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Mi esposa con el guardiade seguridad

Hola a todos, ante todo quiero decirles que soy un fanático lector de esta pagina y después de leer tantos relatos me he animado y con el permiso de mi esposa a contar nuestras andanzas.

Mi nombre es Liam, el de mi esposa es Rubí, tengo 45 años y ella 42, reconozco que ya somos maduritos, aún así nos mantenemos en perfectas condiciones físicas y nos gusta disfrutar de todas las cosas buenas que se presentan en la vida.

Estamos casados hace 22 años y tenemos dos hijos varones de 17 y 15 respectivamente, vivimos tranquilamente en la zona sur de la ciudad de mexico. Nuestro matrimonio es maravilloso, con Rubí nos entendemos a la perfección tanto en lo afectivo como en lo sexual, en fin nuestra vida transcurre sin mayores sin problemas.

Pero lo que les voy a contar sucedió hace bastante, cuando solamente teníamos cuatro años de casados y pasamos una crisis matrimonial que casi deriva en la separación; en ese momento yo comenzaba a tener mi despegue económico, con ayuda de mi padre compre una estación de gasolina y luego otra y estaba a punto de adquirir una tercera, reconozco que mis horas transcurrían pensando únicamente en hacer dinero y por ello descuidé un poco a mi mujer.

Tuvo que suceder algo fuerte para que me diera cuenta lo abandonada que la tenía y el hecho ocurrió una noche que festejábamos nuestro cuarto aniversario de casados, fuimos a cenar a un conocido restaurante de la ciudad y luego fuimos a bailar a Polanco, ya había bebido demasiado en el restaurante y seguí bebiendo champaña en el antro, recién empezaba el verano por lo tanto hacía muchísimo calor, Rubí se había vestido provocativamente para mi, una faldita color blanca muy pegada al cuerpo deja notar sus nalgas redondas, se le notaba una pequeñísima tanga que desaparecía entre sus glúteos, cubriendo su torso una camisa de seda color salmón, desabrochada hasta la mitad de su pecho, dejaba observar el nacimiento de sus tetas hermosas y perfectas, Rubí nunca usaba corpiño, decía que le molestaban y a mi me encantaba al ver como se le marcaban sus enormes pezones.

Bailábamos y nos besábamos como adolescentes, mis manos no dejaban de recorrer todo su hermoso cuerpo, no nos importaba la gente a nuestro alrededor, yo a esa altura estaba bastante borracho como para darme cuenta de lo que hacía, mi esposa también había tomado bastante, aunque todavía se mantenía en buen estado, pero igual aceptaba gustosa mis caricias.

En un momento empecé a levantarle la faldita metí mi mano entre sus piernas, ella solamente suspiró y aunque intentó resistirse en forma débil, pero me permitió seguir tocando entre sus piernas hasta llegar a su panochita, a los pocos minutos éramos expulsados por el personal de seguridad, nos fuimos sin chistar no sin antes robarme una botella de champaña.

Rubí se dio cuenta que yo no podía manejar, se sentó en el volante y salimos con rumbo a casa, yo seguía bebiendo directamente de la botella, Mi esposa de vez en cuando también lo hacía y nos reíamos a carcajadas, nuevamente deslicé mi mano entre sus piernas y cuando volvi a tocar su panochita estaba terriblemente empapada.

¡¡¡¡ hummmmm, estas caliente, la tienés toda mojada !!!!!! -, le dije mientras introducía dos dedos en su vagína.

Aaaaahhhhggggg, ¿hasta ahorita te das cuenta?, – me contestó excitada.

Seguí dedeando a mi esposa mientras terminaba de tragarme las ultimas gotas de la botella de champaña, no se en que momento sucedió pero ya no fui dueño de mis actos y empecé a dormirme, me desperté con una brusca frenada en la puerta de los apartamentos donde en ese momento vivíamos, apenas podía abrir los ojos y ni siquiera podía saludar a Ismael, uno de los de vigilancia de turno esa noche, lo único que entendía era que Rubí le pedía que la ayudara a bajarme del auto y acostarme en mi cama.

