El regalo de despedida del vecino – I, II, III

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Hola amigos lectores, vengo a contarles qué fue lo que pasó luego de la aventura en el patio de la casa de mi esposa con el vecino. Cabe recordarles que mi esposa es chaparrita, con unas piernas gruesas, unas nalgas redondas y con cadenita, senos pequeños diría yo, pero son una delicia.

Después de ese fajeo y ese punteo que le dio el vecino, mi esposa quedó muy prendida y yo también, debo admitirlo. Teníamos sesiones de sexo intensas fantaseando cómo se la metería el vecino. Ella me decía que estaba muy gruesa y que esa metida que le dio la dejó con muchas ganas.

Todos los días, al regresar del trabajo, se topaban y platicaban un rato. Él la elogiaba y le decía que la había dejado con los huevos llenos de leche aquella noche, que no se valía dejarlo así. Mi esposa solo reía y le decía que quizás después se lo compensaría.

Un viernes estaban platicando y él le dijo que ya el domingo por la tarde se tenía que ir de regreso al otro lado, que le gustaría que se diera algo antes de irse porque tenía los huevos llenos de leche aún. Entre el jugueteo de manos, él llevó la mano de mi esposa a sus huevos, y mi esposa se los empezó a acariciar y le dijo que quería que le demostrara si era verdad lo de la leche, que el sábado en la noche me daba la oportunidad. Quedaron que pasaría a las 9, que ella estaría sola. Se dieron un beso y le dio una nalgada antes de que se fuera.

Al llegar yo del trabajo me contó todo lo que había pasado y decidimos armar el plan.

Al día siguiente ambos descansábamos del trabajo, así que fuimos a hacer unas compras al centro, entre ellas una sexy lencería y un lubricante para ayudarle a mi mujer.

Ya a media tarde mi esposa se metió a dar un baño, se depiló su panochita, la dejó bien lisita, todo listo. Faltando media hora se puso la lencería, era un juego rojo, con un bra de esos sin copas, solo el aro debajo del seno para realzarlo, dejando toda la bubi libre, y una micro tanga de encaje por enfrente, porque detrás era solo el hilo, que se perdía en el culo sabroso de mi esposa. Fue conmigo y me preguntó qué cómo se veía. Le contesté que se veía como una diosa y quise irme encima de ella, pero me paró en seco y me dijo: “Hey amor, no, este regalo es para el vecino, se lo debo”.

Así que me tocó esperar.

A las 9 en punto tocaron la puerta, nos asomamos por la ventana de la cocina y vimos que era él. Mi esposa se retocó su labial rojo y salió a recibirlo mientras yo veía por la ventana.

Desde que la vio salir la cara del vecino fue de sorpresa y lujuria. Apenas le abrió y se metió besándola, ahí en el patio, sus bocas se fundían y él le masajeaba y apretaba las nalgas. Escuché que le dijo: “Te ves bien sabrosa, no me esperaba esta sorpresa, que ya me tuvieras servida la cena”. La volvió a besar y bajó por el cuello hasta las tetas y se las empezó a comer, le mordía los pezones, mi esposa le agarraba el cabello y tiraba su cabeza hacia atrás. Pero en eso le dijo mi esposa: “Son tuyas pero espera un poco, vamos a ponernos más cómodos que ya siento a tu amiguito bien despierto en mi abdomen”. Dicho esto corrí a esconderme en el cuarto y encendí la cámara de vigilancia de la sala para ver toda la acción.

Al entrar se seguían besando, y mi esposa le dijo que tendría que ser ahí en la sala, porque había encerrado a los perros en los cuartos para que no dieran problemas. Él le dijo que no había problema, que él se lo iba a hacer donde fuera que ya no aguantaba más.

La volteó y la empezó a besar del cuello, los hombros y acariciando sus tetas, con la otra mano le arrancó la tanga, literal, era tan delgada que de un jalón se la rompió. Le empezó a acariciar la panochita, alrededor, se la frotaba y poco a poco empezó a meterle dedo, ella empezó a gemir y trataba de pegarse más a él, con sus manos se aferraba a las nalgas de él para sentirlo más cerca. De pronto él se bajó el shorts, ya sin bóxer, y le puso la verga entre más nalgas, mi esposa soltó un suspiro mientras movía las caderas.

