Romance gay con amigo de la universidad

📋 Lecturas: ️2086
⏰ Tiempo estimado de lectura: 16:00 min.

Todo empezó hace unos años. Vivía en un vecindario muy tranquilo donde todos los vecinos se conocen y se llevan bien. Ese era el caso de mi mamá con la vecina de al lado, la señora Florinda, quien nos invitaba en diversas ocasiones a su casa o al club donde es socia a pasar el día. Ella tiene un hijo único, Julio. Yo solía jugar con él en su cuarto mientras nuestras madres conversaban en la sala. Él tenía mucha confianza conmigo que solo a mí me contaba sus curiosidades y dudas.

Todo era como de costumbre hasta que la señora Florencia nos invitó a mi mamá y a mí a su casa porque haría una reunión con todos los vecinos de la cuadra, celebrando el décimo sexto aniversario del vecindario. Yo conocía a varios de los chicos que iban y nos llevábamos bien, jugando horas de horas videojuegos o con los juegos de mesa y demás que tenía Julio. Me entretenía con ellos. En esta ocasión jugamos escondidas en equipos.

En la segunda ronda me tocó con Julio y me llevó al closet de su madre que se encontraba en el segundo piso de su casa para escondernos, pues él sabía los mejores lugares por ser su dominio. A él le gustaba engreírse únicamente conmigo, solo cuando estamos a solas, se comportaba como niñito pequeño, cambiando su voz a más suave y pidiendo que lo cuide o lo acompañe. Yo le seguía el juego, pues me daba gracia y como si fuera un hermano. En ese caso, escabulléndonos entre la ropa de su madre, nos sentamos en el fondo del closet, se sentó sobre mí y me dijo:

“Deberíamos tener un código secreto”

De repente se acerca tan rápido que no lo vi venir y me da un pequeño beso en los labios. Fue rápido que apenas los sentí. Se sonrió, se paró y me dijo para salir a otro escondite.

Luego de tanto jugar, fuimos a comer. Después de cenar, algunos de los vecinos empezaron a retirarse. Julio, al ver esto, me llamó y fuimos a su cuarto. Me dijo:

“Hay que escondernos debajo de mi cama para que los chicos piensen que nos fuimos y poder asustarlos, me la deben por hacer trampa la vez anterior”.

Acepté a su propuesto. Julio se agachó ya para meterse por debajo de su cama, pero de inmediato se acordó, se paró, me hizo agachar un poco y me dio otro beso en los labios.

“Nuestro código”.

Se metió y yo lo seguí.

Después de ese día me quedé pensando y seguro Julio me sentía como su hermano o primo y como a esa edad aún a los niños les dan besos sus padres en la boca, por eso hace lo mismo conmigo. No me molestaba, pero me parecía raro. Además, si Florencia o mi mamá nos ven, pensarán mal de mí.

En los siguientes días, fui a la casa de Julio y su madre me dijo:

“Hola hijo. Estoy con algo de prisa por temas del trabajo urgentes. Julio está terminando de bañarse. A ver si lo puedes animar con algo; él anda un poco solo y triste”.

“Sí, señora Florencia, no se preocupe”, le respondí.

Me quedo en la sala y al rato sale Julio con su cabello mojado, le sale una enorme sonrisa del rostro al verme, después de haber estado tan apagado, y corre hacia la sala. Me preguntó:

“¿Y mi mamá?”

“Se tuvo que ir por tema urgente de su trabajo, pero me encargó cuidarte”, le respondí.

De él, salió una sonrisa pícara, se sube sobre mí, entrelaza su brazos entre mi cuello y me besa, pero esta vez, se quedó más tiempo. Al sacar su boca, sonó el ruido de la saliva de nuestros labios. Entonces le pregunté:

“¿Por qué nuestro código es besarnos en la boca?”

“¿No te gusta? (Con tristeza) “Es que te quiero”, me dijo.

Me quedé impactado. Él se paró y se fue a su cuarto. Lo seguí y le dije:

“No me disgusta, pero eso solo lo hacen los grandes”.

“Es que sí te quiero. Siempre me has gustado y siempre me has escuchado, ayudado y compañado más que mis propios papás. ¿Tú me quieres?”, me preguntó.

Yo me quedé viéndolo, pues sentía lástima porque su mamá no está mucho con él y no le presta mucha atención a sus problemas; su papá lo dejó pequeño. Yo era su mejor amigo y nunca me imaginé que me viera así. Soy sincero, en ese momento me sentí confundido porque cada vez que me besaba sentía que mi polla se movía y se paraba poco a poco. También, en una ocasión logré ver que mientras me besaba, se tocaba su parte privada por encima de la ropa. Parece que le picaba.

