Mi madre y yo no supimos parar y terminé embarazandola
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En estos momentos tengo 22 años y me gusta mucho el incesto, por razones que entendereis fácilmente cuando os cuente como lo estoy viviendo yo.
Soy asiduo consumidor tanto de relatos como de videos sobre este tema y finalmente me he decidido a contar mi historia, que creo que puede ser de interés para los que os gusten este tipo de relaciones.
Voy a comenzar por contaros que mi madre se enamoró de un profesor en la universidad, que era 20 años mayor que ella, se liaron, con 19 años se quedó embarazada, se casaron y con 20 años me tuvo a mi.
Hace un año, cuando ella tenía 40 años y yo 20 años, mi padre con 60 años tuvo un accidente con el coche y murió después de pasar un mes en la UCI.
Mi madre cayó en una depresión, pidio la baja en su trabajo y se pasaba el día en casa sin hacer nada.
Mi madre y yo siempre hemos mantenido una relación de mucha complicidad, nos lo contabamos todo y hablabamos de todo sin ningún problema
Yo trataba de consolarla como podia, pero ella en cuanto la mencionaba a mi padre se ponía a llorar.
A mi me daba mucha pena de ella, yo la abrazaba y la besaba para calmarla y eso a ella la tranquilizaba y me decia:
– Gracias cariño, menos mal que te tengo a ti.
Yo la decia:
– Pues claro, mamá, a mi siempre me tendrás para todo lo que necesites.
Eso a ella la relajaba y me comía a besos por toda la cara.
Así iban pasando los dias y los meses y poco a poco ella se fue relajando y finalmente volvió a su trabajo de ginecóloga en el Hospital Comarcal.
Ella era una mujer viuda pero aun joven y ademas muy atractiva, al ser de constitución pequeña, aparenteba, menos edad de la que tenia y desde luego, en el hospital donde trabajaba nunca le habian faltado pretendientes, entre sus compañeros, aun en vida de mi padre, así que, ahora estando viuda, en cuanto se incorporó, aun mucho más, pero ella no quería tener ningún tipo de relacion con nadie por el momento.
A mi me contaba como le «tiraban los tejos» sus compañeros e incluso algunos MIR que podían ser sus hijos y los dos nos reíamos.
Yo la decia:
– No me extraña, mamá, porque te conservas muy bien.
Eso a ella le gustaba, le gustaba que se lo dijera y entre risas me decia:
– Jajaja desde luego como sois los hombres.
El caso es que, a mi, eso de que se la quisieran ligar jovenes de mi misma edad empezó a hacerme ver a mi madre desde una perspectiva distinta y empecé a fijarme más en ella como mujer.
Y claro, empecé a ver que era lo que atraía a esos jóvenes del cuerpo de mi madre y lo vi claramente: todo en ella era atractivo, empezando por sus tetas, que las tenia muy bien puestas, no demasiado grandes, pero destacaban claramente de su vientre plano y su cintura y además, aunque llevara sujetador de esos finos, se le notaban sus pezones, cosa que a todos los hombres nos llama mucho la atención, tiene además una cara agradable, ojos castaños y pelo negro muy corto y por supuesto sus piernas y su culo, que sin ser tampoco excesivo, se le veía muy deseable.
Total que llegué a la conclusión que a mi también me empezaba a gustar mi madre como a todos lo demás y además yo tenia la ventaja de tenerla siempre cerca y verla andar por casa con poca ropa y sin sujetador, por lo que podía disfrutar de ver los pezones de sus tetas casi al natural.
Y un día, cuando estábamos hablando de como se la comían con los ojos algunos de sus alumnos, en plan de broma añadió:
– Esos críos, si podría ser su madre, algunos son más jóvenes que tu, jajaja.
¿A ti también te parezco atractiva?
A lo que yo, sin dudarlo ni un momento, le respondí:
– Pues claro, mamá, es que eres una mujer muy atractiva y aunque yo te vea como madre, también te veo como la preciosa mujer que eres.
