Mi esposa trabaja con mi vecino
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Hola, soy Gef. Hoy vengo a contarles sobre mi esposa Gina y el vecino Casimiro.
Casimiro me propone que Gina trabaje en su tienda por las fiestas de agosto. Su paga será buena y la tratará bien. Yo acepto, ya que ella no salía y necesitaba distraerse.
Casimiro era un señor de 55 años, de 1.65 m, medio moreno y de complexión media. Gina mide 1.53 m de estatura. Ella empieza a trabajar con él. La fiesta duraba un mes. Le da indicaciones para atender la tienda y llevar bebidas a las mesas.
Casimiro no dejaba de mirarla, ya que Gina era bonita, de piel natural y suave, cabello largo y sedoso, ojos de mirada gatuna, nalgas esponjosas y pechos naturales medianos con aureolas medianamente oscuras.
Gina se encontraba alegre porque tenía un trabajo y podía distraerse.
Ese día, Casimiro se lleva a Gina a su cuarto, donde quería que se cambiara para el inicio del trabajo y probara diferentes vestidos cortos hasta la mitad de la pierna. Gina, muy confundida, acepta.
Casimiro había puesto cámaras en ese cuarto, por donde la miraba cambiarse y admiraba su hermoso cuerpo.
Gina: Don Casimiro, buenos días. Voy a entrar a cambiarme y vengo a la tienda para atender.
Casimiro: Está bien y no te olvides de ponerte más hermosa de lo que eres ahora.
Gina: Muchas gracias, Don Casimiro.
Casimiro: No me llames don, solo Casimiro.
Gina: Iré a cambiarme, Casimiro. Ya vuelvo.
Casimiro está en la tienda esperando y de repente ve a Gina reluciendo un vestido rosado con tacones medios. Se notaba su piel hermosa y natural.
Gina: Ya estoy lista, Casimiro. ¿Por dónde empiezo?
Casimiro: Estás hermosa. Encerrada en casa sin poder mostrar esa belleza. Yo puedo darte todo lo que necesitas si no estuvieras con Gef. Eres hermosa y atenta.
Gina: Muchas gracias por esas palabras, Casimiro. Mi esposo no está mucho tiempo conmigo, así que paso en casa sola. No tengo con quién conversar ni salir. Este trabajo me desestresa.
Yo tenía que volver al trabajo y la dejé en manos de su patrón para que se distrajera y no se sintiera sola.
Un miércoles, donde no había gente, decide darle descanso a Gina. Ella en casa prepara una comida y refresco, y llama a Casimiro para que almuercen juntos.
Gina: Casimiro, ven a casa. Preparé algo que tal vez te guste.
Casimiro: Muchas gracias, estaré ahí. O tal vez ya estoy afuera.
Gina, con su vestido rosado, sale a recibirlo.
Casimiro: Te ves hermosa, más que ayer.
Gina: ¿Te gusta? Ayer me trataste súper lindo y fuiste muy atento. Hoy me toca a mí.
Casimiro: Ya que estás sola, ¿por qué no vives estos días en mi casa? Ahí tienes de todo. Ya no te expondrías al frío ni al peligro. Tu esposo demorará en llegar.
Gina: Uhm, no está mal su propuesta. Déjame pensarlo.
Ellos comen y terminan. Llevan los platos al lavadero y, al acomodar para lavar, Casimiro toca la mano de Gina. Ella lo queda mirando y estaban casi pegados. Él le agarra la mano, jala su cuerpo hacia él, se pegan y, sin chistar, Casimiro la besa. Ella se deja llevar por el momento.
A Gina le parecía raro lo que pasó, pero siguió haciendo sus cosas. Casimiro se disculpa y se va antes de llegar a la puerta.
Casimiro: ¿Mañana vendrás, cierto?
Gina: Mañana estaré ahí sin falta.
Gina se cambia al día siguiente con un vestido celeste. Se sentía rara por el beso con Casimiro. Ella se para en el mostrador mirando para la calle.
Casimiro se pone atrás de ella y le habla al oído.
