Como me convirtieron en toda una mujercita – I, II, III

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Que tal lectores les voy a contar como es que me converti en mujercita hace ya un buen tiempo como 15 años ahorita ya tengo 33 años, voy a empezar a describirme como estaba en ese entonces, ahorita me veo mejor pero pues para que se imaginen mi figura en ese entonces. Hacia ejercicio para darle forma y volumen a mis nalgas. Media 1.40 y pesaba 60 kg. Mis nalgas se pusieron redonditas y paradas, mis piernas se tornearon… y mi pene seguía igual de chiquito(ese no cambio mucho).

En ese entonces viajaba a casa de mis abuelos, a un pueblito, y me quedaba allá todas las vacaciones. Después de los juegos con Santiago tenía muchas ganas de tener un verdadero pene entre mis manos y que alguien jugara otra vez con mi culito.

En ese pueblito tenía una prima tres años mayor que yo: Lupita. El día que llegué la vi y traía un short que se le metía todo entre las nalgas. Tenía un cuerpo que cualquier hombre querría cojerse: nalgas paraditas y unas chichotas que, para sus 21 años, la hacían verse como una mujer de 30. Mediamos casi lo mismo. En mi cabeza solo pensé que ese short lo luciría mejor mi cola.

Un día fui de visita y vi que mi tía estaba lavando. Aproveché, le robé el short y un cachetero negro de encaje de mi prima, y me fui corriendo a casa de mis abuelos. En cuanto llegué me quité la ropa rápido y me medí la ropa de Lupita. Mientras me subía el cachetero y sentía la tela, mi pene quiso pararse… pero solo parecía un botoncito. Sentía cómo se me iba metiendo entre las nalgotas. Cuando terminé de subírmelo me miré en el espejo y… mmm, delicioso que se me veía. Mis nalgas se lo comían tanto que en lugar de cachetero parecía tanga. Jijiji.

Me puse el short. Me costó subírmelo completo. Cuando me lo vi puesto confirmé lo que había pensado: se me veía mejor que a mi prima. Se metía tanto entre mis nalgas que el short parecía un cachetero. Me imaginé a Santiago (fue con el que tuve unos juegos) viéndome vestido así y corriendo a jugar con mis nalgotas mientras yo le tocaba el pene, que de seguro lo tiene más grande.

A partir de aquí empieza lo rico.

Cerca de la casa había una tienda que por las tardes-noches atendía Don Guillo, un viejo de 60 años. Como todo viejo de pueblo, era cochino de mente. Era sabido que ya se había echado a varias del pueblo porque, según decían, la tenía de muy buen ver. No me animaba a calentarlo, pero un día de calentura me animé. Solo quería tener un verdadero pene entre las manos y que alguien jugara con mi colita.

Como hacía ejercicio, usé un short negro de licra que uso para correr, el que se pega todo a mis nalgotas. Me puse una playera que me tapara un poco para que mis abuelos, por ser muy cerrados, no me dijeran nada. Cuando llegué a la tienda vi a Don Guillo sentado (ya saben cómo son las tiendas de pueblo: el que cobra ve toda la mercancía de frente). Busqué el mejor ángulo para que no se perdiera ni un centímetro de mis nalgas. Agaché a buscar las sabritas que estaban más abajo y me empiné. De reojo vi cómo Don Guillo me miraba completamente; sus ojos se abrieron más. Yo movía las nalgas de un lado a otro como si no supiera qué agarrar. Tomé unos chetos y me fui a pagar. Él no quitaba la vista de mis piernas. Le dije que me cobrara y estaba como ido. Me imaginé que en su mente estaban mis nalgas moviéndose de un lado para otro. Cuando reaccionó solo dijo:

—Perdón… me perdí.

Pagué y me fui. Estaba muy caliente después de ver la cara de ese viejo pervertido imaginándose mis nalgas entre sus manos o en su cara. No sabía cómo hacer para que él se me insinuara.

Así estuve un par de días. Iba a comprar cuando sabía que él estaba y me ponía diferentes colores de short de licra. Solo lograba que dijera cosas sobre el ejercicio y que si me estaba viendo bien. Pero yo esperaba leperadas, algo sobre mis nalgas o mis piernas.