Ella me abrazó y me dijo:
– Gracias cariño, eres un cielo.
Lo cierto es que a mi cada día me gustaba más mi madre, pero yo la seguía viendo como madre y nunca me hubiera atrevido a nada con ella, si no se hubieran dado las circunstancias que se dieron.
Ella, evidentemente, me veía también a mi como su hijo, pero una vez que se dieron esas circunstancias, aunque con muchas reticencias, fue permitiendo que entraramos en un terreno prohibido para una madre y un hijo y una vez traspasada la primera «línea roja» ya ninguno de los dos pudo ni quiso parar.
Esas circunstancias se dieron una noche, después de cenar, cuando estábamos en el salón viendo la tele, como hacíamos cada noche, charlando y bromeando y sucedió lo que tenia que suceder.
Los dos estábamos con la ropa cómoda de estar por casa, era verano y los dos llevábamos puesto lo imprescindible para estar fresquitos.
Yo con un pantalón corto de pijama, encima de mis calzoncillos y una camiseta de tirantes.
Mi madre igual, por la parte de abajo unas calzonitas muy cortas de pijama, encima de sus bragas y a la parte de arriba una camiseta fina de tirantes, sin sujetador, por lo que siempre se le notaban mucho los pezones de sus tetas.
Esa noche los pezones se le notaban más de lo habitual, señal de que debía estar excitada.
Ni que decir tiene que eso me excitó a mi también, mi pene se me puso duro y comenzó a notarseme el bulto en el pantalón del pijama.
Mientras hablábamos, los dos nos dimos cuenta de la excitacion del otro, porque era bastante evidente en ambos casos.
Yo empecé a ponerme nervioso, pero no hice nada para disimular mi ereccion, porque temía empeorarlo aun más.
Mi madre tampoco disimulaba las miradas que le echaba a mi bulto, eso la excitaba aun más y sus pezones amenazaban con atravesar la fina tela de su camiseta, de lo duros que los debía tener.
Los dos nos habíamos metido en un bucle y la excitacion de ambos cada vez iba a más.
A mi, sin saber muy bien que hacer, pero sin apartar mis ojos de sus tetas, se me ocurrió decirle:
– No me extraña que te tiren los tejos en la universidad, porque desde luego eres un auténtico bombón, mamá.
Ella sonriendo me dijo:
– Gracias cariño por el piropo y me dio un beso en la cara, muy cerca de los labios.
Yo ya estaba qué me subía por las paredes, así que, en mi calentura le dije:
– Es la verdad, mamá, porque estas buenísima.
Ahí ella, que veía como me comía sus tetas con los ojos y el efecto que estaban causando en mi, creo que fue consciente de lo que estaba pasando y para tratar de romper la tensión sexual evidente, me dijo muy sonriente, como en plan de broma:
– Uyyyy… ¿No me estarás tu también tirando los tejos? Jajaja
Yo ya no controlaba, así que le seguí el juego y, sin cortarme un pelo, le dije:
– Pues sí, yo también te estoy tirando los tejos, mamá, aunque ya sé que tu no entras al trapo, con ninguno de los que te los tiran, jajaja
Ella tardó unos segundos en responderme, su cara se le puso muy roja y sonriendo me dijo:
– Cierto, pero, a lo mejor contigo hago una excepción.
Yo, muy nervioso, mirándola fijamente a los ojos le dije:
– ¿De verdad harías una excepción conmigo?
Ella mirándome también directamente y con un gesto más serio me dijo:
– Sí cariño, tu eres el único hombre con el que estoy dispuesta a hacer una excepción.
Yo ya me moría de ganas de abrazarla y comérmela a besos, así que medio tartamudeando le dije:
– ¿Y en que consiste esa excepción, exactamente?
