La Viuda con Dos Transexuales Bien Dotadas en la Playa
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La historia que voy a narrar ocurrió en el verano de 2022. En esta ocasión la protagonista será mi madre, ella se llama Ángela, tiene 44 años, 1,60 metros de altura, morena de pelo que le llega hasta los hombros y también morena de piel, acude varias veces a la semana al gimnasio por lo que aún tiene un culo más o menos terso pero realmente su punto fuerte siempre ha sido la delantera: tiene unos pechos grandes, redondeados y, como su culo, aún más o menos tersos. Ella enviudó hacía ya algo más de un año y aunque su ánimo venía viniéndose arriba su vida amorosa y sexual se había estancado aquel fatídico día en el que mi padre falleció. Para intentar levantarle el ánimo mi novia y yo la invitamos a ir a la playa con nosotros.
Había hablado con ella hace unos días y le había sugerido que le podíamos ayudar a buscar un amante o algo, ella nos respondió algo así como:
”No sé, ya te he dicho que yo no estoy para estas cosas, me da mucha vergüenza y no sé si vaya a salir bien”
Después de insistir un poco más al final quedamos en que se lo iba a pensar un poco más y bueno, ya les contaré el resto a continuación.
Yo, Jacob, ya con 24 años, seguía siendo de estatura media y complexión más bien delgada, aunque había recuperado algo de forma después de la pandemia. Aquel verano decidimos escaparnos unos días a la playa, a un pueblo costero de la costa caribe de la Nación que no estaba demasiado lejos de nuestra ciudad. El plan era sencillo: sol, mar, relax y seguramente algo de acción. Reservamos un apartamento amplio con vistas al paseo marítimo y bajamos a la playa todos los días. Mi madre Ángela, como siempre, iba con su bikini negro que apenas contenía sus melones y que dejaba ver bastante más de lo que la mayoría de mujeres de su edad se atrevían. Mi novia Isabel llevaba uno rojo que le marcaba el culo de forma escandalosa y yo, simplemente, disfrutaba del espectáculo.
Era un miércoles de mediados de agosto, de esos días en los que el sol pega de verdad y la playa está llena pero no agobiante. Plantamos nuestro toldo en una zona bastante tranquila, cerca de la orilla pero con algo de sombra natural. Justo al lado, en el toldo contiguo, había dos mujeres que llamaban la atención desde el primer momento. Eran dos auténticas gigantas: las dos rondaban el 1,90 de altura, con cuerpos extremadamente atléticos, hombros anchos, brazos definidos y abdominales que se marcaban incluso cuando estaban relajadas. Parecían sacadas de una competición de culturismo wellness. Una tenía la piel morena, de un tono canela intenso, pelo negro largo y liso recogido en una coleta alta, y unos ojos oscuros que brillaban con picardía. La otra era negra, de piel ébano brillante, pelo afro corto y muy definido, y una sonrisa blanca que contrastaba con todo. Ambas llevaban bikinis diminutos: el de la morena era blanco y el de la negra, dorado. Sus tetas eran grandes, firmes y redondas, claramente operadas pero perfectas, y sus culos eran dos obras de arte esculpidas: duros, redondos y altos.
Se notaba que pasaban horas en el gimnasio. Nos saludamos con una sonrisa al instalarnos. Ellas se llamaban Valeria (la morena) y Aisha (la negra). Habían venido de vacaciones desde la Capital y se notaba que estaban acostumbradas a ser el centro de todas las miradas. Ángela, que nunca había tenido vergüenza, empezó a charlar con ellas casi de inmediato. En menos de media hora ya estaban las tres riendo y comentando lo bueno que estaba el agua y lo mal que les quedaba el bikini a las demás bañistas.
—Oye, Ángela, ¿te apetece venir a dar un baño con nosotras? —propuso Valeria con una voz grave y sexy—. Aquí hace un calor de cojones y el agua está perfecta.
Mi madre se sonrojó un poco pero casi al instante vi que empezó a devorarla con la mirada y se sintió como que si despertó una chispa dentro de ella.
—Claro que sí, chicas. Estos dos se quedan aquí vigilando el toldo, ¿verdad, cariño? —me dijo guiñándome un ojo. Isabel y yo nos miramos y sonreímos. presentíamos que mi madre Ángela había decidido entrar en modo “cazadora”. Anteriormente muchos años antes, una amiga de ella me había contado unas anécdotas de mi santa madre en que explicaba que también llegó a ligarse unas cuantas chicas y divertirse con ellas, por lo que no me sorprendió este comportamiento a pesar de que era una señora de mediana edad.