Un día, después de ver un video porno de un negro dándole a una trans, me quedé muy caliente y decidí ir más allá. Me puse el calzón negro de mi prima y un short de licra blanco. Me puse una playera que parecía casi ombliguera, mis tenis para correr y las calcetas que me llegaban hasta la rodilla. Me miré en el espejo: me veía como toda una putita que quiere pene. Sabía que ahora sí ese viejo diría algo. Esperé a que mis abuelos se metieran a su cuarto para que no me vieran vestido como mujer. Nadie sospechaba que a mí me gustaba sentirme una mujercita.

Me fui a la tienda cuando vi que ya estaba por cerrar. Cuando llegué le dije:

—Espere, Don Guillo, déjeme comprar algo.

Pasé y vi cómo clavó la mirada entre mis nalgas.

—Pásale, Carmelo —dijo (ese era mi nombre).

Se sentó a apreciar el espectáculo que ahora le daría. Me volví a empinar hasta abajo, lo más que pude, para que mis nalgas se pararan y él viera por completo la tanguita (el cachetero). Lo veía de reojo disfrutando, pero no decía ninguna leperada… hasta que escuché:

—Fíjate más adentro, creo que están de los que te gustan.

Solo contesté:

—¿En serio?

Sabía que lo tenía en mis manos. Me puse de perrito, levanté la cola y pegué casi la cara en el piso. Él decía “uff, qué rico” y se sobaba el bulto. Entonces escuché:

—Se te ven tan ricas las nalgas como a la Lupita.

Me quedé quieta, pero enojada. Yo sabía que tenía la cola más rica que mi prima. Volteé así como estaba, como perra en celo, y le contesté:

—¿Quiere ver que las tengo más ricas?

Me levanté y le dije:

—Espéreme aquí.

Corrí a la casa, me puse rápido el short y esta vez me lo subí un poco más para que se me metiera todavía más entre las nalgas y se me viera como si tuviera vagina. Regresé casi corriendo. Me metí a la tienda y Don Guillo cerró la puerta. Solo dijo:

—A ver… déjame verte.

Como toda una putita que hace caso, me puse de nuevo de perrito y le movía más la cola. Entonces me dijo:

—Sí, se te mira más rico que a la Lupita… pero ¿también sabes hacer lo que ella sabe hacer?

Recordé lo que había visto en el porno. Me acerqué a él gateando como toda una perrita caliente. Le empecé a bajar el pantalón y vi lo que todos decían: sí tenía una verga hermosa, de 25 cm de largo y 5 de ancho, con venas bien marcadas y unos huevos bien cargados. Empecé a darle besos y luego abrí mi virgen boquita e intenté meter esa cabeza que sabía delicioso. Me dolía la quijada al intentar meter cada milímetro. Él, muy cabrón, me dijo:

—La Lupita sí que la chupa rico…

Yo ya sabía que mi prima era toda una putita, que medio pueblo se la había comido. Y él sabía que yo no iba a dejar que ella fuera mejor que yo. Así que seguí comiendo esa rica verga como había visto: la sacaba de la boca, la escupía, le pasaba la lengua por todo el tronco y me metía las bolas hasta la garganta. Así duré como quince minutos comiendo verga, hasta que Don Guillo dijo:

—Deja te saboreo ese culito que se ve que está bien rico.

Me paré. Él me quitó el short y me dijo que me pusiera otra vez de perrito. Entonces sentí que metió toda su cara entre mis nalgotas. Me mordía las nalgas, pasaba su lengua por mi culito aún virgen… y yo estaba en las nubes, gimiendo del placer que ese viejo cerdo me estaba dando. Estuvo un rato saboreándome el culito hasta que empecé a sentir un dedo en la entrada. Me dijo:

—Tú disfruta. Voy a abrirlo un poquito para después hacerte mi mujer.

Como pude, entre gemidos, le dije:

—Ten cuidado, mi amor… que tu culito es virgen.

Eso lo calentó más. Empezó el mete y saca con su dedo. Después metió otro, y cuando los sacaba metía su lengua. Luego de un rato me dijo:

—Ya estás lista, mi amor. Ahora sí te voy a hacer mi mujer.

Me temblaban las piernas. Solo volteé y le dije:

—Quiero ser solo tuya, mi amor.

Puso esa hermosa verga en la entrada de mi culito. La metió y pegué un pequeño grito. Cuando brinqué, mi macho me agarró de la cintura y me dijo:

—Ya entró la cabecita, Carmela…

Eso me calentó todavía más. Ya me veía como toda una mujercita. Quería ser la putita de Don Guillo para siempre. Fue metiendo más hasta que dijo:

—Ya se la comió toda tu culito, mi amor. Ahora sí ya eres toda una mujer.

