La cuota de Fernanda y el Bully

Duración estimada de lectura: 18 minutos

Visitas: 1,564

Era un viernes cualquiera en la prepa. Estaba tan aburrido en clase de Química que para distraerme, tenía que ver fijamente a la maestra. No era la más sensual, pero sí que tenía un muy buen culo de dónde agarrar y la tanga se le alcanzaba a marcar por debajo de la falda; eso me excitaba tanto… La simple idea de fantasear con una MILF y poder cogérmela era mi sueño, pero por mientras me conformaba con las chicas de mi salón.

Finalmente, acabando la clase, me largué directo al gimnasio. Tenía entrenamiento de
MMA y quería llegar temprano porque tocaba sparring y me moría de ganas por poder
golpear a alguien, pero en el camino me di cuenta de que había dejado mi billetera en
el departamento. Mi motocicleta estaba en el taller y mi única opción era irme en camión. Sentía que me
llevaba la chingada: ahora tenía que irme caminando porque no tenía dinero para el
pasaje, hasta que…
A lo lejos vi a Jared, un pobre imbécil chaparro y todo flacucho que, siempre que lo
molestaba, se quedaba callado mirando al piso sin hacer nada.

(Este pendejo, ¿qué hace aquí?… Debe estar esperando a que sus padres pasen por
él).

Pensé.

De repente se me ocurrió una brillante idea: él podría tener dinero suficiente para
completar mi pasaje y así no tener que irme caminando.
Entonces me acerqué a él y, mirándolo de una forma muy intimidante, lo obligué a que
me diera todo su dinero. El enano sacó su billetera con las manos temblorosas y se
tardó mucho en dármela. Me desesperó tanto su lentitud que, para agilizar las cosas, le
di un gancho al hígado muy fuerte y lo dejé tirado en el suelo.

—Eso te pasa por desesperarme y hacerme perder el tiempo, puto

le dije mientras
Jared se quejaba de dolor en posición fetal y yo me fui muy feliz con su dinero.

Poco más tarde llegué al entrenamiento y partí madres todo lo que pude gracias al
bendito día de sparring. Al día siguiente quise aprovechar que era fin de semana para
relajarme un rato con el dinero que me había sobrado de la billetera de Jared.

Salí al bar con unos amigos y, después de un par de tragos, nos fuimos por unas putas
y terminamos la fiesta en casa de Héctor, mi amigo de más confianza.
El domingo fue día de cruda y el lunes regresaba a la aburrida rutina de la escuela… o
eso pensaba, ya que apenas puse un pie en la preparatoria me mandaron a llamar a la
oficina del director.

Entré y ahí estaban el gordo del director, el pendejito de Jared y una señora que nunca
había visto, pero que jamás olvidaría. Era una señora de unos 38 o 40 años, pero se veía bien conservada. Tenía el cabello lacio peinado con una coleta de caballo y un
pequeño fleco inclinado a la derecha. Tenía un buen busto, pero lo que más me llamó
la atención fue su enorme culo, que resaltaba bastante gracias a los leggins negros que
traía puestos.

Me quedé embobado viéndola unos microsegundos hasta que el director me dijo que
me sentara. Me dijo que Jared se fue a quejar porque lo había asaltado el viernes pasado y que
lo dejé tirado en el suelo.

(Ese pequeño bastardo…)

Pensaba mientras el director me daba un estúpido discurso sobre la moral y quién sabe
qué.

—Y bien, ¿qué tiene que decir en su defensa, Abraham?
me decía el gordo.

—Yo no tuve nada que ver en eso. Lo más probable es que, como Jared no llevara sus
lentes, me haya confundido con alguien más en la calle. Las paradas del camión suelen
ser peligrosas. Además, me parece injusto que me quieran culpar por algo que no hice.
¿O acaso tienen cámaras ahí?

El director se puso algo tenso. Ese pendejo señor no quería hacer su trabajo, nunca lo
hacía; solamente usaba su puesto para ligar con las maestras y secretarias de la
escuela, y encontró en mis palabras una vía para deshacerse de nosotros.

—Espera, ¿dijiste paradas del camión? O sea que fue en la calle… Lo siento mucho,
señora Márquez, pero es que no tenemos suficiente evidencia para determinar que fue
él quien asaltó a su hijo y, además, eso ocurrió en la calle, o sea, afuera de nuestra
escuela, y nosotros ya no tenemos jurisdicción ahí.

Sonreí por dentro mientras disimulaba una cara tranquila y me levanté lentamente.

—Si me disculpan, yo me tengo que retirar a clases.

Me fui muy tranquilo y, al cerrar la puerta de la oficina, podía escuchar a lo lejos cómo
la señora se ponía furiosa con el director y le exigía que hiciera justicia contra mí.
Jajajaja, claro que eso no iba a pasar, pero lo que sí iba a ocurrir es que ahora ese
putito de Jared iba a pagar por ir de rajón y acusarme con el director.
Y se lo dejé muy claro. En el receso me acerqué a él mientras estaba comiendo.

