Todo queda en familia IV: Tríos ardientes en la cabaña

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Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Sorpresas en vacaciones…
A menos de una semana de partir y tras una noche de sexo en trío, Marco le contó a Marcia del viaje a la cabaña de descanso, siempre con la complicidad Tiara.
Marcia: ¿qué ropas debo llevar? ¿Hay playa?
Marco: no te excedas, alguna prenda para salir a algún restaurant, y ropa sencilla. No olvides ropa interior y no mucho más.
Tiara: si hija, de vacaciones y en verano, ropa liviana y varias prendas de ropa interior.
Marcia: tantas no tengo abue, las de salir y poco más.
Tiara: tranquila, mañana iremos de compras y tendrás lo necesario.
Marcia: mmm… me parece que vamos a pasar poco tiempo vestidos, ¿no?
Tiara y Marcos se miraron con una sonrisa cómplice y él asintió con la cabeza. La joven se dio cuenta rápidamente que tendrían muchas horas en la cabaña.
Marco podía tomarse 15 días de descanso, pero con la experiencia de viajes anteriores, solo reservó la cabaña por 10 días, dejando los 5 restantes para reacomodarse a la rutina.
Dos días antes de partir, Marco pidió que las mujeres organizaran sus cosas y las fueran preparando en bolsos. El domingo por la mañana, Marco salió a completar algunas compras necesarias y volvió con un vehículo de la empresa, que le habían proporcionado para el viaje. Al anochecer, cargó en el baúl los bolsos de todos, dejando un espacio para una heladera de campaña donde llevarían el almuerzo del primer día de vacaciones.
El lunes al amanecer, él se levantó y preparó un recipiente con café recién hecho, para consumir durante la travesía. Programó el GPS con los datos del destino y despertó a ambas mujeres con un beso y alguna caricia atrevida que las hicieran reaccionar prontamente.
Desayunaron y tras cerrar convenientemente el hogar, se subieron al vehículo e iniciaron el viaje. Marcia se ubicó en el asiento trasero, se puso sus gafas de sol y se recostó, duró muy poco despierta.
Tiara, se sentó al lado de Marco, se ajustó el cinturón de seguridad, buscó un pendrive con música suave y lo colocó para amenizar el recorrido.
Marco sabía que el viaje demoraría unas 4 horas, pero con paradas de abastecimiento y la compra de algunos dulces, el recorrido se extendió por casi 6 horas,
Llegaron a la villa y en cuestión de minutos se detuvieron delante de una cabaña de dos plantas, donde un hombre mayor los esperaba para entregarles las llaves del lugar. Estaba algo alejado de la zona céntrica, y de las viviendas cercanas, tenía espacio para guardar el vehículo y una piscina comunitaria a escasos 50 metros.
El propietario del lugar se retiró dejándolos solos.
Descargaron los bolsos, guardaron los víveres que habían llevado y se dirigieron al piso superior. Tal y como Marco ya sabía, había una cama King Size y a un metro de distancia otra cama de buenas dimensiones, aunque más pequeña, sin divisiones excepto el baño.
Marcia: bueno familia, tendremos privacidad cero, ja ja ja
Marco: ¿necesitas privacidad? Improvisamos un biombo con alguna sábana
Tiara: vamos nena, no seas molesta…
Marcia: ¿y si quiero coger sin que me vean? ¿Qué hacemos?
Marco: como si no te hubiésemos visto nunca…
Marcia: entonces les propongo algo, juntemos las dos camas y hagamos cama redonda para los tres ¿les gusta la idea?
Tiara no dijo una palabra y empezó a empujar la cama más pequeña para unirla con la más grande. Marcia se unió a ella y terminaron por armar una maxi cama.
Marcia: ahora sí, ya estamos listos. ¿Vamos a comer? Me muero de hambre
Bajaron y armaron rápidamente unos sándwiches, destaparon unas cervezas y brindaron por esos diez días de descanso. Almorzaron y tras juntar las cosas subieron a descansar, el madrugar y el almuerzo les había provocado somnolencia. El calor apretaba un poco y decidieron quitarse la ropa y tratar de dormir tan solo cubiertos por ropa interior: Marco en shorts, Tiara y Marcia en bragas. Las mujeres se ubicaron en los costados, dejando a Marco en medio de ambas. Por ello, no sorprendió que al cabo de un rato él estuviera empalmado y se ubicara de costado, apoyándose en Tiara, que al sentir la verga ubicada entre los cachetes de su cola, se acomodó para sentirlo mejor.
