Continuación con traileros: Dos días de puta en la carretera
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Me llamo Jessi y, como ya sabes, soy adicta a esto desde los 18. No puedo evitarlo. La verga me vuelve loca, el riesgo me moja más y que me vean vestida como puta me prende todavía más. Mi esposo cree que soy la esposa perfecta, pero medio Tizimín y varios de la colonia ya saben cómo soy. Mis amigos de la cuadra me han cogido en callejones, en fiestas y hasta en la azotea de la tienda. Pero los traileros… ellos son otro nivel. Me encanta esa vida de carretera, el olor a diesel, el sudor y saber que soy su putita de unas horas.
Dos semanas después de lo de Marco, empecé a chatear con don Raúl. Tenía 58 años, foto de perfil con su panza enorme debajo de una playera sudada, barba blanca crecida y pecho lleno de pelo canoso saliendo por el cuello. No era guapo, era un señor gordo, velludo y cachondo que olía a hombre de verdad siempre he tenido un fetiche por esos hombres gordos y velludos ya q en la secundaria tuve un encuentro con un hombre q asi y me encanto la manera en q me trataba como una muñeca. Me escribió primero mandándome una foto de su tráiler Scania rojo estacionado en Cancún. Raúl:
“Buenas noches reina. Vi tu foto en Facebook y me pareces linda. ¿Eres de Tizimín? Yo paso seguido por allá.”
Si soy de tizimin.
Yo:“Sí, aquí ando aburrida en casa… mi esposo trabajando. ¿Y tú, don Raúl?”
Raúl:
“ Tengo 58 pero todavía aguanto tres rounds seguidos. ¿Te gustan los señores maduros o nomás los jóvenes?”
Yo:
“Me gustan los hombres q no se andan con rodeo y juegos. Mientras más experiencia, mejor. ¿Me mandarías una foto de lo que tienes ahí abajo?”
Me mandó una foto: su verga gruesa, corta pero muy gruesa, casi morada, rodeada de un montón de pelo pubiano blanco y negro, con la panza colgando encima. Se veía pesada, venosa. Me mojé al instante.Yo:
“Uff… qué verga tan rica. Quiero sentir cómo me abre toda. ¿Cuándo pasas por Tizimín?” Raúl:
“Pasado mañana voy rumbo a Valladolid. Puedo esperarte el martes en la gasolinera de la salida a Mérida, como a las 11 de la mañana. ¿Te atreves, putita?” Yo:
“Me atrevo. Y quiero que sea de a deveras. Dos días enteros si puedes. Quiero que me llenes varias veces.” Raúl:
“Jajaja, vas a salir caminando raro, Jessi. Te voy a coger como se coge a una puta barata. Trae ropa bien puta, quiero que todos te vean y sepan que vas a que te partan.” El martes me vestí para matar. Tanguita roja microscópica que se me enterraba entre los cachetes, brasier push-up negro que casi dejaba ver las areolas, un top cortito blanco transparente y una minifalda de mezclilla que apenas cubría la mitad del culo.
Medias hasta el muslo y tacones. Encima me puse una camisola ligera para no escandalizar de inmediato. Don Luis, el taxista, ya ni se sorprendió cuando me vio.—Otra vez, Jessi… —dijo riendo mientras me miraba las tetas—. Un día de estos te vas a meter en un problema.—Ese es el chiste, Don Luis —le contesté abriendo las piernas en el asiento trasero para que viera la tanguita. Llegué a la gasolinera. Raúl estaba estacionado al fondo. Cuando subí al tráiler, el olor a hombre, sudor y cigarro me golpeó. Apenas cerré la puerta me agarró con sus manos gordas y me metió la lengua hasta la garganta. Olía a viejo cachondo y eso me encantó.—Qué puta más rica… —gruñó metiendo la mano directo bajo la falda y metiendo dos dedos en mi coño empapado—.
Ya estás chorreando, cabrona. Me bajó la tanguita y me comió el coño ahí mismo en el asiento del copiloto, con su barba rasposa y su lengua gruesa. Me vine en menos de tres minutos, agarrándole la cabeza calva. Luego me puso de rodillas en el camarote y me metió esa verga gorda hasta el fondo. Gemí como perra. Era corta pero anchísima, me abría toda.—Así, mija… trágatela toda. Desde los 18 te gustan las vergas, ¿verdad? Me contaste que ya eres bien putita conocida. Me folló duro toda la tarde. Me corrió adentro dos veces, llenándome el coño de leche espesa de viejo. Por la noche paramos en una brecha cerca de Valladolid.
Ahí me cogió de perrito contra el tráiler, con la falda subida y las luces de los coches pasando a lo lejos. Me azotó las nalgas mientras me metía hasta los huevos.—Grita, puta. Que sepan que te estoy partiendo. Estuvimos toda la noche acostados. Al día siguiente (miércoles) nos fuimos rumbo a Carrillo Puerto. Todo el día estuve casi desnuda en la cabina, solo con la tanguita y los tacones. Cada que paraba a comer o a echar diésel, yo bajaba vestida así. Los otros traileros me miraban con hambre. Uno hasta le gritó a Raúl:—¡Qué buen culo traes de copiloto, compa! Raúl se reía y me agarraba la nalga delante de ellos. En un Oxxo me hizo bajarme del tráiler con el top transparente, se me marcaban los pezones duros. Dos muchachos que estaban comprando me grabaron con el celular. Eso me puso tan caliente que cuando volvimos al camión me senté encima de Raúl y lo cabalgué como loca mientras él manejaba por la carretera.—Quiero que todos sepan que soy tu puta estos dos días —le gemía al oído. En la noche del segundo día, antes de regresarme, me cogió por última vez en el camarote. Esta vez lento, sudoroso, su panza velluda aplastándome las tetas. Me llenó otra vez y me dejó chorreando. Cuando me regresó a Tizimín ya era noche. Me dejó en la misma calle tranquila. Llamé a Don Luis. Subí al taxi oliendo a semen, sudor y sexo de dos días.
La minifalda arrugada, el top manchado y el pelo hecho un desastre. Don Luis solo negó con la cabeza sonriendo:—Jessi… un día tu esposo te va a matar. Yo me recosté en el asiento trasero, abrí las piernas y me bajé la tanguita empapada. Empecé a masturbarme lento, metiendo los dedos llenos de la leche de Raúl, mirándolo por el retrovisor.—Que me mate entonces… pero mientras, sigo siendo la puta más rica de Tizimín. Me vine una vez más en el taxi, gimiendo bajito, y luego me vestí justo antes de llegar a mi casa. Entré oliendo a trailero viejo, con las bragas mojadas y el coño hinchado. Mi esposo estaba en el sofá.—¿Todo bien, mi amor? —me preguntó dándome un beso.—Todo perfecto, cariño —respondí sonriendo, sintiendo cómo la leche de don Raúl todavía se me escurría por el muslo—. Fui a pasear un rato… nada más.