Prosiguió con un mete y saca suave. Yo saboreaba cada milímetro de esa hermosa verga que me estaba haciendo mujer, algo que siempre había querido. Estuvo un rato así hasta que me dijo:

—Te toca enseñarme cómo mueves esa colita para tu macho.

Me la sacó y se escuchó en la tienda un plop como cuando abres una botella de champagne. Se acostó en el piso con esa hermosa verga apuntando al techo. Le di unas chupadas para mojarla y, más que nada, para sentir a qué sabía mi culito (no estaba de mal sabor). Me puse arriba de él y me enterré esa hermosa verga hasta lo más profundo. Don Guillo solo gimió. Me movía como había visto en los videos: movía mi culito de arriba a abajo y en círculos. Mi macho me dijo:

—Te mueves mejor que ninguna putita que me he cojido.

Eso me hizo sentir la mejor putita. Seguí con mis movimientos hasta que me dijo:

—Ahora sí, mi amor… te voy a llenar todo el culito con mi semen.

Yo le gritaba:

—¡Sí! ¡Llénamelo todo de ti! ¡Quiero que me embaraces, amor!

Entonces sentí cómo esa hermosa verga se hinchó más dentro de mi culito y empezó a aventar chorros de semen dentro de mí. Nos quedamos un rato así, pegados, hasta que se salió sola. Se empezó a salir su semen de mi culito todo abierto. Le dije que no quería que se cojiera más a la Lupita, que para eso me iba a tener a mí. Me dio un beso y me dijo que era una reina para coger, que me la iba a meter todos los días hasta que me fuera de ahí.

Me paré. Sentía todo el culo abierto y el semen se me salía. Me puse el calzón y el short. Ya era muy tarde. Iba para la casa con el culo abierto y llena de semen. El corazón se me quería salir. Quería que ya fuera el siguiente día para que mi macho volviera a llenar ese vacío que sentía en mi culito. Llegué a la casa y dormí como bebé.

Espero les haya gustado mi relato. Es 100% real. Les seguiré contando cómo fui disfrutando de otras aventuras.

PARTE II

Continuo cómo me fui convirtiendo en toda una putita cuando tenía 18 años y cómo me fui acostumbrando a tener mi culo abierto. Después de la tremenda abierta que me dio don Guillo, duré como tres días con dolor por la desvirginada que me habían dado, pero soñaba con tener esa hermosa verga dentro de mí otra vez. Durante las siguientes semanas iba por las noches a buscar mi dosis diaria de leche. Así fueron como unas diez veces que me cogió don Guillo en la tienda. Ya era una experta en chupar y montar a mi hombre.

