La sangre siempre tira – I
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Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Con 23 años, Ricardo (el Richard en su pueblo), bajó del micro y se mezcló entre los cientos de pasajeros que arribaban a la capital. Ese muchacho de 1,75 y unos 85 kg., de rostro duro, cabello castaño, era uno más en la gran urbe. No descollaba por físico, pero si por la cara de sorpresa ante algunas cosas que no era habituales en su pueblo natal.
Tenía en sus espaldas una historia compleja, pero aspiraba a dejar atrás algunos detalles que lo marcaban y afrontar un futuro promisorio.
Richard era hijo único de uno de los más famosos puesteros de estancia. Hasta sus 5 años, solo conocía la vida en el campo, rodeado de naturaleza que solo se modificaba cuando iban al pueblo de compras con sus padres o a alguna de las fiestas en la sociedad rural. Como aquel sábado…
Llegaron sobre las 10 de la mañana y fueron directo a la zona de ingreso de los animales que venían directo de la estancia de Jacinto Pérez (el jefe de su padre), ayudó a descargar algunas pequeñas cosas y se dedicó a corretear entre los corrales, los asadores que ya se iban preparando. Disfrutó de un día pleno, al anochecer Don Jacinto pidió al padre de Richard que lo dejara visitar a sus 3 hijas y se reunirían al día siguiente para el cierre de la exposición. Raúl consultó a su esposa, para luego acceder: ambos se despidieron del chico y montaron la camioneta para volver a la estancia.
Jacinto llevó al niño al tráiler donde jugaban las niñas y una hora más tarde, partieron a la inmensa casa del hombre. Cenaron todos juntos y cerca de las 22 horas, los niños fueron a descansar mientras Jacinto y su esposa compartía una copa en el living. Apenas una hora más tarde, se pudo observar el reflejo de las luces del móvil de la policía que se detenía frente a la vivienda, sonó el timbre y las voces agitadas del agente y Jacinto, que hablaban en la puerta de la casa.
Jacinto: ¿estás seguro de lo que decís?
Agente: si Don Jacinto, los encontró un peón que iba para la estancia
Jacinto: ¿cómo se lo digo a Richard? ¡¡Mariana!! Vení por favor
La mujer se acercó y vio el rostro desencajado de su esposo, luego recibió la noticia y no pudo contener el llanto.
La puerta se cerró y allí quedaron Jacinto y Mariana, petrificados, sin dar fe a lo que habían escuchado: en el camino vecinal que unía el pueblo con la estancia, había encontrado volcada la camioneta de los padres de Richard y los cuerpos de ambos a algunos metros de ella, ambos fallecidos.
Se tomaron unos minutos y no tuvieron más remedio que despertar al niño, para anoticiarlo de lo sucedido. Richard no salía de su asombro, quería salir corriendo del lugar e ir a buscar a sus padres, esperando que esa noticia fuese mentira y lo estuvieran esperando como siempre en la puerta de la casa.
Los días siguientes fueron los más duros y complicados para todos: el niño no paraba de llorar y reclamar a sus padres, mientras Don Jacinto y Mariana, hacían todos los trámites legales y trataban de comunicarse con familiares de los fallecidos. Así fue que se enteraron que las tías del niño ya no vivían en el país y sus abuelos maternos (los únicos vivos) se encontraban en un asilo.
Jacinto: Mariana, me siento culpable por lo sucedido, Ramón y su esposa no debían volverse a la estancia. Si se hubiesen quedado, estarían vivos.
Mariana: no te culpes, fue un accidente
Jacinto: ¿qué será de la vida de Richard? Está solo en el mundo…
Mariana: entregarlo a un hogar sería una locura…
Jacinto: pienso lo mismo. Mañana hablaré con el juez y pediré su guarda
Mariana: ¿adoptarlo? Las chicas estarán felices, pero ¿el querrá?
Jacinto: una vez que el juez me diga si podemos hacerlo, hablaremos con ellos.
