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La amiga que le encanta hablar de fantasías sexuales

El caso es que siempre he de hablar con naturalidad de sexo con mis amigas. En una ocasión, hablando con una que siempre ha estado entre las que más me excitaban, salió el tema de las fantasías sexuales. Me contó la suya, y yo le conté la mía. Cuando terminé noté que ella había cambiado de actitud, y me dijo que en cierto modo iba a cumplir la mía. Me dijo que al día siguiente por la tarde se entregaría a mí por completo, y que iba a poder hacerle lo que quisiera sin tener que dar explicaciones después.

Evidentemente esa noche apenas pude dormir. Pensando que aquella chica obedecería todas mis órdenes durante toda una tarde. Desde que me lo dijo, estuve erecto casi el resto del día y parte de la mañana siguiente. Finalmente llegó la tarde del día siguiente, y cumpliendo lo acordado, cogí el teléfono casi temblando. De nuevo volvió la erección cuando ella cogió el teléfono. Me preguntó que si quería que se pusiese algo especial. Yo sin dudarlo le dije que el bikini aquel negro que le realzaba tanto el busto, y algo ligero para taparse por el camino hasta mi casa.

Los casi 6 minutos que tardó en llegar estuve con una erección que parecía que iba a reventar. Pensaba que iba a terminar masturbándome antes de que llegase. Cuando me relajé sonó el timbre, y de nuevo la erección irrumpió en mi bañador. Cuando abrí la puerta le pregunté que me topé de frente con sus enormes y redondos pechos, tan sólo tapados por la camiseta de tirantes ajustada y de gran escote que dejaba notar las costuras del bikini debajo. Salimos al césped de la piscina, y ella se quitó la camiseta y los pantaloncitos que llevaba. Al agacharse para tumbarse en la toalla, sus pechos caían estirando al máximo los tirantes de la parte de arriba del bikini. Me dijo que quería tomar el sol unos minutos. Yo simplemente me puse al lado suya a contemplarla mientras me acariciaba la polla. Estaba como una piedra. Cuando ya no aguantaba más le “venga, vamos a empezar ¿no?”. Me preguntó que qué quería que hiciésemos mientras se incorporaba. Yo me puse de pie delante suya, y poniendo el paquete delante de su cara le dije que era toda suya. Me bajó el bañador, y cuando terminó de salir el nabo, le golpeó en la barbilla en el rápido ascenso. Ella retrocedió y sonrió, pero al momento, y sin tocarla con las manos, subió la cabeza hasta que la boca le daba en la punta, la bajó a una postura más cómoda y empezó a mamarla. Me cogió una mano, y se la colocó detrás de la nuca. Chupaba envolviendo toda la polla con su lengua dentro de la boca.

Cuando sentía que me iba a correr, le dije que parase. Ahora la levante, y tirándole lentamente del lazo del bikini que unía las dos copas le pregunté que si sabía qué era una cubana. Me agarró la cabeza y me hundió entre sus dos pechos respondiéndome que sí. La acerque donde estaba una tumbona, y sentándome en el filo, la arrodillé ya con los pechos libres de aquel apretado bikini. Se cogió las tetas, y apretándolas alrededor de mi pene, empezó a moverlas. Sus pechos estaban muy prietos, y producían y roce muy placentero con la piel de mi polla, y mucho más con el glande. De vez en cuando agachaba la cabeza y le propinaba un lametón a la punta, y yo me estremecía.

Sentía que me iba a correr, pero esta vez no dije nada, sino que aguanté hasta el último segundo, y cuando lo dejé salir incluso hice fuerza. En ese momento ella iba a darme un lametón con la lengua fuera, y el churretazo le dio en los labios, empapándole la lengua, labio y parte de la cara. Le chorreaba la cara abajo, y me decía que siguiese, que no pasaba nada, que le gustaba. Tan cachondo estaba yo que no paraba de correrme. Cada vez que bajaba sus pechos y dejaba a la vista el glande soltaba un nuevo goterón que casi siempre entraba en la boca. Cuando terminé, ella escupió lo que tenía en la boca, cayendo en sus tetas pringadas de mi semen, y que aún no habían parado de menear mi poya. Poco a poco empezó a decaer la erección de mí húmeda poya, de cuya punta colgaba un grueso hilo de blanquecina leche, y que no dejaba de caer.

Ella estaba allí con la cara y escote lleno de semen. Se limpió con la toalla, y se tumbó en el suelo, quitándose la parte de abajo del bikini. Le pregunté que qué estaba haciendo, y me respondió que era una pena que se desperdiciase aquel enorme pollón sin follar ahora que estaba lubricado. Cuando vi su coño, me agaché sin pronunciar palabra y le comí el coño un par de minutos, hasta que note que empezó a lubricar. Lamiendo desde su concha, llegue a sus pechos, y chupe y lamí sus pechos y escote sin importarme que un minuto antes me había corrido allí. Me incorporé lo justo para ver mi rabo de nuevo empalmado. Le coloqué la punta entre los labios del chocho, y dejando caer el peso de mi cuerpo sobre ella, se la metí entera, hasta que mis huevos chocaron con ella. El golpe hizo que ella gimiese de placer. Estuve metiéndosela un rato, hasta que ella empezó a cogerme el culo apretando más. Le dije que si me corría no iba a poder retroceder, a lo que me respondió que le daba igual. Me corrí más a gusto que nunca, con ella gimiendo. Cuando fui parando el ritmo me dijo que no parase, que ella también se estaba corriendo. Aquella frase me hizo recuperar mi erección como nunca lo había conseguido.

Se la saqué en medio de su trance orgásmico, y la puse sobre uno de sus lados. Le levanté la pierna, y colocándome en su espalda, la volví a empalar. Ahora yo era consciente de que le estaba dando donde más le gustaba, y le daba más rápido y con más ganas. Finalmente, noté cómo un líquido pringaba mis huevos y pene. Se estaba corriendo. En ese momento di dos o tres arremetidas más fuertes, en las que incluso la desplacé más adelante, y en la ultima, la saqué, y masturbándome, me incorporé a la altura de su cara, y colocándosela en la boca, le metí en dedo rápidamente. Me volví a correr en su cara, y restregué la poya por sus tetas para limpiarla.

Finalmente nos dimos un baño en la piscina juntos, y ambos juramos que cuando estuviésemos cachondos, llamaríamos al otro para complacernos nuestras fantasías.

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