Aquel muchacho mi chofer me hizo suya

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Esta historia que les voy a contar es algo muy real que me sucedió en uno de mis viajes de trabajo. Primero me presento para ustedes. Mi nombre es Yoset, soy un hombre maduro, para todos muy pero que muy macho, casado con una mujer que amo a pesar de mis morbosidades en cuanto a lo sexual y con una familia maravillosa. Referente a lo sexual puedo decir he probado y vivido experiencias casi de todos tipos siempre con el mayor sigilo y discreción del mundo por lo que nadie puede señalarse siquiera con un dedo. En mi figura, cuerpo, rostro, forma de hablar o caminar no hay nada que delate la inclinación y deseos que siento en ocasiones de ser poseído y usado como mujer por otro hombre. Hice de todo pero siempre sabiendo cómo, con quién y dónde. Aun así no me considero gay ni bi, quiero desechar esa idea de mi mente a pesar de yo saber que tengo de los dos y que dentro de mí también llevo una mujer ávida de deseos y que en ocasiones se me hace imposible controlar.

Mujeres he tenido muchas, a montón diría yo. Nunca respeté la amistad o confianza que me brindara un amigo para acechar y esperar ese momento de debilidad, flaqueza, despecho por el que pasan casi todas las mujeres casadas en su relación con sus esposos para aprovecharme y como fiera al acecho darle el zarpazo y hacerlas mías aunque solo fuera por una noche, un día o un momento y después yo mismo decirme para mis adentros: una raya más para el Tigre y tratar en ese momento de convencerme a mí mismo que era un hombre a toda y mi debilidad no contaba.

Fantasías he vivido con muchas en mi cabeza y mi fantasía mayor siempre fue ver a mi esposa, la mujer que amo, siendo comida, gozada y bien gozada por otro hombre con una verga grande y bien gruesa delante de mí. Cosa que a pesar de haberlo hablado y propuesto a ella muchas veces nunca logré convencerla. Sí me permitió que le tirara fotos desnuda y se la mostrara a otros hombres e incluso amigos comunes de los dos. Claro, siempre sin mostrar su rostro ni ningún detalle que delate que es ella. Nos gusta y nos excita sobremanera saber que es deseada por todos los que ven su cuerpo, su coño y los deja con verga dura y muchos terminan masturbándose y dando su leche para ella.

Ahora ya después de hacer este bosquejo anticipando mi relato de mi persona les voy a contar la historia muy real que viví una noche con un muchacho y digo muchacho porque por su edad yo podía ser su padre y el cual yo tenía asignado como chofer por la responsabilidad que tenía en la Organización Económica o Empresa que yo dirigía. Entre nosotros existía mucha confianza más que de jefe a subordinado, diría yo de amigos, por la edad de padre a hijo. Claro, esa confianza no llegaba hasta el punto de darle participación en mis intimidades ni mis secretos.

A mí siempre me gustó la bebida de más y tengo buena asimilación para ella, algo en lo que teníamos afinidad pues a él también le gustaban los tragos y los asimilaba muy bien.

Todo sucedió así. En uno de nuestros viajes de trabajo a provincias, viajes que por lo regular duran de cuatro a cinco días por el nivel de gestión que tenía que hacer y reuniones que tenía que participar. En nuestras estancias en provincias tenemos que alojarnos en hoteles, casas de visitas o posadas designadas por la Dirección Nacional para ese propósito. Ese viaje del que les hablo duraría un día más de la programación de trabajo pues viajamos un sábado en la madrugada para llegar a nuestro destino ya cayendo la noche del sábado y así tener tiempo para descansar el domingo y hacer algunas visitas a familiares y comenzar con la actividad el lunes.

Como lo planificamos llegamos a nuestro destino, la posada designada para nuestro alojamiento, como a las 8 de la noche del sábado, la cual estaba situada al lado de una plaza grande que había allí en la cual esa noche se estaba efectuando una feria agropecuaria. Aquel lugar se veía lleno de personas y con quioscos con ventas de todo tipo: frutas, comidas y bebidas.

