Mi hijo y sobrino piensan que soy tonta
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María es mi nombre, tengo 39 años y según dice mi esposo soy una mujer para untar y comer, algo gorda pero mis pechos hacen que las cabezas de hombres y mujeres se giren para mirarlos.
Tengo un solo hijo llamado José, de 18 años, y ahora que está en desarrollo tiene el cuerpo alto, fibroso y atlético del padre.
Vienen los dos meses de vacaciones y mi marido se va de misiones a un país africano ya que es militar. Esa última noche antes de partir hace como siempre que goza con locura, ya que con los años conoce mis gustos, fantasías y juega conmigo como si fuese su muñeca. Al ser alto y fuerte le encanta cogerme pegada a la pared de la habitación y levantarme del suelo de lo fuerte que me embiste; es una delicia mi vida sexual.
Mi sobrino Jesús es dos años mayor que su primo, es hijo de mi hermana mayor y este es un pinta pues siempre está jugando y no se está quieto; ya también su crecimiento es notable siendo incluso más alto que José. A su lado, ya que soy baja, parecen mis guardaespaldas. Mi hermana se fue de viaje con sus amigas y Jesús se queda un mes en casa con nosotros.
Empezó el verano con mucho calor y íbamos juntos a la piscina municipal; los veía tan grandes y desarrollados pero seguían siendo mis niños a los que daba muchos mimos. Me encanta abrazarlos y darles besos pero este año ya tienen vergüenza por si los ven las chicas de la zona. De momento ambos no han tenido novia según me confiesan.
En casa hay dos habitaciones y baño y ellos, como hacían desde niños, tienen doble cama en la habitación de José. Con ellos, ya que toda la vida me han visto en lencería, salgo del baño con mis bragas y sujetador sin problemas y incluso en días de calor estoy así hasta acostarme. Lo que me da más vergüenza es que me vean los pechos o la vagina pero estos días las cosas cambiaron.
Y como lo noté, en pequeños detalles de ambos. Normalmente la puerta de su habitación estaba abierta pero casualmente esta vez la cerraban continuamente; claro yo sin malicia pensaba que era porque en la consola tenían juegos violentos y no querían que yo me enterara. Era tan ingenua que me ponía a mirarlos por debajo en la cerradura para pillarlos con ese juego y en broma llamarles la atención. Pero se me escapaba un detalle, y era verlos a ambos sentados en la cama masturbándose mutuamente con los calzones bajados y los penes al aire.
Observé durante un rato de manera incrédula pero no pude evitar mirar sus penes. Ya eran grandes pero el de mi sobrino lo tuve que mirar varias veces; dios lo guarde pensé mientras lo miraba, es más grande que el de mi marido y bastante más gorda pensando yo que la de mi esposo era lo máximo. Los dejé y pensaba que son cosas de la edad y que ya no miraría más para darles su intimidad.
Más adelante noté e investigué que las bragas que quitaba desaparecían por las noches y en la mañana estaban en su cesta pero al fondo de ella con marcas y olor de mucho semen. Me sorprendió que mis cosas íntimas les gustasen a ambos ya que pensaba que solo se fijaban en las niñas de su edad.
Esta vez era diferente y notaba como me miraban mis bragas y mi culo; al fijarme lo percibí mucho, y las tetas cuando llevaba sujetador de encaje blanco se transparentaban mis pezones erguidos y de tono oscuro, ellos no se apartaban de mi lado. También esos roces en juegos eran distintos pues se pegaban ambos turnándose por detrás y pegaban su dureza a mis nalgas.
Yo estaba muy contenta porque a jóvenes adolescentes les pusiera su madre y su tía ya rozando la cuarentena hasta que, como era de esperar, les pillé en dos situaciones que seguro llevaban tiempo haciendo. La primera era gracias a un pequeño ruido de cabeza con puerta; vi que se ponían a verme desnuda mientras me duchaba. Pensé que estos niños con hormonas disparadas habían visto mi vagina rasurada solo con una raya de pelos y sobre todo me habían inflado a verme las tetas colgando cuando me agachaba al secarme. Al salir y ellos no estar, por supuesto miré yo por la cerradura y tenían visión perfecta y pensé en sus masturbaciones con mi desnudez.
Comprobé mi habitación y desde esa cerradura solo se veía un armario por lo que descarté por completo que mi habitación fuese espiada por los niños. Jugando un día en la piscina mientras ellos estaban colgados a mí le puse queriendo mi mano un rato en la polla de mi sobrino a ver cómo reaccionaba, y él simplemente se pegó más y mi mano mientras se lo ponía dura.
Esa noche por primera vez desde que estábamos solos me masturbé en mi habitación toda cerrada lógicamente. Esta vez fue más pausado y sin quererlo me vino a la mente la polla de mi sobrino mientras ya mis dedos me penetraban y mi clítoris posteriormente con alguna caricia e inflamado de manera nunca vista en mis masturbaciones hizo que muy lentamente me viniese un orgasmo extraño pero muy placentero; era como se me hubiese escapado y el único gemido fue suave, dulce y prolongado. Guauuuu pensé, qué me había pasado.