Ella se volteó y empezó a masajearle los huevos, luego la verga, por todo lo largo, la mano de mi esposa apenas y cubría lo grueso, pero ella estaba fascinada, lo tiró en el sillón y se puso de rodillas, él abrió más piernas y mi esposa se la empezó a mamar, jugaba con su cabeza le daba lenguetazos, pasaba besando todo el tronco, y llegó a los huevos, se los empezó a chupar, se los estiraba mientras lo masturbaba, él sostenía la cabeza de ella; regresó a la punta y se la quiso meter a la boca, no le cabía, solo se oían sus arcadas.

Pero eso apenas comenzaba…

PARTE II

Continuando con el relato anterior…

Mi esposa le estaba dando tremenda mamada al vecino. Se oía que él le decía cosas como “qué rico la mamas, putita”, “cómela toda”, “te voy a llenar de leche la boquita”. Ella subía y bajaba su cabeza, tratando de meter esa verga en su boca. Luego la hizo subir al sillón y ponerse de rodillas de lado, ella en cuatro con el culo bien levantado y a seguir mamando.

El vecino aprovechó y empezó a masajear sus tetas, las acariciaba y jalaba el pezón. Mi esposa gemía. Luego continuó acariciando la espalda hasta llegar a las nalgas, tremenda nalgada que le soltó y empezó a pasar sus dedos por toda la raja, la empezó a masturbar. Esto calentó más a mi esposa, que dejó de mamar y le dijo que ya se la metiera, que ya lo quería sentir dentro.

Se levantó y fue por el lubricante. El vecino seguía sentado con las piernas abiertas y los brazos detrás de la nuca, esperando a mi esposa. Ella empezó a echar lubricante en la verga del vecino, masajeaba y aplicaba más y más. Mi esposa le dijo que tenía que estar bien lubricada porque si no le iba a doler. El vecino le dijo que igual la iba a partir.

La jaló hacia él y se subió mi esposa al sillón, teniendo a la altura de su cara la panocha de mi esposa. Le acercó la cara y le dio un lengüetazo en su panochita lisa, a lo que mi esposa le dijo que la lengua la dejara para después, que lo que quería era verga. Así que empezó a bajar en posición de ranita. Él la agarraba de la cadera para que no se cayera, llegó a la punta de la verga y tocó la entrada de su panochita. Mi esposa sujetó la verga del vecino y ahora sí se la empezó a meter, despacito. Le decía que apenas entraba la punta. Una vez entrada la punta, mi esposa puso sus manos en los hombros del vecino para seguir bajando. Él la seguía apoyando de la cadera y de vez en cuando pasaba su mano por las nalgas. Así bajaba despacio y le decía: “Ay, es que está muy gruesa, no me cabe, nunca me había metido una así”.

El vecino se desesperó y, cuando iba la mitad de la verga adentro, la tomó más firme de la cadera y la jaló hacia abajo. Se la metió completa, los huevos quedaron tocando las nalgas de mi esposa y soltó un gritote de dolor-placer.

Mi esposa se recostó sobre el vecino ya con la verga adentro, y él con las manos en sus nalgas. Se comenzaron a besar muy intenso y mi esposa le decía que le diera un minuto en lo que se acostumbraba a tener tremenda verga dentro de ella. Los besos siguieron y mi esposa empezó a mover su cadera sobre esa verga, la movía en círculos, adelante y atrás, hasta que empezó a dar pequeños brinquitos que cada vez fueron más y más arriba, con más intensidad, hasta que llegó el momento en que rebotaba en esa vergota. Se oía como chocaban sus nalgas con los huevos. Mi esposa gemía como loca, le decía: “Ay sí, qué rica verga, me encanta como me abres”, “qué rica vergota, dame más”.

Lo cabalgaba con fuerza. Pasaron fácil unos 20 minutos donde ella lo montaba, tomada de sus hombros. Luego se soltó y agarraba su cabello, tiraba los brazos para atrás y le acariciaba los huevos al vecino. Él agarraba sus tetas, las masajeaba y apretaba. Cuando ella se acercaba, se las empezaba a chupar y a morder el pezón. Mi esposa ya no podía más, ya ni el gemido le salía y le dijo: “Ya por favor, ya dame la leche, quiero tu leche”.