Sacamos los maletines del carro, le dije a mi chofer que fuera a parquear y yo me dirigí a la recepción de aquel lugar a buscar las llaves de las habitaciones pues como siempre suponía eran dos y ahí comenzó el trauma para mí. La recepcionista que estaba allí me informó que era una sola habitación pues se estaba reparando un ala de aquel lugar y cuando se hizo la reservación solo había capacidad y posibilidad para una sola habitación y como sería ocupada por dos hombres se pensó no habría problemas. Yo le dije claro que no, todo bien. Me dijo la habitación tenía todas las condiciones, estaba cómoda y contaba con dos camas tres cuartos mayores que la personal. En eso llegó mi chofer de parquear, le expliqué y le dije a la muchacha de la recepción que para dormir y descansar estaba buena.

Ella llamó a una camarera que había allí, le dio la llave para que nos llevara y entregara la habitación y efectivamente era una habitación amplia, ventilada, tenía aire acondicionado, baño con agua fría y caliente, TV por cable, nevera ejecutiva por si queríamos enfriar alguna bebida y dos camas que se veían bien cómodas, una a cada lado de la habitación. Es verdad, la habitación estaba bien buena.

La camarera se fue y quedamos instalados allí. Le dije a mi chofer: vamos a tomar baño para dar una vuelta por la feria y darnos unos tragos. Mañana tenemos el día para descansar y hacer algunas visitas. Le dije que se bañara primero y que luego lo haría yo. Cuando aquel muchacho, mi chofer, quedó en bóxer para ir al baño llamó mi atención la verga que se le marcaba. Mi vista inevitablemente fue a parar allí a su bulto y él se dio cuenta. Yo nunca se la había visto a pesar del tiempo que llevaba trabajando conmigo y la confianza que existía entre nosotros pues nunca coincidimos juntos en la misma habitación hasta ese día que por necesidad hubo que hacerlo. Él entró al baño y cuando terminó de bañarse escuché que me dijo: “Jefe, hágame el favor y alcánceme la toalla que se me quedó afuera”. Eran dos toallones grandes, uno en cada cabecera de la cama. Cogí la de él y se la llevé. “Toma”, le dije y cuando abrió la puerta estaba parado de frente. De nuevo inevitablemente mi vista fue a parar allí a aquel trozo de carne voluminoso, grande, grueso que le colgaba entre las piernas. Ahora sí se la vi, ahora sí le vi con claridad lo que aquel muchacho, mi chofer, se mandaba y pensé: pobre de la mujer que choque con eso. De nuevo estoy seguro él se dio cuenta pues mi mirada fue demasiado impertinente y no sé por qué me puse hasta medio nervioso y la toalla cayó al suelo. La recogí sin decir palabra alguna y se la di. Él salió del baño y luego entré a tomar baño yo.

Después de tomar baño nos pusimos ropa cómoda y fuimos para la feria. En el primer quiosco que encontramos nos tomamos tres cervezas cada uno y de ahí decidimos tomar ron que era lo que realmente nos gustaba. Compramos una botella de ron añejo y nos sentamos en una de las mesas con sillas que había allí de la parte afuera del quiosco a darnos los tragos y conversar de temas nada relacionados con el trabajo y admirar lo lindas, buenas y vestidas provocadoramente de algunas de las mujeres que pasaban por donde estábamos. Sin darnos cuenta aquella botella se fue completa y decidimos comprar otra. Yo ya sentía el efecto de los tragos, estaba más desinhibido pero estaba bien. Noté mi chofer también ya se le notaba el efecto de los tragos pero bien también. Éramos un par de glotones para la bebida.

El tema de conversación se fue poniendo caliente, picante y empezamos a hablar de mujeres. Yo en mi celular propio siempre cargo fotos de mujeres desnudas y sobre todo fotos de mi esposa, las mayoría de ella así como vino al mundo, claro como ya dije sin mostrar su rostro. Mi esposa es una mujer madura de 56 años pero está bien buena y me gusta enseñarla junto a las otras fotos a otros hombres y hasta amigos allegados cuando se toca ese tema de conversación. Es una de mis fantasías ya que aún no logré convencerla con mi fantasía mayor. Disfruto y me excita escuchar lo que dicen de ella o comentan cuando ven sus senos, su cuerpo, sus nalgas, su coño. Me gusta escuchar que la admiran, elogian su cuerpo, su coño, sus nalgas, escuchar cuando dicen qué rica está esa puta para cogérsela y gozarla rico, para darle verga por donde quiera y llenarla de leche, ponerla a mamar. Todo eso me excita y hace que me enamore más de mi esposa, la mujer que amo.