Yo creo que a partir de ese momento mi madre ya sabía perfectamente como iba a acabar aquello, pero tratando de no hacerlo demasiado evidente, se acercó un poco más a mi y me dijo sonriendo:
– No te hagas ilusiones, porque soy tu madre y tu mi hijo y no podemos comportarnos como si fuéramos dos extraños, pero una vez llegados a este punto, lo que si podemos hacer es expresar el amor que sentimos el uno por el otro de una forma más efusiva, dándonos un abrazo y comernos a besos.
Yo muy excitado y nervioso le dije:
– Gracias mamá, eso el precisamente lo que estoy deseando hacer, abrazarte y comerte a besos.
Y no lo dudé ni un segundo mas, la abracé y comencé a besala por toda la cara y ella también me besaba a mi, hasta que nuestros labios se juntaron, ella me recibió con sus labios entreabiertos y nos fundimos en un apasionado beso en el que nuestras lenguas luchaban por meterse en la boca del otro.
Se supone que eso era lo que los dos queríamos hacer desde el principio y en ese momento lo estabamos haciendo.
No sé cuanto duró ese beso, porque ninguno de los dos nos despegabamos, hasta que mi madre, finalmente se separó y los dos nos quedamos mirándonos, como sin saber que más hacer, pero muy excitados.
Yo clave mis ojos en los pezones de sus tetas qué amenazaban con atravesar la fina tela de su camiseta.
Mi madre se dio cuenta de como se los miraba y con una sonrisa de comprensión, se quitó la camiseta dejando al aire sus tetas allí, delante de mis narices y me dijo:
– Considera esto también como una excepción, sé lo mucho que lo deseas, así que aquí las tienes, aprovecha para hacer con ellas lo que estas deseando hacer porque aquí se terminaran las excepciones.
Yo me lancé a comerme aquellas increíbles tetas metí uno de sus pezones en mi boca y comencé a chuparlo como loco mientras con mis manos apretaba sus dos tetas, como si me las quisiera comer enteritas… Ufff
Yo entonces no sabía que sus tetas eran el punto débil de mi madre, pero ella si lo sabía y me las ofreció, sabiendo que eso iba a disparar su lívido y que ya no podría detenerse hasta tener un orgasmo como mínimo.
Mi madre, ya totalmente entregada, acariciaba mi cabeza y entre gemidos me decia:
– Cometelas mi vida, mis tetas son tuyas, tu mamaste de ellas cuando naciste y ahora, 20 años después, vuelves a hacerlo.
Ohoh… Dios miooo… Como me gusta que te las comas… Si mi vida, así.. Así.. Cometelas…
Yo la escuchaba decir todas esas cosas sin dejar de chupar y hasta morder de forma contenida esos pezones que me volvían loco.
Mi madre estaba cada vez más excitada y simplemente se dejó llevar por su excitaion, dejó de acariciar mi cabeza y con un movimiento rápido, que me sorprendió, se quitó sus calzones y sus bragas a la vez, quedándose completamente desnuda.
Aquello ya no dejaba lugar a dudas sobre lo que quería mi madre, así que yo reaccioné y me desnudé completamente también.
Nos quedamos mirándonos los dos por unos segundos, como sin saber que hacer.
Mi madre pareció darse cuenta, en ese momento, de lo que había hecho y por un instante, supongo que dudó sobre, si parar o seguir adelante, pero su excitacion ya no la permitía parar, así que, con su cara muy roja y una mirada cómplice me dijo:
– Esto no debía de haber pasado, pero creo que era lo que los dos deseabamos y por eso está pasando, así que vamos a seguir con la excepción, vamos a acariciar nuestros cuerpos desnudo y a disfrutar, pero sin que haya penetracion, esa es la única línea roja que no podemos atravesar.
Mi madre seguía intentando disimular lo evidente, utilizando el eufemismo de la «excepción», pero era plenamente consciente de que sí habría penetracion, porque ella ya lo deseaba y lo necesitaba, tanto o más que yo, tanto así que ella fue la primera que reaccionó, agarró mi pene que estaba allí delante en todo su esplendor y dijo sin dejar de mirarlo:
– Dios mio, pero que pene tan divino tiene mi hijo, ahora me toca chupar a mi.