El vecino aceleró los sentones, la agarraba debajo de las nalgas y se la dejaba caer. Esto la hacía gritar hasta que de pronto los huevos del vecino se contrajeron y las nalgas de mi esposa se veían que apretaban aquella verga. Se vino a chorros dentro de ella (luego me contó que había sentido 6 chorros intensos dentro de ella, que sintió calientito y como se llenaba). Después de una serie de contracciones de ambos, mi esposa se recostó sobre él aún con la verga adentro y se besaron apasionados. Mi esposa le dijo: “Qué bárbaro, cuánta leche sacaste, qué rico sentí”. Y el vecino le dijo: “Te dije que te tenía leche, y aún no es toda, no me voy hasta que te la acabes”.

Se levantó mi esposa y se vio como de la panocha, apenas acababa de salir la verga y empezó a escurrir la leche. Se agachó y le limpió la verga con la boca, le decía que su leche sabía muy rico.

Él quedó sentado y mi esposa se recostó a su lado, con su cabeza en las piernas del vecino, acariciando la verga, le daba besitos. Y él le acariciaba las tetas. La verga del vecino aún firme y ya quería más, pero mi esposa le dijo que esperara un poco, que sí la tenía muy gruesa y que quería descansar unos minutos.

Así se quedaron como 5 minutos antes de recomenzar…

PARTE III

Hola amigos lectores, hoy les cuento la tercera parte del regalo de despedida del vecino. Al parecer no se cargó el relato y no me había percatado. Aparte habíamos salido de vacaciones a la playita, ya verán las nuevas experiencias que tuvo mi hotwife, ya se lo tomó muy en serio.

Les había contado que luego del primer palo mi esposa se había quedado descansando, un poco adolorida por el grosor del vecino. Platicando mientras le masajeaba la verga y él le agarraba las tetas, se las sobaba y hacía círculos en sus pezones.

E: Me dejaste un poco adolorida, aún me palpita mi panochita.

V: Te dije que te traía muchas ganas.

E: Sí lo noté, pero es que también está bien grande y gruesa.

V: Es una verga de macho, ¿no te había tocado una?

E: Es que solo había estado con mi esposo, sí está bien, pero esta está muy gruesa.

V: Pues sí estás muy apretadita, pero eso te lo voy a quitar.

Dicho esto la hizo levantar y la acomodó en cuatro en el sillón. Él se colocó detrás de ella y le soltó una nalgada. Mi esposa soltó un gemido y a él le gustó. Le abrió las nalgas y puso su cara entre ellas.

Le empezó a pasar la lengua y mi esposa daba pequeños espasmos y gemidos. Tenía tan sensible e hinchada su panochita que se le veía. Se veía cómo el vecino le comía muy rico. Ella apretaba el sillón y se agarraba el cabello, más levantaba el culo. Luego el vecino se fue más arriba y le pasó la lengua por el culito. Me sorprendió ver que no se quitó, ya que siempre que he intentado eso me dice que no y se quita y ya no me deja hacerle ni el oral. Pero solo dijo “ay no no no eso no” y luego se relajó. El vecino le tiró saliva y le empezó a meter un dedo mientras le seguía comiendo la panochita. Ella bien dejada ya solo gemía. Pasados unos diez minutos le empezó a decir “ya para, dame verga, quiero más verga”.

El vecino se acomodó, le puso la verga en la vagina y empezó a intentar meter. Pero de lo gruesa que estaba y lo hinchada que ya estaba mi esposa empezaron a batallar. Se veía que ella sufría porque daba grititos de dolor pero con placer, y al parecer esto excitaba al vecino porque más se la quería meter así.

E: Échale lubricante por favor, me está doliendo.

V: ¿Tremenda puta que eres y quieres lubricante?

E: Ay es que está bien gruesa.

V: Así se les hace a las putas, derecho sin lubricante.

Le empezó a soltar nalgadas y con cada nalgada más le entraba la verga. Muy rojas deberían estar ya las nalgas de mi esposa ya que son blancas. Hasta que se le fue toda, chocaron los huevos del vecino con ella y ella se dejó caer rendida, cabeza y pecho al sillón y el culito bien levantado.

