La noche que me convertí en su putita – I

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Tenía 22 años esa noche. Soy morenita de piel mestiza, mido 1.63, delgadita pero con un culo grande, redondo, jugoso y bien respingón que se mueve con cada paso que doy. Mis tetas son medianas, firmes y siempre apuntando hacia arriba. Tengo labios carnosos que resalto con labial rojo intenso y unos lentes plateados grandes que me dan esa apariencia de chica inocente y estudiosa. A mi novio le encanta que me vista provocativa para que otros me miren y lo envidien.

Ese sábado me arreglé con ganas. Me puse una faldita negra muy corta y ajustada que apenas tapaba la mitad de mis muslos y marcaba perfectamente mi culo. Arriba llevaba un corset verde oscuro que apretaba mi cintura y empujaba mis tetas hacia arriba, haciéndolas ver más grandes y tentadoras. Chaqueta de cuero y tacones. Mi novio me miró antes de salir y me dijo que estaba demasiado rica.

Mi amiga me canceló. Le escribí a mi novio y terminé yendo a la casa donde él estaba con sus amigos. En cuanto entré, sentí las miradas clavadas en mí, especialmente las de Kevin y Paulo. Me comían con los ojos sin disimulo. Saludé a todos con besos en la mejilla. Cuando llegué a Paulo, él me agarró fuerte de la cintura, me pegó contra su cuerpo y me besó casi en la boca. Su mano bajó y me apretó una nalga con fuerza. Fue tan rápido que nadie se dio cuenta.

Me senté en las piernas de mi novio. Empezamos a tomar y a jugar. Sobre las 10 de la noche propusieron “verdad o shot”. Las preguntas se volvieron muy sucias. Me preguntaron cuándo fue la última vez que me dieron por el culo, cómo fue mi primera vez, si me gustaba que me trataran como puta, etc. Yo respondía todo con normalidad.

El alcohol me tenía muy caliente. A las 11 ya estaba mareada y cachonda. Seguía moviéndome encima de mi novio, frotando mi culo contra su verga. Kevin y Paulo no dejaban de mirarme, agarrándose la polla por encima del pantalón.

Después de varios shots de whisky empecé a sentirme mal. Fui al baño, pero no vomité. Le dije a mi novio que quería irme, pero el dueño de la casa nos ofreció quedarnos a dormir. Acepté y me fui al cuarto principal.

Mi novio me acompañó. Apenas cerró la puerta, le bajé el pantalón y me metí su verga a la boca. La chupaba con ganas, lamiendo desde los huevos hasta la cabeza, metiéndomela hasta la garganta. Él me apretaba las tetas con fuerza. Solo pasaron un par de minutos cuando sus amigos lo llamaron desde la sala. Me dio un beso y me dijo:

—Espérame, en cinco minutos vuelvo para cogerte como la putita que eres.

Se fue.

Yo estaba empapada. Me quité las braguitas, me acosté en la cama y empecé a masturbarme. Tenía el coño hinchado y chorreando. Saqué el celular y puse un video de doble penetración. Me frotaba el clítoris rápido con dos dedos mientras metía dos dedos de la otra mano en mi coño. Gemía bajito, moviendo las caderas. Me corrí con fuerza, mordiendo la almohada para no hacer mucho ruido. Después de eso, caí rendida con las braguitas aún bajadas hasta las rodillas.

No sé cuánto tiempo pasó…

Sentí un cuerpo caliente pegándose detrás de mí. Una mano grande me agarró una teta y empezó a apretarla. Una verga dura y caliente se frotaba entre mis nalgas, rozando mi coño mojado. Pensando que era mi novio, empecé a mover el culo en círculos, frotándome contra él.

—Amor… por favor, fóllame ya —susurré desesperada—. Quiero sentir tu verga gruesa adentro… no me hagas esperar más.

De repente, con un empujón fuerte y brutal, me metió toda la verga hasta el fondo del coño. Gemí fuerte de placer y dolor. La sentía más grande y gruesa que la de mi novio. Empezó a follarme con fuerza, metiéndomela completa y sacándola casi toda, golpeando fuerte contra mi culo. Cada embestida hacía que mis tetas rebotaran. Me tenía agarrada de la cadera con una mano y con la otra me tapaba la boca.

—Así, puta… —gruñía bajito mientras me cogía.

