Se agranda la familia: nuevas caras, viejas tentaciones y un culo que promete – I, II
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Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Para aquellos que hayan leído alguno de mis relatos anteriores, soy un adicto a las maduritas desde que tengo uso de razón, pero no por ello dejo de lado al resto de las mujeres.
Hace ya tres meses, mi hijo Gero convocó a la familia completa a un almuerzo. Eso hacía suponer que algo traía entre manos, ya que acostumbra a hacer cosas así cuando va a informar temas trascendentes.
Llegó el domingo y nos fuimos juntando todos en casa: mis hermanas y sus maridos e hijos, mi ex con su actual pareja, mi otro hijo con su pareja e hijos: éramos casi 20 y faltaba el principal implicado. Pasado el mediodía llegó acompañado con su nueva pareja.
Gero: familia, les presento a Julia, mi pareja. Llevamos casi 9 meses saliendo y hemos decidido irnos a vivir juntos.
La cara de León, su hijo, se transformó: pasó de la alegría por la juntada a miradas fulminantes a Julia. Me aproximé y le pedí que me ayudara a traer algunas bebidas y me lo llevé a otro sector de la casa.
Alejo: vos sabias que estaba saliendo con ella, no sé qué te sorprende.
León: no dijo que me llevaría con él, solo que se iría a vivir con ella.
Alejo: tranquilo, ya habrá tiempo.
León: hay cosas que todavía no sabés, ya te vas a enterar.
Tomamos las bebidas de la heladera y volvimos a la reunión. Era todo un alboroto, saludos, presentaciones, algo de algarabía por parte de algunos y de sorpresa por otros.
Estábamos en plena reunión cuando sonó el timbre de la casa, me preparé para ir a ver quién era, pero mi hijo hizo un gesto y fue él a abrir la puerta. Un par de minutos después, ingresaba acompañado por dos mujeres jóvenes.
Lo miré a León y entendí sus dichos. Su padre formaba una nueva familia y él seguiría en casa conmigo, no entraba en la nueva ecuación.
La reunión siguió hasta avanzada la tarde, momento en que se fueron retirando todos a sus domicilios. Solo quedamos mi ex (Mina) con Cacho, León y yo.
Mina: vas a tener que manejar todo con mucha calma, León está que vuela de bronca. Contá conmigo, mándalo a casa el finde que viene mientras el padre se lleva sus cosas.
Alejo: gracias Mina, en la semana voy hablando con él y si quiere lo mando
Cacho: va a ser menos jodido ver cómo se lleva todo menos a él.
Alejo: tenes razón Cacho.
Quedamos solos, terminamos de ordenar todo y León se fue rápidamente a enfrascarse en juegos on-line para no hablar de lo sucedido.
Esa semana fue terrible, vivía en un bajón continuo y hasta aflojó en estudios y tareas habituales. Cuando le ofrecí ir a pasar el finde con su abuela y Cacho, aceptó rápidamente. Preparó un bolso con algo de ropa y lo dejó en el auto. Cuando fui a retirarlo de la escuela el viernes a mediodía, estaba algo más calmado, lo dejé en casa de su abuela y le pedí que cualquier cosa me llamara y vendría. Me saludó y tras darle un beso a la abuela, entró en la casa, Mina me hizo un gesto de “llamada telefónica” y luego extendió el brazo a modo de saludo.
Volví a casa. A las 15:30, mi hijo llegaba a casa con una camioneta para llevarse sus cosas.
Gero: ¿y León?
Alejo: con tu madre, por el finde.
Gero: pensé que me ayudaría con la mudanza
Alejo: ¿para ver que no tendría lugar en tu nueva casa?
Gero: papá, la idea es que conozca a las chicas y se vayan uniendo.
Mientras iba cargando las cosas en el transporte me contó que vendría Julia con (Irma) una de sus 4 hermanas a buscar las ropas que dejaría preparadas en bolsos, ya que Irma tenía vehículo.
Quedé solo y a la espera de las dos mujeres. Llegaron cerca de las 19.
Aprovecharé este momento para describirles a Julia e Irma. Julia tiene 30 años, mide quizá 1,55, cabello castaño claro tipo melena, es rellenita (no gorda), buenas curvas, muy simpática. Mientras su hermana es el polo opuesto: 1,68, bastante más estilizada, cabellos rojizos (de peluquería), bastante más habladora y de lenguaje algo vulgar, y al igual que Julia, con curvas muy pronunciadas (tetas muy llamativas y culito parado).
Julia: Alejo, me llevo algunos bolsos así vamos acomodando la ropa y después vuelve Irma para llevar otra carga.
Irma: la yegua esta me tomó de flete, ¿podés creer?
Julia: compórtate Irma, qué va a pensar Alejo
Irma: que ustedes dos me van a vivir este fin de semana.
Cargaron las cosas y se fueron, una hora más tarde, Irma volvía a casa, cigarrillo en mano y con aliento a cerveza. Evidentemente ya estaba cobrando por sus servicios.
