Fui a buscar un indigente de la calle negro

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Buenas noches, espero que les gusten mis relatos. Tengo muchos, pero como hasta ahora pude ingresar a la página, bueno, voy a relatar uno de los últimos.

Me presento: soy Carolina, una madura tv de closet, y tengo gustos de estar con personas de la calle, porque a veces me gusta fumar y cuando fumo me pongo muy cachonda. Ya he tenido varios encuentros con un negro de la calle, y es muy especial porque me trata como una Reina y me cuida en todo, también nunca me ha obligado a hacer nada de lo que yo no quiera. Mi relato que voy a escribir es totalmente real, y es más, estoy en estos momentos disfrutando con él, como siempre he estado con él en su cambuche.

Pero ayer me dispuse a traerlo para mi casa, vivo sola. Entonces fui a comprar algo de ropa para él y que se cambie, como lo conozco muy bien, y me dirigí para allá, en donde se encuentra él, y le dije:

Hola, corazón, ¿cómo estás?

Y le digo que si quiere ir para mi casa, y me dijo:

Pero bb, estoy muy cochino.

Y le digo:

Tranquilo, ya te compré algo de ropa y, si llegamos a la casa, te puedes bañar, amor. Pero antes de que te cambies necesito que me hagas un favor.

Y le pasé un billete de 50 y uno de 20 mil pesos, y me preguntó que para qué era, y le dije:

Tú ya sabes.

Y me dijo que sí, todo era para comprar las trabas, y le dije que sí, y me dijo que por qué tanto, y le dije que porque íbamos a estar todo el fin de semana, y me dijo:

Uuuy, qué rico, bb, me encanta mucho eso.

Y se fue rápido y llegó y se cambió rápido. Eran las 9 de la noche, yo ya estaba segura que a esa hora ya no hay mucha gente y podía entrar a mi casa, y nos fuimos a coger un taxi. Y cuando íbamos en el carro le empecé a sobarle su verga encima del pantalón, y como el taxista empezó a mirar por el espejo, entonces abrí mis piernas, como llevaba una minifalda y una tanga de muñecos, y él siguió mirando, entonces abrí más mis piernas y hice un comentario a ver qué iba a decir. Le dije a José, que es mi negro, diciendo:

¿Te gusta lo que llevo debajo de mi falda?

Pero quería ver qué iba a hacer el del taxi, y José me dijo que todavía no me había visto, y le dije que si quería podía subirme la falda, claro que sí, el señor del taxi no se pone bravo. Y le dije al señor del taxi que yo le iba a dar una buena propina. Cuando escuchó eso me dijo:

Uuy, yo sí quisiera ver bien tus muñequitos de tu tanga.

Como José es muy tranquilo, y le respondo:

¿Verdad? Sí, te gustaría ver mi tanga, pero hay un problema.

Y me dijo que cuál es el problema, y le digo:

Es que debajo de los muñecos también hay una sorpresa.

Y me dijo que él ya sabía, que por eso me estaba mirando, y le dije que no se preocupara, con mi hermoso negro, que él es muy lindo y no se pone bravo, y si quiere, antes de llegar a mi casa podría ver bien de cerca mis muñecos de mi panti. Y me dijo que si no era para algún problema, hasta no te cobraría nada, porque me amo las mujeres travestis, y le dije que si quiere hacer una pequeña prueba. Pero ahí, orille el carro y lo estacionó en una parte oscura, y estiró el brazo y me acaricia mi tanga, y me dijo:

Uuuy, qué rico eso que tienes ahí, hasta me hiciste ponerme duro, y como que a ti también.

Y le dije:

Si quieres me puedes acariciar, y yo me divierto con mi pedazo de muñeco que tengo a mi lado.

Y le saco la verga de mi negro, como la verga de José es súper grande y gruesa, y me dijo:

Pero quiero saber algo, y que me digas con la verdad: ustedes no me van a hacer nada malo, o sea, que me vayan a robar, porque usted es muy hermosa, pero tengo algo de desconfianza con tu amigo.

Y le dije que no se preocupe, que él es un señor de la calle, pero jamás es un hombre malo, entonces no se preocupe, o acaso no te das cuenta que le tengo la verga por fuera y me gustaría chuparla. Y me dijo:

Uuuy, pero es demasiado grande, jamás había visto algo así, es como tres veces más grande que la mía.

Y le dije con risa:

Yo también me asusté el primer día que se la vi.

Y le pregunté:

Pero dime algo, ¿te gustó lo que tocaste ahora?

Y me dijo que sí, sentí algo delicado, y me gustaría verte lo bien, y le dije que me podía acariciar, y si te gusta también podría darme unos besos, porque yo tengo lo mío en mis manos, y se inclinó más para atrás y me empezó a acariciar bien y me sacó mi verga y me dijo:

Qué clítoris tan rico que tienes, me gustaría ir con ustedes y para poder acariciarte con mi boca.

Y le dije:

Pues entonces estamos perdiendo el tiempo.

Y le dije a José: cierto, bb. Y me dijo José que claro, pero con una condición, que me da la leche en mi boca, y el taxista dijo:

Hay, yo pensé que iba a pedir mi culo.

Y le dije:

Jajaja, no se preocupe, que a él le gusta más chupar.

Bueno, este relato tiene la segunda parte.

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