Al salir de prisión en casa de mi madre y dos sobrinas
Duración estimada de lectura: 5 minutos
Visitas: 2,827
Hace como dos años perdí mi trabajo y regresé a casa más temprano para pillar a mi esposa junto a mi compadre de cuatro patas gritando como una loca. Tomé mi bate y casi mato a ese que se decía amigo. Al tener antecedentes, dos años de prisión, los cuales terminé hace unos meses, y llamé a mi madre, la cual me acoge pero rogándome que me porte bien.
La vivienda es muy pequeña: dos habitaciones, un baño, cocina y una pequeña sala con cuatro sillas. Mi hermana está en el extranjero buscando una vida mejor para poder traerse a sus hijas mellizas de 18 años que viven con mi madre. Después de los saludos, voy a una vivienda en otra planta y tomo un colchón viejo para quedarme junto a mi madre en el suelo.
Mi madre trabaja todo el día limpiando oficinas y bares, llevando a las niñas al colegio, y yo las traigo a las cuatro de la tarde. Mi madre de 61 años se hace mayor, pero sus nalgas y tetas aún las tiene perfectas.
El primer mes perfecto: al llegar, mi madre cenábamos y las tres se acostaban a dormir mientras yo seguía en la terraza fumando y con redes sociales a ver si podía coger, pues llevaba mucho tiempo sin sentir la piel femenina.
Al poco, tomé la costumbre de bajar al bar con amigos y regresaba ya tarde mientras todas dormían. Una noche, ya metido otra vez en la basura, llego a casa y me acuesto, pero antes miro a mi madre que duerme en camisón con bragas y pechos al aire. No puedo evitarlo, le saco un pecho y, viendo su gran pezón oscuro, paso mi verga ya dura sobre él, pasando después a chuparlo. Tomo a mi madre y le doy la vuelta boca abajo mientras le quito la braga. Ella se despierta, gime suavemente y me dice que sí, que lo haga con cuidado. Meto mi verga de un solo empujón y, tomando sus caderas, embisto. Ella empieza a moverse conmigo, cada vez más excitada, hasta que noto su vagina muy húmeda. Al meter un dedo en su culo al ritmo de la clavada, ya grita que le gusta y que le dé más, pues se va a venir. Junto a su gran orgasmo, me vengo yo en sus enormes nalgas, sacando mucha leche después de tanto tiempo.
A las cuatro iba a buscar a mis sobrinas al colegio y, durante la tarde, estudiaban, se bañaban y pasaban el rato con sus móviles. Marta es la más desarrollada, con pelo moreno, baja y ya con buen culo y pechos. Ana es lo contrario: alta, pero cuerpo delgado, piernas largas, rubia y poco pecho. Ambas, al estar en la edad de querer conocer, me están todo el día preguntando y jugando conmigo. Se sientan a turnos sobre mí y me la ponen dura cuando se mueven todo el rato.
Me insisten en poder ver un pene y un día, ya cansado de su insistencia, les saco mi verga flácida para que investiguen. Se parecen a dos científicas: la tocan, la miran, la masturban y, cuando se les pone dura, se ríen con cara de asombro. Les explico cómo chupar para que vean el semen y, entre las dos, me la maman cada vez con más placer hasta que me vengo en las manos de ambas. Alucinan, dicen, tocan, huelen y prueban el semen.
Otra noche, entro en la habitación y voy a la cama de Marta, la morena ya desarrollada. La despierto suavemente y le indico que guarde silencio. Subo su pijama y admiro sus pechos, lamo y mordisqueo sus ya grandes pezones. Ella emite leves gemidos y susurra que sí, que continúe. Le quito la parte baja del pijama y las bragas, enseñando una vagina con pelitos pero con raja estrecha. Meto la cabeza y la como primero suave, pero cada vez con más ganas. Ella se humedece cada vez más, dejando la sábana empapada. Le meto con cuidado un dedo y la penetro con él mientras su clítoris ya hinchado no sale de mi boca. Se viene entre ahiii ahiiiii y unos siii siiii, y convulsiona bastante.
Le levanto las piernas a mis hombros y, con aceite, me unto la verga. La penetro con mucho deseo y, con varios empujones, alguna lágrima y un poco de sangre, la meto toda. Estoy dando verga por más de varias horas mientras ella, con su cara de placer, no para de venirse hasta que yo la tomo entre sus tetas y me vengo hasta el cuello y su cara.
Hace unas tardes, estando ya varias veces con Marta, su hermana Ana nos dice claramente que también desea aprender con nosotros, pues sus amigos del colegio son brutos y no saben. En su cama, la desnudamos y pude contemplar ese cuerpo donde esos pequeños pezones rosados parecían bombones y su rajita con pelo rubio era con vulva y clítoris salidos. Puse a la hermana a comerla toda y que le metiera dos deditos. Ana, distinta a su hermana, daba grititos de placer y susurraba que sí, que le gustara. Viendo la cara de ella y el culo de Marta levantado mientras su lengua se perdía en la vagina de su hermana, la penetré con muchas ganas, abriendo sus nalgas para que la sintiera entera. Ana se vino entre grandes gritos y su hermana junto a mí con sus gemiditos.
La penetración está costando un poco por dolor y gritos, pero en breve lo logramos, todo con su acuerdo entusiasta.
