Me follé a mi suegra
Todo sucedió como a continuación os describo. Si alguno queréis follaros a una madura o a vuestra suegra leed con atención lo que os voy a relatar. Llevaba cuatro años saliendo con Carmen, la relación siempre fue perfecta sexualmente hablando hasta el tercer año, durante el cual, a Carmen le pillo una época de estrés y agobios por culpa de las oposiciones que estaba estudiando. Durante este tercer año la práctica del sexo pasó de ser de tres o cuatro polvos semanales a tres o cuatro polvos semestrales. Durante este periodo de tiempo de inapetencia de mi novia, me empecé a fijar en mi suegra. Yo pasaba la mayoría de tiempo y sobre todo los fines de semana en casa de Carmen y como es normal también lo pasaba con mis suegros.
A mi suegra nunca la había encontrado atractiva, como es normal por otro lado, al ser mi futura suegra. Pero por esa época empecé a fijarme un poco más. Como es habitual, al principio de ir a casa de Carmen, mi suegra se arreglaba si sabía que yo iba a aparecer por allí, pero poco a pocos y con la confianza empezó a utilizar la ropa que normalmente llevaba cuando yo no estaba. A parte de esto ella siempre me miraba con otros ojos, y alguna vez me fije que me miraba el paquete con disimulo.
Me acuerdo que al principio hubo algún roce de su pecho o de mi nabo, pero nada que no fuese premeditado. Hasta que un día llegue a casa de Carmen y esta estaba recogiendo unos apuntes en la biblioteca. Su madre estaba sola y yo acababa de llegar del trabajo pensando en que Carmen se encontraría allí:
– Hola Marisa. Le dije a mi suegra. No está Carmen. He visto que no esta su coche. Pues había quedado con ella sobre las 21:00.
– Pues no. Ha salido un momento a por unos apuntes. ¿Quieres tomar algo?.
– No. Gracias. Vengo reventado de trabajo. Quiero pasarme por el fisioterapeuta para ver si me hace unos masajes y me relaja la espalda.
– Si quieres te doy uno de mis masajes. Dijo ella.
– No, gracias. Dije yo.
Ella insistió pero a mi no me pareció oportuno, ya que Carmen llegaría en pocos minutos y no sería una buena idea que ella viese a su madre dándome un masaje en la espalda.
De camino a casa lo pensé y me dije a mi mismo que había desaprovechado la oportunidad para acercarme a mi suegra. Me la imagine con el pijama que llevaba puesto. Esos pezones que se le marcaban sobre el. Mi suegra no era una mujer llamativa, pero tenía dos pechos muy bien puestos y bastante redondos.
Pasaron varias semanas y un buen día se me paso por la cabeza que ya que Carmen no me daba sexo lo buscaría fuera y quien mejor que su madre para dármelo. El, como ya he dicho me miraba con otros ojos. No como a un yerno. Normal, su marido yo creo que estaba mas preocupado por sus necios que por follarse a su mujer. Y esta, que no trabajaba, estaría siempre en casa aburrida, sin nada que hacer.
Así que, un fin de semana, me dispuse a tontear con mi suegra. Primero comencé por rozarme con ella. Luego pase a mirarla descaradamente. Ella me siguió el juego. Poco a poco los pequeños roces se convirtieron en roces cada vez más intensos. La rozaba el culo con la mano. Pasaba mi brazo cerca de sus pechos. Al principio lo hacia yo hasta que poco a poco la que intentaba rozarse era ella. De esto paso a ponerse pijamas más ceñidos y con más escotes. Tenia uno, con el cual se le transparentaban los pechos, y si se incorporaba al levantarse o sentarse podía verle hasta el ombligo.
Después de barrios meses en esta situación, un buen día estaba en la bodega de su casa recogiendo unas herramientas para arreglar unas sillas que se habían roto, cuando apareció mi suegra con un camisón cortito por abajo y con un gran escote por arriba. Las miradas a mi paquete minutos antes habían sido exageradas. Me pregunto que hacia y le conteste que buscar unas herramientas que no encontraba.
Ella se ofreció a ayudarme y yo no aguantaba más. Se le veían sus pequeñas y delgadas piernas, logre divisar sus bragas agachándome a para buscar en otras cajas, y cuando me subía a la escalera para mirar por las estanterías, podía ver sus preciosos pechos.
Pensé, que ya que ella era consciente de esa situación y de la que veníamos viviendo desde hace tiempo, que ya era hora de dar un paso mas y mientras los dos buscábamos en una caja la empecé a tocar el culo suavemente. Ella no me lo impidió y de ahí pase a rozar mi brazo con sus pechos aprovechando que estábamos pegados, buscando las herramientas, que ya no nos faltaban, pues las habíamos encontrados todas. Fue ahí cuando me di cuenta de que ella estaba esperando lo mismo que yo. Me agacha por ultima vez y haciendo que me tropezaba me agarre a una de sus piernas. Ella no hizo gesto alguno de quitarme de encima así que sin pensármelo dos veces la cogí de la otra pierna y comencé a comerle el coño por debajo de las bragas. Nunca me lo habría imaginado pero tenía el coño totalmente depilado. No me lo habría imaginado por que su hija no se lo depilaba, pero se ve que la madre en esas cuestiones de estética era más moderna que la hija.
Después de comerla el coño durante varios minutos comencé a subir poco a poco hasta llegar a sus labios. Ella me cogió todo el miembro y yo le quite los tirantes. No me lo podía creer, allí con mí suegra. Enseguida la cogí sus dos pechos y la di la vuelta. Me saque todo la nave y lo introduje en su chocho. Me l estaba follando, a mi suegra. Mire como la votaban las tetas y como gemía de gusto. Me imagine que llevaba mucho tiempo sin que la follasen, así que aguante un poco mas de lo habitual solo para oír sus gemidos. Sin llegar a correrme la di la vuelta y la obligue a que bajase a que me hiciese una limpieza de sable. Como la chupaba, mejor que la hija. Después de correrme en su boca ella subió para la casa. Desde ese día no hemos vuelto a hablar del tema y la relación, aunque no lo creáis sigue como antes. Yo sigo follando tres veces al año. Hasta que la pille otra vez a mi suegra y me la vuelva a follar.
Autor: Anónimo
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