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Mi marido es informático, mantiene aplicaciones de la empresa en la que trabaja desde casa, y solo va a la oficina para reuniones de trabajo un día a la semana, casi siempre los lunes.
Yo soy enfermera y trabajo en un hospital, donde hago turnos rotatorios de 8 horas, de mañana, tarde y noche.
Tenemos una hija y desde que nació, los dos hemos compartido sus cuidados y su crianza.
Mi marido, al igual que yo, la ha bañado, la ha dado de comer, la ha vestido y hecho todo lo que los padres tienen que hacer para criar a un hijo, hija en este caso.
Pero mi marido, al trabajar desde casa, la ha dedicado siempre más tiempo que yo, como es lógico y esto ha hecho que la confianza entre ellos dos sea más fuerte.
Normalmente las hijas tienen más confianza con las madres, pero en este caso, no era así, por lo dicho.
Mi hija y yo siempre nos hemos llevado muy bien y nos queremos mucho, pero el cariño entre ella y su padre es mucho mayor, desde siempre.
Al ser hija única, tanto su padre como yo le damos todos los caprichos que estén a nuestro alcance, se puede decir que la malcriamos.
Según fue creciendo la relación con su padre fue haciéndose cada vez más cercana y más intima.
Se abrazaban y se besaban muy a menudo y aunque conmigo también era muy cariñosa, no lo era tanto como con su padre.
Ya en la adolescencia llegué a la conclusión de que mi hija estaba enamorada de su padre.
Yo los veía como se demostraban su cariño, y nunca les dije nada, porque para mi, como siempre había sido así, lo consideraba como algo normal.
Así fueron pasando los años y llegó un momento, cuando mi hija ya había pasado la adolescencia y era toda una mujer, con un cuerpo, aunque pequeñito, bien formado, en que las muestras de cariño entre mi marido y mi hija fueron subiendo de intensidad.
Ya no eran las muestras de cariño entre un padre y una hija, eran más bien las de una pareja de novios.
Lo hacían todo delante de mi, sin cortarse un pelo y, curiosamente, a mi no solo no me molestaba, sino que me gustaba verlos abrazarse, besarse y acariciarse.
Mi marido un día me dijo que si me molestaba la forma en que nuestra hija y el se mostraban su cariño y yo le dije que no me molestaba en absoluto, que sabía lo mucho que nuestra hija lo quería y que me parecía muy bien que él la correspondiera.
Y así iban las cosas, hasta que un dia que tenía turno de noche regresé a casa a las dos horas de haberme marchado, por razones que no vienen al caso y pille a mi marido follando con mi hija.
Cuando llegué a casa entré tratando de no hacer ruido para no despertar a mi marido ni a mi hija, que suponía que estarían dormidos, pero en el silencio de la noche escuché un ruido qué me resultaba familiar.
Se trataba de unos gemidos de mujer y estaba claro qué no podían ser más que de mi hija.
Me acerqué con sigilo a su dormitorio, que era de donde procedían los gemidos y lo que vi me causó una impresión difícil de describir.
Mi hija estaba de rodillas, apoyada en sus codos y su cabeza en la almohada y mi marido estaba situado detrás de ella, también de rodillas, la tenía agarrada por las caderas y la estaba penetrando con un movimiento lento, vamos, que se la estaba follando… Ufff
Lo lógico hubiera sido que hubiera gritado o al menos haber dicho algo para interrumpirlos, pero no hice nada de eso, solo me quedé allí parada mirando, disfrutando de la escena.
¿Disfrutando?… Pues sí, disfrutando, porque la verdad es que, descubrí que me gustaba mucho lo que estaba viendo.
Y además, ni siquiera me sorprendió, porque en mi fuero interno, yo ya sabía que esto iba a suceder tarde o temprano, por el comportamiento que tenían mi marido y mi hija últimamente.
También me tranquilizaba el saber que no podía dejarla embarazada, porque cuando cumplió los 18 años fui con ella a revisión ginecologia y la implantaron una barrita en la parte interna de su brazo izquierdo, como método anticonceptivo para tres años.
La puerta desde la que los estaba viendo está situada en el lateral del dormitorio, con lo que yo los veía de lado, por lo que mi visión era perfecta, veía el cuerpo de los dos y como el enorme pene de mi marido entraba y salía sin ningún problema en el pequeño cuerpo de su hija.
