El hijo del Verdulero
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Pensamos que todo había vuelto a la realidad. Marcelo, mi amigo, se había ido de casa. Cada tanto viene a vernos, bueno, a ella más que nada. Mi esposa evita ir a la verdulería porque Raúl le recuerda la comida que le pegó y lo buena puta que fue.
Una tarde mi hermana nos invita a la pileta, pero nos pide llevar fruta. Mi esposa prepara todo para ir, se cambia poniendo un bikini de los que se atan en la cintura. Mientras carga todo en un bolso, puede ver que Raúl se va, así que se alegra ya que podrá ir a comprar tranquila, pensando que estaría la mujer. Inclusive se sintió cómoda y solo se puso un pareo dejando ver la parte de arriba de la malla, donde se lucían esos bellos pechos.
Fue así que se cruza y al entrar ve que estaba José, el hijo menor de Raúl, un muchacho de unos veinte años pero grande de cuerpo. Estaba junto a su amigo Hugo, un muchacho delgado, ambos bolivianos.
José estaba con su celular como siempre. Al ver a mi mujer, le muestra algo a Hugo y le pregunta qué quería a mi esposa, mientras ambos la miran de arriba abajo.
Al mismo tiempo le pregunta si Marcelo estaba en la casa, a lo cual ella contesta que no vive más con nosotros.
José, que no era tan vivaracho, se acerca a mi esposa y le dice: “Lástima, quería pedirle el mismo favor que le hizo a mi papá”, al mismo tiempo que le da una nalgada a mi esposa.
Mi esposa, enojada, lo mira mientras reclama por lo que hizo. Cuando interviene Hugo, que era más despierto de los dos, diciendo: “Dale, putita, que ya vimos el video con Raúl, cómo te dejó la boca llena de leche y cómo te rompió el culito”. Ese al momento de arrancarle el pareo, dejando ver toda su silueta.
“Mira, puta”, le dice José, “si no te portas bien con nosotros, este video pasa al celular de mi mamá y al grupo del barrio”. Noemí miraba en el celular del pibe el video grabado por Marcelo, donde ella estaba completamente desnuda, donde se veía el hermoso cuerpo que tiene, que Raúl le estaba comiendo ese hermoso culo y le acababa en la boca, y Noemí diciendo: “Soy tu puta”.
Hugo, que tenía más iniciativa, le dice: “Dale, puta, no tenés posibilidades de decir que no”, y la besa a la fuerza mientras también le sobaba el culito.
Le desprende los nudos del bikini, dejando completamente desnuda. José le dice: “Llévala al fondo que cierro, no quiero que nadie nos joda”.
Hugo arranca obligando a mi esposa que le chupe. Su pija era más grande que la de Raúl a pesar de su edad. Entra José y se saca la ropa, dejando ver que tenía un pito parecido al padre. Hugo dice: “Qué linda puta que es, mirá cómo chupa”, y la filma, cosa que Noemí quería impedir.
José también se une a la fiesta, haciendo que mi esposa meta su pija en la boca. Hugo ya había perfilado para atrás de ella y sin previo aviso se la clava en esa hermosa conchita, haciendo pegar un quejido fuerte que hace sentir contento al pibe. “Mirá cómo chilla la putita”, dice Hugo, quien bombea con fuerza, haciendo que se mueva para delante Noemí con cada embestida, causando que el pito de José se meta hasta el fondo en la boca de mi mujer. Esa situación causó que la poca experiencia y la excitación le terminen en la boca, llenando la boca de semen viscoso típico de joven, mientras que Hugo dijo: “Falta lo mejor”, y se la clava en la hermosa cola, lo que hace que vuelva a pegar otro grito, pero esta vez más de placer. Ella ya estaba más que entregada, se movía al ritmo de Hugo, gemía como toda una puta y tuvo dos orgasmos antes que Hugo le llenara las entrañas de leche. Ella se incorpora, los besa y les dice: “Me encantó, pero debo irme”, y se retira. Al llegar a casa llega sin la fruta y tapándose con el pareo. Le pregunto por qué tardó si no trajo nada, lo que contesta: “No preguntes y nos fuimos”. A la noche me dijo lo que pasó y cogimos muy rico.