Irma: negri, ¿tenés algún bolso más para cargar ropa? No vaciaron nada
Me sorprendió la confianza que se tomaba la coloradita, ya que apenas me conocía. Fui por un par de bolsos y volví a la habitación de Gero, la encontré sentada en el suelo, con su celular en mano, hablando con Julia. Ésta le pasaba información de que llevar como prioridad. Se puso de pie y fue en busca de lo solicitado, aproveché el momento para observarla en detalle: llevaba unos leggins a rayas de colores vivos, muy ajustados que dejaban poquito a la imaginación, por detrás se metían bien a fondo en la raja del culo y de frente le marcaban una concha muy abultada (podía adivinar de labios gruesos) y la remera suelta (quizá más de lo aconsejable) con las tetas muy liberadas (parecía no llevar brassier). Cuando se agachó a guardar la primera tanda de ropa en uno de los bolsos, casi me tiento de tocarle el culito, era una invitación a frotarlo y hundir el dedo mayor en la raja. Para no volver a tentarme, le alcancé una silla para que pusiera el bolso en ella y tuviese que agacharse menos.
Irma: gracias negri, andá a hacer lo tuyo, yo me arreglo solita.
Alejo: ¿segura? Si necesitas ayuda, me llamás
Irma: vivo sola y me manejo así en todo en mi vida
Lo dijo con una sonrisa pícara, mientras volvía a retirar ropas del ropero.
Cuando se fue, se despidió con un beso y un abrazo, aplastando sus tetas en mi pecho; me pareció poco normal, pero quizá había sido parte de mi mente calenturienta.
El sábado por la mañana, inicio movido, a las 9:30 sonó el celular, era Gero.
Gero: papá en una hora voy por el ropero, televisor y equipo de audio.
Alejo: ok, me visto y te espero
Gero: después va Irma por otra carga de ropa, se la dejo en la cama
Alejo: ¿viene con Julia?
Gero: no, sola. Julia está ordenando las habitaciones y viendo si hace falta algún mueble más
Alejo: ¿la cama, el colchón?
Gero: por ahora no
Pasada la hora, llegó mi hijo y casi en el mismo momento Irma. Abrazo y beso a mi hijo y beso para mí. Había cambiado un poco la vestimenta: la remera más apretada que indicaba la presencia de un brassier deportivo que le levantaba las tetas y los leggins de colores había sido reemplazado por uno gris claro, tan ajustado como el anterior pero con un detalle: no marcaba elástico alguno de bragas.
Irma: buenos días chicos ¿cómo pasaron la noche?
Gero: destruido, jamás pensé que una mudanza cansara tanto
Alejo: lo pasé raro, la casa muy silenciosa
Irma: si querés ruido, llamame, ja ja ja ja
Empezó el desfile de muebles y el trabajo de retirar la ropa que necesitaba llevar, le dejó un par de bolsos a Irma para que la guardase y un par de cajas para el calzado.
Gero: bueno pa, creo que ya no vuelvo por hoy, voy a ordenar allá
Alejo: listo Gero, cualquier cosa avisa.
Irma: negri, no se va a Europa, se va a casa de mi hermana, que es bastante aquilombada, igual que mis sobrinas. Eso le va a llevar tiempo.
Cuando se iba, Gero me hizo un gesto de cuidado con Irma, sabía que era tan zafada como se expresaba. La dejé sola en la habitación ordenando las cosas y fui a la cocina a preparar un mate, tomé dos o tres y luego fui a ofrecerle algunos.
Irma: ¡¡guau!! Qué bueno un hombre ofreciéndome mates en la mañana, que desacostumbrada estoy a esto
Alejo: no será para tanto
Fuimos tomando algunos mates mientras ella acomodaba las ropas y me contaba de su vida. Es divorciada, se casó a los 20. Heredó el trabajo de su madre cuando esta se jubiló en una residencia geriátrica, habitualmente trabajaba tres noches y tenía dos de descanso. Un día volvió a casa antes de lo previsto y encontró a su ex con una de sus amigas en pleno ejercicio sexual, de allí su divorcio y un buen ingreso que le pasaba el infiel como arreglo judicial. Lo complementaba con su trabajo y le permitía vivir sola en un departamento mono ambiente céntrico. Con sus actuales 28 años, disfrutaba de la vida: organizaba sus cosas y disfrutaba de los fines de semana con salidas a antros, no se enredaba con nadie, pero sabía pasarla bien.
Irma: es la diferencia entre la tonta de mi hermana y yo, ella no se casó y el padre de sus hijas no le pasa un mango.
Habiendo terminado de cargar los bolsos, se sentó en la cama desarmada y tomamos un par de mates más.
Irma: tenía planes para hoy y mañana, pero esta pendeja me los cagó con la mudanza. Me iba de joda anoche y hoy, pero levantarme temprano no es mi fuerte cuando salgo. Trato de reponerme para ir al trabajo.
Alejo: tan mal no te va…
Irma: si me toca cuidar las viejas, todo bien, pero los viejitos quieren más atenciones: me han tocan el culo, franelean las tetas pero no pasan de ahí.
Alejo: deberías irte del laburo…
Irma: ni loca, con lo que me pagan vivo genial. Lo malo es que a veces me dejan recaliente porque no se les para y termino pajeandome en casa.