El vecino la tomó de la cintura y comenzó a bombear, con ritmo lento primero, hacía que sonara fuerte el choque de cuerpos. Mi esposa rebotaba y sus nalgas más con cada embestida. Empezó a acelerar y mi esposa a gemir más y más. De repente paró, se la sacó y se la dejó ir de golpe. Tremendo grito que le sacó a mi esposa, y le decía el vecino:

V: ¿Quieres más verga?

E: Ayyy sí sí sí dame más.

V: ¿Eres mi puta?

E: Sí sí sí soy.

El vecino la jaló del cabello levantándola.

V: ¿Sí eres qué?

E: Ayyy sí soy puta.

V: Eres mi puta, ¿qué eres?

E: Ayy soy tu puta soy tu puta dame verga.

El vecino le soltaba más nalgadas y la siguió bombeando, así jalando del cabello. Luego la jaló de los brazos. Mi esposa solo obedecía y gemía, parecía muñeca de trapo.

Luego el vecino le escupió en el culo y le metió un dedo, mientras la seguía bombeando. Después de un rato le sacó la verga y la puso en el ano de mi esposa. Se la quiso meter. Al hacer presión, mi esposa se quitó y se giró, quedando boca arriba y le decía que no.

El vecino la jaló, le abrió las piernas y le acomodó la punta cabezona de la verga en la panochita. Mi esposa empezó a mover la cadera instintivamente buscando que le entrara esa verga, pero él no la metía. Se acercó hasta estar muy cerca de ella y le dijo:

V: Me vas a dar ese culito apretado.

E: No, no se lo he dado ni a mi esposo, esa cosa me va a doler.

V: Pero yo no soy tu esposo, y tú eres mi puta, y las putas dan el culo.

La tomó del cuello suave pero firme (esto le encanta a mi esposa) y le dio una cachetada.

V: Creo que aún no te queda claro que eres mi puta y soy tu amo y me debes obedecer.

E: Ayyyy ayyy sí sí sí tu puta.

V: Ya vamos entendiendo (le dio una cachetada). ¿Vas a obedecer y darme el culo?

E: Sí sí te lo voy a dar.

V: ¿Sí qué? (Le dio otra cachetada).

E: Ayyy sí mi amo, tu puta te va a dar el culo.

El vecino la volvió a acomodar en cuatro, cabeza y pecho pegados al sillón, para dejar el culito bien abierto y despejado. Él le comenzó a poner lubricante, bastante, y le metía el dedo. Se puso él en la verga otro tanto de lubricante y empezó a tratar de meter. Y digo trató porque por más que quisieron no pudo meter más que la cabeza de esa vergota. Mi esposa no aguantó el dolor y él se apiadó, no sin antes decirle que para cuando él regresara ya tenía que estar lista para darle el culo, que lo fuera amoldando.

El vecino se sentó en el sillón con las piernas abiertas y mi esposa se acomodó de espaldas y ella solita se ensartó, movía la cadera con la verga hasta el fondo. Parecía que le bailaba al vecino, levantaba los brazos, se agarraba el cabello. Su cara de placer por la cámara era lo máximo. Empezó a dar sentones más y más duros, a levantarse y dejarse caer hasta que empezaron los espasmos. Ella sintió el chorro de leche, me dijo luego, y se quedó quieta con esa verga hasta el fondo, hasta que acabó. Otros 5 chorros abundantes dijo que sintió. Se levantó y se vio como salió un hilo blanco de entre sus piernas. Tomó un poco con sus dedos y se lo llevó a la boca. Luego se fue a limpiar y el vecino la esperaba sentado en el sillón, con la verga un poco flácida después de 45 minutos o más de estarle dando, pero aún así se veía un monstruo grueso.

Mi esposa caminó hacia él y se veía que sus piernas se doblaban, cansada estaba ya. Se sentó en sus piernas y se comenzaron a besar apasionados como si fueran novios. Ella puso su mano en el pecho del vecino y lo empezó a acariciar, bajando su mano hasta llegar a los huevos, se los sobaba despacio y él le sobaba las tetas, bajó besándolas y le comía las tetas, los pezones se los lamía. Mi esposa extasiada, duraron un rato con el faje y besos. Luego mi esposa así sentada en sus piernas se acomodó en el pecho y empezaron a platicar.

E: Qué ricos huevos tienes, sí que tiran mucha leche.

V: Yo te dije, y que me tenías que vaciar.

E: De haber sabido que esto iba a estar así de rico desde cuándo te daba entrada.