Y sin más se lanzó a comérselo, comenzó a chuparmela muy excitada.
Yo no me lo podía creer, me había comido las tetas de mi madre y ahora ella se estaba comiendo mi pene y me estaba dando un placer increíble, solo se me ocurrió decirle:
– Todo tuyo mamá, hoy lo vas a poder disfrutar todo lo que quieras.
Los dos estábamos muy excitados y necesitábamos más, cuando se está en ese estado de excitacion solo se busca calmarlo de la única manera posible.
Los dos lo sabíamos, así que de pronto mi madre dejó de chuparmela y totalmente excitada, se tumbó sobre el sofá en el que estábamos, con sus piernas abiertas y su increíble coño a mi entera disposición y me dijo:
– Se acabaron las líneas rojas, penetrarme, cariño, meteme tu pene en mi vagina, mi vida, vuelve a entrar dentro de tu madre por donde saliste, penetrarme, penetrarme, hazme tu mujer…
Yo no lo dudé ni por un momento, me coloqué, apunte mi pene a la entrada de su coño, empuje y mi pene se deslizó por su suave y lubricada vagina hasta el fondo.
Mi madre lanzó un grito de placer al sentir su vagina totalmente llena con el pene de su hijo y me dijo:
– Oh, dios mio, oh dios mio, esto no debería de estar pasando, pero está pasando y por fin tengo de nuevo a mi hijo dentro de mi, siii… Mi vida.. Siii… Disfruta del cuerpo de tu madre y hazme disfrutar a mi… Soy toda tuya..
Yo comencé a follarmela como loco, con penetraciones profundas y rapidas…
Sentía como mi pene llegaba hasta el fondo y chocaba con algo blando que lo impedía entrar más, pensé que sería el final de su vagina y eso me excita aun más, porque eso debía ser su útero, el lugar de su cuerpo donde yo estuve durante nueve meses y ahora estaba intentando volver a entrar dentro de el.
Yo pensaba todo esto en ese momento, porque desde que empecé a desear follarme a mi madre, me obsesionaba la idea de volver a entrar dentro de ella, visitar el lugar donde me tuvo dentro de su cuerpo hasta que me parió, correrme, que mis espermatozoides entraran dentro de su utero, embarazarla y de esa forma volver a mi punto de partida.
Pero mi madre que seguía intentando controlar lo incontrolable, en un momento de lucidez me dijo, entre gemidos de placer:
– Cariño, no te corras dentro, cuando sientas que te vas a correr sacala y correte fuera, porque dejé de cuidarme y podrías embarazarme y eso si que no debe pasar entre una madre y un hijo… Por favor, cariño, no te corras dentro… Por favor… No lo hagas…
Pero ya era demasiado tarde, porque mis pensamientos iban en sentido contrario y consiguieron hacer que me corriera de forma totalmente incontrolable, así que, en un gesto instintivo de macho que quiere preñar a su hembra, se la metí hasta el fondo, me quedé quieto y comencé a inyectarle mi semen directamente en su útero, mientras le decia:
– Lo siento Mamá, pero no puedo contenerme… Me estoy corriendo dentro de tiiii,… Estoy volviendo a entrar dentro de tu úterooo.. Te estoy embarazandooooo… Ahahah
Mi madre al escuchar eso y sentir el calor de mi semen en lo más profundo de su cuerpo, se olvidó de sus precauciones y comenzó a tener un orgasmo escandaloso y entre gemidos y gritos de placer me decia:
– Siiii… Siiiii… Mi vidaaa… Siiii… Siento el calor de tu semen inundando mis entrañas… Siiii… Siii.. Oh dios mio.. Oh dios mio… Mi hijo me está embarazandoooo..Siiii…Embarazameee… Preñameeee….ahah…ahah..Oh dios mio… Oh dios mio… Me muero de placerrrrr… Joderrrr… Joderrrr.. Esto es increíbleee.. Ahahah ah… Ahahah…
Mientras me decía esto, había puesto sus dos manos en mi culo y me apretaba contra ella como si quisiera meterme enterito dentro de su cuerpo.