Alejo: y te desquitas los sábados…
Irma: obvio, pero esta semana no va a poder ser
La charla se iba poniendo interesante y caliente, pero tirarme a la pileta podía terminar en un buen quilombo. Se puso de pie y trató de cargar el bolso en la espalda para llevarlo al auto, pero el peso la superó. Me ofrecí a ayudarla y entre ambos cargamos las cosas.
Irma: bueno negri, vuelvo en un rato por el resto, Gracias por lo mates.
Se despidió con otro beso y abrazo apretado, que aproveché para darle un ligero toque al culo, se sonrió y salió, pero no dijo nada del toqueteo.
La suerte estaba echada, lejos de enojarse pareció gustarle el toque. Empecé a imaginar cómo haría para avanzar sobre ella sin que hubiese rechazo y termináramos revolcándonos.
Unas dos horas después volvió con varios bolsos vacíos, se la veía sudada y el olor a cerveza era intenso. Estaba chispeadita por el alcohol, como más liberada.
Irma: negri, te traje de vuelta los bolsos, ya les dejé el despelote a los tortolitos.
Alejo: gracias Irma. ¿Una cervecita fría?
Irma: estaría genial ¿algo para picar? Estoy cagada de hambre
Le extendí la cerveza y después busqué algún fiambre y queso en la heladera. Nos sentamos a la mesa y compartimos el momento, se chupó la cerveza como una esponja y se desparramó en la silla, comió algo del fiambre y pidió pasar al baño.
Irma: tengo que desagotar tanta birra.
Entró al baño y podía sentir el potente chorro que despedía de su cuerpo, luego abrió el grifo del bidet y supongo que para lavarse, pero demoraba bastante en salir quizá unos 15 minutos. Me acerqué al baño y le consulté si estaba bien. “Ya voy, en 5 termino” respondió mientras sentía un chapoteo.
Efectivamente, salió 5 minutos después, mucho más sudada, las gotas de sudor bajaban por el cuello y se perdían entre las tetas rumbo al brassier. Había una mancha poco discreta en los leggins grises a la altura de la concha: se había clavado una paja mientras se lavaba, era indudable.
Esa fue señal que necesitaba para avanzarla. Me acerqué a ella y sin mediar palabra mandé mi mano derecha a su entrepierna, extendiendo el dedo mayor por la raja. Abrió grandes los ojos y entreabrió la boca como para decir algo, pero no le di tiempo, Le comí la boca mientras aceleraba el manoseo de la raja, la pajeaba con ganas y ella aflojó la resistencia, se colgó de mi cuello y empezó a colaborar con los besos y caricias.
Irma: negri, ¿querés cogerme? Estoy recaliente
Le bajé los leggins y sentí su piel caliente y húmeda, no había tanga ni hilo ni nada que la cubriera. Tardé segundos en meter mi dedo en la cueva caliente y encharcada, la paja se estaba volviendo intensa, haciéndole aflojar las piernas.
La levanté en el aire y la llevé a la cama de Gero, con el dedo ensartado en la concha, la dejé caer en ella mientras me sacaba la ropa. Irma se quitaba todo hasta quedar totalmente desnuda, de piernas abiertas, invitándome a montarla. Me ubiqué entre ellas y acomodándome apenas, se la empecé a frotar por toda la raja.
Irma: métemela ya, no tardes que estoy que vuelo
Alejo: primero te la voy a comer y después te la meto
Irma: ¡¡ay papito!! ¿me vas a comer la concha? Me encanta, haceme acabar
Me arrodillé y me dediqué a mamarle los labios, pasar la lengua por toda la raja y abriéndola buscaba el clítoris para mordisquearlo. Ante ese tratamiento, comenzó a gemir fuertemente y apretarme la cabeza para no dejarme salir de allí.
Irma: ¡¡ ufff, qué lindo la chupás!! Un poquito más y te lleno la cara de juguitos, dale…
Y fue exactamente así, dos o tres minutos más y tuvo una acabada feroz, chorreando de manera intensa.
Irma: ahora cógeme, lléname la concha de leche, ni se te ocurra parar…
Los gemidos ya casi eran gritos y se movía como poseída. Me hizo girar y me montó para iniciar una cabalgata frenética que duró unos 15 minutos hasta que en medio de un grito completó su segundo orgasmo, al que respondí con varios chorros de leche en su interior.
Fue bajando la intensidad del bombeo hasta quedar detenida totalmente, aún empalada y apoyándose en mis hombros soltó un suspiro intenso.
Irma: ¡¡qué buen polvo, que falta me estaba haciendo!! Tres meses sin coger
Alejo: sos muy putita, te gusta mucho
Irma: obvio, si no fuese por el trabajo que tengo, sería una puta profesional
Alejo: ¿y entregás el culo también?
Irma: gratis no negri, ese tiene costo ¿te gusta mi culito?
Alejo: se ve muy lindo y apretado
Irma: déjame pensarlo, en la semana cuando tenga franco te llamo y te cuento si te lo doy y a qué precio.
Alejo: ¿los polvos son gratis?
Irma: a cambio de otra mamada, podría ser…
Estábamos negociando cuando sonó su celular, atendió y le respondió a Julia que estaba con un amigo, que por la tarde iría a la casa. Apartó un poco el celular del oído y me dejó escuchar parte de la charla.