Durmieron un rato y se despertaron en un nudo de piernas y brazos. Tiara y Marco seguían en la misma posición, pero Marcia había cruzado sus brazos sobre ambos y había depositado sus manos en las tetas de Tiara.
Sin mediar palabras, comenzaron a acariciarse entre los tres y besarse, como podían. El ambiente se iba calentando y los cuerpos también.
Ya estaban al borde de iniciar otra sesión en trío cuando Tiara los detuvo.
Tiara: chicos, esperemos un poco, vamos a recorrer los lugares que necesitamos conocer y volvemos temprano, para cenar y después dedicarnos a lo que queremos.
Marcia no estaba muy de acuerdo, pero aceptó. Marco, empalmadísimo quería si o si sacarse las ganas con alguna de las dos. Tiara se vistió y bajo a la cocina para ver que debían comprar, dejando solos a Marco y Marcia. Él le hizo un gesto, mostrándole la verga parada y la joven sonrió y se ubicó entre sus piernas para darle una mamada rápida, que le bajara la erección. Tardó muy poco en hacerlo acabar y se tragó la leche, sin dejarla caer. Se puso de pie y bajó para unirse a Tiara.
Más calmado, Marco se vistió y se unió a las dos mujeres. La madura estaba preparando una merienda sencilla y él se dispuso a ayudarla, estaba manipulando cubiertos y se hizo un corte en una de sus manos.
Rápidamente buscaron algo con que desinfectarlo y cubrir la lastimadura, en ese momento notaron que no habían llevado nada para eso, tan solo aplicaron un perfume para desinfectar e improvisaron una venda con un trapo limpio.
Merendaron y salieron de paseo por la villa, ubicaron dos comercios para alimentos frescos y consultaron a uno de los dependientes donde conseguir elementos de primeros auxilios. Les indicó el lugar, al que fueron en busca de aquellos.
Marco ingresó al comercio y agradeció que fuese un hombre mayor quien lo atendiera. Pidió alcohol, un par de vendas, algún apósito y cinta adhesiva.
Cuando estaba por pagar, observó en un dispenser cajas de preservativos de varios colores con especificaciones del contenido. Se sonrió cuando leyó que una de las variedades rezaba “Saborizado – Fresas” y se le ocurrió llevar una caja, para darles una sorpresa a las mujeres, también agregó un recipiente de vaselina en gel. Ya con todo en un paquete, abonó y salió del local. Las encontró unos metros más adelante eligiendo cremas hidratantes y gel post solar en una perfumería. Las esperó y luego retomaron el paseo por la villa.
Anochecía y ya algo cansados de la caminata, se sentaron en una mesa de un bar a tomar una cerveza bien fría, mientras comentaban sobre la tranquilidad del lugar y lo bien surtido de los comercios.
Tiara: mañana iremos a la piscina, tomaremos algo de sol y volvemos a la casa. Me comentaron que hay un estanque natural a unos 5 kilómetros, de aguas tibias y muy claras. Podríamos ir, ¿cierto?
Marcia: buenísimo, si tenemos algo de suerte podríamos hacer topless y broncear bien las tetitas, abue.
La madura asintió y Marco empezó a imaginarlas a ambas semidesnudas, brillando por las cremas.
Marco: veré si me indican como llegar al estanque. Quizá la moza sepa.
Le hizo señales de querer abonar y la muchacha se acercó, mencionó el importe adeudado y quedó a la espera del pago.
Marcia: ¿una pregunta señorita? Estamos de paseo y nos mencionaron un estanque cercano ¿sabe dónde está?
Moza: sí, claro. Toman por la avenida de ingreso a la villa, vayan hacia el sur y sigan los carteles que marcan “El abrevadero”, es sencillo llegar.
Marcia: gracias.
Se encaminaron rumbo a la cabaña, compartían risas y chanzas, algún “toque” algo atrevido entre los tres, aprovechando que la oscuridad ganaba el lugar.
Se turnaron para ducharse, pues el baño no permitía más de una persona por vez y luego cenaron escuchando algo de música. Las cervezas de la previa, el vino de la cena y la caminata fueron minando las fuerzas de todos.
Primero Marcia y luego Tiara fueron subiendo a la habitación. Marco terminó la botella de aquel tinto dulce, apagó las luces de la planta baja y también subió.
