba con dedicación. Le chupé los huevos, le lamí toda la verga y volví a metérmela profundo. Después de varios minutos, me levantó la cara y me dijo:—Quiero probarte.
Me sentó en el asiento del copiloto, reclinó un poco el respaldo y me abrió las piernas. Me quitó la tanguita mojada y hundió su cara entre mis muslos. Su lengua era gruesa y experta. Lamió mis labios, chupó mi clítoris hinchado, metió dos dedos gordos mientras me devoraba. Yo gemía sin control, agarrándole la cabeza, moviendo las caderas contra su boca.—¡Ay, Roberto… qué rico me mamas la conchita! No pares, por favor…Me corrí fuerte en su boca, temblando y apretando los muslos alrededor de su cabeza. Todavía estaba en el orgasmo cuando me subió encima de él. Bajé despacio sobre su verga gruesa, sintiendo cómo me abría centímetro a centímetro. Empecé a cabalgarlo dentro del coche, con la falda subida hasta la cintura mientras lo besaba y le decia q era la mejor experiencia estar asi el respondia mis besos con tanta ganas y deseperacion.
Mis nalgas chocaban contra sus piernas y su huevos. Él me agarraba fuerte del culo y me mordía los pezones por encima de la blusa. Pasaban coches y gente caminando cerca. Eso me ponía mil veces más cachonda. Me follaba más rápido, gimiendo sin control:—Cógeme, Roberto… soy tu puta… lléname…Me dio varias nalgadas fuertes y me penetró más profundo. Cambiamos de posición: me puso de lado, una pierna arriba y me embistió con fuerza desde atrás. El coche se movía. Me corrí por segunda vez y él no tardó mucho más. Con un gruñido fuerte me llenó el coño de leche caliente, chorros gruesos que me rebosaron y me bajaron por los muslos.
Nos quedamos un rato así, jadeando, besándonos abrazados u disfrutando el momento despues me limpié un poco con un pañuelo pero era bastante de su semen dentro me cómode la ropa me despedi de el con besos. Me bajé del coche con las piernas temblando, la falda arrugada y cara de recién cogida.
Cada paso sentia como salía su semen y recorría mi pierna estaba excitada porq en plena calle sentía q todos me miraban…
PARTE II
Esa mañana todo empezó como las anteriores, pero con más intensidad. Me vestí especialmente puta para ir al kinder: una falda plisada gris clarita que apenas cubría mis nalgas, una blusita blanca cortita anudada debajo del pecho que dejaba mi pancita y la parte baja de mis pechitos al aire, sin brasier y sin tanga. Roberto ya me esperaba en el mismo lugar de la primera vez, estacionado a un costado del kinder, bajo el árbol grande donde todavía pasaba gente y carros.Apenas subí al coche, me agarró del cuello y me besó con hambre. Sus manos subieron directo por debajo de mi falda y encontraron mi coño completamente mojado.—Jessi, estás empapada… ¿todo el camino viniste pensando en mi verga? —teniendo su boca contra mi boca.—Sí… —gemí.
Me reclinó el asiento y abrió mis piernas. Empezó comiéndome la conchita con ganas: su lengua gruesa lamiendo mis labios, chupando fuerte el clítoris, metiendo dos dedos gordos y curvándolos adentro mientras yo me tapaba la boca para no gritar. Pasaban mamás y papás caminando cerca del coche y eso me ponía muchísimo más caliente. Me corrí por primera vez en su boca, temblando y apretando los muslos alrededor de su cabeza. Le bajé el cierre del pantalón y saqué su verga gruesa y dura. Me incliné y se la mamé con todo: lamí desde los huevos hasta la punta, la metí profundo hasta que me daba arcadas, babeando toda mientras él me agarraba el pelo y gemía. Luego me subió encima y empecé a cabalgarlo despacio, sintiendo cómo me abría centímetro a centímetro. El coche se movía un poco. Lo monté más rápido, mis nalguitas chocando contra sus piernas, mis pechitos rebotando frente a su cara. Él me chupaba los pezones y me daba nalgadas fuertes.