No quería que se sienta peor y le dije:

“Claro que sí. Siempre podrás confiar en mí y estaré para apoyarte”.

Se emocionó tanto que se tiró sobre mí, dándome varios besos en los labios hasta que metió su lengua poco a poco dentro de mi boca y empezó a chocar su lengua con la mía. Estaba encima mío y yo, tendido en su cama. Sentía que mi verga se levantaba y me sentía muy bien. Nos quedamos así por más de 10 minutos, ya tenía mis labios rojos e hinchados.

Después de unos días, unos de los chicos (vecinos) estaban molestando a Julio, supuestamente de broma, pero él era muy sensible que rápidamente lagrimaban sus ojos. Así que me acerqué y les cambié el tema, alejándolos de él. También les dije

“No se metan con él al bromear porque es muy bueno e inocente que se lo cree todo”.

“Bueno, bueno, pero no sé cómo lo aguantas y te juntas con él, pero allá tú”, me dijo uno de ellos.

Regresé donde Julio y lo acompañé a su casa. Le contó a su madre y ella me agradeció.

En mi casa, mientras me bañaba, casi siempre acostumbraba a masturbarme y en esa ocasión, se presentaron imágenes de Julio y me excitaron. Me detuve porque pensé que estaba siendo perverso, pues él no tendría relaciones sexuales conmigo porque tampoco es para tanto.

Al día siguiente, él viene a mi casa, ya que Florencia y mi mamá se iban de compras como todos los sábados, así que lo dejaron conmigo. Yo estaba jugando videojuegos, él entra a mi cuarto, un poco tímido, viendo lo que jugaba. Su madre se despidió y dijo

“Hijo, me tardaré porque me hace falta comprar varias cosas y también más el tráfico”.

Apagué la consola y Julio me preguntó:

“¿Puedo cerrar la puerta?

“Ah… sí, claro. Pero, ¿Por qué?”, pregunto.

“Porque no te agradecí por defenderme ese día de los chicos. Eso solo lo hacen las personas que se aman”, dijo.

Se me acercó, me dio un beso y me dijo que debíamos dar un paso más:

“Debemos conocernos más”

“Pero si sabemos todos nuestros secretos”, dije.

“Pero nunca nos vimos con poca ropa. No sabemos el cuerpo del otro”.

Sentía que mi verga se movía nuevamente. Él se empezó a quitar la ropa y se quedó en calzoncillo. Se empezó a reír con una sonrisa engreída. Yo no sabía que hacer, pero sentía gran deseo de saciar excitación. Me ayudó a quitarme la camisa y los pantalones. Ambos estuvimos en mi habitación con ropa interior. Nos echamos en el suelo y no dejaba de ver mi bulto y de reírse. Se subió sobre mí y comenzó a moverse, sobando su cuerpo con mi polla. Me sentía en lo alto. Me dejé llevar, tomé su trasero y lo moví de arriba a abajo, sintiendo mi líquido pre-seminal mojando mi calzoncillo. Yo me encontraba rendido en el suelo.

De pronto, Julio se sienta sobre mis piernas, toma mi calzoncillo y lo retira hacia atrás, dejando salir mi polla bien parada con líquido. Me asusté, me senté de inmediato y me lo quise tapar de nuevo, pero él ya lo había tomado. Traté de quitárselo y guardarlo nuevamente. Estuve avergonzado y temía que se lo dijera a su mamá. Julio me pidió con voz tierna y engreída que se lo dejara ver de nuevo. Esa vocecita siempre me excitaba, pero no caí.

Entonces me dijo:

“Mira” y me mostró el suyo, era 2cm menos que el mío aproximadamente. También estaba parado y mojado. Se masturbó un poco y forcejeó un poco para tomar nuevamente el mío. Lo dejé. Su rostro denotaba asombro. No dejaba de ver mi verga y de tomarla con sus dos manos pequeñas, masturbándola. Luego se apegó más, tomo la suya y la junto con la mía, masturbando ambas lentamente.

Me excité tanto que lo tomé, lo acerqué a mí y nos besamos con mucha pasión. Nunca había sentido eso en mi vida y me encantó. Yo tenía mi verga bien erguida, tocando su pequeño y redondo trasero. Mientras tanto, él la toma entre sus pies y la masturba. Luego se sienta de nuevo, toma mi polla, yo la suya y las empezamos a mover hasta venirnos. Nos quedamos cansados y satisfechos en el suelo, él sobre mí. En ese momento, no me importo si llegaba Florencia o mi mamá o quién sea, solo quería venirme de tanto placer.

