Mi prima me da el culo y a su novio se lo niega ¿le creo o le doy duro?

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Mi prima lejana y su culo prohibido

Una de tantas noche mi prima me escribe bien caliente, diciéndome que quiere cachar conmigo otra vez. Me jura que el sexo anal solo lo hace conmigo, que a su novio siempre le dice que no, que eso es solo para mí. ¿Le creo? La verdad me tiene la verga bien parada con solo imaginarla en cuatro, ofreciéndome ese culote que tanto me gusta. Sé que está mintiendo, que seguro su novio también se lo ha metido por ahí, pero no me importa. Si ella quiere que se lo parta, yo voy a darle duro hasta que grite mi nombre. Total, prima es prima, y el culo no tiene parientes.

Su culo prohibido me tiene loco. La muy puta me escribió de madrugada, como siempre lo hace cuando anda bien caliente. Me dijo que su novio estaba roncando a su lado, pero que no podía dejar de pensar en mí, en esa vez que le metí la verga por el culo en el asiento trasero de mi carro. Me juró que desde entonces no ha vuelto a hacerlo con nadie más, que su novio se lo ha pedido mil veces y ella siempre le dice que no, que eso es solo para mí. Yo me quedé pensando, ¿será verdad o solo me está manipulando para que le dé duro otra vez?

La verdad no me importa si me miente. Con solo leer sus mensajes ya se me puso bien tiesa la pinga. Le dije que nos viéramos al día siguiente en un motel cerca de su trabajo, y ella me respondió con un audio bien cachondo: “Ay primo, me tienes loca, voy a llegar sin calzones para que me cojas bien rico por el culo”. Esa voz me volvió loco, y supe que no iba a poder esperar ni un minuto más.

Cuando llegó al cuarto, se quitó la ropa sin decir nada y se puso en cuatro sobre la cama, moviendo ese culote que me tiene endemoniado. Me miró por encima del hombro y me dijo: “Vamos, primo, métemela por el culo como solo tú sabes”. No necesité que me lo dijera dos veces. Me eché saliva en la verga, le abrí esas nalgas con las manos y se la fui metiendo despacio, sintiendo cómo me apretaba rico. Ella gemía como una loca, mordiendo la almohada mientras yo le daba más profundo.

“¿Tu novio te ha cogido así?” le pregunté mientras le daba duro, y ella negó con la cabeza, casi sin poder hablar. “No, primo, solo tú, nadie me ha llegado tan hondo como tú”, me respondió con la voz entrecortada por el placer. Eso me puso más cachondo, y comencé a darle con más fuerza, agarrándole las caderas mientras ella gritaba que le diera más, que quería sentirme hasta el fondo. El cuarto olía a sexo y a sudor, y yo sentía que me iba a venir en cualquier momento.

Terminamos bien cansados, ella tirada boca abajo con el culo lleno de semen, y yo recargado en la cabecera prendiendo un cigarro. Ella me dijo: “¿Ves? Solo contigo hago esto”. Y yo solo me reí, porque sé que me miente, pero me vale verga. Mientras ella siga abriendo esas nalgas para mí, yo seguiré dándole duro, sin importar si es mi prima o si tiene novio. El culo no tiene parientes, y ella lo sabe muy bien.

Pasaron tres días desde aquella cogida en el hotel. Yo andaba bien ocupado, pero no podía dejar de pensar en ese culote de mi prima, en cómo me apretaba y en sus gemidos cuando le daba duro. Un martes por la tarde, cuando estaba en mi casa viendo tele, me llegó un mensaje de ella: “Primo, mi novio se fue de viaje de trabajo, estoy sola en la casa”. Mi pinga se paró al instante. Le respondí: “¿Y eso qué tiene que ver conmigo?” Ella me mandó una foto: estaba en su cuarto, en ropa interior, con una tanga rojo que apenas le cubría el culo. Me escribió: “Mi novio me regaló esta tanga, pero quiero estrenarlo contigo, no con él. Vente ya”.

No lo pensé dos veces. Agarré las llaves y salí volando hacia su casa. Cuando llegué, ella me abrió la puerta en esa tanga roja, con las tetas al aire y una sonrisa bien puta. Me tomó de la mano y me llevó directo al cuarto. “Cierra con llave”, me dijo, y yo sabía que esa noche iba a ser larga. Se puso de rodillas frente a mí, me bajó el pantalón y empezó a mamarme la verga como una desesperada, mirándome a los ojos mientras me decía: “¿Ves, primo? Solo a ti te hago esto”.

Después de un buen rato de mamada, me dijo: “Quiero que me la metas por el culo, pero primero quiero que me dejes bien abierta con esa verga”. Se quitó la tanga y lo tiró al piso, dejando ver ese culote blanco y apretado. Me eché aceite en las manos y comencé a masajearle el culo, metiéndole un dedo mientras ella gemía y empujaba hacia atrás. “Dame más, primo, no te detengas”, me suplicaba. Le metí dos dedos, luego tres, abriéndola despacio mientras ella se retorcía de placer.

Cuando la sentí bien lubricada y abierta, me puse detrás de ella, le agarré las caderas y le enterré la verga entera de una sola embestida. Ella gritó bien fuerte, pero no era de dolor, era de puro placer. “¡Así, primo, así! ¡Métemela toda!”, me gritaba mientras yo le daba duro, sintiendo cómo su culo me apretaba y me succionaba. Le di durante un buen rato, cambiando de posición, poniéndola de lado, boca abajo, siempre por el culo, hasta que sentí que me venía. Le saqué la verga y le eché toda la leche en el culo, viendo cómo el semen escurría entre sus nalgas.

Ella se quedó tirada en la cama, con el culo bien abierto y lleno de semen, respirando agitada. Me miró y me dijo: “Esa tanga ya cumplió su función, pero la próxima vez quiero que me cojas con él puesto”. Yo solo me reí y le dije: “Cuando quieras, prima. Tu culo es mío, y lo sabes”. Nos quedamos un rato abrazados, sabiendo que esto era nuestro secreto, y que mientras su novio siguiera de viaje, yo seguiría viniendo a darle duro por ese culote que solo yo sabía disfrutar.

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Juan Felipe
Juan Felipe
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