Un día que estaba dormida en la casa empecé a sentir cómo alguien me estaba comiendo el culito. Cuando desperté era don Guillo. Yo siempre dormía desnuda porque me gustaba sentir la corriente de aire jugando con mi culo. Al despertar brinqué y le dije:
—¿Qué haces, viejo cochino?
Lo dije por si alguien veía lo que estaba pasando. Él me contestó tranquilo:
—Tranquila, mi amor. Vístete, que nos vamos a ir unos días de aquí.
Como ya casi era tiempo de regresar a la ciudad de donde yo era, mi macho se había ingenado la idea de llevarme con él. Decía que necesitaba ayuda para ir por unas cosas para la tienda, lejos del pueblo, y que me iba a pagar. Me cambié bien rápido, llené la mochila de ropa, salí y les dije que regresaba en unos días. Don Guillo les dijo:
—Se los voy a cuidar muy bien. No se preocupen por él.
Yo iba caminando y, al escuchar eso, se me mojó la cola solo de pensar que iba a estar varias noches ensartada en esa rica verga.
Cuál fue mi sorpresa cuando me iba a subir a la camioneta y estaba otro viejo ahí. Me dijo:
—Súbete, Carmelita.
Me quedé helada, pensando cómo mi amor había roto el pacto de no decirle a nadie nuestro secreto. Llegó don Guillo, me agarró la cola y dijo:
—Súbete, putita, que te vamos a mandar de regreso a la ciudad toda abierta y llena de leche para que no pidas allá.
Yo ya iba con miedo. El otro viejo era don Elijio, un viejo más pervertido que don Guillo y del que también decían que era muy mujeriego. Con miedo de que fuera a decir algo, me subí a la camioneta (obviamente pensando más con la cola que con el cerebro). En el camino los dos me iban metiendo mano: tocándome las chichitas, la panochita(penecito), las piernas.
Después de haber manejado como una hora nos metimos por una brecha. Les pregunté:
—¿A dónde me llevan?
Se rieron y don Guillo contestó:
—Aquí mi compadre tiene una finca en la que trae a sus queridas a coger. Ahí no hay nadie alrededor de más de diez kilómetros. Ahí te vamos a disfrutar como debe de ser.
Llegamos a ese lugar. Sí estaba muy grande, como un rancho. Tenía una alberca y una casa muy grande. Don Guillo me dio una maleta, me dio un beso y me dijo:
—Vete a poner bonita, mi amor, para tu macho.
Me fui rápido al cuarto, contenta de ver qué habría dentro de la maleta. Cuando llegué a una recámara grande puse la maleta en la cama y al abrirla vi que era pura ropa de mujercita: tanguitas, faldas, vestidos, shorts, ligueros, babydolls, maquillaje y pelucas. Después de estar viendo todo no sabía qué usar para mi macho, hasta que me decidí por una tanguita color piel de encaje, unas medias de red con liguero, una falda que apenas me tapaba las nalgotas, una blusa blanca, unas zapatillas que encontré y una peluca roja que resaltara la piel canela de mi cuerpo. Me metí a bañar, me quité todos los pelitos del cuerpo, me vestí y cuando me vi en el espejo me veía como toda una putita. Me pinté los labios de rojo y un poco los ojos, ya que no sabía bien cómo hacerlo. Después de lo emocionada que estaba ni siquiera me acordaba de don Elijio.
Salí caminando como toda una perra en celo, bien contenta para mi macho. Cuando vi a don Elijio se me borró la sonrisa. Don Guillo dijo:
—Ya vio, compadre. ¿Sí o no le dije que esta estaba bien rica?
Don Elijio nada más respondió:
—Sí, compadre. Es verdad que está más rica que la Lupe, y eso que esa putita es la más rica del pueblo.
Don Guillo le contestó:
—Nooo, compadre. Y esta es más puta. Ahí donde la ves tiene experiencia como una vieja de cuarenta y cinco años. Se traga la verga como toda una profesional. Ya lo va a ver usted. No se llena de verga, por eso le dije que viniera para que me ayudara con la Carmelita.
Entonces don Guillo me dijo:
—Paseate enfrente de nosotros. Queremos verte toda, mi amor.
Caminaba lo más sexy posible para mis machos y ellos solo me decían cosas leperas:
—Qué rico culo…
—A que sabrá ese culito —decía don Elijio—. Te voy a meter toda la verga. Te vamos a dejar bien abierta. Te vamos a llenar toda de leche.
En eso andaba cuando me caí dándoles el culo a ellos. Se me quedaron viendo y don Guillo dijo:
—Vente así de perrito, mi amor. Ya quiero que te comas mi verga.