Al día siguiente, abogado mediante, se iniciaron los trámites necesarios, se contactaron a las tías del niño y se les ofreció un buen trato para que accedieran a la situación legal. Las tres aceptaron, pero solicitaron que se les diese la oportunidad de visitarlo cuando estuviesen en el país. Así las cosas, pasó muy poco tiempo para que Richard se integrara a la familia de Don Jacinto y Mariana: hubo tratamientos con psicólogos y fuera aquel hijo varón que la pareja jamás logró tener.
Conforme pasaban los años, Richard, era un hijo más de la familia. Don Jacinto lo presentaba como tal y lo fue incluyendo en sus actividades, el muchacho estaba sumamente agradecido a sus padres adoptivos, pero había algo que lo inquietaba: sus hermanas.
Las tres niñas ya eran adolescentes y sus cuerpos empezaban a llamarle la atención. Al ser mayores que él, era blanco de las chanzas de los otros muchachos del pueblo, lo llamaban cuñado, le pedían que las llevara a reuniones con la intención de cortejarlas o algunas cosa más. Eso lo exasperaba, lo ponía loco de celos, más que nada porque las consideraba su propiedad. Para las jóvenes, Richard era motivo de peleas, pues las tres querían que las acompañara y las cuidase de los demás.
Cuando Richard cumplió 16 años, ya era un experto en el campo y mano derecha de Jacinto en muchas labores, había heredado las habilidades de su padre. Sabiendo esto, Jacinto lo inscribió en una escuela rural donde descollaba y participaba por una beca en un Instituto regional dedicado a las producciones agropecuarias.
En tanto, las relaciones con sus hermanas era cada vez más intensas, a tal punto de haber tenido algún escarceo a escondidas de la pareja.
A los 18, ya como becado, formaba parte de un grupo especializado en actividades que lo llevaban a trabajar directamente en producciones a campo. Fue entonces cuando Jacinto pidió reunirse a solas en su despacho, necesitaba hablar con él.
Jacinto: hijo, en mi último control médico me han descubierto algún problema de salud y tendré que radicarme un tiempo en la capital para tratarme
Richard: tranquilo papá, yo puedo hacerme cargo del trabajo. Ya retomaré los estudios cuando vuelvas
Jacinto: Voy a delegarte muchos trabajos y contarás con el apoyo de mi gente en la parte legal. Deberás cuidar a tus hermanas, Mariana viaja conmigo.
Richard: papá, Sonia está a punto de terminar sus estudios, puede ir con ustedes a estudiar allá. Solo quedaran Marta y Susy.
Jacinto: lo sé, y así será. Procura que ellas también estudien y se reciban
Unos días más tarde, el matrimonio y la mayor de las hijas partían, quedando solos los tres restantes. Tras organizarse, comenzaron esa nueva etapa, que traería el primero de los inconvenientes.
Marta, de 22 años, era la más díscola y requería control más estricto, Susy de 20 era la más centrada de todos y sería quien ocupase el lugar de su madre.
El primer fin de semana de los tres hermanos solos en la casa, Marta organizó una reunión con amigas y amigos, pese al pedido de Richard y Susy. Si bien todo fue bastante medido, Marta como anfitriona se excedió con el alcohol y la fiesta terminó antes de lo previsto.
El muchacho sentía una atracción especial por Marta y era quien más lo inquietaba. Susy ordenó la casa y se retiró a descansar, mientras Richard lidiaba con la joven ebria.
“Hermanito, sos muy lindo… y te quiero mucho…” le decía mientras él la llevaba a su cuarto, guiándola para que no se golpease. “Yo también te quiero Marta, pero no vuelvas a tomar así, vamos a tu cama” le decía mientras abría la puerta para llevarla hasta el lecho. Una vez allí, le quitó los zapatos, y la acomodó para que descansara. Encendió la pequeña luz de la mesa de noche, la tapó y se dispuso a irse. “Manito… quedate un ratito conmigo” le pidió antes que él saliese. Volvió sobre sus pasos, se sentó a su lado y acariciándole el rostro, se dispuso a esperar que se durmiese. “Si no fueses mi hermanito, te querría de novio” le murmuró mientras se giraba para dormirse.