Las tres se metieron al agua. Yo me quedé sentado en la toalla fingiendo que leía el móvil, pero en realidad no les quitaba ojo. Isabel se tumbó boca abajo y murmuró:
—Tu madre va a por todas…
En el agua, las cosas no tardaron en calentarse. Valeria y Aisha flanqueaban a Ángela, que flotaba entre ellas riendo. De repente vi cómo Valeria se pegaba por detrás a mi madre y le pasaba un brazo por la cintura. Aisha, por delante, le rozaba “accidentalmente” uno de sus enormes pechos. Ángela no se apartó. Al contrario. Se rio más fuerte y se dejó hacer.
Lo que pasó después fue rápido y descarado. Valeria le bajó un poco la parte de arriba del bikini a Ángela, dejando al aire una de sus tetas. Aisha se agachó ligeramente en el agua y se la metió en la boca, chupando con ganas el pezón mientras Valeria le sobaba la otra teta por encima de la tela. Ángela echó la cabeza hacia atrás y soltó un gemido que se perdió entre el ruido de las olas. Luego, sin cortarse un pelo, mi madre se giró y empezó a chupar las tetas de Valeria, primero una, luego la otra, metiéndose casi medio pecho en la boca. Aisha se puso detrás y le metió la mano dentro del bikini, tocándole el coño por encima de la tela. En un momento dado, Ángela, cachonda perdida, bajó la mano y palpó la entrepierna de Aisha. Se quedó paralizada un segundo. Luego sonrió de oreja a oreja.
—Joder… qué sorpresa más rica —murmuró lo suficientemente alto como para que yo lo oyera desde la orilla.
Sí. Eran transexuales. Las dos. Pollas grandes, duras y ya medio empalmadas dentro de aquellos bikinis diminutos. Ángela no se asustó ni un poco. Al contrario. Les apretó las vergas por encima de la tela y las acarició con ganas mientras seguía chupando las tetas de Valeria.
—Chicas… ¿os apetece que vayamos a vuestro hotel y sigamos con esto como Dios manda? Esta vieja ya lleva tiempo sin acción y no saben como las deseo —preguntó mi madre sin rodeos, cosa que hasta cierto punto nos sorprendió bastante a mi novia y a mí.
Valeria y Aisha se miraron y sonrieron.
—Claro que sí, guapa. Tenemos habitación con jacuzzi y cama king size. Y a tu hijo y a tu nuera… ¿les importa? —preguntó Aisha.
—No creo pero en todo caso, ¿Podemos invitarlos a ellos también?—
— ¿Quieres que tu hijo y tu nuera te vean en acción?— Valeria sonrió con perversidad— A mi no me molesta en lo absoluto.
— A mí tampoco— Sonrió Aisha.
Al final mi madre nos invitó a ‘pasar el rato’ con sus nuevas dos amigas. Aparte de no molestarnos en absoluto, más bien nos alegraba la idea de un “resurgir” de mi madre. Yo estaba consiente de lo amorosa y sacrificada que ella fue en relación a mí toda su vida y mi novia Isabel también la conocía desde que se mudó a nuestro barrio como adolescente y la veía como una tía, por lo que ambos considerábamos que merecía ser feliz y divertirse en todos los sentidos incluyendo este. Cuando las tres salieron del agua., Ángela ni se molestó en recolocarse bien el bikini; llevaba una teta casi fuera y el tanga metido entre las nalgas. Se secaron rápido, recogieron sus cosas y nos dijeron que nos veríamos más tarde. Isabel y yo nos quedamos en la playa un rato más, pero la verdad es que la curiosidad y la excitación nos podían. Al cabo de un rato decidimos ir al hotel.
La habitación estaba en la quinta planta, con vistas al mar. Cuando llegamos, la puerta estaba entreabierta. Entramos sin llamar. Al principio empezamos tonteando y hablando normalmente (con algo de toqueteo pobremente disimulado por las tres mujeres) pero pronto inició un espectáculo que por lo general solo podría verse en una película porno de alto presupuesto. Las tres estaban ya completamente desnudas sobre la enorme cama. Mi madre en el centro, de rodillas. Valeria y Aisha, a cada lado, le estaban metiendo las tetas en la boca alternativamente. Mi madre chupaba con auténtica devoción, pasando de una a otra, lamiendo pezones, apretando aquellas tetas firmes y grandes contra su cara. Mientras, con cada mano, les masturbaba las pollas: dos vergas morenas y gruesas, de unos 22-23 centímetros, venosas y con unos huevos pesados que se balanceaban.