Marcia, cubierta con un ligero camisón, exhausta se había dormido, a la derecha de la mega cama improvisada. Tiara todavía no se había rendido y ocupaba el centro. A diferencia de su nieta, había optado por quedarse en bragas y sus pechos caían a los lados. Le hizo señas de silencio, para no despertar a la joven y lo invitó a tenderse a su lado. Marco de despojó del short, quedando en slip (prenda que no solía utilizar a menudo) que le marcaba el bulto de buena manera.
Siempre con gestos solamente, Tiara se pasó un dedo por sobre los labios como si recogiese babas por la imagen que él le daba. Él aferró el bulto y lo meneó arriba y abajo, sacudiéndolo delicadamente, y se lo ofrecía.
Tiara empujó un poco la cama individual, despegándola de la matrimonial, abriendo una pequeña brecha. Se pasó de una a otra y abriendo sus piernas, desplazó de lado el triángulo de tela del frente, mostrándole su vulva brillante de flujos.
Marco entendió la invitación e ingresando desde los pies de la cama, se fue aproximando hasta ubicar su boca sobre los labios vaginales de la mujer. Los besaba y chupaba de manera delicada, para no hacer ruidos. Taira ahogaba sus gemidos cubriéndose la cara con una almohada, mientras él exploraba de excelente manera cada rincón de esa concha irresistible. Ayudado por los jugos que caían, mojó el ano de la mujer y luego deslizó un dedo al ano, ella respondió abriendo bien las piernas facilitándole la tarea. Le masturbaba el ano y se comía ese volcán que entraba en erupción. La sintió tensar su cuerpo, para aflojarse por completo. El orgasmo había llegado puntual a la cita.
Se retiró hacia atrás y dejó que Tiara se quitara la almohada de la boca y respirase más pausadamente. Estaba a punto de acomodar nuevamente la cama que habían desplazado cuando observó un gesto de la mujer. Ella empujaba su lengua hacia uno de los cachetes y movía la mano simulando meterse la verga en la boca; a buen entendedor no eran necesarias palabras. Se acercó a la cabecera de la cama, se bajó el slip y liberó la herramienta y se la ofreció, ella golosa no dudó un segundo y la atrapó para llevarla a su boca. Mamó delicadamente de base a punta, recorrió con la lengua los lados, y finalmente se dedicó a acelerar el ritmo para completar la faena prontamente. Él tensó las caderas cuando explotó dentro de la boca de ella, que haciendo un esfuerzo tragó todo, sin desperdiciar nada.
Ahora sí, unieron las camas y dejó al hombre ubicarse entre ambas, y se dispusieron a dormir.
Obviamente hubo movimientos durante la noche. Marcia se giró y abrazó a Marco, Tiara se acurrucó dejándole el culo a su merced al yerno. Cuando fueron despertando, se vieron enredados. Ambas mujeres estaban boca abajo y cruzaban uno de sus brazos por sobre el pecho del hombre, que ante tanto roce tenía una buena erección (típica del despertar).
“Buenos días chicos. ¿Descansaron bien?” dijo Marcia mientras levantándose un poco trató de besar a los otros. “Si hija, muy bien” le respondió Tiara.
Cuando Marcia besó a Marco, notó un aroma extraño en su rostro. “Bueno, bueno… parece que alguien estuvo haciendo trabajitos nocturnos ¿tan profundamente me dormí que no noté que estuvieron cogiendo?” preguntó entre sonrisas. “es que cenamos pero habíamos olvidado el postre” comentó Marco mientras estiraba ambos brazos para pasarlos por debajo de las cabezas de las mujeres y las aproximó a su pecho.
Marcia: pero vos tenés olor a almejas Marquito y eso no es postre
Se acercó a Tiara y simuló olfatearla, “si si, la abue se tomó una lechita tibia para dormir más tranqui, recién ordeñada. Qué tramposos son ustedes” completó antes de estallar en carcajadas.
Tiara: bueno nenita, son privilegios de adultos. ¿Querés desayunar?
Marcia: tengo un hambre feroz.
Tiara: perfecto, bajo a preparar café y tostadas, vos aprovecha y llévate la leche ya incorporada. Mirá como está preparado el surtidor.