En ese momento, volvieron a la mente de Richard los juegos de ambos en la pileta, las guerras de almohadas y las luchas que tenía con ella, donde más de una vez habían tenido roces un poco más allá de los aconsejables, casi se diría que eran picantes.
La joven murmuró algo inentendible y volvió a girar en la cama, cayendo hacia un lado la frazada que la cubría y dejando muy visible sus piernas y el nacimiento de sus nalgas, donde un trozo de tela mínimo se interponía entre ambas. Richard dudó en cubrirla o seguir observando aquel panorama, de manera instintiva, levantó su mano y acarició la piel suave y tibia. Su mente se nubló por completo y repitió el movimiento, pero haciendo que su dedo mayor recorriese el trozo de tela. Lo hizo una y otra vez, ante la falta de reacción de la ebria, levantó un poco más la breve pollera y dejó al descubierto esa cola tentadora.
Con la mente en blanco, se abandonó a sus instintos. Ya tocó descaradamente a Marta, hundiendo sus dedos en la raja, desplazando la tela hacia un costado y rozando la zona vaginal que se humedeció muy rápido. Segundos después, la estaba masturbando con toda la regla, metía el dedo hasta la segunda falange y lo retiraba para volver a ingresarlo.
Marta gimió y entreabrió las piernas para que el dedo pudiese entrar por completo. Al cabo de unos minutos, la mujer llegaba a un orgasmo intenso, tensando su cuerpo, para luego quedar completamente distendida, con la vagina latiendo y dejando caer flujos sobre las sábanas.
En ese momento volvió a Richard la cordura, quitó el dedo del interior de Marta, la cubrió y salió rápidamente de la habitación. Llegó a su cuarto, cerró la puerta y sin dudar un segundo se bajó los pantalones, para dedicarse una tremenda paja que lo aliviara. Cuando la leche brotó de su verga, se sintió satisfecho y se sentó en la cama, ¿qué había hecho? Se había aprovechado de la ebriedad de su hermana para masturbarla y luego hizo lo propio, como si de una mujer cualquiera se tratase, pero era su hermana… Le costó conciliar el sueño, ¿qué diría Marta al despertar? Era imposible que no se diese cuenta de lo sucedido ¿y si se lo contaba a Susy? O peor a sus padres… Al amanecer el sueño lo venció y se durmió sin quitarse las ropas sobre la cama.
La música que lo despertó era clara muestra que Susy ya estaba levantada. Se metió al baño, se duchó y ya cambiado de ropas bajó a la cocina. Susy estaba terminando de limpiar y ordenar el lugar. Usaba uno de sus típicos leggins negros, una remera oscura y meneaba el culo al ritmo de la música. Al oír pasos, se giró y lo vio allí parado, apoyado en el marco de la puerta.
Susy: hermanito, buenos días, parece que Marta no te dejó dormir…
Richard: hola Susy, la verdad es que tardó un poco en dormirse y se puso intensa…
Susy: lo sé, no es la primera vez que se pone así y borrachita es densa…
Richard: ¿vos? ¿Descansaste bien?
Susy: me costó un poco, pero pude dormir. Ya hablé con los viejos, mandaron saludos para todos
Dejó a un lado las cosas que estaba acomodando y se acercó a Richard para saludarlo. Le dio un beso casi en los labios y un chirlo en el culo “Dale, prepárate unos mates mientras llevo esto afuera” dijo y se encaminó a la salida. Susy siempre había sido la más demostrativa y tenía esas costumbres, por lo que no le extrañó el hecho.
Estaba preparando el agua, el mate y algo para picar cuando Marta entró a la cocina, envuelta en una bata de baño, con una toalla en la cabeza y rostro de dolor.
Marta: hola pibito, podés bajar un poco la música, se me parte la cabeza
Richard: buen día Martu, ¿mucha resaca?
Marta: un desfile de murgas en mi cabeza, ¿vos me llevaste a la cama?
Richard: ¿tan complicada estabas que no te acordas?
