El regalo de despedida del vecino – I, II
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Hola amigos lectores, vengo a contarles qué fue lo que pasó luego de la aventura en el patio de la casa de mi esposa con el vecino. Cabe recordarles que mi esposa es chaparrita, con unas piernas gruesas, unas nalgas redondas y con cadenita, senos pequeños diría yo, pero son una delicia.
Después de ese fajeo y ese punteo que le dio el vecino, mi esposa quedó muy prendida y yo también, debo admitirlo. Teníamos sesiones de sexo intensas fantaseando cómo se la metería el vecino. Ella me decía que estaba muy gruesa y que esa metida que le dio la dejó con muchas ganas.
Todos los días, al regresar del trabajo, se topaban y platicaban un rato. Él la elogiaba y le decía que la había dejado con los huevos llenos de leche aquella noche, que no se valía dejarlo así. Mi esposa solo reía y le decía que quizás después se lo compensaría.
Un viernes estaban platicando y él le dijo que ya el domingo por la tarde se tenía que ir de regreso al otro lado, que le gustaría que se diera algo antes de irse porque tenía los huevos llenos de leche aún. Entre el jugueteo de manos, él llevó la mano de mi esposa a sus huevos, y mi esposa se los empezó a acariciar y le dijo que quería que le demostrara si era verdad lo de la leche, que el sábado en la noche me daba la oportunidad. Quedaron que pasaría a las 9, que ella estaría sola. Se dieron un beso y le dio una nalgada antes de que se fuera.
Al llegar yo del trabajo me contó todo lo que había pasado y decidimos armar el plan.
Al día siguiente ambos descansábamos del trabajo, así que fuimos a hacer unas compras al centro, entre ellas una sexy lencería y un lubricante para ayudarle a mi mujer.
Ya a media tarde mi esposa se metió a dar un baño, se depiló su panochita, la dejó bien lisita, todo listo. Faltando media hora se puso la lencería, era un juego rojo, con un bra de esos sin copas, solo el aro debajo del seno para realzarlo, dejando toda la bubi libre, y una micro tanga de encaje por enfrente, porque detrás era solo el hilo, que se perdía en el culo sabroso de mi esposa. Fue conmigo y me preguntó qué cómo se veía. Le contesté que se veía como una diosa y quise irme encima de ella, pero me paró en seco y me dijo: “Hey amor, no, este regalo es para el vecino, se lo debo”.
Así que me tocó esperar.
A las 9 en punto tocaron la puerta, nos asomamos por la ventana de la cocina y vimos que era él. Mi esposa se retocó su labial rojo y salió a recibirlo mientras yo veía por la ventana.
Desde que la vio salir la cara del vecino fue de sorpresa y lujuria. Apenas le abrió y se metió besándola, ahí en el patio, sus bocas se fundían y él le masajeaba y apretaba las nalgas. Escuché que le dijo: “Te ves bien sabrosa, no me esperaba esta sorpresa, que ya me tuvieras servida la cena”. La volvió a besar y bajó por el cuello hasta las tetas y se las empezó a comer, le mordía los pezones, mi esposa le agarraba el cabello y tiraba su cabeza hacia atrás. Pero en eso le dijo mi esposa: “Son tuyas pero espera un poco, vamos a ponernos más cómodos que ya siento a tu amiguito bien despierto en mi abdomen”. Dicho esto corrí a esconderme en el cuarto y encendí la cámara de vigilancia de la sala para ver toda la acción.
Al entrar se seguían besando, y mi esposa le dijo que tendría que ser ahí en la sala, porque había encerrado a los perros en los cuartos para que no dieran problemas. Él le dijo que no había problema, que él se lo iba a hacer donde fuera que ya no aguantaba más.
La volteó y la empezó a besar del cuello, los hombros y acariciando sus tetas, con la otra mano le arrancó la tanga, literal, era tan delgada que de un jalón se la rompió. Le empezó a acariciar la panochita, alrededor, se la frotaba y poco a poco empezó a meterle dedo, ella empezó a gemir y trataba de pegarse más a él, con sus manos se aferraba a las nalgas de él para sentirlo más cerca. De pronto él se bajó el shorts, ya sin bóxer, y le puso la verga entre más nalgas, mi esposa soltó un suspiro mientras movía las caderas.
Ella se volteó y empezó a masajearle los huevos, luego la verga, por todo lo largo, la mano de mi esposa apenas y cubría lo grueso, pero ella estaba fascinada, lo tiró en el sillón y se puso de rodillas, él abrió más piernas y mi esposa se la empezó a mamar, jugaba con su cabeza le daba lenguetazos, pasaba besando todo el tronco, y llegó a los huevos, se los empezó a chupar, se los estiraba mientras lo masturbaba, él sostenía la cabeza de ella; regresó a la punta y se la quiso meter a la boca, no le cabía, solo se oían sus arcadas.