Ismael se subió detrás y fuimos hasta nuestra casa, mi mujer dejó el auto en la puerta e Ismael me sacó como pudo y cargándome entramos a casa, el tipo me llevaba sin dificultad, a pesar de sus casi 50 años, tenía el vigor de un muchacho, medía como 1,95 mts, tenía espaldas anchas y unos brazos musculosos, piel morena y siempre con cara de enojado, se comentaba que hasta los 30 años había sido fisiculturista y militar, me recostó en la cama y empezó a sacarme los pantalones, entreabriendo apenas los ojos podía observar todo lo que sucedía, vi a Ismael sonreír cuando miró mi ropa interior.

Parece que no le dio tiempo de llegar a casa – dijo mirando con una sonrisa a Rubí que también miraba con ojos alegres la situación.

Me había “venído” sin darme cuenta, todo mi calzón estaba lleno de esperma que ya empezaba a derramarse por mis piernas, miré a mi esposa que empezaba a reírse a carcajadas de mi ridícula situación; Ismael la miró y también lanzó una carcajada, quise reírme con ellos pero solamente podía observar paralizado no podia reacionar debido a la borrachera que traía en ese momento.

De repente empecé a notar que algo extraño ocurría, mi esposa estaba con una botella de champaña en una mano y en la otra sostenía dos copas, le dio una a Ismael y le sirvió, luego se sirvió ella y brindaron, inmediatamente se la tomaron para seguir riéndose.

Ismael estiró la mano y acarició la espalda de mi esposa, ella riéndose le hacía señas que disimulara mientras me miraba para asegurarse que yo no me percataba.

Pero al parecer el gigante no estaba dispuesto a esperar mucho y se lanzó sobre ella, con un brazo la rodeó por la cintura estrujándola contra su cuerpo y su mano libre, fue directamente a metérse entre las piernas de Rubí, ella estaba media ebria y bien caliente.

Ella solamente atinó a morderse el labio inferior, vi como cerraba los ojos y una sonrisa de placer se dibujaba en su rostro.

No lo podía creer, ¿qué carajo estaba pasando?, mi esposa era un chiquilina de 24 años, no podía admitir que me pintara los cuernos con ese veterano, quería moverme y levantarme para detener esa situación y solamente conseguía tener arcadas, ese vigilante de mierda estaba metiéndole mano a mi esposa por todos lados y yo sin poder hacer nada, vi como ella envolvía con su pierna las piernas del tipo, el apoyaba su enorme bocota en el cuello de Rubí y la chupeteaba, no tardó demasiado en deshacerse de la blusa dejándola con las tetas al aire, inmediatamente empezó a chuparlas, mordía sus pezones y a esta altura mi esposa bufaba de calentura, moviendo en forma de circulo sus caderas para sentir el bulto crecido de Ismael.

El la tomó por los cabellos y la empujo a arrodillarse, ella aceptaba y al parecer le gustaba la forma que el tipo la sometía, – ¡¡ven putita, ahora vas a tener lo que tanto te gusta, ella levanto sus ojos claros y con mirada cachonda empezó a acariciar ese bulto inmenso que parecía estaba a punto de reventar el pantalón.

Ismael bajó el cierre y metió su mano, no se si era la borrachera que tenía en ese momento que me hacía ver visiones, pero lo que saco de ahí adentro no era algo normal, una tripa oscura, larga, debía medir fácilmente unos 28 cm por 10 cm de grosor, sus venas hinchadas parecían explotar y una cabeza brillante en forma de un hongo inmenso apuntaba directamente a la cara de mi esposa.

Ella la miraba, la deseaba, la acariciaba, la agarró por la mitad de ese tronco no pudiendo cerrar los dedos a su alrededor, empezó a masturbarlo sin dejar de mirar la vergota, parecía hipnotizada ante semejante cosota, pero en ningún momento se miraba tan asombrada como yo, era indudable que ya lo conocía que la había probado con anterioridad, que ya conocía hasta su sabor.

No se que me pasó, después quise culpar a mi estado de ebriedad, pero quería mantener los ojos abiertos para ver el momento que ella se la metía en la boca y no solo eso, empecé a desear que lo haga, quería verla chupando esa enorme manguera y sentí como se me paraba mi verga sin poder detenerla.