Así me fui con él. Le saqué esa hermosa verga que ya había disfrutado varias veces: veinte centímetros y cinco de ancho. Se la empecé a mamar y don Elijio jugaba con mis nalgas, me nalgueaba y me metía más la tanga. Pasó un tiempo y dijo:
—Ya me toca, ¿no, compadre?
Don Elijio era un viejo de rancho, un poco más alto que don Guillo, tal vez de un metro ochenta, con el cuerpo formado por tanto trabajar en el campo y un poco moreno. Cuando me acerqué a él para sacarle la verga no me imaginaba que la tenía más grande. Cuando la saqué… uffff… se veía más hermosa que la de don Guillo: veinticinco centímetros con siete de ancho. Se me hizo agua la boca. Ya quería sentir esa hermosa verga palpitando dentro de mí. Empecé a chuparla con unas ganas locas de que ya pasara el tiempo y sentirla dentro. Don Guillo, por lo pronto, ya me estaba comiendo las nalgas. Yo gemía de sentir su lengua y sus dedos dentro de mí mientras me trataba de comer toda la hermosa verga de don Elijio. Don Elijio solo estaba con los ojos cerrados y decía:
—Ay, chamaca, qué rico comes verga. Si sigues así me voy a venir.
La saqué de mi boca y le dije:
—Nooo, no te vengas en mi boca. Quiero que me llenes el culo de tu leche.
Don Elijio le dijo a don Guillo:
—Como que ya le gané el mandado, compadre. Déjeme abrirle todo ese hermoso culito que tiene.
Don Guillo me dio una nalgada tan fuerte que grité del dolor, pero a la vez me calentó, y me dijo:
—Sabía que eras una puta. Que ibas a estar sin coger hasta que regresaras… y aquí que te tengo bien llena. Viste una verga más grande y te olvidas de mí.
Don Elijio contestó:
—No se enoje, compadre. Hay que disfrutar a esta putita, que para eso la trajimos.
Se puso atrás de mí y colocó esa hermosa verga en la entrada de mi culito. Don Guillo puso la suya en mi boca y me la metía con coraje. Me daba asco que la metiera tanto, pero yo solo estaba enfocada en sentir cómo esa hermosa verga de don Elijio me iba a abrir. Sentí un poco de dolor cuando empezó a meterla, pero tenía la verga de don Guillo en la boca y no podía gritar. La fue metiendo despacito y yo disfrutaba de cada milímetro. Cuando sentí que sus huevos pegaron en mí, don Elijio dijo:
—Ya te entró toda, Carmelita. Ahora sí, a gozar.
Me movía hacia delante y me metía más la verga de don Guillo en la boca; me movía hacia atrás y me metía la hermosa verga de don Elijio. Estaba totalmente entregada a mis dos machos, pero ya había cambiado de amor: estaba totalmente enamorada de esa hermosa verga de don Elijio. Así estuvimos un rato hasta que don Elijio dijo:
—Ay, Carmelit, me aprietas mucho la verga con ese hermoso culito. Es tiempo de llenarte de mi leche.
Yo no quería que se viniera aún; estaba disfrutando tanto de su hermosa verga. Empezó un mete y saca más desquiciado hasta que sentí cómo esa hermosa verga se hinchaba dentro de mí y empezó a aventar chorros de leche. Era tanta que se empezó a salir muy rápido de mi culito. La sacó y don Guillo se sentó y dijo:
—Ahora siéntate en mi verga. Quiero ver cómo rebotan esas nalgas de puta que tienes.
Me paré del piso y fui directo a su verga. Como don Elijio me había dejado muy abierta, entró muy fácil. Estaba rebotando como toda una perra en celo hasta que dijo:
—Nada más de ver cómo rebotan y cómo te sale la leche en cada sentada… ya me voy a venir.
Empecé con sentones más fuertes: salía y se metía esa verga en mi abierto culo. Cuando me agarró y me pegó a él empecé a sentir cómo lanzaba sus chorros de leche. Me quedé así un rato, hasta que de lo enojado que estaba por haberlo cambiado por don Elijio me sacó fuerte el pene y me aventó. Me dijo:
—Quítate, puta. Ahora límpianos el pene. Vamos a descansar un poco y después te la volvemos a meter.
Les limpiaba los penes llenos de leche y con sabor a mi culo. Les saqué hasta la última gota. Me levanté, me acomodé la ropa y me fui a caminar al patio. Sentía el viento entrando en mi tan abierto culo, y que mis machos me vieran como su perra recién cogida, moviendo la cola por todo el patio.
Espero que les haya gustado. Voy a seguir relatando cómo ese día y esa noche me siguieron abriendo el culito