Marta: No es por eso… después hablamos…
Sacó una botella de agua de la heladera, y tomó una pastilla que traía en la mano. Le hizo un gesto y se volvió a la habitación.
Un escalofrío recorrió la espalda del joven, todo hacía suponer que su hermana no había estado tan inconsciente mientras él la masturbó o al menos eso creía. Estaba metido en esos pensamientos cuando Susy volvió de dejar las cosas de limpieza: “¡¡Eu!! Bajá a la tierra que se te hierve el agua” le dijo, sacándolo de sus pensamientos. “ya bajó la zombi y te hizo bajar la música, seguro que se tomó una pastilla para la resaca y se volvió a la cama. Hasta la tarde no va a aparecer, ja ja ja” mencionó mientras se sentaba a compartir los mates con su hermano.
Susy: es la primera vez que la ves borracha, tranquilo nene, no se acuerda nada de lo que pasó, segurísima.
Richard: ¿vos decís?
Susy: cuando salimos la última vez, pensó que alguien la había violado y se había deslizado por la baranda de una escalera y se había irritado toda
El muchacho suspiró y se relajó un poco, si su hermana no mentía, Marta no sabría nada de lo que había pasado en la noche.
Juntos, compartieron el termo de mates, hablando de la noche anterior, de la partida de Jacinto, Mariana y Sonia, la enfermedad del padre, de Sonia y sus aspiraciones de estudio y finalmente de ella.
En esta última parte, Susy le confesó que se sentía celosa de su hermana Marta, a quien consideraba la protegida de Richard y como él salía siempre en su defensa, ante todos y ante todo. “Cualquiera diría que estás enamorado de ella, si hasta se te van los ojos cuando anda medio livianita de ropas” mencionó con algo de fastidio.
Cuando el termo ya no tuvo más agua, Susy se puso de pie, tomó las cosas y las ordenó en la cocina, se acercó a él lo abrazó y le murmuró al oído: “te quiero mucho hermanito” para luego darle uno de esos besos a los que ya lo tenía acostumbrado, casi al borde de sus labios.
Susy: cuidá a la borrachita, que yo me voy a casa de Luciana (una de sus amigas). Si se hace tarde, me quedo allá a dormir y nos vemos mañana.
Salió de la cocina, meneado el culo, dejando a Richard con más dudas que certezas en su mente.
El muchacho aprovechó la tarde en soledad para enviarle un par de mensajes a Mariana y saber cómo estaba Jacinto. Luego se sentó en una de las sillas de patio y meditó sobre los dichos de Susy: sus actitudes con Marta, sus reacciones y la confesión de celos y los besos de ella. Por momentos se sintió feliz, pues sus hermanas lo apreciaban mucho y sentían por él un afecto especial. Así mismo, lo turbaba el hecho de que lo viesen más como hombre: había una línea muy fina que podía cruzarse si él volvía a actuar como lo hizo en la noche.
Al atardecer, un mensaje en su celular le advertía que Susy no volvería a la casa hasta el día siguiente, y consultaba por el estado de Marta. Recién allí reaccionó que no había vuelto a aparecer desde el mediodía, se puso de pie y caminó rumbo al cuarto de ella. Estaba a punto de llegar cuando pudo escuchar el ruido del agua de la ducha del baño que compartían las tres mujeres, era señal que ya estaba despierta y a punto de hacer su aparición.
Se ubicó en el sillón mayor del living. Encendió el televisor y se dispuso a observar una película. No habrían pasado unos 10 minutos cuando Marta, ubicada a sus espaldas, le dio un beso en la cabeza y lo abrazó, dejando su rostro sobre el hombro del muchacho.
Marta: buenas tardes manito, voy por un café ¿queres uno?
Richard: si gracias Martu, ¿cómo te sentís, mejor?
Marta: si mi vida, ya vengo y charlamos un ratito ¿sí? ¿Susy?
Richard: en casa de Luciana, se queda a dormir alla.