Yo me lance a por su boca, que la tenía abierta jadeando y la metí mi lengua, ella comenzó a chuparmela como si se la quisiera comer, mientras sentía las fuertes contracciones de su vagina en mi pene… Uffff
Los dos estábamos teniendo el orgasmo más intenso de nuestras vidas…
Finalmente nos fuimos relajando, yo me separé de su boca y mi madre aprovechó para meter una bocanada de aire en sus pulmones y lanzar un grito de desahogo por el inmenso placer que estaba sintiendo en ese momento.
Yo seguía con mi pene dentro de su vagina escurriendo hasta la última gota de semen de mis testiculos y estaba como en la gloria, sin ninguna intención de sacarsela.
Miré la cara de felicidad de mi madre, estaba preciosa y le dije:
– Te amo mamá, te quiero, me has hecho el hombre más feliz del mundo, gracias.. Gracias… Gracias, eres la mejor madre del mundo, perdona por haberme corrido dentro de ti, pero no pude contenerme…
Ella con una inmensa sonrisa me dijo:
– Yo también te amo a ti, eres mi vida, te adoro hijo mio y no te preocupes por nada, porque al final el sentir el calor de tu semen entrando en mi utero y pensar que me estabas embarazando me ha producido un placer como no había sentido en mi vida.
Yo ya más relajado le dije:
– ¿Entonces no te importa que te pueda haber embarazado?
A lo que ella me dijo con una expresión de felicidad en su cara:
– No solo no me importa cariño, sino que ahora mi mayor deseo es que me embaraces y tener un hijo tuyo, así que de ahora en adelante quiero que te corras dentro de mi cada vez que tengamos sexo, hasta que me embaraces de verdad.
Yo como loco de contento le dije:
– ¿Entonces vamos a seguír teniendo sexo?
– Por supuesto, cariño, siempre que tu quieras seguir teniendolo conmigo.
– Por supuesto que quiero seguir teniendolo, tanto es así que ahora mismo voy a seguir follandote y me volveré a correr dentro de ti, tantas veces como me aguante el cuerpo.
– Siiii, mi vida, follame… Follame y correte dentro de mi, llena mi utero con tu semen, hazme tu mujer y la madre de tus hijos.
Y vuelta a empezar, yo seguía con mi pene dentro de su vagina, totalmente duro de nuevo y así empecé a follarmela, ahora sin prisas, disfrutando de cada penetracion mientras veía la cara de felicidad de mi madre… Ufff
Ella había vuelto a poner sus manos en mi culo y seguía el ritmo de mis penetracione y entre jadeos y gemidos me decía:
– Así mi vida, sigue así, joder… Joder.. Como me gusta que me folles.. Que bien lo haces, mi vida.. Oh dios mio… yo que pensaba que una madre no podía tener sexo con su hijo y ahora es el mejor sexo qué he tenido en mi vida y además deseo que me embaraces… Embarazarme mi vida… Preña a tu madre… Eres mi macho y yo soy tu hembra… Ah ha ha
Yo la decia:
– Me encanta follarte mamá, te voy a follar a todas horas, vas a ser mi mujer y yo voy a ser tu hombre, tendremos hijos y formaremos una nueva familia…
– Siiii… Mi vida… Siii… Yo seré tu mujer y podrás follarme cada vez que quieras… Ufff
Me muero de gusto de solo pensarlo… Ser la mujer de mi hijo… Dios mio… Dios mio.. Quien me lo iba a decir a mi…
Nos volvimos a correr los dos ya totalmente convencidos de que la estaba embarazando, disfrutando del morbo qué ese deseo nos producía a los dos.
Yo ahora pude percibir mejor las fuertes contracciones de la vagina de mi madre cuando nos estábamos corriendo los dos a la vez, parecía como si me estuviera ordeñando para sacarme todo el semen y dejarme seco.