Le señaló la verga de Marco que pretendía escapar del slip. Se puso de pie, se calzó una remera y fue por el desayuno. Marcia, bajó el slip y libero la verga que rápidamente se llevó a la boca. No era tan experimentada con Tiara, pero le ponía todo el esfuerzo. Marco puso sus manos en la nuca de la chica y le ayudó marcando el ritmo de la mamada.
Duró muy poco, ya que tanta acción lo tenía un poco pobre de semen. Terminó con dos o tres chorros cortos y un suspiro profundo. Ella se despegó de él y le mostró la lengua que aún tenía rastros de la acabada.
Marco necesitaba darse una ducha, el aroma de la concha de Tiara impregnado en su rostro y resabios de las acabadas en la verga, requería atención rápida. Bajó y se metió al baño, para lavarse.
En tanto, en el piso superior, Marcia retiraba restos de leche de sus labios y los depositaba entre sus piernas. “¿Cuántas veces deberé dejarme coger para que me deje embarazada? Era el pensamiento mientras hundía dos dedos en la concha y se masturbaba con furia.
Tiara: ¡¡chicos a desayunar!!
El grito de la abuela interrumpió la paja matinal de Marcia y apuró a Marco bajo el agua.
Cuando se sentaron a desayunar, repararon en la hora. Como típicos turistas, se habían quedado durmiendo hasta tarde y ya eran las 10:30 de la mañana.
Marcia: abue, ¿vamos a conocer la piscina?
Tiara: no es mala idea, ya hace algo de calor y es de los mejores horarios para tomar sol.
Marco: vayan ustedes, mientras voy a buscar algo de pan, carne y verduras para almorzar.
Tiara: no muy pesado el almuerzo, recordá que prometiste llevarnos al estanque.
Marco asintió, buscó un par de bolsas de compras, se calzó la remera y después de dar un beso en los labios a cada mujer, se marchó.
Las féminas, juntaron los trastos, los lavaron y subieron a mudarse de ropas. Marcia virtualmente vació su bolso en busca de alguna malla: eligió un biquini cola-less de color verde furioso, muy diminuta que apenas cubriría sus pechos juveniles y el triángulo delantero, su raja. La escasa tela de la parte posterior, haría que se transformara en un hilo dental. Le pareció buenísima la elección, pero una vez que se la colocara pediría a Tiara su opinión. Comenzó a desnudarse para mudar las ropas.
Tiara, tomó una malla enteriza rosa clara, bien cavada, y algo ajustada en la parte superior, que hiciera resaltar sus pechos. No sabía con quienes se encontraría en la piscina y no pretendía llamar la atención en su primera visita. Al igual que su nieta, también se despojó de sus prendas, quedando desnuda.
Ambas estaban solas en la cabaña, en el dormitorio, que se iluminaba muy tenuemente porque habían dejado las cortinas apenas abiertas.
Tiara: ¿qué te pareces este modelito, nena?
Marcia giró y se puso de frente a su abuela, que inclinada, extendía la malla en la cama.
Marcia: mmm… muy rico, dan ganas de comérselo todo…
Tiara no comprendió la expresión de su nieta y cuando estaba por girar para mirarla, sintió como un dedo recorría la raja desde el inicio hasta rozar el ano. “Qué mano larga sos Marcia, vivís súper caliente” dijo la madura, pero no se retiró sino que dejó que la joven siguiese con el recorrido a sus zonas más sensibles. “y vos, muy golosa abue, bien que te gusta que te manoseen” replicó.
“¿vos te enojarías si te hacen calentar con caricias tan delicadas? Preguntó Tiara, como respuesta recibió un canje de invasor: ya no era el dedo largo y fino, sino una lengua hábil y cálida. Un par de dedos le abrían los labios vaginales y la invasión lingual se hizo algo más profunda. Tiara estaba encendiéndose muy rápido. Por ello, se acodó en el colchón, separó un poco las piernas y le dio el espacio necesario para que hiciera muy bien su trabajo. Los gemidos de Tiara empezaron a brotar, primero suaves y a medida que la joven avanzaba, más intensos y profundos.
Tiara: que rico, como me gusta y qué bien lo hacés. Da gusto que una mujer sepa cómo atender a otra.
Marcia se separó unos centímetros y le respondió: “espero que vos también lo sepas hacer” y se volvió a zambullir entre las piernas de Tiara para imprimir más intensidad y llevar a su abuela a un orgasmo feroz, que le bañó la cara de flujos de la veterana. Eran espesos y blanquecinos, similares a las acabadas de Marco. Tiara se tumbó en la cama entre espasmos y Marcia, se sentó en el suelo, para reponerse del esfuerzo.