Y ya con este tema de conversación en el ambiente y los tragos en la cabeza saqué mi celular, fui a la galería de fotos y le dije a él: “¿Qué tú crees de estas mujeres?”. A aquel muchacho, mi chofer, se le querían salir los ojos mirando aquellas fotos y nada más que decía: “Pero qué ricas, qué buenas están todas” y sobre todo siempre hacía énfasis en sus comentarios cuando miraba cada una de las fotos de mi esposa. “Se ve es una mujer madura”, decía, “pero qué buena está, qué coño más rico, grande y lindo tiene, qué senos, qué nalgas, qué culo, está buena para cogérsela y darle duro con mi verga hasta que se me pela”.

Esas cosas que él decía que deseaba hacerle a aquella mujer que veía en las fotos sin saber era mi esposa a mí me ponían a mil como estoy seguro él también lo estaba. Hombre mucho más joven que yo con su virilidad al 100%. Estoy seguro tenía su verga que quería reventar. Lo que la erección tanto a él como a mí nos era fácil disimular pues sentados como estábamos con las piernas bajo la mesa ella nos cubría.

Yo lo escuchaba y en mis tragos que ya estaba casi pasado de ellos pensaba para mis adentros: si tú supieras que esa mujer que admiras tanto su cuerpo, su coño y te quieres coger es mi esposa y la ves casi todos los días pero con ropas. Falto poco a causa de mis tragos que se lo dijera, que le dijera que esas fotos que él admiraba tanto y que deseaba poder cogerse a aquella mujer de las fotos eran fotos de mi esposa.

Ya aquella otra botella estaba casi en el fondo y ya yo me sentía y no sé por qué estaba pasado, estaba borracho. Yo tengo más aguante para el ron pero pienso sería acaso por las cervezas que nos tomamos antes de comenzar a tomar ron lo que me cruzó los cables. Mi chofer se veía también estaba en nota pero menos que yo que casi había perdido la noción y digo que había perdido la noción pues él después en la habitación me dijo yo hice algo que no recuerdo haber hecho. Qué fue lo que más lo incitó, convenció y dio valor para hacer lo que se atrevió a hacer. Me dijo mientras mirábamos las fotos yo pasé mi mano por debajo de la mesa, le cogí su verga que la tenía a mil, se la apreté duro y le dije: “Mira cómo te tienen esas fotos, si tú supieras”. Me paré, casi me voy de lado y le dije a mi chofer: “Vamos que estoy pasado”. Él solo me dijo: “Sí, ya me di cuenta”. Cogimos la botella con lo poco que le quedaba, nos fuimos. Era solo salir de aquel lugar y frente estaba la posada.

Yo estaba mal, la cabeza me daba vueltas. Nunca en mis años de tomadera y que eran muchos había cogido una nota así.

Llegamos, serían como las 2 de la madrugada. Entramos a la habitación y allí arriba de una mesita con dos sillas que había al lado de la nevera habían dejado unos platos con comida y él me preguntó: “¿No va a comer, jefe?”. Yo solo le respondí: “Qué va, me voy a tirar un poco de agua arriba a ver si se me pasa un poco la nota y voy pa’ la cama”.

Así lo hice, me quité la ropa, quedé en calzoncillos, me envolví en uno de los toallones que había allí y fui para el baño. Me quité el calzoncillo a duras penas y me metí bajo la ducha con el agua fría. Me eché bastante agua encima, me sequé como pude, me envolví en la toalla y así mismo me tiré en la cama boca abajo. Lo que cayó fue un tronco y no debí haber tardado mucho en quedar profundamente dormido, casi inconsciente con la borrachera que tenía.

AHORA VIENE LO BUENO DE ESTA HISTORIA Y QUE ES MUY REAL.

