Huésped me dio unas ricas cogidas

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Rento mi cuarto de huéspedes a través de una plataforma digital y el mes pasado un huésped hizo algo que todavía no me la creo.

Pidió comprarme algo que dejé olvidado en el cuarto. No recordaba que podría ser hasta que me envió la fotografía. Casi me desmayo cuando vi que se trataba se uno de mis hilos dentales.

Llevo varios años con este emprendimiento y aunque muchos de mis huéspedes me han dicho piropos hasta invitarme a tener sexo con ellos y que sí he aceptado con tres, este es el primero que se interesó en comprar mis calzones sucios.

He hospedado a muchas personas, desde gente que viene a la ciudad por cuestiones de trabajo, familias que andan de vacaciones hasta parejas que se dan su escapada de fin de semana. A muchos los he escuchado tener sexo porque hay mujeres que gimen bastante fuerte a la hora que se están viniendo y eso me calienta y termino cogiendo bien rico con mi esposo.

El huésped de los calzones es de 58 años, alto y muy guapo. Se quedó 5 noches porque acudió a un congreso de trabajo.

Aunque el lugar lo mantengo limpio, cuando va a llegar el huésped superviso que esté todo en orden y limpio. Esa mañana noté que había mucho polvo, así que me puse a sacudir, como no quise encender el clima comencé a sudar y se me me metió el hilo entre los labios vaginales, por lo que decidí quitarmela y la dejé en el buró.

Una vez que terminé recogí todos los utensilios y me retiré, pero no me di cuenta que dejé mi hilo dental que estaba empapado de sudor y con olor a vagina y a culito.

El tercer día me llegó un mensaje: «Hola, una pregunta rápida. A mi llegada encontré algo rico y agradable como un bonito gesto de bienvenida, huele bastante rico, pero me es insuficiente porque me gustaría probar la fuente que dejó su rico aroma impregnado».

Le dije que no recordaba y me envió una fotografía. Y añadió, eres una mujer agradable y me gustaría invitarte a cenar esta noche, le dije que no podía porque estoy casada, aun así insistió y por su forma tan precisa y con bonitas palabras para pedir las cosas le dije que lo iba a consultar con mi esposo, porque no podía salirme sin avisar.

Llamé a mi esposo que en ese momento se encontraba trabajando y le platiqué que no me acordaba que el día que limpié la habitación había olvidado mi calzón hilo dental y que el huésped lo tomó como una invitación y que quería que saliéramos a cenar y que seguramente terminaríamos teniendo sexo. Inmediatamente mi marido me dijo en un tono bastante excitado: ¡ve mi amor, pero me cuentas todo con lujo de detalles, también quiero que te tomes fotos y videos para disfrutar viéndolos!

Desde que mi marido me fue infiel con su secretaria todo cambió y con tal de que no me divorciara me dijo que también podía coger con quien quisiera. No era mi forma de ser así, pero un día se me presentó la oportunidad de tener sexo con un hombre bastante hermoso que conocí en una fiesta y ahí comencé a comerme cuantas vergas se me antojaran. A veces le platicaba al cornudo de mi marido, pero por lo regular me quedaba con esos bellos recuerdos.

Tras confirmarle a Anselmo, que así se llama el huésped de los calzones, procedí a arreglarme, busqué un hilo dental de color negro que le gustó mucho, con un vestido gris y sin brasier y unos zapatillas altas. Durante la cena hablamos de muchas cosas, entre ellas que ambos nos gustamos y tras varios besos regresamos a la casa, durante el trayecto seguimos besándonos y yo llevaba mi calzón bastante empapado, cosa que no pasó desapercibida para Anselmo que me invitó a pasar la noche con él y que acepté gustosa.

Una vez que cerró la puerta comenzamos a acariciarnos, hasta quedar completamente desnudos, me besó tan rico que me sacó el primer orgasmo sin haberme penetrado ni tocado la vagina, tenía bastante experiencia y sabía como tratar a una mujer, me besó y acarició todo el cuerpo, tanto de frente como de espaldas, nunca se detuvo en mi vagina que estaba totalmente encharcada. Deseaba con urgencia sentir su boca y su lengua en mi conchita, él lo sabía, pero tenía su propio plan, quería que disfrutara, que me viniera bien rico y lo consiguió, porque cuando comenzó a lamerme y a recorrer mi vagina con su lengua, me sacó varios orgasmos qué durante mi vida de casada jamás los había disfrutado.

Me dio unas ricas cogidas que cogidas por la vagina y por el culito que de solo recordar me excito y se me inunda mi panochita peluda. Me cogió de muchas posiciones, hasta en mi cama de matrimonio y dejamos manchada de semen hasta la colcha y hasta la almohada del cornudo que de solo ver la cama revuelta se excitó y terminó masturbándose hasta eyacular sobre mi calzón que ya estaba lleno de leche de mi Anselmo que es lo mejor que me ha sucidido desde que rento mi cuarto de huéspedes.

No solamente yo disfruté, también el porque le di unas ricas mamadas de verga hasta hacerlo venir en mi boca, me tragué hasta la última gota de leche, también se vino varias veces dentro de mi culito e hice a mi marido cornudo que me mamara la vagina después de coger con Anselmo, se calentó tanto que me pidió que antes que mi huésped favorito deje la ciudad hagamos un trío.

Me pareció buena la idea, pero no le pienso conceder su deseo, a Anselmo únicamente lo voy a disfrutar y me tragaré toda su lechita. Un día antes que se regresara para su ciudad nos la pasamos juntos, salimos a comer, me invitó al cine y desde que regresamos a casa me quedé en su habitación, solo fui a mi cuarto por ropa de dormir y para avisarle a mi cornudo que era mi noche y que la iba a disfrutar.

Anselmo me hizo suya toda la noche. Se tomó la pastillita azul porque quería tener potencia, no dormimos, nos la pasamos cogiendo, dejé abierta una ventana que da al patio para que mi marido escuchara como me hacían disfrutar y hasta vi que se asomó varias veces mientras a su mujercita la tenían a cuatro patas perforándole su culito o dejándole llena de leche su panochita.

Han sido los mejores días y noches de mi vida, nadie me había hecho disfrutar tanto, tal como se lo hice saber a mi marido, Anselmo sabía que parte de mi cuerpo y de mi vagina tocar para hacerme estallar en ricos y maravillosos orgasmos y yo sabía como comerme su hermosa verga, larga y gruesa, llena de venas, en cada eyaculación me dejaba llena la boca y me tragaba toda su leche y a pesar de venirse seguía manteniendo la erección. Le encanta ponerme de perrito y además es mi posición favorita porque siento que me entra toda su vergota.

La mañana que Anselmo se fue no me bañé, aunque quedé rendida y satisfecha, le ordené a mi marido que me cogiera, pero que principalmente me mamara el culo y la vagina para que se tragara todos los restos de semen que mi amante dejó. Eso me calentó y me vine varias veces con mi marido, no porque disfrutara lo que él me hacia sino que era el morbo y el recuerdo de lo que mi huésped me hizo sentir.

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