El Arbolito: Un refugio para lo prohibido

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Siempre fui un hombre de gran imaginación, de aquellos que dejan volar la mente por los senderos de la pasión y lo prohibido. Nunca tuve reservas para compartir con mi esposa las fantasías que rondaban mi cabeza. Ella, en cambio, fue más rescatada no muy espontanea, celosa de sus pensamientos más íntimos. Sin embargo, con el paso de los años y la confianza fue abriendo de a poco las puertas de sus deseos y fantasías más profundas.

Cabe señalar que mi esposa es una mujer muy linda que conserva un cuerpo esculpido que me obsesiona: una estatura de 1.52 m, unos pechos medianos y firmes que me fascinan, unas piernas arrebatadoras, un trasero perfecto y una vagina cálida y sumamente complaciente, coronada por unos labios exquisitos que disfruto besar y saborear en cada encuentro.

En ocasiones antes de tener sexo conversábamos y platicábamos detalles sobre pequeñas fantasías y en otras en la calentura, ya en el acto sexual, era cuando yo aprovechaba su entrega para invitarla a confesar aquello que solo se atrevía a decir estando al borde del éxtasis. Ella de a poco me iba contando sus ideas bien guardadas. Yo me aprendía mucho al saber de sus deseos más íntimos, deseos que ella solamente me podía contar, detalles que ella solo me podía platicar estando sumamente excitada de lo contrario no era capaz de platicarme y hacerme conocer. Descubrir los rincones de su mente se volvió para mí, mi mayor fascinación.

Entre aquellas noches de revelaciones, me confesó un anhelo que encendió mi sangre al instante: el deseo de lo furtivo. Le excitaba profundamente la idea de hacer el amor en un lugar donde existiera el riesgo de ser descubiertos, la fantasía de sabernos expuestos, quizás observados por alguna mirada oculta en la oscuridad, sentirse deseada por algún mirón. Lógicamente está fantasía o deseo a mí me puso muy caliente, me excitaba bastante que ella lo proponga, saber que la fantasía esté en su cabeza llenándola de excitación. (La idea de ser descubiertos, la idea de buscar un lugar algo público, la idea de hacerlo de forma furtiva, escondidos y corriendo riesgos, sabiendo que alguien nos podía estar observando). Esta fantasía comenzó a echar raíces en mi mente, madurando hasta que decidimos que era el momento de transformar la fantasía en realidad, buscando el equilibrio perfecto entre la adrenalina del peligro y la seguridad que, como hombre, siempre busco brindarle.

Eran pasadas las diez de la noche cuando la ciudad comenzó a quedar atrás. Conducimos durante unos quince minutos por la vía principal, envueltos en una mezcla de temor, intriga y una excitación que se podía cortar con las manos. Pronto, divisamos un desvío, un camino de tierra poco transitado. Nos adentramos apenas unos minutos hasta encontrar nuestro refugio: un árbol inmenso y solitario. A lo lejos, solo parpadeaban las luces de la carretera y el eco tenue de un caserío.
Apagamos el motor y las luces. El silencio de la noche nos envolvió. Sabíamos que, desde nuestra posición, cualquier luz que se acercara nos daría el tiempo suficiente para reaccionar. Pero el riesgo ya estaba allí, palpable en el aire frío que contrastaba con el calor de la excitación que emanaba de nosotros.

Estábamos nerviosos por ser la primera vez que hacíamos algo así yo recliné, yo recliné mi asiento y, sin perder un segundo, el deseo tomó el control. me baje el pantalón hasta las rodillas y me saque la verga, la que a esas alturas ya se encontraba como un mástil, mi mujer sin pensarlo 2 beses se sentó de lleno en ella, pude notar lo mojadita q estaba su vagina. Comenzamos con el movimiento, ya para esto ella estaba bastante excitada y yo también, y ella comenzó con un rico vaivén, luego empezó a moverse de una forma frenética en completa libertad, se movía desesperadamente, cerraba los ojos y se mordía los labios, para sentir y disfrutar cada centímetro que taladraba su interior. Yo con mis manos en sus caderas hacia un esfuerzo para no venirme, ella me decía dame, dame, dame duro, muévete más, yo trataba de llevarle el ritmo, le daba y le movía como ella quería, la excitación era extrema al punto de que casi me corro, verla disfrutar sentada en mi verga moverse como una posesa, sabiendo que alguien podía encontrarnos o que alguien simplemente se había escondido para observarnos y correrse una paja. Yo acariciada sus tetas una en cada mano, recorría con mis manos su cuerpo; quería que ese momento fuera eterno, verla disfrutar así no tiene nombre.