Desapareció nuevamente y volvió a los 5 minutos con una bandeja con las dos tazas humeantes, la dejó en la mesa, tomó una de ellas y se sentó al lado del muchacho. Bebió un par de sorbos, extendió su mano y se aferró a la de él.
“Manito, tengo que pedirte disculpas por cómo me comporté anoche. Me valí del alcohol para liberar un poco la angustia por el viaje de los viejos, pero se me excedí y di un pésimo espectáculo” inició su confesión, bebió algo más del café y retomó “Es la primera vez que me ves en esas condiciones y seguramente ya Susy te dijo lo que me pasó la última vez. Pero hay algo que me sorprende y quiero que seas muy honesto conmigo” dijo agachándose a dejar la taza en la mesa.
“No sé cómo empezar, pero bueno… ya me contaste que me llevaste a mi cama anoche, lo confirmé porque al despertarme estaba vestida, solo me faltaban los zapatos, si me hubiese llevado Susy, me habría quitado la ropa, siempre lo hace. Pero hay algo que necesito contarte y que seas capaz de guardarlo como un secreto, ¿puede ser?” dijo mientras buscaba la mirada del muchacho.
Richard: estamos solos y nadie más sabrá lo que hablemos, solo vos y yo.
Marta: ok., en medio de mi borrachera, soñé que me estaban tocando íntimamente, muy íntimamente. No sé por qué razón, te ví en ese sueño.
Richard: Martu, ¿tuviste una fantasía conmigo?
Marta: no te rías… no es la primera vez que me pasa. Pero hubo algo más
Richard: ¿cómo que algo más?
Marta: cuando me desperté, tenía mi cuerpo pegajoso y había manchas en mis sábanas. Me llevé las manos a la cara y no tenía olor a mi ¿me entendés?
Richard: creo que no…
Marta: si me hubiese masturbado, en mis dedos tendría el olor de mis jugos. En casa solo estábamos Susy, vos y yo. ¿La viste subir a Susy a mi cuarto?
Richard: ¿pensas que ella pudo haberte hecho algo?
El rostro de Marta se puso de un color rojo intenso y apretó fuerte la mano de él.
Marta: te pedí que no me mintieras y que esta charla quedaría solo entre nosotros. Fuiste vos, estoy segura.
Ahora era Richard el que estaba en medio de un problema, se mordió los labios, bajó la mirada, dando a entender que había sido descubierto.
Marta meneo la cabeza en forma afirmativa, seguía manteniendo la mano de él entre las suyas. Él esperaba un cachetazo o una reacción de furia por parte de ella, pero lejos de ello, recibió un abrazo apretado, firme, cálido hasta afectuoso podría decir. Entonces levantó su rostro con los ojos enrojecidos al borde de las lágrimas. Ella lo miró y acercándose mucho más, lo beso en los labios, suavemente, de manera delicada mientras sus manos lo acariciaban. “No sabés las veces que estuve tentada de darte este beso, hace un buen tiempo que me revolucionas la sangre, no sé si decir que es amor, pero siempre debi contenerme porque sería mal visto tener una relación así” murmuró para avanzar nuevamente sobre la boca de él y ahora sí depositarle un beso apasionado, entreabriendo sus labios y esperando la invasión de la lengua del muchacho. Ella daba rienda suelta a su locura contenida, mientras él apenas si hacia algo.
Marta: ¿no te gusto? ¿No te caliento como anoche?
Richard no respondió, se lanzó sobre ella. Virtualmente le arrancó la bata, se abalanzó sobre los pechos y comenzó a comerlos como si no hubiese mañana, sus manos inquietas buscaron abrir las piernas de Marta y eludiendo la fina tela de la tanga se metieron bruscamente en su interior. Rápidamente fueron dos dedos los que se hundieron en la profundidad de su ser. Inició un bombeo violento, que arrancó gemidos intensos por parte de la mujer, los movimientos salvajes de él la hicieron encenderse y clavarle sus uñas en la espalda fuertemente.
La reacción de la mujer hizo que el luchara desesperadamente por quitarse las ropas y liberar su verga que ya era incontenible. La naturaleza no le había dado la mejor de las armas, pero sabía muy bien cómo usarla.