Debe haber sido casi ya después de pasada una hora de yo estar acostado y dormido que empecé a sentir así entre sueños primero como que separaban mis piernas y luego que me pasaban algo por mi cara, mi boca y entre mis nalgas, pero no atinaba ni abrir los ojos. Mi mente estaba ida. Pienso sería que en mi subconsciente de borracho así como yo estaba me llegaba aquella señal como si fuera un sueño que estaba teniendo. Pero de momento sentí un peso sobre mi espalda como algo que estaba encima de mí y como si dieran un punzonazo en mi culo y me lo clavaban hasta el fondo de mis entrañas e involuntariamente aun sin saber con claridad el porqué un alarido de dolor me salió de lo más profundo. “¡Ayyyyyyyyy coño, qué me hiciste!”. Eso sí recuerdo perfectamente le dije. Ahí sí la borrachera se me quitó. Aquel muchacho, mi chofer, estaba acostado encima de mí y me tenía clavado hasta lo más profundo. Sentía tenía toda su verga dentro de mí y quería reventar los pliegues de mi culo. “¿Qué hiciste, qué hiciste?”, le repetía. “Quítate de arriba de mí”, le decía casi suplicándole. “Me duele mucho coño, me vas a reventar el culo” y él hacía caso omiso a mis súplicas y palabras. Yo hacía fuerzas para salirme de abajo de él pero era en vano, él estaba aferrado con sus manos a las dos barras laterales de la cama y no me lo permitía. Era como si estuviera soldado encima de mí. Se movía como un loco y con cada uno de sus movimientos sentía el grosor de su verga aumentaba como también aumentaba el dolor que yo sentía. Cada vez él se movía con más fuerza como para darme una lección mientras me decía bajito a mis oídos casi como un susurro para que nadie más oyera: “Ya mi jefe, ya está hecho, ya la tienes toda adentro. Este va a ser nuestro secreto. Aguanta, aguanta, verás el dolor va a ir pasando y lo vas a disfrutar. Pon de tu parte, yo sé usted lo quería. Usted fue el que tuvo la culpa de todo. Usted me provocó. Usted cree yo no me di cuenta con las ganas y deseos que miró mi verga cuando fui a tomar baño, cuando le pedí que me llevara la toalla que dejé afuera a propósito para convencerme que le gustaba mi verga y después cuando me la cogió y me la apretó cuando mirábamos las fotos de la puta riquísima esa. Usted me provocó y después acostarse así desnudo solo envuelto en toalla y boca abajo”. Y repetía: “Usted me provocó, usted me provocó y si no hacía esto mi verga iba a reventar. Pero qué rico me la siento mi jefe, qué rico y qué culo más rico usted tiene”.

Mientras él me decía todo eso y seguía moviéndose era cierto lo que me decía y el dolor que sentía iba pasando y sus palabras comenzaron a excitarme y en mi mente y con lo del efecto de la bebida que aún me quedaba pensaba: y cómo fue posible, cómo ese muchacho pudo meter todo eso que tiene dentro de mí y yo se lo aguanté, con dolor pero se lo aguanté. Pero ya está hecho y no hay marcha atrás y empezaba a disfrutar aquella empalada que estaba llevando y con lentitud y disimuladamente empinaba mi culo hacia atrás y movía mis nalgas a su ritmo. Cosa que inmediatamente él percibió y me decía: “Así mi jefecito, así, disfrútalo, gozalo. Desde ahora para adelante con mucho respeto pero usted va a ser mi putica rica. Dime, dime”, repetía él. “Lo vas a ser, dime que sí, dime si te gusta sentir mi verga adentro, dime si te llena”. Yo ya para ese momento estaba tan pero tan excitado que le respondía según lo que recuerdo cosas así como estas y que salían de lo más profundo de mi ser: “Sí, sí me gusta, me siento tu verga en el estómago, te mueves rico coño, pero qué rico, qué verga tan gruesa tienes, me siento rico coño, muévete, muévete rico así, revuéntame el culo que ya no me duele”.

Lo que yo le respondía excitaba más a aquel muchacho que me decía: “Así me gusta que me digas, así puta, así hablan las putas para sus machos. Que te gusta mi verga porque desde ahora ya no vamos a necesitar dos habitaciones cuando vayamos a cualquier lugar y te la voy a meter cada vez que yo quiera. Tu culo rico es mío, para mi disfrute coño”.