—Joder, Ángela, qué boca tienes… —gruñó Aisha mientras mi madre se la tragaba hasta la mitad.
Valeria le cogió la cabeza y empezó a follarle la boca con más ritmo. Ángela babeaba, los ojos llorosos de placer, pero sin parar. Isabel y yo nos sentamos en los sillones laterales sin decir nada, solo mirando. Al cabo de unos minutos las tres se tumbaron en la cama formando un triángulo perfecto. Ángela le comía la poronga< a Valeria, Valeria le comía el coño a Aisha y Aisha le devoraba el coño a Ángela. Gemidos por todas partes. Las tetas de las tres se rozaban constantemente: grandes, pesadas, sudadas. Se apretaban unas contra otras, se pellizcaban los pezones, se lamían los pechos mutuamente. Era un festival de carne. Luego vino el turno de los polvos. Primero Valeria se tumbó y Ángela se sentó encima de ella, empalándose de golpe en aquella polla gruesa. Soltó un grito de placer que debió oírse en toda la planta.
—¡¡Puta, qué grande!! ¡¡Me estás llenando entera!!
Empezó a cabalgarla con fuerza, sus tetas botando como locas.
Aisha se puso detrás y le metió dos dedos en el culo mientras le chupaba las tetas a Valeria. Isabel, que ya no podía más, se acercó y empezó a comerme la polla mientras mirábamos. Después cambiaron. Aisha tumbó a Ángela boca arriba y le abrió las piernas. Le metió la polla de un empujón seco y empezó a follarla con embestidas profundas y fuertes. Valeria se sentó sobre la cara de mi madre y le folló la boca mientras le pellizcaba los pezones. Ángela gemía, babeaba, se corría una y otra vez. Su coño estaba empapado, chorreando por los muslos.
—Quiero correrme dentro —gruñó Valeria.—Dentro, sí, lléname —suplicó mi madre.
Valeria le metió la polla hasta el fondo y se corrió con fuerza, echando chorros calientes dentro del coño de mi madre. Aisha no tardó ni dos minutos más: la penetró con más fuerza todavía y también se corrió dentro, mezclando su semen con el de su amiga. Cuando se sacó la polla, el coño de mi madre estaba rebosante, blanco y espeso, chorreando por el culo. Pero aún no habían terminado.
Las dos gigantas pusieron a mi madrea cuatro patas. Valeria se colocó debajo y le metió la polla de nuevo en el coño, ya lubricado por dos corridas. Aisha se puso detrás y, con cuidado pero sin piedad, le metió su verga en el culo. Doble penetración total. Ángela gritó de placer y dolor al principio, pero pronto se convirtió en puro éxtasis.
—¡¡Sí!! ¡¡Me están destrozando!! ¡¡Más fuerte!! ¡¡Follenme como putas!!Las dos transexuales empezaron a bombear al unísono. Sus cuerpos atléticos, sudados, brillantes, chocando contra el cuerpo más pequeño y voluptuoso de mi madre. Las tetas de Ángela se balanceaban salvajemente, golpeándose contra el pecho de Valeria. Aisha le daba cachetes en el culo mientras le metía la polla hasta los huevos. Isabel y yo ya no aguantábamos más.
Mi novia se sentó en mi polla y empezó a cabalgarme mientras mirábamos el espectáculo. Las tres mujeres gemían como locas. Valeria y Aisha se corrían casi al mismo tiempo: primero Valeria inundando de nuevo el coño de Ángela, y segundos después Aisha llenándole el culo de leche caliente. Ángela se corrió como nunca, temblando entera, gritando, llorando de placer. Cuando las dos pollas salieron de ella, su coño y su ano estaban abiertos, rojos y llenos de semen que chorreaba sin parar.
Las tres se tumbaron abrazadas, besándose, lamiéndose las tetas, compartiendo el semen con la lengua. Ángela tenía una sonrisa de absoluta felicidad.
—Puta… qué fin de semana más bueno nos está saliendo —murmuró.
Valeria y Aisha se rieron y la besaron en la boca.
—Cuando queráis repetimos, guapa. Y traed a la familia entera la próxima vez. Isabel y yo nos miramos. Sabíamos que aquello solo era el principio. Mi madre había vuelto a resurgir. Y esta vez, con dos pollas de lujo y dos cuerpos de diosas.
El verano aún daba mucho de sí.