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Continuo con como me fui convirtiendo en toda una putita cuando tenia 18 años y como me fui acostumbrando a tener mi vagina (culo) abierto, despues de tremenda abierta que me dio don Guillo, dure como tres dias con dolor despues de la desvirginada que me habian dado, pero soñaba en tener esa hermosa verga dentro de mi otra vez, durante las siguientes semanas hiba a en la noche por mi dosis diaria de leche, asi fueron como unas 10 veces que me cojio don Guillo en la tienda, ya era una experta en chupar y montar a mi hombre. Un dia que estaba dormido en la casa , y empece a sentir como alguen me estaba comiendo mi culito, cuando desperte era don Guillo, yo siempre dormia desnuda porque me gustaba sentir la corriente del aire jugando con mi culito, cuando desperte brinque y le dije que hace viejo cochino, esto por si alguien vieran lo que estaba pasanso, que me dice tranquila mi amor vistete que nos vamos a ir unos dias de aqui, como ya casi era tiempo de regresar a la ciudad de donde era, mi macho se habia ingeniado la idea para ir con el porque necesitaba ayuda para ir por unas cosas para la tienda lejos del pueblo y que me iba a pagar, me cambie bien rapido, llene la mochila de ropa, sali y que regresaba en unos dias,y que les dice don Guillo, se los voy a cuidar muy bien, no se preocupen por el, yo iba caminando  y al escuchar eso se me mojo la cola, nada mas de pensar que iba a estar varias noches ensartada en esa rica verga.
Cual fue mi sorprese que cuando me iba a subir a la camioneta estaba un viejo ahi y que me dice subete Carmela, me quede helado, pensando como mi amor habia roto el pacto de no decirle a nadie nuestro secreto, llego don Guillo, me agarro la cola y dijo subete putita que te vamos a mandar de regreso a la cuidad toda abierta y llena de leche para que no pidas aya, yo ya iba con miedo el otro viejo era don Elijio un viejo mas pervertido que don Guillo y tambien decian que era muy mujeriego, con miedo que fuera a decir algo me subi a la camioneta (oviamente pensando mas con la cola que con el cerebro), en el camino los dos me iban metiendo mano tcandome mis chiches mi panocha(pene) mis piernas. Despues de haber manejado como 1 hora nos metimos como a una brecha, y les pregunte que a donde me llevaban,  se rieron y dijo don Guillo aqui mi compadre tiene una finca en la que trae a su queridas a cojer, ahi no hay nadie alrederor de mas de 10km, ahì te vamos a disfrutar como debe de ser, llegamos a ese lugar si estaba muy grande como un rancho, tenia una alberca y una casa muy grande, don Guillo me dio una maleta, me dio un beso y me dijo vete a poner bonita mi amor para tu macho, me fui rapido al cuarto contenta de que abria dentro de la maleta, cuando llege a una recamara grande puse la maleta en la cama y cuando la abri era pura ropa de mujercita, tanguitas, faldas vestidos, shorts, ligueros, babydolls, maquillaje y pelucas, despues de estar viendo todo, no sabia que usar para mi macho, hasta que me decidi por una tanguita color piel de encaje, unas medias de red con liguero, una falda que muy apenas tapaba mis nalgotas, una blusa blanca, unas zapatillas que encontre, una peluca roja que resaltara la piel canela de mi piel, me meti a bañar, me quite todos los pelitos de mi cuerpo, me vesti y cuando me vi en el espejo veia como  toda una putita, me pinte los labios rojos y un poco los ojos, ya que no sabia como hacerlo,  despues de lo emocionada que estaba ni si quiera me acordaba de don Elijio, sali caminado como toda una perra en celo bien contenta para mi macho, que cuando vi a don Elijio se me borro la sonrisa, don Guillo dijo ya vio compadre si o no le dije que esta estaba bien rica, don Elijio nada mas respondio si compadre, es verdad que esta mas rica que la Lupe y eso que esa putita (Lupe) es la mas rica del pueblo, que le responde don Guillo nooo compadre y esta es mas puta ahi donde la ves tiene experiencia como una vieja de 45 años, se traja la verga como toda una profesional, ya lo va a ver usted, no llena de verga por eso le dije que viniera para que me ayudara con la Carmela. Entonces don Guillo me dijo paseate enfrente de nosotros queremos verte toda mi amor, caminaba lo mas sexi para mis machos, y ellos me decian solo cosas leperas, que rico culo, a que sabra ese culito decia don Elijio, te voy a metee toda la verga, te  vamos a dejar bien abierta, te vamos a