Ambos llevaban días quejándose de que su habitación era muy calurosa, que uno roncaba y el otro los gases; al listo de mi sobrino se le ocurrió la idea de que quien ganase a los juegos de mesa se quedaría una noche fresquito en mi habitación con mi aire acondicionado. Puse mil pegas pero ellos entre “mami mami porfa porfa” y mi sobrino “titi titi no nos quieres verdad”… y acepté y pensaba que yo iba a ganar como casi siempre, pero esta vez algún tipo de trampa me hicieron que perdí y para mi tranquilidad ganó mi hijo o eso de tranquila pensaba yo.
La noche con mi hijo estaba tranquila; yo normalmente duermo en días de calor solo en bragas pero en esta situación me puse también una camiseta larga y recortada. Yo me acosté primero ya que ellos entre sus juegos y masturbaciones se iban a dormir muy tarde. No escuché llegar a Jesús la verdad pero entre sueños me noté algo húmeda y seguí durmiendo. Otro movimiento hizo que me despertara lentamente y escuché respiraciones varias. Me sentía muy tocada por varios sitios y al abrir los ojos en la oscuridad vi la cabeza de mi hijo chupando mis enormes tetas, lamiéndolas sin parar, las juntaba y volvía a lamer los dos pezones juntos.
De repente hace para incorporarse y noto algo extraño. Quería parar y darle un bofetón y cortar sus cosas de una vez por todas pues llegaban demasiado lejos pero por otro lado estaba teniendo un placer cada vez más grande; me quedé quieta como muerta y lo que notaba era mi hijo poniendo su polla entre mis tetas y hacer movimientos de follarlas, respiraba fuerte y gemía mientras aceleraba cuando noto su semen por todo mi pecho y algo saltó a mi cara, cosa que me excita hacerlo con mi marido. Me limpió rápidamente con su slip cuando sigo notando abajo un placer como de comerse el coño.
Qué locura cuando me centré y desperté mejor: era mi sobrino con la cabeza entre mis piernas y mi hijo al lado viendo todo y susurrando. Me habían quitado las bragas y mis piernas algo abiertas; ellos investigaban el sexo con su tía y madre pero no pensaban que yo me ponía a morir, era algo morboso y muy placentero. Ellos se iban turnando y dándome lamidas; yo me derretía y ya emitía gemidos leves que intentaba disimular con leves ronquidos. Después buscaron mi clítoris y lo señalaron y ambos empezaron a volver a turnar para lamerlo de arriba abajo y lateralmente; ufff yo estaba que casi no podía, solo miraba un momento al abrir ojos y solo veía una cabeza y después la otra dentro de mí.
Después en voz baja hablaban de mi humedad y era verdad que me sentía empapada. Les tocó meter dedos y ambos entraban y salían de mí con dos dentro; me estaba gustando tanto que me movía un poco a su querer, subieron y vieron que estaba “dormida”. Noté que salieron un rato y que tal vez hubiesen acabado pero yo necesitaba acabarme entonces. Los escuchaba como discutir cuando dieron un “valeeee” entraron de nuevo.
Esta vez pasó a ser el momento más inolvidable de mi vida sexual; no lo esperaba pero ahora no me arrepiento de lo sucedido y queda en mi secreto y sus travesuras de buscar el conocimiento y ellos lo tuvieron con su madre y tía. Fue rápido pero noté que uno subía a la cama y se ponía entre mis piernas; algo duro buscaba mi entrada la cual torpemente no hallaba hasta que dando las gracias en mis pensamientos pues ya mi placer era grande fue entrando muy despacio. No hace falta decir pero solo una mujer me entiende: supe enseguida que era mi sobrino, ya tenía yo una medida pero esta polla me llenaba más y al llegar al fondo tocaba zona inexplorada en mi interior. Como la metía y sacaba, yo gemía y hacía ruidos falsos de ronquidos; me follaba más y más fuerte y muy dentro mientras mi hijo me apretaba algo brusco mis pezones pero me estaba eso también gustando.
Al poco, cuales maestros del sexo en su primera vez me penetraron hasta el estómago y mi hijo ahora puso dedos en mi clítoris; parecía el paraíso de la sincronización. Él metía y sacaba cada vez más rápido y mi hijo puso en mi botón el mismo ritmo hasta que en convulsiones y gemidos fuertes tuve ahora sí el mayor orgasmo de mi vida. Rápidamente mientras yo imitaba ronquidos ellos colocaron todo en su lugar mientras yo suponía que mi sobrino se correría en su habitación.
Al día siguiente desperté sola y al preguntar en el desayuno la contestación fue que yo roncaba más que su primo y de madrugada de paso de habitación. Y ellos tan tranquilos lo cual me lo dejó a mí también.
Quedaban unos días en casa y después nos vamos los tres en una autocaravana; ya les contaré cómo me fue.
