Desvirgué a mi hija

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Durante nuestra visita a unos familiares de mi esposa en San Salvador disfrutamos de la primera semana, pero llegó un momento que mi hija Diana, que ya tiene 22 años, y yo empezamos a fastidiarnos, principalmente porque había mucho calor y mosquitos.

La familia no dejó que nos fuéramos a un hotel. No niego que estaba bien el trato que nos daban, además había un ambiente familiar. Ahí conocí a una sobrina de mi esposa, que a sus 18 añitos era todo un manjar, una joven linda, con un cuerpo hermoso, pero eso es otro tema de conversación. Alina, que así se llama, me sacó varias pajas, sobre todo porque cuando salía de bañarse, tenía por costumbre dejar sus calzoncitos sucios en el baño, los que aprovechaba para dar rienda suelta a mis emociones.

En uno de los tantos días calurosos organizaron ir a un balneario. Obviamente que, aunque el objetivo era disfrutar de los días de vacaciones, mi hija y yo decidimos no ir.

Todos se fueron. Nos hicimos unas botanas con frutas y varias chucherías. Debido al fuerte calor nos quedamos con ropa ligera. Mi hija Diana estaba con una blusa de tirantes, sin sostén, obviamente sus tetas que son bastante grandes amenazaban con salirse, además hubo momentos que tenía los pezones erectos, principalmente cuando se ponía el ventilador (abanico le llaman en otros lugares) bastante cerca. Igual me quedé en ropa bastante ligera.

Diana sacó dos cervezas y me invitó una. Cuando nos dimos cuenta ya nos habíamos tomado cinco cada uno. Estábamos viendo una película de acción, pero de pronto el protagonista de la película y su compañera empezaron a besarse y terminaron haciendo el amor. Obviamente esa escena bastante explícita me excitó y vi que mi hija tenía los pezones parados. La película siguió, pero siguieron otras escenas donde los protagonistas seguían teniendo relaciones sexuales.

De pronto mi hija me dijo: ¿alguna vez le has sido infiel a mamá? Era una pregunta que no me esperaba y hasta me atraganté con mi saliva. No, no, cómo crees que haría algo así.

Sabes, me dijo, aun soy virgen y no he encontrado a la persona correcta para que me desvirgue, he tenido muchos novios, pero ninguno se lo ha ganado, desde la primera cita querían llevarme a la cama y obviamente nunca acepté. A muchos, antes de mandarlos al diablo, les dije que no sabían ganarse el amor de una mujer, en lugar de pensar con la cabeza pensaban con la cabeza de la verga y con ello se perdían la oportunidad de romperme.

¡¡Papito, quiero que me desvirgues!!, esa frase me dejó sin saber que responder, pero mi hija se montó sobre mí y me empezó a besar, a meterme su tibia lengua en mi boca y yo sin poder reaccionar. Aunque mi cabeza estaba atolondrada, la cabeza de mi verga sí sabía cómo reaccionar y se me puso dura como un tronco.

Finalmente empecé a besarla, a apretarle sus hermosas nalgas, a tocarle sus senos y empezamos a desnudarnos. Mi hija lo primero que hizo en cuanto me vio desnudo fue tragarse hasta el tronco mi babeante pene, se lo metía y se lo sacaba, me estaba haciendo disfrutar.

Procedí a besarle cada milímetro de su piel. Desde el cuello hasta sus ricos senos y pezones, su ombligo, su estómago plano, sus piernas sin tocar su pubis muy bien rasurado, alcancé a ver sus gruesos y largos labios vaginales que estaban que escurrían, me fui hasta sus pies que también se los besé, cuando venía de regreso mi Dianita me suplicó que le mamara su vagina, lo cual hice y tuvo su primer orgasmo y cuando le lamía el clítoris se volvió a venir. A pesar que no se había bañado, tenía un rico sabor y olor de su panochita.

Con mucha delicadeza acerqué la cabeza de mi verga a la entrada de la vagina de mi hija que estaba súper caliente, gemía y gemía y me suplicaba que ya se la metiera que quería sentirme dentro de ella y se la dejé ir de un tirón, sentí que la cabeza de mi pené topó al tiempo que se fue al fondo. Me pidió que me viniera dentro, que tomaría la píldora del día después. Nos venimos juntos y ella bramaba de placer, chillaba, disfrutó, me dijo que había disfrutado la forma en la que la desvirgué.

Cuando mi pene salió, estaba manchado de sangre e igual a ella le escurrió un hilito de sangre, me dijo que había disfrutado de la cogida. Desde luego que sin importarle que mi verga tuviera sangre y semen, así como sus fluidos, se la metió en la boca y se la tragó toda, me la dejó limpia.

Seguimos cogiendo toda la tarde, le rompí el culito, me dijo que gracias por hacerle el amor tan rico. Nos bañamos y volvimos a acostarnos a la espera de la llegada de nuestros familiares. Estábamos tan entretenidos que no nos dimos cuenta de la llegada de Alina, la sobrina de mi esposa, que se había regresado antes del balneario y nos sorprendió haciendo un 69.

También nos olvidamos que la abuelita de mi esposa, que tiene 65 años, se quedó en casa, y en cuanto tuvo la oportunidad me dijo al oído la muy cabrona: hijo, escuché cuando desvirgaste a Dianita. Me quedé paralizado, no sabía que decir y continuó: antes que te regreses a México me gustaría que me des mi buena dotación de verga y de leche, este cuerpecito será todo tuyo, la verdad es que ese día me hice varias pajas, pero quiero que me quites las ganas con tu hermosa verga, porque pude verlos cuando estaban cogiendo en la sala.

Si, abuela, si, cogeremos, porque desde que te conocí siempre me has gustado, a tu edad te ves bien sabrosa. Perfecto hijo, organizaremos una salida Dianita, yo y tú, ahhhh, también Alinita quiere que te la cojas. Si abuela, lo que tú digas, acerté a decir.

Mi esposa y todos sus demás familiares regresaron bastante bebidos. Mi mujer en cuanto llegó se tiró a dormir, situación que aprovechamos con Dianita para seguir cogiendo toda la noche y parte de la madrugada.

Decidimos quedarnos otra semana más, según para seguir conociendo, pero la verdad es que deseaba cogerme a mi abuela política y a mi sobrina Alina. Tiempo después me enteré que mi mujer anduvo cogiendo con el esposo de su hermana.

Le adelanto que regresamos a México y seguimos cogiendo mi hija y yo. Disfrutábamos haciendo el 69, cuando le metía la lengua en el culito sentía una descarga eléctrica, según me comentaba entre gemidos, pasaba a meterle la lengua en toda la rajita de su vagina hasta terminar en su clítoris, así repetía una y otra vez hasta que se venía dos o tres veces y ya me pedía que le metiera la verga.

Ya tenemos 10 meses de ser amantes y creo que duraremos muchos más, aunque le he dicho a mi hija que también puede buscar a alguien de su edad que, siendo realistas, tienen más empuje que yo, pero me ha dicho que la hago feliz en la cama, que disfruta de mí verga y de mi leche.

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