Por unos segundo me dormité, cuando abrí nuevamente los ojos, mi esposa pasaba la lengua por la punta de aquella vergota, despojándola de todos los líquidos pre seminales que estaban fluyendo, siguió lamiendo y deleitándose con cada centímetro de verga, abrió su boca para succionar uno de sus testículos y ayudada por sus dedos quiso introducirse el otro en su pequeña boca, no pudo lograrlo, se contento con chuparlos de a uno por uno mientras no paraba de masturbarlo, fue metiéndose por entre las piernas del vigilante y sin detener el ritmo de la mano sobre su verga, se instaló detrás de el y deslizó su lengua experta entre los glúteos de Ismael, el gemía y sentía placer al sentir a mi esposa lamer su ano, con sus manos abría sus nalgas para que la lengua de Rubí jugara a gusto sobre su orificio anal.

Mi mujer también empezó a masturbarse, estaba en posición de cuclillas, se había corrido la tanguita y frotaba el clítoris con sus dedos, a medida que su primer orgasmo se acercaba mas furiosa era la lamida en el ano de Ismael, al fin ella acabó y aflojó un poco la tensión, nuevamente se dirigió hacia delante e intentó tragarse la enorme verga, abría su boca al máximo y apoyaba la cabezota sobre sus labios, Ismael empujaba como queriendo penetrarla por la boca, no se como lo logró pero Rubí empezó a tragarse el formidable garrote, parecía una boa constrictora ver como esa verga iba desapareciendo dentro de la boca de mi esposa, que con el rostro desfigurado seguía haciendo fuerza por devorar la manguera del vigilante.

Pudo metérsela solamente hasta la mitad y allí paró, en las mejillas de ella podía apreciar la succión que le producía, el empezó a gemir cada vez mas fuerte, Rubí abrió enorme sus ojos, Ismael empujaba hacia delante y ya había metido su vergota hasta la garganta de mi esposa, de repente ella empezó a toser y una gran cantidad de leche caliente salpico para todos lados, cayó en la alfombra, en su cabello, en la cara, de inmediato ella se dispuso a recibir la segunda tanda, abrió su boca, sacó su lengua y apoyó la punta de la verga sobre ella, otro inmenso chorro de esperma salió de el y se deposito en su lengua, ella degustó excitada hasta la última gota de semen.

Todavía con la verga en su mano, miró hacia donde estaba yo, al ver que no me había movido volvió a besarla, lamerla, acariciarla, se la frotaba por la cara, por el cuello por los pechos; yo había deslizado mi mano por debajo de mi pantalón y sostenía mi verga que estaba totalmente erecta, suavemente me la jalaba para no ser descubierto, estaba enloquecido de calentura, quería ver mas.

Ver a mi esposa ser tan puta me daba vueltas y ahora quería ver como Ismael se la ensartaba delante mío.

Ismael se terminó de desnudar y acostó a Rubí en el sillón frente a la cama, ella también se terminó de quitar las pocas prendas que le quedaban y miraba gimiendo como ese vigilante hijo de puta, que se acercaba lentamente para cojerla, ella estaba con sus piernas abiertas y se tocabá su panochita, se metía dos y tres dedos en ella, estaba empapada en sudor al igual que su amante, el se paró a su lado y levantando una pierna apoyó su pié derecho en la boca de Rubí, ella lo dejó hacer y sacando su lengua viciosa la metía entre los dedos del tipo, le succionó el dedo gordo, luego el otro y el otro y así le chupó todos los dedos, recorrió todo su inmenso pié con la lengua, besándolo entero; enloquecida de la calentura le pidió que se la coja, – quiero tu verga dentro mío ? decía jadeante, pero Ismael sabía lo que hacía, sabía que mi esposa estaba desesperada por esa enorme verga y la hacía sufrir, se agachó y metió su cabeza entre las piernas de ella, su bocota enorme parecía comerse la panochita de mi mujer, ella, apoyada sobre sus pies levantó las caderas para que el se metiera mas en ella, – ¡¡¡ hijo de puta !!!, me volves loca, gritaba Rubí moviendo en círculos su vientre blanco mientras le anunciaba que estaba acabando nuevamente.