“Qué buena comida de concha, mi cielo. No sé si podré retribuirla, no tengo tanta experiencia” murmuró Tiara mientras se incorporaba. “pero tengo algo que puede ayudarme”, buscó al fondo de su bolso y extrajo un dildo, color piel y con el formato idéntico a una verga: rugoso, con un buen tamaño y una base cómoda para manipularlo. Invitó a su nieta a recostarse en la cama más grande. Los ojos de Marcia demostraron sorpresa ¿Por qué su abuela había traído un juguetito si lo tenían a Marco para que las penetrara? Pensó mientras se subía al lecho.
Tiara apretó la base del instrumento y desde la punta brotó algo similar a un gel, que procedió a esparcir, manoseándolo. “Solo pido que te concentres y te dejes hacer, si todo sale como supongo, tendrás al menos un par de orgasmos, ya verás” le aseguró.
Marcia cerró los ojos, pero abrió bien las piernas. Notó como Tiara le frotaba el juguete por la raja y cada tanto presionaba la base para dejar que el fluido lubricara más y mejor a su nieta. El placer que estaba sintiendo la joven era intenso, al que respondía con gemidos nacidos desde lo más profundo de su ser, buscaba la cabeza de su abuela para atraerla a su concha para que le pasara la lengua por la raja, pero no llegaba. “Por favor, pásame tu lengua que quiero acabar en tu boca” le pidió. La madura accedió pero no dejó quietas sus manos, jugaba con los labios y desplazaba el artefacto hacia atrás, en busca de culo de Marcia.
El primer roce del dildo con el ano le hizo dar un respingo, que fue rápidamente olvidado cuando los labios de Tiara atraparon el clítoris juvenil hinchadísimo, provocándole un estado de relajación desconocido, tanto que no notó que el dildo ya se había metido dentro del culo, al menos hasta la mitad. Nueva presión a la base de la verga artificial, un chorro de gel que se desparramó en el culo y el comienzo de un movimiento de entrada y salida fue dilatando por completo el esfínter. Tira notó que ya dominaba por completo la situación y tras dos movimientos más, dejó el dildo adentro haciendo tope con el anillo anal. Entonces sí, con lo poco que había visto en videos porno, se dedicó a comerle por completo la concha a su nieta, que no paraba de gemir y sacudirse, con un orgasmo tras otro. Se movió apenas para jalar de los pelos a Tiara y la atrajo a su cara. Se comieron la boca como desesperadas mientras la joven sentía estremecerse su concha y su culo simultáneamente.
“Sacala del culo, ya no aguanto más, métemela en la concha para acabar por última vez, por favor…” pidió Marcia entre lágrimas, Tiara le hizo caso y tras quitarla del agujero trasero, lo mandó tan adentro como pudo. Marcia puso sus ojos en blanco y se desvaneció.
Lentamente, le sacó el dildo y tras chuparlo, lo metió en su propia concha, lo sacudió y acabó una vez más. Ambas estaban agotadísimas.
Marco llegó y no escucho sonido alguno, supuso que las mujeres habían ido a la piscina y tras dejar los víveres en su lugar, subió a cambiarse para ir por ellas. Cuando ingresó a la habitación, quedó perplejo: Tiara con el dildo aún metido en la concha, dormida y de piernas abiertas, Marcia con el culo en pompa, con el ano súper dilatado, enrojecido y chorreando el gel.
Se cambió de ropas y bajó rápidamente, no quería interrumpir el descanso post sexual de las dos mujeres. Las imágenes que había observado en la habitación no abandonaban su mente, se sentó en una de las sillas del comedor e imaginó lo que supondrían los próximos días. Él y el dildo trabajando a ambas mujeres y por sus dos agujeros principales.
Esto pintaba para una semana inolvidable e incomparable. Con suerte, podría cogerse a ambas por el culo, algo que no paraba de soñar.

Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.
Saludos,
Alejo Sallago – [email protected]

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Alejo Sallago
Alejo Sallago

Mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Para aquellos que hayan leído alguno de mis relatos, soy un adicto a las maduritas desde que tengo uso de razón, pero no por ello dejo de lado al resto de las mujeres.

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