Casimiro: Te ves hermosa, atractiva, Gina.
Le agarra la cintura. Gina era sensible cuando le hablaban al oído suavemente; le ingresaba un escalofrío y se excitaba con rapidez. Casimiro le levanta un poco la falda, mete la mano por sus nalgas y retira su calzón a un lado, mientras continúa hablando al oído.
Gina estaba mojada por las palabras que decía. Ella sintió un bulto en sus nalgas. Sin pensarlo, va al baño.
Casimiro: Gina, perdón por ese momento. No volverá a pasar.
Se dejaron de hablar casi todo el día, pero ella pensaba en el bulto de Casimiro y decide pasar la noche en su casa.
Ya a las 10 de la noche, ella se pone provocativa con lencería transparente y prepara la cena. Casimiro no deja de mirarla. Comen y se van a dormir sin mucho tema de conversación.
A más de medianoche, cerca de las 3 a.m., a Gina le da una pesadilla y no puede dormir. Va a la habitación de Casimiro y le toca la puerta.
Gina: Casimiro, ¿puedo dormir contigo? Tuve una pesadilla.
Casimiro: Pasa, no te preocupes. Aquí estoy.
Gina: Qué cama tan grande. ¿Duermes solo? Estás desperdiciando espacio.
Gina se pone de costado y Casimiro mira su ropa transparente. Decide apegarse.
Gina: Casimiro, ¿puedes abrazarme?
Casimiro la abraza, pero su bulto tiene una erección. Gina la siente. Casimiro se queda dormido con su pene parado. Gina decide agarrar el bulto, meterlo entre sus piernas, sacar el pene de Casimiro y masturbarlo. Él sigue en sueño. Gina decide chuparlo, se lo mete a la boca, lo guarda y se queda dormida.
Casimiro: Gina, despierta. Vamos a trabajar.
Gina: Ya voy, Casimiro.
No había gente. Gina está parada en el mostrador y Casimiro se pone atrás como siempre. Vuelve a hablarle al oído. Ella siente su pene en sus nalgas y ya está excitada. Le ayuda a Casimiro a entrar en su vagina estrecha y deliciosa. Sí, hazlo, dice ella en voz baja.
Casimiro decide cerrar la tienda y llevar a Gina a su cuarto.
Casimiro: Serás mía, Gina. Haré que lo disfrutes.
Gina: Casimiro, no pensaba que pasaría esto, pero no puedo resistir.
Va a su cuarto, la pone en boca abajo y empieza a lamer su vagina, chupando sus labios inferiores y superiores. Gina estaba mojada. Su dedo de Casimiro era grande; se lo mete y soba el clítoris de Gina hasta que ella se excita y chorrea chorros de placer en sus gemidos.
La desviste y ella decide bajar su pantalón hasta la rodilla, sacar su pene de la ropa interior: grande, grueso y erecto. Gina lo agarra con la mano y se lo lleva a la boca, empieza a chupar hasta meterlo todo por su garganta.
Casimiro, un hombre experimentado, la pone con las piernas arriba, mete despacio y empieza más rápido, golpeando sus bolas contra sus nalgas y su vagina. Gina gemía de placer. La pone con piernas al hombro, de costado, se echa en la cama y Gina se pone encima, coloca su pene en su estrecha vagina e ingresa todo. Se movía como licuadora.
Su pene de Casimiro no aguanta más y ella se venía varias veces, acabando juntos.
Ya en la noche durmieron juntos, repitiendo sexo. Ella bien lechada hasta que llegara.
Gina: Casimiro, no pensé pasar momentos tan felices a tu lado. Eres lo mejor que me pasó. Te sacaré la leche por última vez.
Casimiro: Déjalo y vente a vivir conmigo. Te haré chorrear diario. Piensa en ello: te chuparé los pechos, lameré tu vagina y meteré este pene.
Gina fue explotada, pero de chorreadas por la verga del vecino.
Espero les haya gustado este relato.

Hola que tal rico relato me gustaria ver algunas fotos de tu mujer
A donde te la mando
Pasame tu coreo