La estilista transexual que conquistó a mi madre
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Me llamo Ángel y tengo 18 años. Mi madre, Laura, tiene 38 y siempre ha sido una mujer espectacular. Tiene un cuerpo curvilíneo y jugoso que llama la atención dondequiera que va: caderas anchas, cintura marcada, un culo redondo y firme, y unos pechos naturales grandes que se mueven con cada paso. Su cabello castaño oscuro le cae por los hombros, y sus ojos verdes transmiten una dulzura que contrasta con lo caliente que se ve. Durante veinte años estuvo felizmente casada con mi papá, Julián, de 58 años. Todo parecía perfecto en casa: cenas juntos, salidas los fines de semana y una vida estable. Hasta que el salón de belleza al que iba mi mamá cerró porque la dueña se mudó al extranjero. Entonces empezó a ir a uno nuevo, “Bella Forma”, a unas cuadras de casa.
La dueña se llamaba Valeria: una mujer imponente de casi 1.90 metros, con un cuerpo tonificado y musculoso. Brazos marcados, hombros anchos, un culo enorme y duro como piedra, piernas largas y poderosas, y unas tetas grandes y operadas que se veían perfectas bajo cualquier blusa. Tenía el cabello negro larguísimo y una cara de muñequita con labios gruesos y ojos grandes. Al principio parecía solo una amiga nueva.
Valeria empezó a venir a casa por las tardes. Tomaban café con pan en la cocina, se reían, hablaban de todo. Yo las veía desde lejos y notaba cómo se miraban. Poco a poco se ponían más cercanas: se tocaban los brazos, se abrazaban más tiempo del necesario, se susurraban cosas al oído. Mi mamá se sonrojaba y sonreía como una adolescente. Un día llegué más temprano de la escuela. La casa parecía vacía, pero escuché ruidos extraños que venían del cuarto de mis padres: gemidos ahogados, el sonido de la cama moviéndose y respiraciones agitadas. La puerta estaba entreabierta. Me asomé con el corazón latiendo fuerte. Ahí estaban. Mi mamá completamente desnuda, acostada en la cama en posición de misionero, con las piernas abiertas y rodeando la cintura de Valeria. Valeria, también desnuda, bombeaba con fuerza dentro de ella. Sus tetas operadas rebotaban con cada embestida mientras succionaba alternativamente los pezones de mi mamá. Lo más impactante: entre las piernas de Valeria colgaba y entraba una verga enorme, gruesa y venosa. La metía hasta el fondo en el coño mojado de mi madre, que gemía como nunca la había oído.
— ¡Ay, Valeria… más profundo, mi amor! — jadeaba mi mamá, arañándole la espalda musculosa. — Esa verga me llena como nunca… ¡joder, qué rica!Valeria gruñía con voz femenina pero ronca, empujando sus caderas potentes. Sus nalgas duras se contraían con cada golpe
.— Te encanta mi polla, ¿verdad, puta mía? Tu coñito apretado me está estrujando… — respondía ella, mordiendo los pechos de mi mamá.
Me quedé congelado, con la verga dura como piedra, viendo cómo esa mujer transexual se follaba salvajemente a mi madre. Mi mamá se corrió gritando, apretando las sábanas, y Valeria siguió bombeando hasta llenarla de semen espeso que salía por los lados. Esa misma tarde, mis padres me llamaron a la sala. Mi papá estaba serio y mi mamá nerviosa pero decidida.
— Hijo — empezó mi papá con voz cansada —, tu madre y yo hemos decidido divorciarnos. Han pasado cosas…Mi mamá lo interrumpió y tomó la palabra. El diálogo fue largo y tenso.
— Ángel, cariño, esto no es fácil, pero quiero que lo entiendas. Descubrí que tu papá ha estado viéndose con una jovencita de 25 años desde hace meses. Fotos, mensajes, hoteles… Todo. Me sentí traicionada después de veinte años de matrimonio, de apoyarlo, de criarte, de ser la esposa perfecta. Yo también tengo necesidades, soy una mujer de 38 años en mi mejor momento, con deseos y un cuerpo que todavía quiere ser deseado. No voy a quedarme llorando mientras él se divierte. Le cobré la infidelidad de la única forma que me hizo sentir viva de nuevo. Conocí a Valeria y… pasó. Me di cuenta de que quiero explorar eso. No es solo sexo, hay conexión. Ninguno de los dos quiere seguir fingiendo. El divorcio será amistoso, tú seguirás siendo lo más importante, pero ya no viviremos como familia tradicional.
Mi papá apenas habló, solo confirmó que se iría a vivir a otro lado. Esa noche se fue a dormir temprano y al día siguiente se mudó.
A partir de entonces, mi mamá empezó a estar abiertamente con Valeria. La traía a casa casi todos los días.
