Que me hizo esta mujeeeeeerrr
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Anoche tuve un sueño tan lúcido, tan perfecto, tan delicioso.
Contra todo pronóstico, luego de no hablar, no sé cómo me aceptó una salida a un restaurante que queda como a media hora de la ciudad. Ella iba muy sexy con su hermoso cabello, un vestido apretadito que se le marcaba el escote delicioso y le resaltaba su culo tan perfecto. Nos sentamos, pedimos una botella de vino, una entrada y tuvimos una conversación muy amena mientras nos devorábamos con la mirada. Fue pasando la noche y fue aumentando el tono de la conversación y aumentando las botellas. Ambos estábamos muy excitados. Ella en verdad resaltaba; la mirada de los hombres alrededor. Qué mujer tan sexy, tan rica. Y se lo mencioné. Me respondió que era mi imaginación.
Entonces le dije: “Va, hagamos algo. Váyase al baño y yo le voy a tomar video a todos los hombres que le miran el culo en lo que camina. Si tengo razón y son más de 2, tiene que quitarse la tanga y dármela en mi mano cuando regrese. Si no la voltean a ver, usted gana y me puede poner a mí la penitencia que quiera”. Debo admitir que hice trampa; sabía que no iba a perder jamás. Ella ya había ido al baño una vez y se la comieron todos con la mirada. Y así fue: cuando se levantó, todos le voltearon a ver su delicioso culo mientras pasaba. Es entendible; de verdad que lo tiene demasiado rico.
Llegando al baño, me dijo: “Ya sé, ya perdí”. Me di cuenta; ni le tuve que decir nada. Regresó a la mesa luego de unos minutos y me dijo: “Deme su mano”. Ella tenía su puño cerrado, lo juntó con el mío y me la dio. Se puso roja; se me paró la verga inmediatamente con este jueguito que nos cargábamos. Hice como si quería estornudar y me la puse entre la nariz y la boca. Me encanta su olor. Ella se ponía roja entre vergüenza y calentura, pero nadie sabía el juego que nos cargábamos. Me la metí en la bolsa del pantalón y le dije: “¿Quiere algo más o nos vamos?”. “Vámonos”, me respondió.
Pagamos, fuimos a mi carro. Estaba en un callejón oscuro. Llegamos, fuimos hasta la puerta del copiloto y, antes de abrirle, comencé a besarla bien rico ahí parados. El carro es alto, entonces nos tapaba y nos dimos una besuqueada deliciosa. Mis manos recorrían su cuerpo. Le metí la mano en medio de su falda y sentí su depilada y hermosa vagina sin nada abajo. Uffff, qué delicia. Me acerqué a besarle el cuello; olía tan rico. Y le susurré en el oído: “Qué mojada está, tengo ganas de chuparle todo”. Saqué mis dedos y los metí en mi boca. Ella se puso tímida.
Le abrí la puerta y ella se subió y se sentó. El lugar era muy oscuro, así que con la puerta abierta le di otro gran beso mientras ella sentada con las piernas abiertas. Acariciaba su húmeda vagina con mis dedos. Me dijo que quería coger, que nos fuéramos a otro lado. Y le dije que sí. Me fui a subir a mi lado; ya ambos muy excitados. Y mientras manejaba, ella se acercó a mí y me empezó a besar el cuello mientras me acariciaba la verga encima de mi pantalón. La ayudé un poco para desabotonarme el pantalón y ella me la sacó con su mano. Me dijo: “Qué rica”. Se lamió la mano y me comenzó a masturbar mientras manejaba.
Me fui a un camino oscuro que quedaba entre unas montañas, donde yo sé que no pasa mucha gente. Necesitaba llegar. Ella mientras tanto bajó y comenzó a mamarme la verga mientras manejaba. Llegué lo más rápido que pude y quería subirme a hacerle de todo, pero ella hizo para atrás mi sillón y se subió encima de mí. Me empezó a coger de lo más rico con unos deliciosos movimientos pélvicos. Se movía tan rico, me cogía tan delicioso y se miraba tan rica encima mío. Empezó a acelerar el ritmo. Yo le subí la falda y la agarré del culo y comencé a penetrarla al mismo tiempo que ella se cogía. Estuvo demasiado intenso; los gritos y gemidos de ambos se escuchaban por todos lados y ambos acabamos en un delicioso orgasmo con abundantes chorros de leche en su interior.
Quedamos un rato así. Nos empezamos a reír porque no sabíamos cómo limpiarnos. Ella se levantó manchándome todo el pantalón. Me dijo que le devolviera su tanga, que si no iba a ir todo el camino chorreando mi leche e iba a parar manchando su vestido. Con mucho dolor se la tuve que devolver. Mi pantalón quedó manchado; la verdad ya ni me importaba, vale la pena el riesgo. Ella se la puso. Maneje hasta irla a dejar a su carro, pero ambos queríamos seguir cogiendo.
Continuará. Mujer, no sé qué me hizo. Sé que ya no me puede hablar, pero me hace falta y sigo fantaseando con usted. Si llega a leer esto es porque a usted le pasa lo mismo.
