Hola a todos, quisiera compartir mi situación con todos

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Mi nombre es Mario, tengo 20 años, y llevo demasiado tiempo guardando esto dentro de mí, esperando el momento y el valor de soltarlo. Aquí va, sin filtros ni máscaras: siento una atracción intensa, genuina y profundamente arraigada hacia mi madre, y hacia las mujeres mayores en general. Pero siendo absolutamente honesto, el verdadero epicentro de todo, el origen de este torbellino emocional, es ella — mi mamá.

Esta atracción no surgió de la noche a la mañana. Es algo que creció dentro de mí con los años, alimentándose de pequeños momentos cotidianos que quizás para otros pasan desapercibidos, pero que para mí se convirtieron en combustible para el deseo. La veo moverse por la casa cada mañana, aún medio dormida, con el cabello desordenado y esa bata que usa desde hace años, y siento algo que no debería sentir, pero que es imposible negar. Escucho su voz cuando me habla desde la cocina, cuando me pregunta qué quiero desayunar, y en lugar de simplemente escuchar palabras, escucho música, una melodía que resuena en lugares profundos de mi ser.

Noto cómo me mira cuando cree que yo no me doy cuenta, esas miradas fugaces que duran un segundo de más, y me pregunto si ella también siente algo, si hay una corriente subterránea que fluye entre nosotros sin que ninguno se atreva a nombrarla. No es solo físico, aunque desde luego que lo es — su cuerpo maduro, esas curvas que el tiempo ha moldeado con paciencia, la piel que ya no es de veinte años pero que irradia una calidez intoxicante. Es la forma en que mezcla esa ternura protectora, ese instinto maternal inquebrantable, con una feminidad madura y consciente de su poder que me vuelve absolutamente loco.

La conozco mejor que nadie en este mundo. Sé sus gestos microscópicos — cómo se toca la oreja cuando está pensando, cómo frunce los labios cuando está concentrada viendo televisión, cómo respira más profundo cuando algo la angustia. Conozco sus perfumes, no solo el que usa a diario, sino el olor particular de su piel después de bañarse, ese aroma único que se impregna en las toallas y que a veces, cuando estoy solo, busco inconscientemente. Sé la manera exacta en que se arregla el cabello cuando está nerviosa, pasándose los dedos por las puntas una y otra vez en un ritual silencioso de autocontención.

Y esa intimidad compartida, ese conocerla tan de cerca, tan profundamente, la convierte en mi fantasía más recurrente, la que más me prende, la que ocupa cada rincón de mis pensamientos cuando estoy solo en mi cuarto, en la oscuridad, con el silencio de la casa como único testigo. Me imagino escenarios donde esa barrera invisible que existe entre nosotros se rompe de golpe, donde la mirada maternal se transforma en algo más hambriento, más primitivo, donde la cercanía que ya tenemos se vuelve eléctrica, cargada de una tensión sexual que ambos sentimos pero ninguno se atreve a nombrar en voz alta.

Es mi deseo más fuerte, el que más me consume, el que me despierta en medio de la noche con el corazón acelerado y la mente llena de imágenes prohibidas. Fantasio con conversaciones que nunca tendremos, con toques que nunca daremos, con esa línea que cruzamos solo en mi imaginación, donde dejo de ser su hijo para convertirme en su hombre, en su igual, en su amante.

Busco desesperadamente un espacio donde poder hablar de esto sin filtros, sin vergüenza, sin tener que justificar lo que siento con excusas o explicaciones psicológicas baratas. Quiero conectar con personas que entiendan esta dinámica específica — esa atracción hacia la propia madre, hacia la figura que te crió, que te conoce mejor que nadie y que, de alguna forma tortuosa y contradictoria, representa lo absolutamente prohibido y lo absolutamente deseado al mismo tiempo. Personas que hayan vivido algo similar, que hayan sentido este peso, o que simplemente estén abiertas a conversar sobre temas que la mayoría prefiere mantener sepultados en el silencio y la condena.

Me interesa compartir experiencias genuinas, intercambiar consejos sobre cómo manejar estos sentimientos sin que nos destruyan, o simplemente sentirme escuchado y comprendido por alguien que no juzgue, que no me vea como un monstruo ni como un caso patológico. Si hay alguien por ahí que sienta curiosidad, que haya pasado por algo parecido, o que simplemente quiera charlar abiertamente sobre esto sin máscaras morales, estoy completamente abierto. Sin pretensiones, sin presiones, sin esperanzas imposibles — solo una conversación honesta entre adultos sobre deseos que no pedimos, que no elegimos, pero que nos definen y nos habitan con una fuerza innegable.

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Mariogtm
Mariogtm

Mi nombre es Mario, tengo 20 años y quisiera compartir mi situación con ustedes

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Un comentario

  1. Profunda y valiente reflexión Mario.
    He tenido momentos de zozobra en el diálogo directo sin ocultamientos con mí madre .Hoy ya superado. Me gustaría poder ayudarte o escucharte al menos.
    Pública tu email de contacto en tu presentación. Te espero !!!
    Ro.

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