Julia: ya estás cogiendo otra vez, cuídate de quedar embarazada, pásalo bien y disfrutá la tarde. Después te llamo.
La llamada se cortó, me miró y me dijo: “Deberías conocer a mi vieja, es más puta que yo y ya no cobra, lo hace por placer. La encontré varias veces con tipos como vos y algún que otro pendejo. Se mueve mucho y dura más pero solo lo hace en su salón de masajes, cuando quieras te saco un turno pero prométeme que no le vas a chupar la concha, eso es solo para mí, ¿sí?” Acepté la propuesta, pero no creí que fuera a concretarse.
Se bajó de la cama y en bolas, se fue al baño lavarse. No podía creer que la minita fuese tan fácil o quizá la perdía el alcohol, ya tendría tiempo de averiguarlo.
Volvió a la habitación y se puso a buscar sus ropas, cuando se inclinó para levantarla del suelo, dejó el culito en pompa, realmente era muy tentador y extendí mi mano para acariciarlo, se dejó hacer un poco y cuando ya estaba empezando a mojarse otra vez, giró y mirándome dijo: “No seas guacho, tengo algunas cosas que hacer y si seguís no me voy a ir”.
Le metí el dedo mayor a fondo en la concha y cerró los ojos, apretó las piernas y me retuvo dentro: “negri… en serio… me tengo que ir… me encanta pero no puedo quedarme…” se afirmó al ropero y empinó el culo, abrió apenas las piernas para que moviese el dedo un poco más y tomando mi mano, completó una paja leve, ya escurría como perra en celo. Me senté en la cama, y le abrí los cachetes del culo para tener mejor acceso a la concha, pero el agujero del culo me hipnotizó, me agaché y se lo comencé a comer, despacio, disfrutando de los latidos del anillo. “Ufff… qué rico se siente… no seas guacho… poné el dedito y me lo llevo adentro, papi” murmuró mientras abría más las piernas.
Le hice caso y con un movimiento rápido lo internó en su recto. “Así… quietito… que se agrande…” dijo mientras se movía muy despacio. Pero no todo puede ser perfecto, no resistí y comencé a meterlo y sacarlo con ganas y fue la perdición. Así como lo metió, lo sacó con rapidez. “Te dije despacio y que me dejaras hacer, unos minutos más y me hubieras enculado, ahora te quedás con las ganas” dijo y se puso de pie, tomó sus ropas y se vistió con rapidez. La seguí hasta la cocina, la tomé por los hombros y la giré, le estampé un beso. Se despegó de mí y mirándome con una mezcla de furia y angustia dijo: “yo elijo cuando y con quien entregar el culo, te lo perdiste por no escucharme. En la semana te llamo, pero no vas a tener acceso a mi culo”.
Tomó las llaves del auto y salió de la casa.
Me lamenté por no saber contenerme, pero estaba convencido que habría más encuentros con Irma, al fin y al cabo, sería interesante conocer al resto de la familia de Julia.
PARTE II
Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Había transcurrido una semana desde la mudanza de Gero y Julia, ya se habían organizado bastante y nos invitaron a León y a mí a una cena típica de día sábado en Argentina: pizzas y cerveza.
Impulsado por su padre, León fue a jugar videojuegos con Rina su hermanastra de 13 años y quedamos Julia, Gero y yo en la cocina, preparando las cosas para la cena.
Me extrañó la cantidad de pizzas que estaban en la mesada y les consulté si comían tanto habitualmente. “No, ya deben por llegar mi madre y otra de mis hermanas, espero no te moleste” dijo Julia mientras encendía el horno.
Bueno, iba a conocer a la profesional del sexo según Irma. Me imaginé varias cosas y situaciones, hasta que sonó el timbre y vi ingresar a las dos mujeres.
Julia: Alejo, ella es mi hermana Cristina y ella mi madre Chela.
Me aproxime a ambas y las saludé, mientras les hacía un típico escaneo de reconocimiento. Cristina de 22 años era virtualmente un clon de Irma, quizá con algo más de pecho y cabellos castaños con algunos reflejos de color rubio, jeans apretados y una camisa clara que traslucía un brassier de media copa con encaje que le resaltaba las tetas.
Chela de 60 y pocos, era una hippie de los años ’70 transportada al siglo 21. Vestido hindú muy holgado, de colores en la gama del violeta, cabellos plateados naturales, un perfume a sahumerio intenso y por lo que podía adivinarse, buenos pechos aunque algo caídos y unas nalgas importantes. La vestimenta no ayudaba mucho a descubrirla, pero marcaba levemente las curvas.
La joven saludó respetuosamente con un apretón de manos, mientras la madre me depositó un beso bastante sonoro en la mejilla. Dejaron sus abrigos y ayudaron a preparar la mesa. La joven más pendiente de su celular y la madre iniciando conversación como para saber un poco de mí.
Cuando todo estuvo listo, vinieron los tres adolescentes a la mesa y tras ubicarnos comenzamos a cenar. Las pizzas iban desapareciendo una a una y las botellas de cerveza se vaciaban con rapidez.
Algo debo reconocer de la familia de Julia: son de muy buen beber y cada uno con sus preferencias en sabores (cervezas rojas, negras y algunas honey).