Al rato, nos paramos y le digo:

“Cámbiate rápido, Julio. Ahora vienen nuestras mamás y no pueden ver esto”

Él seguía en el piso con una enorme sonrisa en la cara. A los 15 minutos llegaron de comprar y como si nada hubiese pasado, salimos del cuarto. Pasé toda la tarde un poco incómodo, puesto que aún no podía procesar lo que había sucedido. Temía lo peor, que cualquier se entere y sentía que fue un gran error, ya que Julio y yo estuvimos desnudos y nos tocamos.

Pasó casi una semana que no lo veía. Cuando mi mamá me decía que iba a ver a Florencia, me preguntaba si quería ir. Yo le decía que no estaba con ganas. Siempre con la misma excusa para no ver a Julio.

De pronto, un día de esos que mi mamá se va a la casa de la vecina, bajó de mi cuarto para ir a la cocina y veo a Julio en la sala. Le pregunto:

“¿Qué haces acá? ¿Cómo entraste?”

“Tu mamá me abrió la puerta porque estaba aburrido en mi casa. Aún está viendo sobre los arreglos de las fiestas”, me respondió.

“Bueno, no voy a poder entretenerte”, le digo.

“¿Estás molesto conmigo? ¿Qué te hice?”, me preguntó.

“Lo que hicimos, eso, estuvo mal. Esa no es la forma de divertirnos, con nuestras intimidades”, le contesto.

Con tristeza, Julio me dice:

“Para mí sí fue divertido, muy divertido, pero lo quise hacer no por estar aburrido, sino que vi en internet que eso hacen las personas que se quieren y sienten lo mismo. Lo sentimos, ¿Verdad?”.

Yo me quedé mudo.

“Si no quieres volver a hacerlo, no es necesario para demostrarte mi afecto”, me dijo.

Entonces, me armo de valor y le confieso:

“Sí me gustó. Nunca había sentido eso. Pero esto queda solo entre nosotros, ¿Cierto?”.

“Sí, lo haremos cuantas veces quieras o no. Porque se siente bien”.

Me conmovió, se sube a mis brazos y nos vamos a mi habitación, pongo llave a la puerta y nos echamos en mi cama a besarnos y tocarnos. Estando desnudos se salió de mí, tomó su celular y buscó videos de relaciones entre hombres. Parece que de ahí aprendió. Y vimos como un hombre se cogía a un joven, siendo su hembra. Él me miró y me preguntó:

“¿Podemos probar?”

“Eso creo que duele. No creo que debamos”, dije.

“Por favor, por favor, quiero sentirlo”, dijo.

Ahí me di cuenta que era mi agrandado para su edad y se hacía el pequeño.

Entonces, se puso en cuatro en mi cama, se chupo sus dedos y empezó a moverlos en su ano y ha hundirlos. Aún no podía creerlo y dejé de sentirme mal, pues él sabía lo que quería y lo quiere. Además, me lo pide, entonces no estaba mal. Lo ayudé con saliva y un poco de líquido pre-seminal. Fui metiendo poco a poco mi verga hasta que escuché su quejido. Entonces se me ocurrió yo estar echado y él sobre mí, para que entre poco a poco a su ano. Tratamos de ingeniárnosla. Le dolió un poco hasta que entró por completo. Mi polla la sentía dura dura dentro suyo. Se sentía bien caliente y cómo se contraían las paredes de su culito. Poco a poco se iba dilatando su anito y me dijo que le gustaba sentirme adentro suyo. Comenzó a saltar, soltando algunos gemidos que me hacían tener la piel de gallina hasta que no aguanté más y me corrí dentro suyo. No tuvimos mucho tiempo de anal, pero ese fue el comienzo de muchos más.

Lo ayudé a levantarse y salió disparado de su culo un montón de semen. Mi polla se iba encogiendo. Él se agachó en cuclillas y se la metió en la boca, chupándola como paleta, comiéndose todo mi semen. Me dijo:

“Tiene sabor amargo, pero me gusta porque es tuya”, mientras la lamía y comía toda.

Escuché las llaves de la puerta, me paré rápidamente a arreglar todo.

Así, muchas veces más tuvimos estos momentos en secreto y sentía que debía confesarlo. Pero fue por un periodo pequeño de tiempo, pues él luego se mudo y solo nos teníamos un afecto que nos excitaba para follar. Asimismo, después de mucho tiempo me di cuenta que pudimos haber contraído alguna enfermedad por no asearnos nuestras partes o yo usar condón al penetrarlo.