Estaba a punto de correrse dentro de mí cuando me incliné sobre su oído y le susurré jadeando:—No te corras aquí… Llévame a mi casa. Quiero q me hagas tuya alli. Roberto gruñó de excitación, me levantó, me acomodó en el asiento y arrancó rápido. Las dos cuadras se me hicieron eternas. Cuando llegamos frente a mi casa, le di la llave de la reja.—Ábrela tú, yo te espero aquí.
Me quedé completamente desnuda en el asiento del copiloto, solo con la falda subida a la cintura. Roberto abrió la reja, luego caminó hasta la puerta principal, abrió la casa y regresó por mí. Abrió la puerta del coche, me miró con pura lujuria y me cargó espectacularmente: me levantó como si no pesara nada, mis piernas rodeando su cintura, mi coño abierto y mojado rozando su verga dura. Me besó profundo mientras caminaba conmigo cargada por la calle. En ese preciso momento, el hijo de la dueña de la casa (un señor de como 35 años, alto claro de color y cabello gris) salió de la casa de enfrente. Me vio completamente desnuda, montada en Roberto, besándonos con lengua mientras él me agarraba el culo con las dos manos y caminaba hacia la puerta.
Sentí una oleada de vergüenza y excitación brutal. El vecino se quedó congelado mirándonos, pero Roberto ni se inmutó. Siguió besándome y cargándome hasta que entramos a la casa. Cerró la puerta de una patada y me llevó directo a la sala. Me tiró en el sofá y se quitó la ropa rápido. Se arrodilló entre mis piernas y me devoró la conchita otra vez: lamiendo, chupando, metiendo la lengua adentro y tres dedos bombeando fuerte. Yo gemía sin control:—¡Sí, cómemela toda! ¡Me tienes loca! Me hizo correrme por segunda vez, chorreando en su boca. Luego me puso de rodillas en el sofá, de espaldas a él. Me metió su verga gruesa de un solo golpe y empezó a cogerme duro. Sus nalgadas resonaban en la sala. Me jalaba el pelo, me agarraba las caderas y me embestía profundo.—Cámbiame de posición —le pedí.
Me puso de lado en el sofá, levantó una de mis piernas y me folló así, mirándome a los ojos. Después me monté encima de él, cabalgándolo como desesperada, mis pechitos rebotando mientras él me chupaba los pezones. Finalmente me puso contra la pared de la sala, cargándome otra vez, y me dio las embestidas más fuertes. Sentí cómo su verga se hinchaba.—Lléname, Roberto… ¡lléname toda!Se corrió con un gruñido animal, soltando chorros calientes y espesos bien adentro de mí. Me corrí al mismo tiempo, temblando y apretando mi coño alrededor de su verga.
Nos quedamos abrazados un rato largo, todavía dentro de mí, besándonos suave, acariciándonos. Me acariciaba el pelo y la espalda mientras yo recuperaba el aliento.—Eres increíble, Jessi… nunca había sentido esto con nadie —me dijo bajito, besándome la frente. Platicamos un poco así, desnudos y abrazados en el sofá. Le conté que me encantaba el riesgo, que me ponía muy caliente que el vecino nos hubiera visto. Él se rio y me dijo que yo era una puta adicta al peligro. Nos besamos mucho, lento y cariñoso, hasta que tuvo que irse.
Cuando cerró la puerta y me quedé sola en la sala, todavía desnuda, con su semen chorreándome por los muslos y el coño hinchado y rojo, me recosté en el sofá. Empecé a tocarme despacito recordando todo: la mamada en el coche, cómo me cargó desnuda por la calle, la cara del vecino viéndome, las nalgadas, cómo me llenó… Me corrí otra vez, gimiendo bajito, con el cuerpo todavía temblando de excitación.
No podía dejar de sonreír. Ya estaba pensando en la próxima vez