Pero eso apenas comenzaba…
PARTE II
Continuando con el relato anterior…
Mi esposa le estaba dando tremenda mamada al vecino. Se oía que él le decía cosas como “qué rico la mamas, putita”, “cómela toda”, “te voy a llenar de leche la boquita”. Ella subía y bajaba su cabeza, tratando de meter esa verga en su boca. Luego la hizo subir al sillón y ponerse de rodillas de lado, ella en cuatro con el culo bien levantado y a seguir mamando.
El vecino aprovechó y empezó a masajear sus tetas, las acariciaba y jalaba el pezón. Mi esposa gemía. Luego continuó acariciando la espalda hasta llegar a las nalgas, tremenda nalgada que le soltó y empezó a pasar sus dedos por toda la raja, la empezó a masturbar. Esto calentó más a mi esposa, que dejó de mamar y le dijo que ya se la metiera, que ya lo quería sentir dentro.
Se levantó y fue por el lubricante. El vecino seguía sentado con las piernas abiertas y los brazos detrás de la nuca, esperando a mi esposa. Ella empezó a echar lubricante en la verga del vecino, masajeaba y aplicaba más y más. Mi esposa le dijo que tenía que estar bien lubricada porque si no le iba a doler. El vecino le dijo que igual la iba a partir.
La jaló hacia él y se subió mi esposa al sillón, teniendo a la altura de su cara la panocha de mi esposa. Le acercó la cara y le dio un lengüetazo en su panochita lisa, a lo que mi esposa le dijo que la lengua la dejara para después, que lo que quería era verga. Así que empezó a bajar en posición de ranita. Él la agarraba de la cadera para que no se cayera, llegó a la punta de la verga y tocó la entrada de su panochita. Mi esposa sujetó la verga del vecino y ahora sí se la empezó a meter, despacito. Le decía que apenas entraba la punta. Una vez entrada la punta, mi esposa puso sus manos en los hombros del vecino para seguir bajando. Él la seguía apoyando de la cadera y de vez en cuando pasaba su mano por las nalgas. Así bajaba despacio y le decía: “Ay, es que está muy gruesa, no me cabe, nunca me había metido una así”.
El vecino se desesperó y, cuando iba la mitad de la verga adentro, la tomó más firme de la cadera y la jaló hacia abajo. Se la metió completa, los huevos quedaron tocando las nalgas de mi esposa y soltó un gritote de dolor-placer.
Mi esposa se recostó sobre el vecino ya con la verga adentro, y él con las manos en sus nalgas. Se comenzaron a besar muy intenso y mi esposa le decía que le diera un minuto en lo que se acostumbraba a tener tremenda verga dentro de ella. Los besos siguieron y mi esposa empezó a mover su cadera sobre esa verga, la movía en círculos, adelante y atrás, hasta que empezó a dar pequeños brinquitos que cada vez fueron más y más arriba, con más intensidad, hasta que llegó el momento en que rebotaba en esa vergota. Se oía como chocaban sus nalgas con los huevos. Mi esposa gemía como loca, le decía: “Ay sí, qué rica verga, me encanta como me abres”, “qué rica vergota, dame más”.
Lo cabalgaba con fuerza. Pasaron fácil unos 20 minutos donde ella lo montaba, tomada de sus hombros. Luego se soltó y agarraba su cabello, tiraba los brazos para atrás y le acariciaba los huevos al vecino. Él agarraba sus tetas, las masajeaba y apretaba. Cuando ella se acercaba, se las empezaba a chupar y a morder el pezón. Mi esposa ya no podía más, ya ni el gemido le salía y le dijo: “Ya por favor, ya dame la leche, quiero tu leche”.
El vecino aceleró los sentones, la agarraba debajo de las nalgas y se la dejaba caer. Esto la hacía gritar hasta que de pronto los huevos del vecino se contrajeron y las nalgas de mi esposa se veían que apretaban aquella verga. Se vino a chorros dentro de ella (luego me contó que había sentido 6 chorros intensos dentro de ella, que sintió calientito y como se llenaba). Después de una serie de contracciones de ambos, mi esposa se recostó sobre él aún con la verga adentro y se besaron apasionados. Mi esposa le dijo: “Qué bárbaro, cuánta leche sacaste, qué rico sentí”. Y el vecino le dijo: “Te dije que te tenía leche, y aún no es toda, no me voy hasta que te la acabes”.
Se levantó mi esposa y se vio como de la panocha, apenas acababa de salir la verga y empezó a escurrir la leche. Se agachó y le limpió la verga con la boca, le decía que su leche sabía muy rico.
Él quedó sentado y mi esposa se recostó a su lado, con su cabeza en las piernas del vecino, acariciando la verga, le daba besitos. Y él le acariciaba las tetas. La verga del vecino aún firme y ya quería más, pero mi esposa le dijo que esperara un poco, que sí la tenía muy gruesa y que quería descansar unos minutos.
Así se quedaron como 5 minutos antes de recomenzar…

Sube la segunda parte
Tambien me qustaria ver algunas fotos de tu mujer si se puede