Mi mama bañandose en el río

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Tengo la grande necesidad de relatar lo que pas” hace varios a?’os… Porque a pesar de que fue hace largo tiempo, todavía lo llev” clavado en la mente, entre una especie de celos y la fantasía de retroceder los a?’os para volver a ver el icomparable espectáculo de ver a mi joven y hermosa madre ba?’ándose en el río, ya que sin embargo de durante mi vida haber admirado a varias mujeres desnudas, creo que ver ba?’ar a tu propia madre desnuda no se compara con nada, pues es el máximo placer que te puede ofrecer la naturaleza, máximo cuando se tiene la fortuna de tener una madre bonita y con un cuerpo de lo mejor, así como lo fue mi madre en sus a?’os de juventud, en los cuales todos los hombres chuleaban su bello rostro y chuleaban sus senos compactos, sus frondosas pantorillas y piernas, y su protuberantes caderas que levantaban silbidos y piropos muchas veces obscenos. Entonces, a modo de desahogo les confieso lo que sentí en el río al contemplar desnuda en el río, porque por un detalle que sabrán más adelante… No fue la misma contemplaci”n de sus encantos como los que cotidianamente tenía de ella en la intimidad de nuestra casa.

por esa época yo tenía como 12 a?’os de edad y mi madre tenía unos 33 a?’os, como ya les dije muy bien repartidos, calculo que sus medidas serían como de: (92-64-98) y 1.65 de estatura, de piel morena como la canela, cabello oscuro y tupido como una cascada, y unos negros y ojos grandes de pesta?’as “chinas”…ojos so?’adores de los que se enamoraban muchos hombres, pues tenía bastantes admiradores y pretendientes por todos lados de la colonia y el pueblo.

por esas fechas era tiempo de vacaciones, y fuimos al pueblo a visitar a mi abuela, de manera que nos fuimos mi preciosa madre y una hermana 4 a?’os menor que yo, o sea los tres. ,mi padre nos llev” a la estaci”n ya que tendría que quedarse en la capital por cuestiones de su trabajo.

a mi abuela le dio mucho gusto nuestra visita, y estuvimos muy a gusto con todas las atenciones que nos brind” de acuerdo a sus posibilidades, lleg” la tarde y luego de la ligera merienda y platicar otro poco, nos fuimos a acostar para descansar del viaje.

al otro día nos levantamos temprano y almorzamos un poco, y después que anduve jugando con mi hermanita entre las milpas y las flores silvestres, nos fuimos los tres al campo a un terreno de la abuela, mientras ella se qued” en la peque?’a casa a preparar la comida para a nuestro regreso atendernos.

sería como el medio día, cuando llegamos al terreno, y el sol estaba en su apogeo, por lo que mi madre dijo que para refrescarnos nos íbamos a meter a ba?’ar al manso río, pues por falta de lluvias corría muy poca agua… Tanpoca que en el sitio que a ella se le ocurri” meternos apenas si nos llegaba a la altura de los tobillos, además lo hizo para que nosotros y ella no corrieramos ningún peligro: allí no había ni rocas grandes ni árboles porque era una especie de valle, entonces nos dijo que nos metiéramos, yo llevaba un traje de ba?’o puesto que apenas me habían regalado, pero mi hermanita que apenas tenía 8 a?’os y mi madre se desnudaron; a mis 12 a?’os yo estaba despertando al deseo sexual y obviamente que no me perdía detalle de cuando mi mamá como si nada, luego de quitarse el amplio vestido, se quit” el corpi?’o (34 b)y la mediana y ajustada pantaleta clara, dejando sus prendas a la orilla del río, entre la yerba y el pasto. Y todo iba de maravilla, yo disfrutando de la desnudez de mi madre: sus senos medianos parecidos a dos cerritos con sus pezones que semejaban a dos florecitas en bot”n, su espalda lisa y quebrada como una resbaladilla, sus generosos muslos carnosos, y sus lindas y exuberantes nalgas con forma de una potranca una indomable yegua… Toda ella era un deleite y no me cansaba de admirarla entre la liviana corriente que la acariciaba suavemente… ¡hasta que sorpresivamente apareci” un hombre prieto y sombrerudo montado a caballo¡ ella dijo: ahí viene un se?’or, pero sin preocuparse y al parecer hasta feliz que la vieran desnuda, pues en lugar de acostarse en la corriente de agua pues estaba hincada, lo que hizo fue ponerse a cuatro patas… Y solamente dijo ¡ya ni modos¡ y cuando aquel feo hombre pas” tras de ella como no queriendo fij” sus ojos en el voluminoso trasero de mi madre empinada… Fue cuando yo quise que a ese tipo se lo tragara la tierra, y fue mi primer arranque de celos reprimido contra mi madre, ya que desvergonzadamente le mostr” el culo a un desconocido, quien me imagino que en la posisi”n de ella, pudo verle aparte de las adorables nalgas, a lo mejor hasta el chochete peludo. Pero con todo, tuve que tragarme los celos, cosa que a pesar de los a?’os no logra digerir mi recuerdo el cual revive de vez en cuando; por eso me veo en la gran necesidad de relatarlo.

a los dos días volvimos a ir al río, y otra vez nos ba?’amos, pero esta vez ella tuvo el recato de buscar unos árboles y en un recodo nos metimos… Con la fortuna que entonces sí disfrute de las bellas desnudeces y sensuales poses de mi madre, toda ella para mí solo sin testigos (excepto mi hermanita) pero sin otros ojos ajenos a nosotros que juzgaran los encamtos de mi mamacita.

esas fueron nuestras vacaciones, y ya en la capital desde luego que seguí paladeando la desnudez de ella, pero dentro de la casa en el ba?’o o en su recámara, cosa que le agradezco a la vida, por haber tenido la gracia de tener la madre más hermosa que he conocido sobre la tierra.

porque no importa que haya tenido varios amantes y haya sido la mujer más codiciada del pueblo y nuestro barrio, ella fue toda de mis ojos y due?’a de todas mis fantasías, y me mostr” todo su cuerpazo sin inhibiciones, a solas para mi solo me ense?'” hasta el último de sus exquisitos rincones… Los cuales nunca me cansé de contemplarlos, hasta que creci” mi escultural hermana quien también me ense?'” todo lo habido y por haber, y también disfruté de ella a lo máximo, pero eso es otro tema, que tal vez en otro relato les confiese.

Autor: Cupier

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