Finalmente, cuando terminamos de corrernos y se la saqué, un reguero de semen escurrió por la parte interna de sus muslos.
Mi madre se puso una mano en su coño, para impedir que saliera más y manchara el sofa y salió disparada al baño para asearse.
Cuando volvió su cara reflejaba felicidad, yo la recibí de pie, los dos desnudo, nos abrazamos y nos fundimos en un apasionado beso.
Evidentemente seguíamos siendo madre e hijo, pero ahora ya eramos también amantes, un hombre y una mujer, dos enamorados.
Los dos acariciabamos el cuerpo del otro…
Me encantaba acariciar su cuerpo, con los duros pezones de sus tetas clavados en mi pecho y mi pene aprisionado a la altura de su vientre, porque es más bajita que yo, acariciaba su espalda y su culo… Ufff
– Te amo mamá, eres una mujer increíble.
– Yo también te amo a ti hijo mio, eres mi vida.
– ¿De verdad quieres que te embarace?
– Y tan de verdad como que estoy segura de que ya estoy embarazada, porque ya no tomaba anticonceptivos y estoy en mis días fértiles y con la cantidad de semen que me has metido con tus dos corridas, seguro que alguno de los millones de espermatozoides que han conseguido llegar a mi utero ya ha fecundado el óvulo qué estaba allí deseando ser fecundado.
– Vaya mamá, como se nota que eres ginecóloga y conoces bien como funciona la fecundación, ¿Entonces ya estas embarazada?
– Bueno, estoy casi segura que si, pero para asegurarnos, seguiremos teniendo sexo y corriendote dentro de mi vagina, hasta que me haga la prueba y salga positiva.
– Pues por mi parte, encantado de seguirme corriendo todas las veces que haga falta dentro de la confortable vagina de mi madre.
– Jajaja ¿Confortable vagina?
– Totalmente mamá, mi pene se siente muy agusto y muy feliz dentro de tu vagina… Jajaja
– Pues la felicidad es recíproca, a mi vagina le encanta tener tu pene dentro de ella, llenandola por completo y a mi utero también le encanta recibir tu semen… Jajaja
Y así seguimos bromeando durante un rato, mientras nuestros cuerpos se recuperaban.
Esa noche durmimos juntos por primera vez y seguimos follando.
Yo seguí corriendome en la confortable vagina de mi queridisima madre y ella no paraba de tener orgasmos, cada vez más intensos y más escandalosos.
Se hizo la prueba y dio positivo a la primera.
Mi madre estaba embarazada.
Cuando me lo comunicó, me dio un abrazo y me dijo:
– Vas a ser padre… Dios mio… Dios mio… Estoy embarazada de mi hijo… Voy a tener un hijo con mi hijo… No me lo puedo creer… Soy completamente feliz…
– Yo también soy muy feliz mamá, es lo que tu querías y me alegro mucho por ti, porque te quiero muchísimo y soy feliz si tu eres feliz.
A partir de ese momento en que se confirmó su embarazo mi madre añadió algo nuevo a nuestras relaciones, como mi semen ya no era imprescindible recibirlo en su vagina, empezó a querer que me corriera en su boca.
Se volvió adicta a mi semen y aunque seguíamos follando sin parar, cuando me iba a correr me lo pedía en su boca.
Le metía mi pene en la boca y ella me lo mamaba y se tragaba todo mi semen.
Se volvió una auténtica ninfomana y yo me convertí en un adicto al sexo.
Follabamos varias veces al dia y mi madre era insaciable. El sexo se había convertido para ella lo más importante de su vida y por supuesto, para mi también.
Pero era ella la que llevaba siempre la iniciativa y la que proponia nuevas formas de satisfacer nuestras fantasías.
El tema del incesto había calado en ella de una forma enfermiza y era algo recurrente en sus comentarios cuando estábamos follando el llamarme hijo y decirme frases como:
– Folla a tu madre hijo mio.
– Estoy embarazada de mi hijo.
– Voy a tener un hijo con mi hijo
– Correte dentro de la boca de tu madre.