“Hijo, Valeria es mi novia ahora. Soy una mujer adulta con necesidades, y ella me hace sentir deseada y satisfecha como nunca. Espero que lo respetes”, me decía directamente, sin vergüenza. Y el sexo empezó a pasar en cualquier parte de la casa. Después llegué a presenciar varias veces cuando decidían copular sin pudor alguno a lo largo de la casa. Un día llegué del colegio y las encontré en la cocina. Mi mamá estaba inclinada sobre la mesa, con la falda subida y sin bragas. Valeria, detrás, la penetraba de pie con esa verga monstruosa. Los golpes eran fuertes, las tetas operadas de Valeria rebotaban contra la espalda de mi mamá.
— ¡Sí, fóllame así, mi machorra! — gemía mi mamá. — Métemela toda, quiero sentir tus huevos contra mi clítoris…
Valeria la agarraba del cabello y empujaba más duro.— Tu coño está hecho para mi polla, Laura. Tan mojada y caliente…
— Te voy a llenar otra vez.Me escondí en el pasillo y me masturbé viéndolas hasta que Valeria se corrió dentro, y mi mamá tuvo un orgasmo que le temblaron las piernas. En otra ocasión, en la sala, una noche. Yo bajé por agua y las vi en el sofá. Mi mamá cabalgaba a Valeria en la posición de la vaquera. Esa verga enorme desaparecía completamente en su coño. Mi mamá rebotaba con fuerza, sus tetas naturales saltando, mientras Valeria le chupaba los pezones y le apretaba el culo.
— ¡Dios, qué verga tan grande! Me llega hasta el útero… — jadeaba mi mamá, girando las caderas. — Nadie me había follado así en mi vida
.Valeria le daba nalgadas fuertes.
— Eres mi puta personal ahora. Córrete en mi polla, quiero sentir cómo me aprietas. Mi mamá se corrió gritando, y Valeria la levantó y la folló en el aire unos minutos antes de correrse también. Otro día en el jardín de atrás, por la tarde. Mi mamá estaba a cuatro patas sobre una manta, completamente desnuda. Valeria la penetraba por atrás como un animal, sus caderas potentes chocando contra ese culo jugoso. El sudor les corría por el cuerpo.
— ¡Más fuerte, Valeria! ¡Rómpeme el coño! — suplicaba mi mamá. Valeria le metía dos dedos en el culo mientras la follaba.
— Te voy a abrir los dos agujeros, mi amor. Eres insaciable…Los gemidos se oían por todo el vecindario. Terminé masturbándome detrás de una planta. Hubo una vez que la vi en el baño. Mi mamá sentada en el borde de la bañera, con las piernas abiertas. Valeria de pie, follándole la boca primero con esa verga enorme, metiéndosela hasta la garganta. Mi mamá babeaba, con lágrimas de esfuerzo pero ojos de puro placer. Luego la puso contra la pared y la penetró de pie, levantándole una pierna.
— Trágatela toda, zorra… así, buena chica — gruñía Valeria. Mi mamá se ahogaba de gusto y pedía más. Y de último una noche, me despertaron los ruidos y me asomé al cuarto de mi mamá (la puerta otra vez mal cerrada). Valeria estaba de pie, desnuda, imponente con sus músculos marcados. Mi mamá, de rodillas, le hacía una adoración total. Empezó besando y lamiendo sus piernas musculosas, subiendo por los muslos. Le chupó los pies, luego subió al culo gigante y duro, separando las nalgas y metiendo la lengua en el ano. Valeria gemía. Mi mamá subió a la espalda, besando cada músculo, luego se puso frente a ella y le lamió y chupó las tetas operadas, mordiendo los pezones duros.— Eres una diosa… tu cuerpo me vuelve loca — murmuraba mi mamá.
Bajó y tomó esa verga enorme con las dos manos. La besó desde los huevos hasta la cabeza, lamiendo las venas. Empezó a chuparla con devoción: metiéndosela profunda, babeando, usando una mano para masajear y apretar los huevos pesados. Con la otra mano le metía dos dedos en el culo a Valeria, follándola mientras la mamaba con ganas. Valeria le agarraba la cabeza y le follaba la boca.
— ¡Qué buena mamadora eres, Laura! Me voy a correr en tu garganta…Mi mamá no paró hasta que Valeria explotó, llenándole la boca de semen espeso que mi mamá tragó con gusto, limpiando cada gota. Durante meses esto fue constante. Se follaban en la cocina, sala, mi cuarto (cuando yo no estaba), el coche, en todas partes. Por las noches los alaridos de placer de mi mamá eran ensordecedores: “¡Sí, Valeria! ¡Más duro, rómpeme!” y los golpes de carne contra carne.Hasta que un día, después de varios meses, mi mamá nos reunió y con una sonrisa radiante nos dio la noticia:
— Estoy embarazada. Vamos a tener un bebé. Valeria va a ser la otra mamá. Ángel, vas a tener un medio hermanito o hermanita. Yo solo asentí, con la cabeza llena de todas las imágenes que había visto. Mi vida había cambiado completamente.