Finalizada la cena, León y Rina volvieron a los videojuegos, Nuria a prepararse para salir de ronda con su novio y quedamos solo los adultos haciendo sobremesa.
La charla era animada. Chela no paraba de decir que Julia parecía una adolescente embobada por mi hijo y que esperaba que Cristina tuviese más suerte que Irma y Julia a su edad, que encontraran a alguien con quien formar una buena pareja, estable. Cristina la increpaba porque le elegía o le espantaba a los muchachos que ella llevaba a casa, sin darle pie a elegir.
Cristina: y no quiero entrar en detalles de lo que hiciste con Nico, mamá.
Chela: agradéceme que lo atraje, sino te hubiese corneado seguramente.
Juro que me atraganté con el trago de cerveza, la madre estaba diciendo abiertamente que se había apurado (o quizá algo más) al novio de la hija.
Cristina: no era necesario que fueras tan clara.
Julia interrumpió lo que parecía el inicio de un intercambio de frases que prometía ponerse interesante. “Mamá, Cris, ¿Me ayudan a levantar la mesa? Así traemos el postre…” dijo animándolas a cortar la charla.
Las tres mujeres se levantaron y recogiendo las cosas se fueron a la cocina para lavar todo y volver unos 20 minutos después con un par de potes de helado, una botella de tequila y otra de whisky.
Mientras tanto, Gero y yo fumábamos en el patio.
Gero: mi suegra es muy especial. Se considera un espíritu libre y así se comporta.
Alejo: ¿qué es un espíritu libre para vos?
Gero: imagínate, el miércoles fuimos a buscar las pizzeras para cocinar, nos abrió la puerta y andaba en tanga. Ni se calentó en vestirse, así en pelotas se paseaba por la casa.
Alejo: al fin y al cabo, es su casa.
Gero: sí, claro pero antes de abrir ponete una bata
Alejo: ¿de qué vive tu suegra?
Gero: una indemnización por un accidente de trabajo y la jubilación. Además es masajista, tiene un gabinete en la casa.
Alejo: ¿y tu suegro?
Gero: se divorciaron al poco tiempo de nacer Cristina. El tipo era camionero y tenía otra familia en el sur. Después de un choque, se encontraron las dos mujeres en el hospital, al menos eso me contó Julia.
Volvimos al comedor y las mujeres ya nos esperaban con todo preparado.
Cristina: ¿qué le sirvo Alejo?
Alejo: paso del helado, un whisky gracias.
Chela: yo también quiero whisky pero con helado
Así se fueron sirviendo hasta terminarlo, para el final solo quedaba media botella de whisky y el tequila casi completa.
Nuria se despidió de todos y se fue con el novio, León y Rina, abandonaron los videojuegos y se durmieron, quedando solo los 5 adultos en el comedor.
Mientras yo estaba con mi segundo vaso, las tres mujeres prepararon algunos shots de tequila y los bebieron al más puro estilo mexicano, cosa que repitieron otras 3 veces.
Cristina estaba bastante alegre y comentaba algunas de sus andanzas y Chela daba clases de mística y las mezclaba con sus conocimientos de masajes orientales, entre risas. Julia se dio cuenta que ambas estaban bastante pasadas de alcohol y retiró la botella de la mesa, al menos ella tenía su cama mucho más cerca que su madre y hermana. Con Gero salimos a fumar nuevamente y nos acompañó Chela.
Chela: te noto algo tenso Alejo, te vendría bien una sesión de masajes.
Alejo: lo agradezco, pero estoy complicado de horarios.
Chela: me adapto a la comodidad del cliente, en tu caso lo haría gratis.
Gero me hizo un gesto advirtiéndome del tipo de masajes que Chela pretendía darme y negaba discretamente con la cabeza.
Ella volvió al interior en busca de una tarjeta con su dirección y teléfono para concertar la cita. “Papá, te quiere voltear, no hay ninguna duda, ojo que es complicada” mencionó antes de la mujer volviera y me extendiera la tarjeta.
Chela: espero tu llamado, ¿sí?
Terminamos de fumar y volvimos al interior. Cristina no para de reír ante cualquier cosa, demostrando que el alcohol le había pegado duro. Julia sugirió que pidieran un Uber y fueran a casa a descansar. Cristina insistía con salir de ronda con sus amigos, que solo necesitaba una ducha que la despejase. Julia la acompañó al baño y se quedó con ella, hasta que salió bastante repuesta, minutos más tarde un bocinazo anunciaba que venía por ella. Saludó, se abrigó y se fue.
Chela: bueno, tendré que irme sola a casa
Revisó su teléfono y vio que no había mensajes, la noche del sábado pintaba soledad para la masajista. Ingresó a la aplicación para pedir transporte, pero siendo primeras horas del domingo, estaba colapsada: una demora mínima de 2 horas le informaban.
Desperté a León y le propuse irnos a casa, se levantó y entre dormido se despidió de todos para encaminarse al auto.
Chela: ¿estás con auto? ¿No me llevarías a casa?
Me puso en un compromiso, del que no pude escapar. Estando cerca de mi casa, opté por llevar a León y que se acostara, para luego llevar a Chela que vivía en la otra punta de la ciudad.