– Me encanta el sabor del semen de mi hijo
Cuando llevaba tres meses de enbarazo le dijeron que sería un niño.
Nosotros seguimos igual durante los siguientes meses, su barriga cada vez era más gorda y sus tetas también le crecieron.
Los pezones se le pusieron como la punta de mis dedos y a mi me encantaba mamarlos.
A los seis meses el niño ya se empezó a mover y eso a mi madre la producía un morbo increíble.
Su barriga no nos permitía follar de frente, así que lo hacíamos en la posición de cucharilla o poniendose ella a cuatro.
Cuando estábamos follando en una de esas posiciones yo ponía mis manos en su barriga y cuando él niño se movía lo notaba con mis manos y se lo decía a ella:
– Mira mamá el niño se está moviendo
Y ella me decía cosas como:
– Tengo un hijo dentro y otro que también lo tuve dentro ahora está volviendo a entrar desde fuera.
– Tu ahora me estas dando placer desde dentro y desde fuera, porque lo que tengo dentro es una réplica tuya.
– Me da mucho morbo sentir como un hijo de mi hijo se mueve dentro de mi, mientras su padre, mi hijo, me da placer desde fuera.
– Cuando eras tu el que estaba dentro de mi vientre, jamás hubiera imaginado que un día ese bebé me iba a follar, me iba a preñar y iba a volver a llevar dentro de mi una réplica suya.
Mi madre estaba totalmente obsesionada con el hijo que tenia dentro de su vientre, para ella era una réplica mia.
Su hijo era el padre de su otro hijo y ella era la madre del hijo y del padre.
Nuestro hijo nació y nos hizo muy felices.
Yo creía que con el parto mi madre se tranqulizaria pero no fue así, su mente siguió maquinando nuevas fantasías que yo las hacía realidad encantado.
Una que la repetimos muchas veces era que ella se sentaba dándole el pecho al niño yo me ponía de pie a su lado, le metía mi pene en la boca y ella me la chupaba y me corria en su boca.
Ella decía que estaba haciendo un trío con sus dos hijos, mientras uno le mamaba las tetas ella le mamaba el pene al otro.
Por lo visto le producía tanto morbo y placer el uno como el otro.
Sus tetas siempre habían sido su punto más sensible, así que ahora con un hijo mamandoselas de verdad le producía hasta algun orgasmo.
Otras veces un hijo le mamaba cada teta y ahí si que tenia un orgasmo.
Luego cuando ya pudimos volver a follar, me sentaba en un cojín en el suelo, apoyando mi espalda en la pared, ella se sentaba sobre mi pene con el niño en los brazos, se lo clavaba y yo me la follaba mientras su otro hijo le mamá a las tetas.
Esto para ella era lo más de lo más y se corria un par de veces mientra duraba la toma del niño.
Practicamos todas las posturas qué se nos ocurría mientras daba el pecho al niño.
Hicimos más trios en esos meses que mucha gente en toda su vida.
Al final eran trios reales y además con sus dos hijos, uno siempre le chupaba las tetas y el otro le hacía todo lo demás.
Y ella lo disfrutaba añadiendo el morbo de pensar y repetirme a mi una y otra vez que eran sus dos hijos los que la daban tanto placer.
Creo que pocas veces un bebé de meses ha dado tanto placer a una mujer haciendo únicamente lo que hacen todos los bebés, que no es otra cosa que mamar de las tetas de su madre.
La película nos la montabamos nosotros, su madre y la mía y yo, el estaba totalmente ajeno a nuestras fantasías y se dedicaba a alimentarse simplemente.
Como empezamos a follar en cuanto terminó la cuarentena, cuando nuestro hijo tenía cuatro meses, mi madre se volvio a quedar embarazada.
Esta vez era una niña y mi madre estaba feliz.
Lo dicho, mi madre se había vuelto una ninfomana y una adicta al incesto y yo la seguía en todas sus fantasias.
Y así estamos en este momento.
