Fui la puta de mi jefe por más de un año

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Me metí a bañar, me decidí por dejar sin vello mis piernas y todo lo demás. Mi jefe me había invitado a salir y sospechaba lo que podría suceder. Sus piropos y observaciones a mi cuerpo eran muy evidentes.

Para mí no era un hombre indiferente a mis gustos. Alto, corpulento y siempre olía muy bien.

Yo, como su secretaria, todo el día estaba a su servicio y la confianza, después de semanas de él haber llegado al tribunal, ya era mucha.

Siempre preocupado por mí, eso mandaba la certeza de que yo le gustaba.

Escogí un vestido ajustado de licra que enmarcaba mi figura.

En esos días yo había ejercitado todos los días, en su mayoría spinning, así que mi cuerpo estaba en su mejor momento: piernas grandes y torneadas, glúteos firmes y grandes, cintura pequeña y mis pechos firmes.

Estaba emocionada pues deseaba estar con él y sabía que hoy sería ese día. Me quería ver bien y ser lo que él deseara.

Tocó la puerta, bajé a la carrera. Abrí, lo invité a pasar en lo que subía por mis cosas.

Al salir, su mano en mi cintura me hizo estremecer; mi deseo se estaba acrecentando.

La cena ocurrió tranquila entre plática y halagos a mi persona.

Ya entrada la medianoche nos fuimos de ahí. Nos dirigimos a su departamento.

Los dos, como adultos, sabíamos lo que sucedería.

Entramos, dejamos las cosas y nos dirigimos a su habitación.

Empezamos a besarnos. Él acariciaba mi cuerpo, pasando sus manos por toda mi figura, agarrando mis nalgas, mi cintura y mis pechos.

Me separé un poco y me quité el vestido.

Se volvió a acercar a mí y ahora él podía sentir mi piel. Sus manos en mis nalgas se sentían deliciosas; quería que me las acariciara.

Me quité mi sostén y empezó a besar mis pechos. Su mano se metió entre mi calzón y llegó a mi vagina, que estaba lista para él.

“Qué rica estás, Laura. Desde que te vi te deseé, quería tener tus nalgas en mis manos y ahora quiero tu boca en mi verga.”

La manera en que lo dijo me escocí de onda un poco; era una palabra que no imaginé que me diría.

Desabroché su pantalón y empecé a realizar mi trabajo. Me esforcé al máximo; quería que él viera que era buena en eso y más, no quería decepcionarlo.

Tomó mi cabeza y empezó a penetrar mi boca literal. Yo solo la mantenía semiabierta y él empujaba de lado por el otro hasta el fondo. Yo resistía y disfrutaba.

“Qué rico la chupas, no creo que fueras tan buena, tan reservada que te ves.”

Solo sonreí. Me levantó, me pidió poner mis manos en la cama. Quedé de pie agachada y él quitó mi calzón mientras besaba mis nalgas.

Metía su mano y me tallaba toda. Sus dedos entraban en mi vagina; su otra mano estaba agarrada de mis pechos, jalando mi pezón, que me hacía dar pequeños quejidos de dolor.

Sus dedos no dejaban de moverse dentro de mí hasta que empecé a sentir que me terminaba. Él seguía, no paraba.

“Qué puta tan rica eres, qué mojada estás, perrita.”

Sus palabras volvieron a hacer eco en mí, pero yo estaba super excitada que solo dejé salir un sí.

“Sí, que lo eres. Ahora sí voy a darte lo que deseabas, putita.”

Se puso detrás de mí y empezó a penetrarme. Yo hacía fuerza con mis manos en la cama para no irme de bruces, ya que me empujaba con dureza.

No dejaba de gemir y dar pequeños gritos; seguía saliendo líquido de mi vagina.

“Qué rico te mojas, sabía que eras puta pero no pensé que de estas que se mojan tanto. Tu carita de santa y mira qué puta eres.”

Mis piernas estaban llenas de mi líquido.

Sentí sus manos en mis pechos.

“Apoya las rodillas en la cama.”

Me subí y quedé agachada. Él no dejaba de penetrarme. Empezó a jalar mis caderas con más fuerza y sentía como abría mis nalgas. Empezó a meter su dedo en mi ano.

Yo gemía más y más. Hasta que sentí como él se corría, todo llenando de semen mi vagina, que se empezaba a salir por los lados de su pene porque él seguía penetrándome.

Hasta que me dejé caer en la cama, cansada y con un hormigueo en todo mi cuerpo.

“Descansa, amor, porque todavía nos falta mucho.”

Su mano acariciaba mis nalgas y sus dedos mi vagina.

“Quiero que todo el tiempo que esté en el tribunal tú seas mi puta.”

“Y también yo lo deseo.”

Durante más de un año fuimos pareja a escondidas de todos y yo era su puta en la intimidad.

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Lauraelena
Lauraelena

Soy una mujer madura que gusta de la lectura erótica, de descubrir fantasías y llevarlas a la realidad. El sexo es un placer el cual me gusta disfrutar y mi pareja me lo permite, espero compartir con ustedes nuestras aventuras y mis placeres.

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