llenar toda de leche, en eso andaba y que me caigo dandoles el culo a ellos, se me quedaron viendo y dijo don Guillo, vente a si de perrito mi amor ya quiero que te comas mi verga,  asi me fui con el le saque el esa hermosa verga que ya habia disfrutado varias veces 20cm y 5 de ancho, se le empece a mamar y don Elijio jugaba con mis nalgas, me nalgeaba, me metia mas la tanga, paso un tiempo y que dice, ya me toca no compadre, don Elijio era un viejo de rancho, un poco mas alto que don Guillo 1.80 talvez, cuerpo formado por tanto trabajar en el campo, un poco moreno, cuando me hacerque a el para sacarle su verga no me imaginaba que la tenia mas grande, cuando la saque uffff se veia mas hermosa que la de don Guillo 25cm con 7 de ancho, se me hizo agua la boca, ya queria sentir esa hermosa verga palpitando dentro de mi,  empece a chuparla con unas ganas locas de querer que ya pasara el tiempo y sentirla dentro de mi, don Guillo por lo pronto ya estaba cominedome las nalgas, yo gemia de sentir sus lengua y dedos dentro de mi mientras me trataba de comer toda la hermosa verga de don Elijio, don Elijio nada mas estaba con los ojos cerrados y decia, hay chamaca que rico comes verga, si sigues asi me voy a venir, la saque de mi boca y le dije, nooo te vengas en mi boca quiero que me llenes el culo de tu leche, le dijo don Elijjio a don Guillo como que ya le gane el mandado compadre, deje le abro todo ese hermoso culito que tiene, don Guillo me dio una nalgada tan fuerte que grite del dolor pero a la ves me calento y me dijo sabia que eras una puta, que ibas a estar sin cojer hasta que regresaras si aqui que te tengo bien llena, viste una verga mas grande y te olvidas de mi, que dice don Elijio, no se enoje compadre hay que disfrutar a esta putita que para eso la trajimos, se puso atras de mi y coloco esa hermosa verga en la entrada de mi culito, don Guillo puso su verga en mi boca y me la metia con coraje, me daba asco de que la metiera tanto, pero yo solo estaba enfocado en sentir como esa hermosa verga de don Elijio me iba a abrir, senti un poco de dolor cuando empezo a meterla pero yo estaba con la verga de don Guillo en la boca que no podia gritar, la fue metiendo despacito y yo disfrutaba de cada milimetro, cuando senti que su huevotes pegaron en mí, y dijo don Elijio ya te entro toda Carmelita ahora si a gozar, me movia para delante y me metia mas la verga de don Guillo en la boca, me movia hacia atras y me metia la hermosa verga de don Elijio, estaba total mente entregada a mis dos machos, pero ya habia cambiado de amor, estaba total mente enamorada de esa hermosa verga de don Elijio, asi estuvimos por un tiempo hasta que don Elijio dijo, hay Carmelita me apritas mucho la verga con ese hermoso culito es tiempo de llenarte de mi leche, yo no queria que se viniera aun esta disfrutando tanto su hermosa verga, empezo un mete y saca pero mas desquisiado hasta que senti como esa hermos verga se hinchaba dentro de mi y empezo a aventar chorros de leche era tanta leche que se empezo a salir muy rapido de mi culito, la saco y don Guillo se sento y dijo ahora seintate en mi verga quiero ver como rebotan esa nalgas de puta que tienes, me pare del piso y fui directo a su verga, como don Elijio me abia dejado muy abierta entro muy facil, estaba rebotando como toda una perra en celo, hasta que dijo nada mas ver como rebotan y como te sale la leche en cada sentada ya me voy a venir, empece con sontones mas fuertes salia y se metia esa verga en mi abierto culo cuando me agarro y me pego a el, empece a sentir como lanzaba sus chorros de leche, me quede asi por un rato, hasta que de lo enojado que estaba por cambiarlo por don Elijio me saco fuerte el pene y me avento, me dijo quitate puta ahora limpianos el pene, vamos a descansar un poco y despues te la volvemos a meter, les limpiaba sus penes llenos de leche y con sabir a mi culo, les saque hasta la ultima gota, me levante y me acomode la ropa y me fui a caminar al patio, sentia el viento como entraba en mi tan abierto culo, y que mis machos me vieran como su perra recien cogida como movia la cola por todo el patio. 
Espero y les haya gustado, voy a seguir relatando como en ese dia y noche me  siguieron abriendo mi culito 