Mi hija, aunque en ese momento ya tenia 19 años, es de cuerpo pequeño, como yo, 155 cm de altura y sobre 45 kg de peso y mi marido es muy grandote, 180 cm de alto y sobre 80 kg de peso y tiene un pene de unos 20 cm y bien grueso.
A mi me había costado acostumbrarme a su pene al principio y por eso ahora me parecía increíble que se lo estuviera metiendo a la niña con tanta facilidad.
Esto solo era posible si llevaban bastante tiempo teniendo sexo y la vagina de mi hija ya estaba lo suficientemente dilatada como para aceptar semejante pene con la facilidad que lo estaba aceptando…
Para mi sorpresa, ver como mi marido se estaba follando a nuestra hija me estaba produciendo una fuerte excitacion.
Como ya he comentado antes, a mi me gustaba verlos besarse y acariciarse como si fueran novios y en mi fuero interno, había llegado a la conclusión que en algún momento iban a terminar teniendo sexo, así que ahora viendo como se hacían realidad mis predicciones, tenía como una sensación de triunfo, por haber acertado.
Pero además de esa sensación de triunfo, sentía otra sensación mucho más fuerte, excitacion, mucha excitacion, hasta el punto que noté como empezaba a «mojarme».. uffff
De pronto pararon y vi como cambiaban de posición, mi marido se tumbó de espaldas, mi hija se subió encima, agarró con una mano el enorme pene de su padre, qué ahora pude ver en todo su esplendor, lo enfiló a la entrada de su coño y una vez encajado, comenzó a sentarse sobre el, metiendoselo poco a poco, hasta que se lo metió entero, quedando sentada sobre el vientre de su padre, con todo su enorme pene dentro de su vagina… Ufff
Esto ya hizo que casi me corriera de gusto… Ufff
No me podía creer que la vagina de mi pequeña hija se pudiera tragar enterito el enorme pene de su padre… Ufff
Luego ella apoyó sus manos en el pecho de su padre y comenzó un sube y baja, follandose ella sólita con el pene de mi marido que la tenía agarrada por las caderas y permanecía totalmente quieto, disfrutando de la follada qué le estaba dando su hija…
Yo estaba empapando mis bragas, así que me las quité y comencé a acariciarme mi chorreante coño, masturbándome viendo como el enorme pene de mi marido entraba y salía del coñito de mi hija… Ufff
Al rato vi como mi marido agarraba fuerte a la niña y sin sacarle su pene del coño, la giraba y se quedaba encima de ella, en la posición del misionero, aplastando con su enorme cuerpo el pequeño cuerpo de nuestra hija.
Luego se apoyó en los codos, para dejar de aplastar a la niña y comenzó a moverse, dándole penetraciones profundas y rápidas.
Ahora era él el que se la estaba follando sin contemplaciones y mi hija solo gemia fuerte, cada vez que su padre se la metía hasta el fondo y sin duda le golpeaba la entrada de su útero…
Yo seguía masturbándome, sintiendo un placer constante, pero sin llegar al orgasmo, no lo quería forzar, porque lo estaba disfrutando, como nunca imagine que pudiera disfrutar viendo como mi marido taladraba con su enorme pene el coño de nuestra hija…
De pronto mi marido dijo:
– Me corro, cariñoooo, me corrooo
Se la metió hasta el fondo, se quedo quieto, apretando fuerte, para correrse en lo más profundo del coño de la niña y lanzó el clásico rugido qué yo conocía bien:
– Ahhhhgggggg..
La niña comenzó a gemir aún más fuerte, sintiendo como el semen de su padre entraba directamente en su útero y estalló en un orgasmo escandaloso, gritando:
– ahhhh.. Ahhh… Ahhhhhh
Y yo tambien estallé en un orgasmo, tuve que contenerme para no gritar y sentí como mi mano se llenaba del flujo de mi corrida… Ufff
Los tres nos estábamos corriendo a la vez.
Pensé en el placer que debía estar sintiendo mi hija al recibir la enorme cantidad de semen que su padre la estaba metiendo dentro de su cuerpo… ese calor que se siente… , porque mi marido eyacula una gran cantidad de semen en cada corrida… Uffff
A mi el flujo de mi abundante corrida había empezado a escurrirme por el interior de mis muslos, así que me tapé el coño con mis bragas y salí disparada hacia el baño…

No dudo que estuvo de ufff 🥵