Este hombre cumplió mi fantasía

Hace un tiempo asumí que soy gay pasivo. Me fui dando poco a poco conociendo y probando las maravillas que son los hombres, pero siempre sentía que no disfrutaba del todo. Primero descubrí que me gustaban los penes grandes. Estuve con un hombre de buena verga, le medía unos 18 cm y el sexo era rico, pero no llenaba mi ser.

Un día me compré un dildo y ropa interior de mujer: tanga y bra. Me puse a jugar y me di cuenta de lo que me faltaba. Así que empecé a comprar más ropa de mujer: vestidos, calzas, más tangas. Con esto me sentía muy bien, como una mujer. De a poco me atreví a estar con un hombre, pero yo vestido como mujer.

La vida me presentó a un hombre guapo, justo lo que quería: un venezolano. Una amiga me dijo que había estado con uno y que cogían delicioso. Me lancé y de a poco entramos en el juego de coquetear.

Un día de verano me invitó a su departamento. Le había comentado mi fetiche, o más bien mi fantasía, y él dijo que a él también le llamaba la atención. Me alisté muy bien: tanga bajo ropa de hombre para llegar. Al llegar, la puerta estaba entreabierta con música. Apenas abrí, lo vi desnudo en el sillón, con su verga parada. “¡Hola, preciosa!”, me dijo.

Lo saludé e imaginé cómo me iba a comer este hombre. Me monté encima, nos besamos mientras me rozaba el culo. Me empezó a desnudar y vio la tanga. “Te tengo una sorpresa”, le dije. Me fui al baño a vestirme: tanga, bra, vestido ajustado y brillo en los labios. Salí y él ya estaba en la cama, desnudo. Me vio y se levantó al tiro. “¡Qué rica te ves, amor! Tenía tantas ganas de verte vestida así”.

Me sonrojé, vuelta loca. Me abrazó y nos besamos —me encanta esta parte. Me agarró el culo bien apretado, su verga se ponía dura. Me bajó el vestido para besarme las tetitas; yo ya me sentía toda dilatada. Me arrodillé frente a su verga, que se veía enorme. La besé y de a poco la mamé. Nunca había sentido una tan grande en la boca, pero de lo caliente me la metió entera.

Al ratito me levantó y me tiró a la cama. Iba a sacarme la ropa, pero él dijo: “Bebé, te quiero coger así como estás”. Me entregué. Me puso en cuatro, corrió la tanga, echó lubricante y empezó a metérmela. “¡Qué apretadito que está!”, dijo. En mi mente: nunca me había cogido un hombre tan dotado. Sus movimientos eran lentos hasta que me la metió toda. Luego me dio más duro y gemí como mujer. Mi fantasía se hacía realidad.

Le pedí montarlo. Cambiamos: cabalgando, sentía su verga muy adentro. Me tomaba del culo y marcaba el ritmo. Me sacó el bra, besaba mis tetas y las tomaba al saltar. Era un sueño delicioso. Luego me la metió de lado, una maravilla. Llevábamos unos 20 minutos cogiendo y él no se iba; curioso por cómo duraba tanto, disfrutaba esos 20 cm de verga.

Me puso boca abajo y se lució: me la metía toda, toda. Hasta que dijo: “Me quiero ir”. Quería que eyaculara en mis tetitas y luego mamarla. Lo vi pajeándose hasta que se corrió en mis tetas y un poco en mi cara. Nunca pensé que tendría semen en la cara, pero era un sueño. Me hizo su mujer y yo sentía que estaba con mi macho.

Así fue la primera vez. Después cogimos tanto. Al tiempo llegaba a su departamento vestida al tiro con ropa de mujer. Apenas entraba, ya era su hembra.

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Francoruiz
Francoruiz
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Un comentario

  1. Me encantó tu relato. coincido mucho contigo.
    Soy totalmente pasiva, y uso ropa de mujer en la intimidad. A veces me atrevo a salir vestida de chica a la noche.
    Mi novio es venezolano ( 49 ) . Convivo con él y me hace sentir mujer.
    Besos Roberta.

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