Hotwife 2: salida de sábado de Chicas

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Han pasado exactamente siete días desde aquella noche en “La Sombra” donde todo cambió. Siete días desde que miré a Marcos a los ojos, con el coño todavía chorreando semen de Diego, y le dije claramente: “Ahora yo decido las reglas. Tú solo disfrutas”.

Y vaya si lo estoy disfrutando.

Esta semana he sentido un poder nuevo recorriéndome el cuerpo. Ya no pido permiso. Ya no finjo ser la esposa buena y recatada. Soy una hotwife de 27 años que sabe exactamente lo que quiere: polla nueva cuando así lo desee, placer sin límites y un marido que se excite viéndome convertida en la puta que siempre llevé dentro.

El lunes, mientras desayunábamos, le solté la noticia con una sonrisa traviesa:

—Este sábado salgo con Valeria y Camila. Noche de chicas. Y no voy a pedirte permiso, amor. Solo te aviso para que estés mentalizado… y preparado para lo que venga después.

Marcos se puso rojo al instante. Vi cómo su polla se movía dentro del pantalón del pijama. Solo asintió, con esa mezcla tan deliciosa de miedo y excitación que tanto me gusta.

Durante toda la semana estuve organizándolo todo. El grupo de WhatsApp con mis amigas ardía. Valeria, mi amiga de siempre, ya toda una hotwife experimentada, no paraba de mandar audios guarros y fotos de lencería. Camila, más nueva en esto, mandaba emojis de carita sonrojada y preguntaba cosas como “¿De verdad le vas a contar todo a Marcos?”.

Yo solo respondía con voz coqueta:

—Todo, chicas. Hasta el último chorro. Mi marido va a saber exactamente cómo me follan otros.

El miércoles por la noche decidí empezar a calentar a Marcos como se merece.

—Ven al dormitorio, cariño —le ordené cuando llegó del trabajo.

Lo hice sentarse en la silla del rincón y le advertí con un dedo en los labios:

—Manos quietas. Solo miras y sufres rico.

Empecé mi desfile privado solo para él.

Primero me puse un vestidito negro de lycra tan corto que apenas me cubría el culo. Me di la vuelta, me incliné exageradamente y dejé que el vestido subiera hasta mostrarle mis nalgas perfectas y el hilo dental rojo que se me clavaba entre ellas.

—¿Te gusta este, amor? —pregunté con voz inocente mientras movía el culo—. Imagina que estoy bailando y un desconocido me levanta el vestido por detrás… ¿Crees que se me verá todo?

Marcos tragó saliva y asintió. Su respiración ya era pesada.

—Mmm… este me encanta. Fácil de subir y fácil de quitar. Perfecto para que me follen rápido.

Después saqué el conjunto rojo que más le vuelve loco: falda plisada cortísima estilo colegiala pervertida y un top blanco casi transparente. Me lo puse sin sujetador. Mis tetas firmes se marcaban perfectamente, con los pezones oscuros bien visibles. Gateé por la cama hacia él, dejando que mis pechos se balancearan pesadamente.

—Este es peligroso… —ronroneé—. Si me agacho un poco, cualquiera puede ver que no llevo nada debajo. ¿Quieres que salga así el sábado?

Le pasé la mano por encima del bulto hinchado de su pantalón y apreté suavemente, solo para torturarlo.

Seguí probándome más cosas. Un body de encaje negro con transparencias estratégicas que dejaba ver mis pezones y mi coño depilado. Lo combiné con una falda de cuero negra super corta y tacones plateados de aguja. Me miré al espejo y giré sobre mí misma.

—Mmm… este me encanta. Fácil de subir y fácil de quitar. Perfecto para que me follen rápido.

Cada cambio de ropa era más provocador. Le enseñé un corsé rojo que me apretaba la cintura y empujaba mis tetas C hacia arriba de forma obscena. Luego un top que apenas cubría mis pezones y una minifalda vaquera que dejaba ver la mitad de mi culo. Me probé ligueros, medias negras con costura trasera, bragas de todos los colores y estilos: desde hilos dentales minúsculos hasta tangas abiertos por delante.