Yo movía el culo hacia atrás, pidiendo más. Después de varios minutos, le supliqué:

—Amor… métemela por el culo, por favor… quiero sentirte ahí.

Me di vuelta para besarlo y en ese instante abrí los ojos.

No era mi novio. Era Paulo.

El pánico me invadió. Intenté apartarme, pero él me agarró con fuerza y me susurró al oído con voz ronca:

—¿A dónde vas, puta? Si estabas moviendo ese culo rico pidiendo verga…

Intenté resistirme, pero él era mucho más fuerte. Me abrió las piernas y volvió a meterme la verga hasta el fondo, follándome con golpes duros y profundos. Aunque mi mente decía que estaba mal, mi coño estaba chorreando y lo disfrutaba. Paulo me follaba como un animal, agarrándome las tetas con fuerza y pellizcándome los pezones.

De pronto, la puerta se abrió. Kevin entró. Se acercó a la cama, me agarró del pelo con fuerza, me abrió la boca y me escupió adentro antes de meterme su verga gruesa hasta la garganta. Al mismo tiempo, Paulo escupió en mi ano y empezó a empujar su verga dentro de mi culo.

Estaba completamente llena. Una verga en la boca y otra en el culo. Me follaban sin piedad. Paulo me cogía el culo cada vez más fuerte, abriéndome con cada embestida. Kevin me follaba la boca profundo, haciéndome arcadas y babeando toda su verga.

Cambiamos de posición varias veces. Me pusieron en cuatro. Paulo me cogía el culo con fuerza bruta mientras Kevin me follaba la boca. Luego cambiaron. Kevin me metió su verga en el culo de un solo golpe y Paulo me usaba la boca sin compasión, jalándome el pelo y diciéndome:

—Trágatela toda, putita. Esto es lo que querías desde que llegaste.

Finalmente, Kevin se acostó en la orilla de la cama, me subió encima de él y me metió la verga en el coño. Paulo se colocó detrás y, lentamente pero sin parar, me metió toda su verga en el culo.

Doble penetración.

Grité fuerte. El dolor era intenso, pero el placer era brutal. Sentía las dos vergas frotándose dentro de mí, llenándome completamente. Empezaron a follarme al mismo tiempo, cada vez más rápido y más fuerte. Mis tetas rebotaban con violencia. Yo gemía y gritaba como una loca:

—¡Sí! ¡Más fuerte! ¡Fóllenme!

Paulo me daba nalgadas fuertes mientras me cogía el culo. Kevin me chupaba y mordía las tetas. Me corrí dos veces seguidas, temblando y apretando sus vergas con mi coño y mi culo. Las lágrimas me corrían por las mejillas. Me sentía como una puta usada, pero no quería que pararan.

Después de follarme como animales durante mucho rato, ambos se corrieron casi al mismo tiempo. Sentí chorros calientes y espesos llenando mi coño y mi culo. Cuando sacaron sus vergas, el semen blanco y espeso empezó a chorrear de mis dos agujeros, bajando por mis muslos. Uno de ellos metió dos dedos en mi coño, sacó semen y me lo metió en la boca obligándome a tragarlo. Luego me besaron y me escupieron antes de irse riendo.

—Qué rica putita eres… nos vemos pronto.

Me quedé sola, temblando, con la mente hecha mierda y semen chorreando de mí. Me puse las braguitas y me dormí.

Al día siguiente desperté asustada. Mis braguitas estaban pegajosas y llenas de semen seco. Al recordar cómo me habían follado, empecé a frotarme el clítoris encima de la tela. Me excitaba pensar en ello. Me arreglé rápido, desperté a mi novio y le pedí que nos fuéramos.

En el autobús, mientras él me preguntaba cómo la había pasado, yo solo podía pensar en las vergas de Kevin y Paulo abriéndome. Empecé a frotarme disimuladamente. Mi novio se rio y me preguntó si todavía estaba caliente. Yo solo sonreí.

Esa noche supe que había despertado algo oscuro y adictivo dentro de mí.

Gracias por llegar hasta el final 🔥

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Nicole
Nicole

Holi, Soy Nicole.

Me gusta escribir historias calientes, prohibidas y bien explicitas. Aquí subo algunos relatos y avances… pero si quieres el resto de las series, versiones más sucias y contenido exclusivo, te espero en mi Patreon.
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