Ya en camino a su casa, pidió permiso para fumar, abrió la ventanilla y encendió uno de sus cigarrillos. Hablaba de sus hijas, de su vida y remarcaba el cambio que experimentó al jubilarse, el tiempo libre la llevó a estudiar masajes y uno de sus mentores la inició en los temas místicos, hacía una rara mezcla entre ambas cosas.
Cuando llegamos a su casa, me invitó a tomar un café, con la excusa de hablar de Julia, sus nietas y mi hijo. “Solo uno, porque dejé a mi nieto solo en la casa” le advertí.
Encendió la cafetera eléctrica y se encaminó a su cuarto, a quitarse calzado y ponerse pantuflas. Volvió, sirvió las dos tazas y me extendió una.
Chela: vamos directo al tema. Nuria es hija de una violación y eso le llevó un buen tiempo de superar, Rina si es hija consentida en pareja con un tarado drogadicto que la corneo mientras la nena estuvo internada por una enfermedad y mi Juli se la pasaba en el hospital cuidándola. Lo descubrió Irma.
Alejo: ok, ¿esto lo sabe Gero?
Chela: si, fue el paso que le costó dar a Julia, contarle todo y que él lo supiera. Por eso estuvieron casi un año saliendo, hasta que ella se sintió segura y le contó todo.
Alejo: muy bien, espero que la relación siga y esto no surja en algún momento de enojo de ambos.
Chela: espero lo mismo. ¿Puedo hacerte una pregunta muy personal?
Alejo: me reservo el derecho a no responder ¿sí?
Chela: ok, mis hijas no tienen secretos conmigo y sé que te cogiste a mi hija Irma. Tranquilo que no voy a contarlo. ¿Me echarías un polvo ahora? Lo necesito y me causó envidia cuando me dijo lo que hicieron.
Sorprendido por la pregunta, no atiné a responder inmediatamente. Ella supuso que era una negativa y trató de usar un recurso más: levantó su vestido y me mostró que se había quitado la ropa interior, estaba semidesnuda y decidida a que cumpliera con su pedido.
Alejo: no niego que sería interesante, pero ya te dije que dejé solo a mi nieto y esto llevaría un buen rato.
Dicho esto, me puse de pie y dejando la taza de café a medias, me dispuse a irme. Ella se puso de pie y se acercó a escasos centímetros.
Chela: ¿no te gusto? Puedo ser una viejita interesante
Me cerró el paso y colgándose de mi cuello, comenzó a comerme la boca como una poseída. Me llevó contra la pared y descargó el peso de su cuerpo para impedir que me fuera, bajó una de sus manos y me apretó la entrepierna buscando una reacción. Lo que encontró fue que le devolví el apretón a su entrepierna y levantándole el vestido, enterré dos de mis dedos en su cueva algo cubierta de vellos grises recortados. Aceleré un mete saca, propinándole una buena paja que la calmara, que costó un poco pero fue sucediendo.
Cuando aflojó su presión, la giré y apoyándola en la pared, le abrí las piernas y de manera tan violenta como podía la hice llegar a un orgasmo que acabó con su resistencia. Me separé un poco y dejé caer su vestido.
Chela: ¡¡madre mía!! Si así haces una paja, no me quiero imaginar lo que debes ser cogiendo en una cama.
Alejo: ya te dije, hoy no había tiempo suficiente, pero voy a volver por los masajes y ahí veremos. Eso si, solo pongo una condición: no quiero un solo vello: ni en la concha, ni en el culo y mucho menos en las axilas. Tu olor es muy fuerte.
Chela: con pretensiones el caballero…
Alejo: son condiciones, me gusta disfrutar lo que hago y que lo disfrutes.
Chela: aceptaría, pero también tengo una condición
Alejo: ¿cuál es?
Chela: mostrame la pija, quiero saber cómo es.
Me pareció justo, desprendí el botón y el cierre del jean, bajé el bóxer y tomándola, la saqué para mostrarla.
Chela se relamió y con una sonrisa en los labios dijo sus últimas palabras antes de dejarme ir: “He visto y comido más grandes, pero me contaron que es muy habilidosa y con eso me conformo”.
Me acompañó a la puerta, abrió pero se mantuvo detrás de ella, levantó su vestido y se lo quitó totalmente, mostrándose absolutamente desnuda. Me sonreí y entendí que así como había comido a la hija, en breve me comería a la madre.
Me fui a casa, al llegar verifiqué que todo estaba en orden, me iba para el baño cuando vibró el celular. Lo tomé y abrí el WhatsApp, había un mensaje de Irma avisando que el jueves y viernes tendría franco y me esperaba en su casa (incluía la dirección) y otro de un número desconocido, lo observé y encontré una foto de una concha totalmente rasurada, aún irritada y con un dildo de buen tamaño metida en ella. Debajo un par de líneas: “ya está libre de pelos, pero llena con un juguete que podría haber sido tu pija” era Chela.
Me reí y me fui a dormir, eran casi las 4 de la mañana y el whisky me estaba venciendo.
Desperté cerca del mediodía del domingo, ya había sonido a videojuegos en la habitación de León. Tomé el celular y había mensajes de Irma, Gero y Chela.