Ismael se tragó todos los jugos de la panochita de mi esposa, siguió chupando unos minutos y se levanto con su impresionante vergota dispuesto a penetrarla, – agarra preservativos del cajón de Liam -, le ordenó Rubí, – ¡¡ que preservativos ni ocho cuartos !!, – le grito despectivamente, te voy a coger así, como te gusta putita de mierda, – ¡ no por favor, sin forro no ¡ suplicó mi mujer, pero Ismael ya empujaba hacia el abriéndose paso hacia el interior de mi esposa, – hhhhaaaaaagggggggg, – exclamó Rubí mientras la semejante verga se perdía en su interior, no podía creer que mi esposa estuviera ensartada por esa inmensidad, el animal se la metió entera, ella levantaba su cabeza para mirar como la tenía entera adentro, – ¡ hijo de puta, que hermosa verga tienes, como me gusta tenerla toda adentro! ? decía jadeando la puta de mi mujer y empezó a mover sus caderas, el vaivén se transformó en sacudidas violentas, ya no se cuidaban que los oyera, gritaban y jadeaban, ella movía sus caderas y lo envolvía con sus piernas pidiéndole mas y mas, – ¿pero no le alcanzaba a la hija de puta con ese semejante vergón que se estaba tragando?, me preguntaba yo mientras manchaba las sabanas con una gran cantidad de leche producto de la jalada que acaba de hacerme.

Ismael bombeaba enloquecido, Rubí lo miraba desafiante y con voz ronca le pedía que la llenara de leche, de repente el se detuvo y empujó con fuerza, nuevamente se quedó quieto y mi mujer suspiró sonriendo, el pinche vigilante la estaba llenando de leche, lentamente sacó su verga y de la panocha de Rubí y empezó a chorrear el liquido viscoso y caliente, luego se la puso en la cara a mi esposa para que la limpiara y degustara la mezcla de líquidos, ella se la mamó gustosa hasta dejarla limpiecita.

Ismael se levantó y comenzó a vestirse, – ¿ya te vas? ? preguntó mi esposa con tristeza, – Wiliam no se va a despertar, todavía tengo ganas ? exclamó ella casi en tono de súplica, – ahora no puedo, cuando este borracho se vaya a trabajar llamame así te sigo cojiendo como te mereces -, dijo el socarronamente mientras bajaba las escaleras y desaparecía.

Rubí se levantó del sillón y caminó hacia la cama respirando agitada, no dejaba de acariciarse su panochita hinchada y roja que aún seguía caliente, quería seguir recibiendo verga y yo intentaría dársela.

Se acostó a mi lado y encogió sus piernas, luego las separó y mirando al techo se empezó a masturbarse frenéticamente, gemía, casi gritaba, su goze hizo que se me parara mi verga nuevamente y con la poca fuerza que tenía para moverme me acerqué a ella, Rubí me miró sorprendida, pero no le di tiempo y me subí sobre su cuerpo y mi boca se prendió de uno de sus pechos, ella me miraba sorprendida, pero me deja de tocarse su panochita, su excitación podía mas, empecé a bajar por su cuerpo recorriéndolo con mi lengua, cuando ya estaba por su vientre y comenzaba a sentir olor a semen mezclado con jugos vaginales, no me importaba nada, estaba tan o mas caliente que mi esposa.

Su panochita estaba repleta de leche aún caliente, todavía salían borbotones de su interior, no me animaba a chuparle la panochita, comenze a lamber el clitoris y ella dio un gran suspiro y un grito de placer, lo que mas me gustó fue que mi esposa me aplastara la cara para que siguiera lamiendo y limpiando toda su panochita .

Cuando termine de limpiarla me acomodé entre sus piernas y la penetré, aunque seguramente ella no sintió nada, luego de lo que había pasado por allí, mi verga aunque no es tan pequeña, no podría hacer demasiado para satisfacer el hambre de sexo que mi mujer tenía, acabé y nos dormimos abrazados hasta el medio día siguiente.

A partir de esa noche nuestra vida sexual fue diferente, pero eso se los contaré en otro relato.

Agradeceré opiniones, sugerencias y charlar con alguien que esté viviendo cosas similares, este es el correo de mi mujer….

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