V: Ahora ya sabes, solo que vas a tener que esperar a que regrese.

E: Lástima, pero sí vale la pena, solo no te vayas a olvidar de mí.

V: Claro que no, voy a ansiar comerme este culito otra vez.

Mi esposa seguía masajeando la verga del vecino, que se puso otra vez dura, bien firme, y le preguntó él que si quería otro round. Pero ella le dijo que no, que sí quería pero que de verdad no podía más, estaba muy hinchada.

Luego se le quedó viendo con una sonrisa pícara que solo yo conozco. El vecino le preguntó qué pasaba y ella le dijo “ya verás”.

Se levantó y fue a dónde estaba el short del vecino, sacó el celular de él y abrió la cámara, la enfocó a ella y empezó a grabar. Tiró un beso a la cámara y se acercó a dárselo al vecino, apuntando a ella en todo momento. Comenzó a caminar alejándose sexy, moviendo las nalgas muy sensual, volteó despacio y empezó a agarrarse el cabello, un chonguito, se puso de rodillas y empezó a gatear hacia el vecino, viéndolo sexy, acercando poco a poco hasta que llegando a él se puso de rodillas y le agarró la verga, suave, le daba masaje por los huevos. Empezó a pasarse la punta de la verga por los pezones.

V: ¿Qué es esto?

E: Es un regalo de tu putita, para que no me olvides estando lejos.

Sonrió y le comenzó a dar un oral, le daba besos en la cabeza, sacaba la lengua y se la pasaba, bajaba lamiendo todo el tronco, los huevos los metía en la boca lo que le cabía, subía y bajaba, luego la metió en su boca, empezó a bajar intentando meter lo más que podía. El vecino sostuvo su cabeza y le decía cosas como “cómela toda perra” “qué rica puta me conseguí”.

Le dio una tremenda mamada, hasta que sintió los huevos palpitar. Se la sacó de la boca y la apuntó a su carita, le vació toda la leche en su cara, los labios, por la barbilla le escurría leche.

Volteaba a la cámara sonriendo, una delicia su carita cubierta de leche. Le chupó la verga para dejarla bien limpia, y con sus dedos llevaba la leche de su cara a su boquita y se la comía.

E: Qué rica lechita papi, aquí va a estar esperando tu putita a que regreses para sacarte así la leche.

Soltó un beso a la cámara y cortaron el vídeo.

Se fue a limpiar la carita y en eso el vecino se levantó y se vistió, le dijo que se tenía que ir porque salía temprano. Se abrazaron y se empezaron a besar. Mi esposa así desnuda, solo con esa copa de bra rojo que dejaba las tetas al aire, y así salió a despedirlo. Abrieron la puerta y salieron al patio, a lo que yo aproveché para correr a la ventana de la cocina. Veía como se reían y se abrazaban, obvio el vecino le agarraba las nalgas a mi esposa. Ya estando afuera el vecino la abrazó y la giró, sacando a mi esposa de la casa, y ella le decía que no, que la podían ver, pero a él no le importó y la llevó fuera de la casa. Fueron los cinco minutos más largos. Salí al patio de servicio y solo podía oír sus risas. Luego regresó mi esposa y ya se metió a la casa. Me contó que la había hecho caminar hasta la esquina así desnuda, que rieron porque iba a gritar el vecino que vieran la puta que traía.

Mi esposa me abrazó y me dio un beso, llevó su mano a mi verga que estaba flácida pero hinchada de tanta masturbación que le di y me dijo:

E: Alguien también acabó muy delechado hoy.

Rió y me dio más gracias diciendo: Amor, de verdad que hoy lo disfruté mucho, por favor déjame hacerlo más veces, está muy rico.

Me dijo que sabía que me había prometido hacerlo después pero que sí estaba muy hinchada y cansada, así que solo abrí sus piernas, vi sus labios rojos e hinchados de tanto coger esa verga gruesa y olí su panochita, a recién cogida, sus fluidos y lechita. Le quise pasar la lengua pero se quitó porque dijo que estaba muy irritada, que al día siguiente me daría todo, y así fue.

Luego fuimos a una sex shop a comprar unas cositas para seguir teniendo sexo desenfrenado, y no pudo faltar un plug anal para ir amoldando su culito.

Luego les cuento qué pasó en la playa…

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