Irma me escribía desde su cama, provocándome con frases picantes que acompañaba con una foto donde podía verse sus piernas descubiertas y las sábanas tapando la concha. “Espero tu mensaje para vernos en mi franco, poneme el día y horario y te voy a estar esperando, negri” cerraba.
Gero preguntaba qué tal me había tratado Chela y si había zafado de ella: “Acordate lo que te dije, es jodida, trola pero jodida” y finalmente Chela enviaba nuevas fotos exhibiéndose ya sin vellos en las zonas requeridas de mi parte: “Cumplido, ahora solo queda que pidas el turno para los masajes”
Me levanté, me di una ducha y le preparé algo de almorzar a León, que tras devorar la comida se fue con sus amigos a pasear aprovechando la tarde.
Estando solo, ordené las habitaciones y me dispuse a responderle a los tres sus mensajes: a Gero que si bien Chela había intentado algo, logré zafar; para Chela e Irma, me hice una foto de la pija parada y se las envié con distintos textos “para que no me olvides y te vayas mojando” a Irma y “para que te hagas buenas pajas hasta que tenga el turno” a Chela.
El resto del domingo pasó tranquilo, ya el lunes volví a la rutina: León a la escuela, el mantenimiento de casa, las compras de cada día. Al atardecer, nuevo mensaje de Chela: “Estoy libre mañana por la mañana, sin turnos, te espero”, definitivamente la mujer estaba desesperada por coger, conmigo o con quien fuera, le respondí con emoji de ok y allí quedó todo.
El martes llevé a León a clases y de allí fui a completar unos trámites bancarios, siendo las 9:30 me senté en un bar a tomar un café, habilité el celular nuevamente y en segundos cayeron 2 mensajes de Chela: “Buenos días, ya te estoy esperando” en el primero y una foto de una mesa de noche junto a la cama con aceites en la segunda. Me provocó una sonrisa, terminé mi café, pagué el consumo y tras buscar el auto me fui a su casa.
Toqué timbre y se habilitó el acceso desde un portero eléctrico. Ingresé y sentí el aroma a sahumerios, dulces e intensos. Al fondo del pasillo, se veía una luz tenue de color naranja y escuché la voz de Chela: “pasá que ya tengo todo preparado”.
Caminé por el pasillo y me preguntaba cómo estaba tan segura que era yo, podría haber sido cualquiera que tocara timbre. Al pasar por el comedor, vi el resplandor de un monitor de una notebook que permitía ver el portal de ingreso. Allí comprendí, me vió y supo que había llegado su momento.
Llegué a la puerta de la habitación y la vi, vestida con una bata corta, restregando sus manos como quien quiere darle calor a las mismas.
Chela: Desvestite, así te doy el masaje y nos vamos poniendo en clima.
Señaló una silla donde podía dejar mis ropas. Me quité casi todo, dejando solo el bóxer.
Chela: tendete en la cama, boca abajo.
Le hice caso y sentí como se aproximaba a la mesa de noche y tomaba un par de frascos, se colocó aceite en las manos y segundos después inició el masaje descontracturante. Sabía muy bien hacer su trabajo, tenía las manos suaves y tibias, apretaba en los puntos exactos y fue eliminando una a una las contracturas. Primero la espalda y el cuello, para terminar por las piernas. Terminado el recorrido me hizo girar e hizo el mismo trabajo pero ahora de frente, se centró en los brazos y luego en los pies. Realmente era muy buena como masajista.
Sentía que mi cuerpo flotaba, cuando noté que sus dedos se enroscaban en el elástico del bóxer y tiraba desde allí para quitármelos. Hecho esto, utilizó otro aceite y lo fue distribuyendo por el vientre, dándole especial tratamiento a la verga, que se endurecía con cada masaje; cerré los ojos y me dediqué a disfrutar.
Me estaba pajeando con suavidad, logrando una erección como hacía tiempo no tenía. “Ya está a punto…” dijo y dejó de masajearla para reemplazar sus manos por la lengua, que recorría de arriba hacia abajo, jugando de manera muy excitante. De tanto en tanto, al llegar a los extremos, abría la boca y daba ligeras mamadas al glande y a los huevos. Me hizo abrir las piernas, se ubicó de rodillas entre ellas y se quitó la bata, quedando totalmente desnuda; bajó hasta meter la verga en su boca y comenzó a mamarla, despacio, como deleitándose. Era una sensación increíble, quise llevar mis manos a su cabeza para acompasar la mamada pero me las quitó: “Tranquilito, sé muy bien lo que estoy haciendo” dijo tomando un respiro, para luego volver a su tarea.
Alejo: ¡¡qué linda boquita tenés Chela, cómo me gusta!! Ponete de lado así te voy masajeando yo también.
Le gustó la idea, y se ubicó según le había pedido, dejándome la concha muy a la mano. No tardé nada en comenzar a acariciarle la raja, buscando humedecerla, abriéndole los labios vaginales en busca del clítoris.
Me encontré con una sorpresa: tenía un piercing colocado en él, una pequeña argollita que permitía tironear de ella delicadamente y estirarlo hacia afuera. Después del segundo tirón, retuvo la verga con los labios y ahogó un gemido como respuesta del placer que eso le provocaba.