Apenas se sintió liberado de prendas, llevó las piernas de Marta a sus hombros y sin mediar siquiera un beso, la penetró completamente. El grito de ella debió sentirse desde las afueras de la casa, cada embestida era correspondida por un gemido intenso que se fueron multiplicando con la aceleración de los movimientos de aquel hombre que la poseía bestialmente.
Minutos de furia que concluyeron con una última embestida que retuvo dentro de la ardiente cueva de Marta, descargando todo el semen contenido por el largo tiempo que no lo hacía dentro de una mujer. Ella intentó moverse un poco más para también llegar a su orgasmo, lo tomó por las caderas y la sacudió un par de veces hasta que un temblor brutal concluyó con una acabada como nunca antes, sintió como su cuerpo despedía chorros de flujo de manera abundante, empapando a su amante y el lugar por completo.
Como en toda tempestad, llegó el momento de la calma. Richard cayó sobre ella, ya sin fuerzas y la hembra lo abrazó con sus piernas para impedirle salir de su vagina palpitante e irritada. Así permanecieron por casi una hora, con el montándola, hasta que ella no resistió más el peso y girando, cayeron ambos al suelo.
Marta: guau… estoy muerta, mi cuerpo no resiste más. Hubiera preferido algo más delicado y dulce, pero este desenfreno me dejó mucho más que satisfecha, muy llena y mucho más mujer.
Richard: no sé por qué lo hice, no debió pasar, perdóname, no quise…
Ella le cubrió la boca con la mano sin que pudiese terminar con las disculpas y la justificación. “Manito, fue lo más hermoso que me pasó en mi vida, no lo arruines” murmuró mientras se ponía de pie y dejaba ver como escurría el semen por sus piernas. Lo detuvo con sus dedos y lo volvió a su interior, de manera morbosa.
Marta: andá a bañarte, te espero en la cocina para que hablemos, más tranquilos.
Desnuda como estaba, se fue caminando con sus ropas en la mano, rumbo al baño del primer piso. En tanto él observaba incrédulo como había huellas del momento en el sillón y el piso a su lado. Tomando su remera, frotó rápidamente el tapizado sin poder quitar las manchas, tan solo logró que las mismas se agrandaran. Si pudo eliminar las del suelo, huyó hacia el área de lavado para dejar allí sus ropas y luego caminar hasta el baño donde se metió bajo el agua caliente de la ducha, buscando eliminar restos de jugos propios y ajenos. Se sintió algo más relajado mientras el agua corría por su cuerpo, cerró el grifo, se secó y se colocó ropa limpia. Ordenó el lugar y fue hacia la cocina, a esperar a Marta.
Ella llegó con el cabello húmedo, enfundada en otra bata de baño. Corrió una silla y se sentó. Le hizo señas de que el hiciese lo mismo, frente a ella. Así lo hizo.
Marta: bien Manito. Seamos muy claros. No me arrepiento de lo hecho, es más, lo disfruté enormemente, lo deseaba. ¿Y vos?
Richard: siento que traicioné a la familia, reaccioné como un animal, no supe contenerme
Marta: ¿te gustó? ¿Querías hacerlo?
Richard: anoche, después de masturbarte, estuve a punto de meterme en tu cama y aprovecharme de tu borrachera
Marta: entonces, me tenías ganas… te caliento…
Richard: sí, me haces calentar mucho
Marta: muy bien, por algo se empieza. Si lo deseas, podremos hacerlo cuando quieras pero más delicadamente. Yo lo hago por amor, te quiero.
Richard: Susy puede darse cuenta y sería un problema grande.
