Mi hijo me lleva a un cine de adultos vestida de puta
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Hola, soy Francesca, ya soy abuela y aún no se apaga ese fuego que me hace hacer cosas muy excitantes.
A mi hijo, el menor, siempre le he dicho que él es mi dueño y que puede hacer conmigo lo que quiera. La primera vez que me llevó a un cine porno, me dijo:
Mamá, quiero que vayamos a ver una película.
¿Cuál película, mijo? Me dijo el nombre, pero ya no lo recuerdo.
Y le dije: Claro que sí, mijo, vamos.
Pero quiero que te lleves ese vestido que te queda bien apretado y que se te sube hasta tus nalgotas, y sin nada abajo.
Wow, sí, claro, como tú quieras.
Llegó el día, pasó por mí en su camioneta. Al subir, se me subió todo el vestido y se me veía un poco mi panochota, y mi hijo dijo:
Qué rica te ves, mami, me encantas cuando te vistes bien puta.
¿Te gusta, mijo? Me encanta complacerte, mi rey.
Cuando llegamos, era un edificio de dos pisos. Nos estacionamos atrás y entramos. Mi hijo, al entrar, me subió el vestido hasta la mitad de mis nalgotas, me dio una nalgada y dijo: Pásale, puta. Y caminé enfrente de mi hijo. Había ropa muy sexy, consoladores de todos colores y tamaños, lubricantes y mercancía de ese tipo en general. Había parejas y varios hombres solos, y mi hijo me dijo:
¿Quieres comprar algo?
Y le dije: Vamos a ver. Caminamos entre los pasillos, a veces me agachaba y los hombres me miraban, y me excitó mucho. Vi un consolador de muy buen tamaño y le dije a mi hijo:
Cómprame este.
Y mi hijo lo fue a pagar. Le dije:
Mijo, voy al baño.
Y me dijo: Está bien, mami. Me fui al baño. Cuando iba a entrar, vi varias pantallas de televisión en la entrada, no sabía para qué eran. Cuando entré al baño, me levanté el vestido y empecé a orinar. Cuando levanto la vista, ¡había una cámara viéndome! Entonces supe para qué eran las pantallas de afuera. Y me calentó mucho saber que todos los hombres que estaban afuera me estaban viendo. Me bajé la parte de arriba del vestido y me pellizqué los pezones. Cuando terminé de orinar, me volteé, como buscando papel para limpiarme la panochota, y me vieron mis nalgotas. Yo ya estaba chorreando, bien caliente. Cuando salí, todos me estaban viendo. Mi hijo me dijo:
Mami, qué rico culote se te ve.
Yo, sin decirle que sabía que me estaban viendo, le dije:
¿Dónde me viste?
Ahí en la tele, tu culote cubría toda la pantalla.
Hay, mijo, no sabía que me estaban viendo. Y me reí.
Cuando entramos al cine, mi hijo me dio mi consolador y me dijo: Siéntate aquí y yo me voy a sentar atrás de ti. Después de que nos sentamos, mi hijo se sacó su vergota y me la puso en mi hombro. Yo se la agarré y me la pasaba por mi cara, y mi hijo me dice:
¿Por qué no estrenas tu juguete nuevo?
Lo saqué de la bolsa de plástico y lo prendí. Me subí el vestido hasta mi cintura, abrí mis piernotas y empecé a pasarme el consolador por mi clítoris. Después empezaron a entrar parejas y hombres solos. Cuando nos vieron, uno se sentó cerca de nosotros, como a dos asientos aparte, y se sacó la verga, y nos veía. Yo volteé a ver a mi hijo, cuando le hizo una señal al hombre para que se acercara a nosotros. Cuando se acercó, me empezó a agarrar mi pierna y luego me agarró el consolador y me lo pasaba por mi panochota mojada. Entonces yo le agarré la verga y lo empecé a masturbar. Después sentí otra mano en mi otra pierna y una boca que me mordía mis chiches, y no aguanté más, di un grito y me vine muy rico. Me abrieron las piernotas y sentí mi panochota toda abierta y una lengua entrando y saliendo. Después sentí una vergota entrando y saliendo, y alguien más me bañó de mecos la cara. Yo tenía los ojos cerrados, no supe cuántos me estaban cogiendo. Me llenaron de mecos la boca y yo tragándomelos. Después me voltearon, encima del asiento, y empezaron a cogerme por mi culote, mientras yo seguía mamando vergas. Cuando se terminó la película, yo seguí empinada, montando una vergota y otra ensartada en mi culote, y todavía mamando. Cuando terminaron todos de cogerme, estaba bañada en mecos, me escurrían por mi boca y mis chiches, y le dije a mi hijo:
Voy al baño a limpiarme.
Y mi hijo: Quédate así, puta, que a mi papá le va a gustar verte así.
Y nos fuimos a la casa. Llegando a la casa, mi marido me esperaba ansioso. Yo no sabía que mi hijo me había tomado fotos y se las había mandado a su papá. Mi marido tenía la vergota bien dura y me empezó a besar, sabiendo que había tragado bastantes mecos, y me dio unas cogidotas muy ricas, como siempre que sabe que ando de puta.