En cada prueba me acercaba a Marcos, le rozaba las tetas contra la cara o le ponía el culo cerca de la boca y le preguntaba con voz melosa:

—¿Con cuál crees que voy a traer más semen dentro esta noche, cariño?

Al final de la hora, Marcos estaba sudando y su polla parecía a punto de reventar el pantalón. Me apiadé un poquito. Me arrodillé frente a él, saqué su verga dura y le di solo tres lametones largos y lentos desde los huevos hasta la punta.

—Esto es solo un adelanto —susurré mirándolo a los ojos—. El sábado, cuando vuelva bien follada, vas a probar lo que otros hombres dejaron en tu mujer.

Y lo guardé de nuevo sin dejarlo correrse. Su gemido de frustración me mojó muchísimo.

El viernes por la noche Valeria y Camila vinieron a casa para ultimar detalles. Marcos nos sirvió vino y algo de comer como un buen anfitrión mientras nosotras tres nos reíamos y planeábamos la noche.

Les enseñé parte de mi arsenal de ropa. Valeria silbó al ver el body negro transparente.

—Joder, Isa, vas a romperla. Ese body grita “fóllame sin condón”.

Camila estaba roja pero excitada. Le encanta vernos tan libres.

—Y él… ¿qué va a hacer mientras nosotras estamos fuera? —preguntó Valeria señalando a Marcos con la cabeza.

Yo sonreí con malicia y miré a mi marido.

—Él va a quedarse aquí, con el móvil encendido, recibiendo todo lo que pase. Fotos, vídeos, audios… Y cuando vuelva, va a arrodillarse y va a limpiarme el coño con la lengua. ¿Verdad, amor?

Marcos asintió sin poder hablar. Valeria soltó una carcajada y Camila se mordió el labio.

—Bienvenida al lado oscuro, Camila —dije yo guiñándole un ojo—. Esta noche vamos a cazar en manada.

**Sábado por la noche.**

El apartamento olía a perfume caro, laca y pura lujuria femenina.

Me decidí finalmente por el body de encaje negro con transparencias que dejaba ver mis pezones oscuros y tenía una abertura perfecta entre las piernas. Encima me puse la falda de cuero negra cortísima y unos tacones negros de 13 centímetros que hacen que mi culo se vea aún más provocador. Me dejé el pelo largo suelto, me maquillé fuerte: ojos ahumados y labios rojo puta bien marcados. Me puse un tanga negro minúsculo que ya estaba mojado antes de salir.

Valeria eligió un vestido dorado metálico que se le pegaba al cuerpo como una segunda piel, marcando cada curva. Camila, más tímida pero animada por nosotras, se puso una falda vaquera corta y un top negro escotado que dejaba ver el encaje de su sujetador.

Antes de salir, llamé a Marcos al dormitorio.

—Ven aquí, mi amor.

Cuando lo tuve delante, le hablé despacio y claro, con esa voz coqueta y dominante que sé que le vuelve loco:

—Esta noche yo mando. Tú esperas como un buen chico. Quiero el móvil siempre encendido y con batería. Vas a recibir material en vivo. Y escúchame bien: no te corres hasta que yo te lo permita. ¿Entendido?

—Sí, Isabella… —susurró él, con la voz temblorosa.

Me acerqué, le bajé la cremallera, saqué su polla dura como piedra y le di dos lametones lentos y provocadores, rodeando la cabeza con la lengua. Luego la guardé de nuevo y le di un beso en los labios.

—Buen chico. Esto es solo para que pienses en mí toda la noche.

Las tres salimos del apartamento entre risas y tacones. Marcos se quedó en la puerta, mirándome con esa cara de deseo absoluto.

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Ivanmont
Ivanmont

Autor de relatos eróticos de alta intensidad. Especializado en dinámicas de poder, seducción y ficción contemporánea. Publico semanalmente en mi biblioteca personal: patreon.com/PasionesProhibidas

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