Ahora sí, lo que está relacionado al título. Al año siguiente, mi primer año de universidad, algunas chicas me miraban, pero yo no sentía nada, pues Julio me hizo descubrir que era homosexual y no lo sabía. En eso, había un chico de mi edad, alto, con buena pinta, cabello con rulos y atractivo que se llamaba Lucas. Yo sentía que me miraba a cada rato y me di cuenta que era gay también. Creo que nosotros los gays nos damos cuenta quiénes tienen son como nosotros. Un día se me acercó a hacerme conversación espontáneamente y nos hicimos amigos. En una ocasión que nos estábamos despidiendo del grupo de compañeros después de una auditoría, me dio un beso desapercibido en la mejilla. Con eso me empezó a llamar la atención. A los días, voy al baño antes de una clase, casualmente él también entra y al verme solo y los cubilos de los inodoros vacíos, cierra la puerta con llave, me toma de las manos, me las pone contra la pared y me besa con una sonrisa en su rostro. Yo me dejé llevar, pues sí me gustaba. Metió su mano por debajo de mi ropa hasta llegar a mi entrepierna y entretenerse, manoseando mi verga. Luego, dejamos de besarnos con un sonido fuerte de nuestros labios con saliva, se arrodilla, me baja el pantalón y me chupa los testículos, metiéndoselos en toda su boca y dando vueltas con su lengua. Después, me masturba y se come mi polla. No paró hasta llegar a correrme dentro suyo y no la soltó hasta succionar todo mi semen. Luego me hace agachar y se baja su ropa interior, sacando su verga. Yo nunca había comido verga, pero debía hacerlo porque él ya me dio placer y es mi turno. Sentía ese compromiso, pero pensé que debe sentirse bien porque se veía deliciosa. Así que la tomé, era unos centímetros más grande que la mía, me la metía en la boca y comencé a darle placer. A veces él me sujetaba de la cabeza y me metía toda su verga hasta el fondo de la garganta, dejándome casi sin respirar, pero, a pesar de eso, se sentía muy bien. Se corrió, me pasé su semen y se sentía caliente pasando por mi garganta.

Se arrodilló frente a mí y metió su lengua en mi boca, lamiendo su semen, besándome al mismo tiempo. Nos paramos, me dio media vuelta rápido, se chupó sus dedos y los metió en mi ano, moviéndolos con mucha rapidez. Con la otra mano iba preparando su polla bien erecta. Se acercó y empezó a empujarla dentro mío. Sentía miedo porque era mi primer anal y con alguien que apenas conocía. Me dolió un poco al inicio, dando pequeños gemidos que a él le excitaban y yo lo sentía en su polla por cómo se ponía dura. Me penetró por completo, yo dando un gemido fuerte. Se movía seguidamente, mientras me decía en voz baja en el oído:

“Mmm… qué delicioso culo tienes. Así me lo imaginaba, todo mío”.

Con esas palabras, mi verga se iba parando poco a poco y él la tomó con una mano y la masturbaba mientras me cogía. Luego que se corrió dentro de mi ano, se agachó y me lo lamió todo.

Después me tocó a mí follármelo. Tenía su culo bien redondo y apretado. Lo abrí, le eché saliva y metí mi polla varias veces hasta que alguien intentó abrir la puerta del baño. Nos subimos los calzoncillos y pantalones y fingimos estar lavándonos las manos. Esa fue nuestra primera vez.

La segunda fue el día cuando nos llevó a unos amigos y a mí en la camioneta de sus papás a la universidad. En la tarde, tuvimos un hueco de dos horas antes de la próxima clase y me invitó a su camioneta a hacer tiempo. La parte de atrás era bien grande que compartía espacio con la maletera. Bajó los asientos traseros dejando una amplia parte y me invitó a subir. Los vidrios eran polarizados (oscuros) y nos echamos ahí atrás. No pasó más de dos minutos, se volteó, me sujetó del rostro y me besó suavemente. Sin darme cuenta, al rato estábamos ambos completamente desnudos. Él se montó sobre mi verga, puso lubricante y comenzó a cabalgar. Después, nos pusimos en posición de 69, chupando la verga y el ano del otro sin parar. Me gustaba el olor de su culo y de su verga, eran muy excitantes. Al rato sonó nuestra alarma para la próxima clase. Nos dimos un beso apasionado y lo dejamos para después.

Finalmente, tengo varios amigos, veo mucha gente, pero nadie sabe mi orientación sexual ni de mi romance con Lucas. Y aún lo hacemos, pero más que eso, salimos a escondidas en lugares solitarios o que son más abiertos; vamos de la mano y nos besamos, pues ser una pareja gay en la universidad o en el entorno familiar puede traer incomodidad para nosotros, pero en esos otros lugares sí podemos libremente. Es nuestra voluntad, pero preferimos que nadie cercano lo sepa para poder hacer nuestras travesuras e intimidades tranquilos y sin juzgamientos. A veces voy a su casa a estudiar, pero termina siempre en una follada larga.

Compartir en tu redes !!
Ricr85m
Ricr85m
Relatos: 1