La verguita de mi marido y mi culo hambriento

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Siempre me ha gustado así, de rodillas, con la boca llena de esa verguita diminuta que mi marido esconde entre las piernas. Es tan pequeña y delgada que me la trago entera sin ningún esfuerzo, como si fuera una paleta de fresa que se derrite en mi lengua. Mientras lo chupo, levanto la mirada y lo veo retorcerse, mordiéndose los labios, sin saber si reír o llorar de placer. Me encanta sentir cómo se pone dura entre mis labios, aunque apenas tenga nada que ofrecer, porque yo soy una puta hambrienta y con cualquier migaja me conformo… o eso parece.

Pero cuando me caliento de verdad, no hay quien me detenga. Me separo de su verguita con un chasquido, me doy la vuelta y me pongo en cuatro, ofreciéndole mi culo gordo y rosado como un banquete. Lo agarro del pellejo flácido de su cadera y lo jalo hacia mí, sin importar que su pito sea tan corto que apenas alcance a tocar mi entrada. Él empuja con timidez, pero yo soy la que manda aquí: me dejo caer hacia atrás con todo mi peso y siento cómo esa puntita se hunde en mi carne caliente, perdiéndose entre mis nalgas como si se lo hubiera tragado un abismo.

Me muevo como una loca, rebotando sobre él sin compasión, mientras él gime y se agarra de mis caderas para no salirse. Su verguita no llena nada, pero mi coño apretado hace el trabajo, estrujándolo hasta sacarle hasta la última gota de leche. Me miro en el espejo del ropero y sonrío: soy yo quien lo está follando a él, no al revés. Mi cuerpo sudado brilla, mis tetas rebotan libres y mi cara es la de una zorra satisfecha que sabe que puede hacer lo que quiera con ese pobre güey.

¿Te gusta, papi? le digo con la voz ronca, sin dejar de cabalgarlo. ¿Te gusta cómo tu putita se traga tu verguita y te la muerde con el coño?

Él solo acierta a gruñir, con los ojos en blanco, mientras yo acelero el ritmo. Siento que se acerca, que su pito se pone más duro dentro de mí, y eso me enciende aún más. Quiero que se venga, quiero sentir cómo me llena aunque sea con esa cantidad ridícula, porque para mí cada gota es un trofeo. Aprieto fuerte, lo muerdo con mi vagina, y cuando él estalla con un gemido agudo, yo me corro también, empapando su verguita flácida que ya se está saliendo de mi culo.

Me quedo un momento encima de él, respirando pesado, con el coño latiendo y su leche escurriéndose por mis muslos. Me volteo, lo miro a los ojos y le doy un beso sucio, saboreando su sudor y su sumisión. Todavía quiero más le susurro al oído, mientras acaricio su pito pequeño que cuelga cansado. Pero por ahora, esto me basta. Y me río, porque sé que mañana volveré a hacerlo, porque soy esta putita que nunca se cansa de su marido de verga chiquita.

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Carolina Sexy
Carolina Sexy

Soy una chica muy caliente y posesiva. Me gusta leer los relatos de esta pagina. Pero lo que mas disfruto es compartir relatos eroticos que cuentan mis amigas y muchos que son de mis fantasías eróticas que con personajes logro trasmitir y publicar en esta comunidad.

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