Cómo hombre te complace y te llena ver disfrutar a tu pareja. Tuve que controlarme para no descargar a mi leche en su vagina. sin embargo, ella se movía muy rápido y muy rico en serio que lo estaba disfrutando, comenzó a quejarse trataba de controlarse para no gritar de la excitación que la poseía, ella estaba demasiado excitada parecía una diosa en celo disfrutando de la verga de su macho. Sus suspiros entrecortados, rogándome que no me detuviera, eran la melodía más hermosa. Verla allí, entregada, vibrando con la adrenalina de lo prohibido, la convertía en una visión embriagadora. Se aferró al placer hasta alcanzar su primer éxtasis, y luego otro, cabalgando la ola de nuestro deseo con una energía que me dejaba sin aliento.
Fueron minutos intensos, donde el tiempo parecía haberse detenido. Pero la noche aún nos guardaba su mejor lienzo.
Le pedí q bajara del carro y que se desnudara por completo, que apoyé sus manos en la cajuela del coche, regalando un hermoso espectáculo el más fascinante que mis ojos hayan presenciado, ver su escultural figura complemente desnuda a la luz de la noche, regalándome su hermoso trasero. Poniéndose en posición para que yo la disfrute. Su figura escultural brillaba en contraste con la oscuridad de la maleza y el monte infinito. Parecía una diosa esculpida en mármol, una obra de arte viva y palpitante en medio de la naturaleza salvaje.

Cabe recalcar que dentro del carro lo hicimos con ropa porque si algo pasaba simplemente nos incorporábamos y salíamos conduciendo. Ella parecía una escultura esculpida por los dioses se veía muy linda muy hermosa se podía ver el cuerpo de mi esposa por la claridad de la noche se veía un paisaje hermoso el cuerpo de mi esposa con el fondo oscuro de la maleza del monte del paisaje no está sumamente excitado, como le dije que se apoyara en la parte trasera del carro ella se puso prácticamente en cuatro, pero con manos apoyadas a la parte trasera. Me acerqué a ella, acariciando la suavidad de su piel, envolviendo su cintura para atraerla hacia mí. Esa entrega bajo el manto de las estrellas fue épica. Agarre sus caderas y las atraje hacia mí, haciendo que mi verga la penetrara hasta el fondo, en cada envestida ella no dejaba de quejarse estaba super excitada, mis manos jugabas con sus muslos, caderas y cintura, acariciaba sus bustos al punto de ordeñarlos; ya no podía seguir conteniendo la pasión, sentía que tenía que descargar en su interior, así que de toda la excitación, morbo que producía el acto no pude contener más y descargue un abundante chorro de leche, caliente y espeso en su interior inundándola por completo, mojando sus piernas al derramarse al salir de su concha. Todo el morbo, la expectación y el amor se fundieron en un instante perfecto donde perdimos por completo y por un momento la noción de la realidad.

Fue fascinante y encantador la experiencia. El sabor de lo prohibido, el riesgo latente y la belleza de verla disfrutar con tanta libertad le dieron a esa noche un toque de magia que quedará grabado para siempre en nuestra memoria. Porque, al final, una cosa es imaginar el paraíso, y otra muy distinta, atreverse a vivirlo.

Cuando el fuego por fin dio paso a una dulce calma, nos arreglamos en silencio, aún embriagados por lo vivido. Volvimos a la seguridad de la ruta principal y conduje de regreso a casa. Y fin de la historia, hasta la próxima dejen sus comentarios si han vividos algo similar o tienen esa fantasía.

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Angel
Angel

Pareja, con deseos de conocer

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