PARTE III

A mis dieciocho años ya tenía la colita muy paradita y redondita. Medía 1,60 y pesaba sesenta kilos; la verdad es que no crecí mucho y me quedé chaparrita. Entre las piernas apenas tenía un pene que parecía un botoncito, pequeño y tímido, pero mi culo… ese sí era mi orgullo.

Después de la cogida que me habían dado mis dos machos, andaba por toda la finca todavía vestida con la faldita corta, la tanguita y el culito bien resbaloso de tanta leche que me habían metido esos dos viejos cochinos y leperos. Sabían coger rico, eso no se lo podía negar nadie. Ellos estaban cerca de la alberca, con las vergas aún afuera, tomando cerveza y riéndose. De pronto escuché la voz de don Elijio:
—¡Carmela! Ya estamos listos otra vez. Ven, que vamos a volver a llenar de leche ese hermoso culo que te cargas.
Salí corriendo hacia ellos. Ya era una mujer a la que le encantaba tener el culo lleno de verga y de leche. Llegué moviendo la cola de un lado a otro, contenta, casi bailando. La falda se levantaba con cada giro y ellos veían perfectamente cómo mis nalgas se comían la tanguita.
—Tardaron mucho en recuperarse —les dije, sin dejar de menearme—. Ya quiero que me vuelvan a llenar el vacío que me dejaron. Sus vergas están tan ricas que no quisiera que estuvieran nunca fuera de mí.
Las dos vergas empezaron a ponerse duras otra vez. Don Guillo fue el primero en hablar:
—Chupa, para que las lubriques. Ahorita te vamos a dar duro, vas a ver.
Me arrodillé y empecé por don Guillo, para que no se volviera a enojar. La verdad es que yo ya estaba enamorada de la verga de don Elijio, más gruesa y más larga, pero no quería problemas. Me turnaba: un rato una, un rato la otra, chupando con ganas, lamiendo, dejando que se me saliera saliva por las comisuras.
Don Guillo me dijo que me subiera al sofá. Me puse de perrito y seguí comiendo la hermosa verga de don Elijio mientras sentía cómo don Guillo me abría las nalgas. Mi culo ya estaba bien abierto de la cogida anterior, así que cuando él me la metió de una sola estocada apenas gemí. Cada vez que la sacaba casi completa, yo volteaba y le mandaba un beso:
—Así, papi… dame duro…
—¡Cállate, puta, y traga verga! —gruñía don Elijio, empujándome la cabeza contra su entrepierna.
Estuvimos así media hora: la verga de don Guillo entrando y saliendo de mi culo, y la de don Elijio ahogándome la garganta. De pronto don Guillo empezó a dar más duro y más profundo.
—Ya, Carmela… toma más leche…
Me la sacó justo cuando empezó a correrse. Don Elijio no esperó ni un segundo:
—Ahora sí me toca a mí abrir otra vez ese culo hermoso.
Me cargó como si fuera una princesa, me puso sobre la mesa con las piernas abiertas hacia el cielo y me la metió de una sola. Sentí cómo me llegaba hasta el fondo y gemí como loca.
—¡Dame duro, papi! Quiero que me partas en dos… quiero quedar tan abierta que no pueda caminar…
Eso lo prendió todavía más. Me levantó del todo, con su verga todavía dentro, me agarró de las nalgas y empezó a subirme y bajarme como si yo no pesara nada. Cada vez que me dejaba caer, su verga me abría más. Me dio un beso profundo, metiéndome la lengua hasta la garganta, y yo solo podía gemir y babear. De pronto lo sentí hincharse dentro de mí y empezó a chorrear leche a borbotones. Traía tanta que se me salía por los lados y me corría por las nalgas.
Me la sacó todavía goteando y, sin bajarme del todo, me giró para que don Guillo viera cómo de abierto y resbaloso me había dejado el culo. Don Guillo ya estaba otra vez con el pene bien parado. Don Elijio me bajó despacio y me dejó caer justo sobre la verga de su compadre. Volví a gemir cuando sentí cómo me llenaba otra vez.
Los tres seguimos disfrutando un rato más, sudados, jadeando, hasta que nos vinimos casi al mismo tiempo: yo temblando, ellos metiéndome la última carga de leche hasta que ya no cabía más.
Cuando por fin me bajaron de la mesa, apenas podía mantener las piernas juntas. El culito me chorreaba y la faldita estaba empapada. Pero yo sonreía. Porque a mis dieciocho años ya sabía exactamente lo que quería: sentirme toda una mujer que esos dos machos disfrutaran, que me llenaran una y otra vez.

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Femboy Carmelita
Femboy Carmelita

Soy una mujer trans, mido 1.67 soy morenita, con buenas nalgas. https://x.com/FemboyCarmelita

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3 comentarios

  1. Muy rico tu relato.. Me siento identificada contigo.. todo se dan con similitud de situaciones.
    Yo , con el.profesor de baile en un club. El venezolano (49 ). Yo Argentina. ( 28) Ro

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