El carpintero parte 3 ( los mensajes)
Duración estimada de lectura: 4 minutos
Visitas: 1,726
En el transcurso de esos 8 días, él me empezó a mandar mensajes por MSN con el pretexto de la puerta, cosa que yo aprovechaba para extender la plática.
—Buen día, señora.
—No me digas señora, me haces sentir vieja. ¿O me veo vieja?
—No, como crees, estás muy joven, te ves muy bien.
—Que no me hables de usted, no me gusta.
—No quiero que se vea como que te falto el respeto.
—Eso sería si yo no te diera permiso, pero si te doy permiso, no me faltas al respeto, ¿o sí? 😊
—No, para nada. No creo que tú quieras que te falte al respeto.
—Claro que no. Me gusta que me traten con delicadeza y amabilidad.
—Así debe ser con una mujer como tú.
—¿Cómo yo? ¿Cómo soy yo?
—Pues así, guapa y hermosa.
—Me halaga.
—Solo digo lo que es.
—¿Y qué más?
—No sé, como digo, no quiero faltarte al respeto.
—¿Y si te doy permiso?
—¿De qué?
—De faltarme el respeto, ¿qué dirías?
—¿En verdad quieres que te diga?
—A ver, dime, te doy permiso.
—Que estás muy hermosa y que tienes un cuerpo muy bien formado.
—¿A poco? ¿Con eso creías que te faltaría al respeto? Solo me estás dando un halago.
—Es que no me animo a decir todo.
—Dímelo así, sin miedo a que me moleste. Solo dilo.
—Que estás muy buena, que me gusta cómo se te notan tus pezones y me dan ganas de agarrarte los pechos.
—Mmm, ves que no pasa nada por decirme eso. ¿Y si te dijera que me gusta que me veas, qué pensarías de mí? Que fue a propósito andar vestida así.
—¿En serio deseabas que te viera?
—Sí, ¿por qué no? ¿Puedes creerlo?
—Es que es extraño, eres casada y no quiero meterte en problemas, ni yo buscarme alguno.
—No pasa nada, solo estamos platicando, ¿o no?
—Sí.
—No, que sí. Es que no contaba que vendría con alguien. Él fue quien ganó sin querer.
—Jajaja, ¿y sí? Luego luego me dijo cómo se le notaban tus pechos y que estabas bien buena.
—¿Así que más te dijo?
—Que le daban ganas de cogerte. Perdón por la palabra, pero así lo dijo.
—No pasa nada. Sí vi sus intenciones. Oye, ¿y mis calzones, quién los agarró?
—Él, la verdad. Los olió.
—Lo imaginé, él se ve más pervertido que tú, jajaja.
—¿Así? ¿Le gustan pervertidos?
—A veces es algo bueno, ¿no crees?
—Pues sí. ¿Tú eres pervertida?
—Tú qué crees.
—Que sí.
—¿Qué tanto? Del 1 al 10.
—11, jajaja.
—Puede ser. ¿Y a ti te dan ganas?
—¿De qué?
—¿De cogerme?
—La verdad sí… Estás muy buena, además eres una mujer madura y esas me encantan.
—¿Así porque?
—Creo que tienen más experiencia.
—¿Tú crees?
—Sí.
—¿Ya has estado con mujeres maduras como yo?
—Sí y no.
—¿Por qué sí y no?
—Porque sí, maduras, pero no tan buenas como tú. ¿Quieres ver cómo me tienes?
—¿Te tengo de qué?
Y en eso me llegó una foto de su miembro. Tenía el abdomen marcado y un pene enorme que me dejó boca abierta.
—¿Eres tú? Está enorme.
—¿Te gusta?
—Mmm, sí.
—¿Dejarías que te lo metiera?
—Sí.
—¿Te animarías a eso?
—No sé, eso es en el momento.
—Entonces tendré que aprovechar.
—Pero pues vienes con chalan.
—¿Y si voy sin él?
—Podría ser.
—Uffff, ya me tienes bien duro.
Y recibí una foto de él con el miembro parado entre su mano.
—Todo para ti. Ahora que te vea, te lo voy a dar todo.
—¿Sí?
—Sí, todo es lo que quieres.
—No sé.
Pues eso haré. Ahora que vaya de nuevo, te voy a coger.
—Bueno. Mándame una foto tuya.
Y le mandé una foto mía con poca ropa.
—Así.
—Ufff, qué rica estás. Ya quiero tenerte y metértela toda, que me la chupes y chuparte toda.
—Me agrada la idea.
—¿Y si fuera aun con mi ayudante, me dejarías?
—No sé.
—Pues ya veremos…
—Bueno. Ya me despido.
—Ok. Espero terminar pronto ese detalle para ir y cogerte.
—Ok. Adiós.
—Adiós.