Hundí dos dedos en su interior y con el dedo pulgar le frotaba el anillo que aprisionaba su clítoris, fue sentirlo y acelerar la velocidad de la mamada.
Alejo: tranquila putona o te vas a quedar sin leche para la concha
Chela: me estás haciendo acabar guacho, no pares…
Efectivamente, unos segundos después dejaba escapar un chorro de flujos de manera violenta y un gritito intenso mientras el cuerpo se le tensaba.
Le saqué la verga de la boca, la llevé al medio de la cama, la hice ponerse en cuatro y abriéndole las piernas, se la mandé a fondo aprovechándome de la humedad que tenía. La tomé por el cuello y comencé a bombearla con ganas. Ella hundió la cabeza en la almohada y con sus manos abrió los cachetes del culo para facilitarme ir lo más adentro posible. Retumbaban en la habitación el ruido de choque de los cuerpos y del elástico de la cama contra la pared. Gemía y pedía que no me detuviese, la concha le latía desenfrenada casi a contramano con las embestidas, se abría al máximo los cachetes y pude observar su ojete apretado. Dejé caer algo de saliva en él y puse un dedo, presionando para entrar, hubo un bufido saliendo de su boca y aquel agujero mágico se tragó el dedo totalmente. Otros dos bombeos y otro chorro de flujo salía rumbo al colchón, un nuevo orgasmo y para mi sorpresa, yo seguía duro y con ganas de más. Le saqué el dedo y mojé dos con sus jugos, ella se movía y el culo le latía, dudé algo pero intenté que ahora los dos dedos entraran en aquel agujero.
Constó un poco, pero lo logré. Chela bramaba y se sacudía, con la verga en la concha y los dedos en el culo, hizo un par de movimientos y apenas girando su cara en la almohada me pidió que la enculara.
Chela: métemela en el culo y llénamelo de leche, apurate que no resisto mucho más. ¡¡¡Dale!!!
La saqué de la cueva caliente y empapada para llevarla al agujero apretado y casi seco. Retiré los dedos y aprovechando la dilatación la empecé a meter. Yo iba lento pero ella tenía otros planes, hizo un movimiento hacia atrás y se empaló por completo. “¡¡Si hijo de puta, así bien metida hasta el fondo!!”
Se sacudió dos o tres veces y me apretó de manera firme e intensa, provocando que explotara llenándola de leche. Me quedé quieto mientras expulsaba los últimos chorros y ella se dejó caer sobre la cama.
Quedé arrodillado detrás de ella, observando la leche brotar del culo y resbalando por la raja, caer al colchón. Me dolía la verga después del apretón recibido, me senté y traté de recuperarme, hacía mucho tiempo que no duraba tanto y que descargara tanta leche, estaba sorprendido.
Varios minutos después, Chela giró hacia un costado y me observaba con una sonrisa.
Alejo: ¿de qué te reis?
Chela: ¿sorprendido por algo? Te hice trampas, el aceite que usé es retardante y vigorizador, ideal para relaciones prolongadas
Alejo: ¡¡ con razón!! Jamás había durado tanto…
Chela: te lo dije, me he comido más grandes pero la iba a disfrutar.
Alejo: tenés que decirme como se llama ese aceite o donde comprarlo
Chela: lo hacemos con un grupo de masajistas, no se vende en farmacias ni sex-shops. Te voy a regalar una muestra, que sirve para un encuentro.
Alejo: me la chupaste después de ponerme el aceite…
Chela: no es tóxico, pero vas a demorar al menos un día en volver a tener una erección razonable sin usarlo.
Ahí estaba yo, aprendiendo cosas nuevas y habiendo disfrutado de un polvo memorable con la consuegra. Cosas que iba a utilizar con su propia hija en la semana, pero no se lo iba a contar, claro.
Accionó una perilla y la luz naranja se hizo más intensa, permitiendo ver el resultado del encuentro: la cama encharcada con flujos y leche, su culo abierto y bien dilatado, sus piernas marcadas con los líquidos y mi verga reducida casi a la mínima expresión.
Chela: pasá al baño y límpiate un poco o vas a llegar a buscar a tu nieto a la escuela con olor a concha…
Le hice caso, y después de ello me vestí pensando en irme.
Chela: espero que podamos repetir alguna otra vez, pero no creas que se dará seguido. Mis hijas se darían cuenta y podría haber problemas. ¿Ok?
Alejo: de acuerdo ¿qué te debo por los masajes?
Chela: nada, me doy por pagada con los tres orgasmos que me sacaste
Nos despedimos en el pasillo de ingreso a su casa, me dio un beso en la mejilla en medio de un abrazo y le retribuí apretándole el culo y dando una caricia en la concha. “Sos manolarga, y eso me gusta. Andá que ya sé que no vas a aguantar otro round y me voy a quedar caliente” dijo mientras me empujaba a la puerta.
Salí a la calle, aspiré profundo y quedé pensando qué hubiera sucedido si después de haberle metido la verga se me hubiese ocurrido comerle la concha, qué efecto tendría el aceite en ella…
Me subí al auto y guardé en la guantera el frasquito con la muestra del aceite para usar con Irma, pero seguramente tendría que llamar a Chela para sacarme la duda.
Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.
Saludos,
Alejo Sallago – [email protected]