Marta: eso me lo dejás a mí, yo buscaré el momento y te lo haré saber
La mujer se puso de pie, se acercó a él, lo abrazó y le dio un beso corto. “Ahora vamos a limpiar el desastre que hicimos, luego cenamos y nos vamos a ir a dormir a mi cuarto. Quiero enseñarte lo que me hace gozar más intensamente y no pienso desaprovechar la noche que tenemos a solas” le dijo mientras iba en busca de los materiales de limpieza. Una hora después ya habían solucionado la mancha del tapizado y el piso. Juntos prepararon una cena liviana que devoraron y al finalizar, tras asegurarse de cerrar puertas con trabas para impedir el ingreso de Susy si lo hacía antes de que despertaran, ella lo tomó de la mano y lo llevó a su habitación.
Ya en el lugar, encendió la luz de la mesa de noche y apagó la central. Lentamente, se fue despojando de sus ropas hasta quedar tan solo con el conjunto de ropa interior brevísimo de color blanco. Acto seguido, lo hizo aproximarse y repitió el proceso con él, que dejó sobre cuerpo el bóxer.
Marta: vení, sentate a mi lado
El obedeció y se ubicó casi rozando su cuerpo.
Marta: tengo los pechos muy sensibles, mis pezones se endurecen con facilidad cuando sienten el roce de la yema de los dedos o los labios. Probalo
Ella lo fue guiando y él hacia lo que ella pedía, primero pasó la punta de sus dedos por los pezones que rápidamente se pusieron tiesos, apuntando al frente, no dudó y aproximándose pasó la lengua apenas por la punta, los notó duros, apetecibles, abrió los labios y los mamó delicadamente. Ella llevó sus manos a la cabeza de su amante y lo hizo recorrer primero uno y luego el otro, lo liberó cuando él abrió por completo su boca y atrapó el pecho tanto como pudo, con una mano acariciaba el cabello de su hombre y con la otra bajaba lentamente por su vientre hasta toparse con el elástico de la braga, que desplazó hacia un lado y siguió el recorrido hasta acariciar su raja que ya evidenciaba humedad.
Él se apartó apenas y observó lo que su hembra estaba haciendo, bajó su mano y reemplazo la de ella, acariciándola de manera algo torpe pero más profundamente. La mujer se arqueó hacia atrás y le dejó campo libre para que trabajase tranquilo. Con frases cortas, le indicaba como seguir, intercalaba gemidos con instrucciones, hasta que no pudo resistir más y se entregó por completo, dejándose caer en la cama.
Él sin guía, decidió improvisar, se arrodilló y antes de abrir sus piernas, comenzó a bajar la braga hasta los tobillos y la retiró dejando a la vista la cueva perlada de jugos, abrió aquel cofre de placer y se aproximó lentamente, besando la parte interior de los muslos. Se detuvo a centímetros, para aspirar el aroma de la excitación y sacando la lengua de su boca, la ubicó entre los labios vaginales. Ese contacto arrancó la primer frase completa de la boca de Marta: “Si manito, cómeme despacito, haceme sentir tu lengüita…”, volvió a tomarlo por el cabello y lo fue haciendo recorrer cada milímetro de su interior.
Richard estaba ebrio de flujos, seguro que le daba a su hembra el placer que quería y disfrutaba, fue acelerando el uso de la lengua provocando contracciones de la mujer, gemidos cada vez más intensos y continuos, forzándolo a permanecer allí hasta casi hacerla explotar. “Subí manito, clavame la verga y haceme acabar como una puta, no me tortures más…”
Lo hizo, se acomodó y se la fue metiendo lentamente, hasta hacer tope con su cuerpo. Ya dentro, ella marcó el ritmo, lento al principio y cada vez más intenso cuando sentía que su orgasmo se acercaba. Le trabó el cuerpo con sus piernas para que no se saliese de su interior, pero que pudiese moverse lo necesario para llevarla al punto más alto de placer, que resultó en un orgasmo múltiple, su primero. Quedó tendida sin fuerzas, mientras su hombre concluía su faena con varios bombazos que la llenaron de leche por completo.
Apenas se mantuvo unos minutos sobre ella, y luego se retiró, acostándose a su lado. No tenían idea del tiempo que habían estado en plena sesión, pero fue demasiado para ambos, que se durmieron casi de inmediato.