Sentí sus movimientos se aceleraron, quise llevar su ritmo pero no pude y empezó a gritarme bajito al oído: “Ayyyy, ayyyyyy qué rico me vengo coño, me vengo. Dime te la echo adentro, dime coño que me vengo”.

“Síiiiiiii, todita adentro, todita”, dije yo. “La quiero toda adentro de mi coño, préñame con tu leche, déjame preñada de esta vez”.

Sentí como que aquel muchacho comenzó a convulsionar encima de mí y me decía: “Cógela coño, cógela, siéntela como cae dentro de ti. Síiii, te voy a dejar preñado, te voy a hacer un hijo coño” y sus chorros de leche caliente y abundante llenaron mis entrañas. Yo sentía como la verga de aquel muchacho latía y bombeaba su leche dentro de mí.

Mi leche involuntariamente y sin tocarme siquiera se me había salido y había hecho un charco bajo de mí. Menos mal la toalla estaba entre la sábana y mi cuerpo y como era una toalla de felpa gruesa y yo no soy tan abundante con mi leche no embarró la sábana. Si no, qué pena cuando vinieran a cambiar la ropa de cama en la mañana que ya casi era, se hubieran dado cuenta lo que pasó entre nosotros.

Después que él se vino se quedó un rato acostado así encima de mí mientras su verga se le ponía totalmente flácida y me preguntó: “¿Te gustó? Dime la verdad, ¿te gustó lo que pasó entre nosotros?”. Yo no respondí y él insistió: “Dime, quiero que me digas, quiero saber, ¿te gustó lo que pasó entre nosotros? Dime la verdad, quiero oírte, ¿te gustó como te hice el amor?”.

Yo a su insistencia le respondí: “Quieres la verdad, sí, sí me gustó lo que me hiciste y como me lo hiciste, pero eso no va ni puede volver a pasar”.

“¿Pero por qué?”, preguntó él. “¿Porque si te gustó y tú lo hiciste tan rico, no quieres que vuelva a pasar?”.

“Tú no imaginas por qué, ni sabes por qué esto no puede volver a pasar”, le dije. “No te das cuenta, ahora aun siendo tu jefe no te podré mirar de frente”. Él me interrumpió y me dijo: “Usted está equivocado, esto es un secreto que guardaremos para siempre entre nosotros dos y sus exigencias para mí como mi jefe que es tienen que ser las mismas como fueron siempre. Esto que pasó aquí hoy nada tiene que ver ni puede influir en el trabajo ni nuestras relaciones de amistad. Esto que pasó entre nosotros hoy y que quiero que vuelva a pasar es muy aparte de todo lo otro en nuestras vidas”.

Todo esto él me lo decía con su verga aún metida en mi culo, flácida pero adentro.

Se levantó de encima de mí, yo también me puse de pie. Tenía mi culo adolorido y me sentía como si estuviera vacío por dentro. Su leche me salió y me bajaba por los muslos. Yo cogí la toalla para bañarse y de una vez limpiar la parte de ella que se había embarrado con mi leche. Él me abrazó por atrás y me puso contra la pared y afincó su verga contra la raja de mis nalgas y me dijo: “Yo no voy a perder tu culo nunca ni voy a renunciar a él mi jefe” y se apartó de mí. Yo no le respondí y fui para el baño y cuando estaba tomando baño aquel muchacho entró como una fiera y ya tenía su verga parada de nuevo. Me acoruchó contra la pared bajo la ducha y allí parado me la metió otra vez. Yo tenía el culo adolorido pero parece por el jabón ahora su verga me había entrado más fácil y sin dolor. Me gustó de verdad, me gustó sentir su verga adentro taladrando mis entrañas de nuevo. Él me preguntó: “¿Te la saco?” y mi respuesta fue: “No, no me la saques, la quiero ahí dentro de mí y sí, de verdad vas a cumplir con lo que me dijiste y conversaste conmigo de como serán las cosas entre nosotros. Mi culo siempre va a ser tuyo y más”.

Él no supo hasta después de un tiempo que yo quise decir con ese más.

Yoset

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yoset char san
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