—Hola… veo que almuerzas solo… otra vez, como siempre.

—Ya déjame en paz. El director no te hizo nada, eres libre.

—Sí… soy libre… pero tú no, pendejo.

—Por favor, solo quiero comerme mi sándwich tranquilo. ¿Por qué siempre me
molestas?

—Jajajaja, no tienes ni idea. Si antes creías que te molestaba, prepárate porque a partir
de mañana volveré tu vida un infierno. Así aprenderás a no ser un pinche soplón con el
director.

Jared ya ni pudo comer por el miedo y yo me fui satisfecho, sabiendo que se estaba
cagando en sus pantalones.
Al día siguiente comenzó la tortura y, junto a otros amigos, aprovechamos un momento
de descuido, lo acorralamos detrás de los salones, lo golpeamos y le aventamos todas
sus cosas al techo.

—Este es solo el comienzo, putito

le decía muy burlonamente mientras nos íbamos.
Parecía que esto sería una rutina que duraría todo el semestre, pero un día después,
cuando estaba buscando a Jared para aplicarle su lección del día, no vino a clases.
Eso me aburrió un poco y el resto del día se sintió eterno y fastidioso hasta que finalmente sonó la campana para largarnos. Me fui al estacionamiento y, por fin, ya con
mi moto recién salida del taller, me disponía a irme, hasta que una señora me
interceptó.
Tuve que quitarme el casco para reclamarle y decirle que se quitara, pero cuando la vi
bien me di cuenta de que era la mamá de Jared. Ese culo era inconfundible y, aunque
ahora traía un pantalón de mezclilla y no leggins, igual se le veía muy bien.

—¿Qué quiere, señora? ¿No ve que ya voy de salida?

—Necesito hablar contigo.

—Carajo, otra vez ese llorón no se pudo quedar callado.

—Él no me dijo nada, pero sus moretones en la cara hablan por sí solos. Esto tiene que
parar.

—Já, suerte con eso. Yo no pienso detenerme.

—Por favor, debe de haber una forma de negociar esto con tus papás. Ya no quiero
que mi pequeño sufra. ¿Acaso no sientes que avergüenzas a tus padres o algo? ¿No
te importan o no quieres hacerlos sentir orgullosos? Así, haciéndole bullying a los
demás, jamás lo vas a lograr.

—Ese sería un buen argumento… si tan solo me importara. Mi padre está todo el día o
en el trabajo o borracho por ahí, y mi madre… bueno, suerte para encontrarla: ni yo sé
dónde está. Solo somos yo y mi moto contra el mundo, y si no le importa, yo ya me voy
a la verga.

—¡Espera!

—Aaaash, ¿ahora qué carajos quiere?

—Entonces, ¿estás prácticamente solo?

—Sí, ¿y qué?

—Por favor… tengo entendido que ya tienes 18 años… entonces ya te puedes
comportar tal como un adulto. ¿Por qué no eres razonable como uno y consideras dejar
a mi hijo en paz? Eso demostraría madurez de tu parte.

—¿Cree que soy estúpido y voy a caer en su cuento de apelar por la madurez? El
imbécil de su hijo va a caer y punto.

Me puse el casco nuevamente y procedí a mover el acelerador de mi moto, haciendo
rugir el motor.

—¡¡ESPERA!!

Me gritó la señora y tuve que quitarme el casco otra vez.

—¿Ahora qué?!!

—Por favor, vamos a negociar… Si quieres, podemos platicar en un lugar más tranquilo
y llegar a algún acuerdo para que dejes en paz a mi niño.

Justo cuando la señora dijo eso se me vino una idea a la cabeza y no pude evitar arquear una ceja.

—¿De verdad está dispuesta a charlar y negociar conmigo? ¿Tanto quiere evitar que
masacre a Jared?

—Sí, estoy dispuesta a hacer lo necesario para salvarlo… Entonces, ¿qué dices? ¿Lo
podemos conversar?

—De acuerdo. Súbase, iremos a un lugar más tranquilo.

—¿Qu… qué?

—Súbase a la moto, nos iremos de aquí.

—Pe… pe… pero yo traigo mi…

—¿Quiere proteger a su hijo o no? Súbase a la moto.

La señora no tuvo más remedio que hacerme caso y subir a mi motocicleta.
Finalmente, cuando ella se terminó de subir y acomodar bien, arranqué y partí rumbo al
departamento. El trayecto fue una sensación extraña: ya estaba haciéndome mil planes
y fantasías en la cabeza, pero no estaba seguro si ella iba a caer. No sabía si era
casada o no, ni tampoco sabía qué tan puritana era ni qué tan lejos estaba dispuesta a
llegar, aunque pronto iba a averiguarlo.
Finalmente, cuando llegamos al departamento, ella entró a paso lento mientras
observaba todo el lugar.

—Vaya… entonces aquí es donde vives.

—Sí… hogar dulce hogar, supongo.

—¿Y siempre estás solo?

—Sí… mi padre nunca está en la casa, entonces se podría decir que sí. No como tu hijo, que siempre creció con mamá y papá.