Las primeras luces del amanecer hicieron que Richard se despertara, tomó sus ropas, cubrió a Marta con las sábanas y salió de la habitación. Pasó por la ducha, se higienizó, se vistió y bajó a la cocina, previo abrir los cerrojos de las puertas. Una hora después, Susy ingresaba a la casa.
Susy: hola hermanito, ¿qué tal la noche?
Richard: muy bien, casi perfecta
Susy: guau… ¡¡qué expresión!! Cualquiera diría que la tuviste muy movidita
Era evidente que Susy tenía un sexto sentido para ciertas cosas, él trató de disimular lo mejor posible. Ella rió y se acercó a besarlo como cada día, por primera vez, él fue quien la abrazó y se quedaron unos minutos así.
Susy: mmm… qué lindo abrazo… voy a tener que irme más seguido para que se repita
Se despegó de él y cuando se encaminaba a poner el agua a calentar para preparar unos mates, recibió un chirlo en el culo por parte de Richard…
Susy: eppaaa… ¿así me recibís? Si querés salgo y vuelvo a entrar…
Se rio de la ocurrencia y acercándose a ella por la espalda volvió a abrazarla. Le dejó un beso en el cuello y casi como al descuido le acarició los pechos al dejar de abrazarla.
Susy se giró y lo miró a los ojos: “si volvés a hacerlo, no respondo de mis actos hermanito, lo sabés muy bien” le dijo mientras vertía el agua en el termo.
Él entendió que habría una disputa en breve: Marta era excitante, pero la atracción que sentía por Susy era mucho mayor.
Mientras compartían los primeros mates, llegó Marta a la cocina. Vestía leggins ajustadísimos y una remera suelta, pantuflas y una toalla en su cabeza. Se acercó a su hermana, le dio un beso en la mejilla a modo de saludo y uno en la cabeza a Richard, para luego sentarse frente a ambos.
Marta: ¿qué planes hay para hoy?
Richard: voy a ir hasta el campo, quiero ver si está todo listo para el lunes
Susy: yo solo tengo que preparar un trabajo de la facultad, pero si querés te acompaño hermanito
Marta: ok, vayan tranquilos, los espero para el almuerzo, tipo dos de la tarde. Saluden a las vacas por mí.
Una hora más tarde, Susy y su hermano subían a la camioneta para ir hasta la estancia, mientras Marta revisaba la heladera en busca de víveres.
Ya en viaje, Susy disparó con munición gruesa a su hermano.
Susy: ¿es necesario que te pregunte en qué habitación dormiste anoche?
Richard: ¿qué decis?
Susy: las ojeras de Marta y tus cariños, son muestra elocuente. Quiero mi parte también. Estoy dispuesta a compartirte, si es que somos discretos.
Estaban llegando al campo, el bajó y abrió la tranquera, luego ingresó el vehículo y volvió a cerrar. Lejos de ir rumbo al puesto de carga, enfiló hacia la que fue su casa de la niñez. La misma ahora era el lugar donde hacía noche cuando debía supervisar algo temprano en la mañana. Detuvo la marcha, paró el motor y se encaminó a la casa. Susy lo siguió y apenas entraron, él la tomó por los hombros y la llevó al living, la sentó frente a él y apoyándose en sus codos hizo la pregunta que ella esperaba sin dudas.
Richard: ¿Me estás proponiendo ser algo más?
Susy: solo pido que me des el mismo trato que a ella: yo te amo, desde hace años, si hasta Mariana lo sabe porque se lo dije.
Richard: déjame poner mi cabeza en orden, han pasado cosas que nunca hubiera imaginado.
Susy: entiendo. Pasaste una noche muy movida, pero sabé que voy a seguir insistiendo, además ahora no es momento, quiero el mismo trato que ella
Ella se puso de pie y salió hacia la camioneta. Richard estaba en una encrucijada: la ardiente Marta o descubrir que tan fogosa era Susy.
Pero eso será contenido de la segunda parte de la historia.
Gracias Beto por confiar en mí para publicar tu historia.
Esperamos sus comentarios, y más que nada sus opiniones.
Saludos.
