En la fiesta de mi trabajo

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Hace mucho que no cuento algo. Pasa que venía con algunos problemas, pero por suerte conseguí trabajo en una empresa de colectivos y ahí es donde pasó nuevamente algo con mi esposa Noemí. Para los que no la recuerdan, ella es morocha, de rulos, linda cola, lindos pechos.

Resulta que ingresé a trabajar en una línea de colectivos, como dije antes. Como en todos lados, te haces de amigos y enemigos. Fue así que un día me avisan de una fiesta que se hace en la casa de un inspector, lo que llamamos chanchos. Este no era de mi agrado ni yo el de él, pero como la empresa lo organiza, no pude decir nada.

Fue así que llegamos a la casa de Oscar. Este tipo es petiso, morocho, de unos 66 años, y vive con el hermano mellizo que es igual a él, y dos primos de 70 y pico, unas panzas que parecían que se comieron la vida. Y bueno, los compañeros del trabajo. La noche fue baile, comida y alcohol. Fueron pasando las horas y nos divertíamos mucho. A medida que se iba la noche, también se iban los invitados. Fue así que nos quedamos Noemí con los dueños de casa, ya que uno de ellos nos llevaría a nuestra casa.

A todo esto, sacaron la jarra loca, mezclando todo tipo de alcohol, y Noemí tomaba como nunca. Esa noche estaba más descomunal que nunca: una mini jean, una remera blanca no muy gruesa, lo que hacía transparentarse y ver su ropa interior y sus pechos, algo que Oscar no dejó pasar por alto. Tito, su hermano, tampoco. Como que jodiendo, tiró agua mojando la remera a Noemí y dejándola más expuesta todavía.

A todo esto, pusieron reggaetón y Noemí empezó a menearse, y Tito atrás de ella, lo que aprovechó para apoyar su bulto y tocar esa hermosa cola de mi mujer. Todo esto mientras Oscar y sus primos miraban con sonrisas cómplices. Cuando la mezcla de alcohol le hizo efecto, Noemí se mostró más suelta y provocativa. Oscar se arrimó por delante, la tomó de la cintura y la trajo para un cara a cara, y le dijo a Noemí: “Vos sos una linda puta”. Ella, entre risas y con la mirada encendida, le respondió: “¿Y a vos qué te importa?”, pero no lo apartó. Oscar la besó, y ella correspondió. Tito, que estaba detrás, empezó a acariciar el culo de mi esposa y dijo: “Hoy tenemos fiesta”, y también la besó. Noemí se dejó llevar, moviendo las caderas al ritmo de la música.

Mientras uno de los primos filmaba, le sacaron la remera y dejaron sus pechos a merced de Oscar, que besó y mordió sus pezones, mientras una de sus manos se perdía entre las piernas de ella, que en pocos minutos tuvo un orgasmo terrible, de esos que empapan todo. El gordo reía feliz y me decía: “Sabía que algo bueno tenías que tener, carnudo”.

Oscar hizo que Noemí se arrodillara y le tomó su pito, guiándolo hacia su boca. Ella, con una sonrisa pícara, lo aceptó y empezó a chuparlo con ganas, mirándolo a los ojos mientras él acariciaba su cabeza. Para todo esto, Tito la puso de espaldas y empezó a disfrutarla, clavándola con fuerza y logrando que ella jadeara fuerte. En un momento, vi a Tito sacar y mandar saliva, y me di cuenta de que iba por más. Noemí, notando la intención, se giró un poco y le dijo con voz firme pero juguetona: “Si querés eso, primero pedímelo bien”. Tito la miró sorprendido y luego sonrió, acariciando suavemente su cadera. “¿Me dejás entrar ahí, Noemí? Te prometo que te voy a hacer sentir bien”, dijo con un tono más suave. Ella lo pensó un segundo, lo miró a los ojos y asintió con una sonrisa. “Dale, pero con cuidado”, respondió. Tito la tomó con delicadeza y, poco a poco, fue entrando en ese lugar que ella nunca había permitido antes. Noemí jadeó, pero esta vez no fue un grito de sorpresa, sino de placer contenido. Al rato, el orgasmo de Tito llegó, y dejó ese culo lleno de leche mientras ella temblaba de satisfacción.

Oscar, mientras tanto, se acercó y le dijo a Noemí: “¿Y a mí? ¿Me vas a dejar también?”. Ella lo miró, aún recuperando el aliento, y le respondió: “Depende, ¿me vas a tratar como una reina o como una puta?”. Oscar se rió y le respondió: “Las dos cosas, si vos querés”. Noemí sonrió y lo tomó de la mano, guiándolo hacia ella. Oscar la penetró lentamente, y ella lo recibió con un gemido de aprobación. Esta vez también se sumaron los primos. Uno le ofreció su miembro, y ella lo tomó con la boca con entusiasmo, mientras el otro se acostó boca arriba y Noemí, con total iniciativa, se montó sobre él, moviéndose con ritmo y seguridad. Oscar seguía detrás, disfrutando de ese culo que ahora era parte de la fiesta.

Mientras tanto, Oscar le preguntó entre jadeos: “¿Te vas a dejar coger otro día por mí?”. Noemí, con una sonrisa traviesa, le respondió: “Si me seguís haciendo sentir así, no creo que pueda decir que no”. Esa respuesta encendió a Oscar, que terminó dentro de ella sin dejar salir una gota. Los primos también tuvieron su turno, y Noemí los recibió con la misma energía y disposición, siempre con una sonrisa y moviéndose al ritmo que cada uno pedía.

Yo, a estas alturas, no quise quedarme afuera. Me acerqué y Noemí me miró con esos ojos brillantes. “Te estaba esperando, mi amor”, me dijo, y me atrajo hacia ella. La tomé por la cintura y la penetré, sintiendo cómo su cuerpo aún vibraba de placer. Cuando terminé, llenando ese hermoso culo de leche, ella suspiró satisfecha. Oscar, entonces, la tomó de la mano y la llevó a su habitación. Desde afuera, escuchaba cómo ella gemía de placer y le decía: “Sos mi puta ahora, ¿entendiste?”. Y Noemí, entre risas y jadeos, le respondió: “Soy tuya cuando yo quiero, no lo olvides”.

Desde entonces, cada tanto Oscar y sus hermanos la invitan a pasar la noche. Noemí va porque ella quiere, porque dice que ahí se siente deseada y libre. Yo la acompaño a veces, y otras veces me quedo en casa esperándola con una sonrisa, sabiendo que cuando vuelve, lo hace con una energía renovada y un brillo en los ojos que solo yo conozco. Al final, ella no es la puta de la empresa, es la reina de esa casa, y yo soy el hombre afortunado que tiene la suerte de compartir su vida con ella.

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Gabbo200510
Gabbo200510
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