—Ah, de hecho soy… madre soltera.

—Ok… eso es interesante.

Me recosté en el sofá e invité a la señora a que se sentara.

—Entonces…

—Ah, me llamo Fernanda.

—Ok… Fernanda, dices que quieres que deje de tratar a tu hijo como un imbécil…

—Él no es un imbécil, solamente es… frágil.

—Es lo mismo para mí.

—Mira, sé que tal vez tengas tus problemas y todo, pero no por eso debes molestar a
los demás; eso solo incrementa el daño… Aaaam, disculpa, no sé tu nombre, no me lo
pude aprender.

(Esta perra ni siquiera se sabe mi nombre).

—Abraham… así me llamo. Lo dijo el director cuando estábamos en su oficina.

—Ok, ok, mil disculpas, Abraham, perdón. Ya no se me vuelve a olvidar. Mira… solo
quiero lo mejor para mi niño. No me gusta verlo sufrir ni verlo llegar todo golpeado de la
escuela.

—Y suponiendo que deje en paz al tonto de tu hijo…

—No es un tonto.

—Lo es para mí… Suponiendo que lo deje en paz… ¿qué hay para mí?

—¿Para ti?

—Sí, para mí. Tú dijiste que íbamos a negociar. ¿Qué gano yo a cambio de no molestar
a tu hijo?

—Bueno… te puedo hacer comida. Debes de tener hambre ya que dices que estás
solo aquí. Tal vez quieras que te prepare algo de comida casera.

—¿En serio?

—O bueno, te puedo… dar dinero. ¿Cuánto quieres

—Mmmm, el dinero no me interesa. Solamente le quité la billetera al pendejo de tu hijo
porque la mía se me había olvidado aquí.

—Entonces, ¿qué quieres? No se me ocurre más.

—Mmmm, si voy a dejar de molestar a tu hijo necesito a cambio algo que no se pueda
olvidar… una garantía.

—¿Garantía?…

—Sí… una garantía de que, aun dejándolo en paz, le di en la madre y estará humillado
para siempre.

—¿Qué… qué es lo que quieres?

—Fernanda… ¿qué tan dispuesta estás a salvar a tu hijo? ¿Realmente puedes hacer lo
necesario?

Poco a poco me fui acercando más a ella, invadiendo su espacio personal, mientras
ella trataba de apartarse hasta que se le terminó el sillón.

—O… oye, me estás incomodando.

—¿De verdad?… Eso no fue lo que sentí mientras me manoseabas cuando íbamos en
la moto.

Fernanda se levantó de golpe y estuvo a punto de abrir la puerta.

—Si te vas, tu hijo pagará las consecuencias… No importa que no lo lleves a la
escuela… tarde o temprano me lo encontraré.

Fernanda detuvo su marcha y se volvió a sentar en el sillón.

—Ya dime… ¿qué es lo que quieres para dejar a mi niño en paz?

—Tú bien sabes… a ti a cambio. Si de verdad estás dispuesta a todo, vamos a coger y
yo dejo a Jared en paz.

—Es que… no, no puedo, no puedo hacer eso…

—Entonces, ¿quieres ver a tu bebé en el hospital?

—NO, NO, NO, NO, por favor no…

Ella se quedó pensando un rato.

—Mira… solo… ¿qué tal si solo te doy un pequeño oral?

—Mmm, ta madre.

—Es un buen trato… Tú descargas todo lo que tengas guardado y yo protejo a mi hijo.

Realmente estaba decepcionado. Creí que llegaría a más con ella, pero bueno, no
podía quejarme. Después de todo, una MILF iba a hacerme una mamada y su pendejo
hijo tendría que vivir con eso el resto de su vida.

—De acuerdo, está bien, acepto el trato.

—¿De verdad?… Oh, muchas gracias. Estoy segura de que mi niño…

—Shhhh… ya déjate de palabrerías y comienza a cumplir tu parte del trato.

Fernanda bajó un poco la mirada y después asintió con la cabeza. Ella actuaba muy
tímida, pero me daba la sensación de que por dentro se estaba muriendo de lujuria,
como si ella también deseara que pasara esto.
Me acomodé en el sillón y ella se hincó enfrente de mí mientras se recogía el cabello y
me desabrochaba el pantalón. Yo estaba tan excitado que ya tenía la verga dura
incluso antes de que ella me lo viera.

—¡Oh por Dios! Es muy… grande… y venosa…

exclamó casi babeando y luego
disimuló como si no se mostrara con ganas de probarlo.

—Ya cállate y solo chúpamela.

Ella volvió a dirigir su vista a mi pene, se lamió los labios y comenzó a paso lento.
Primero le estaba dando pequeños besos, luego una ligera lamidita en la punta y
después abrió la boca para saborearlo todo. Su boca se sentía tan cálida y su lengua
cada vez comenzaba a tomar más confianza y a lamerme con fluidez.
Podía ver en su cara cómo lo estaba disfrutando.

—Así… sigue, chúpamela toda, perrita, no vayas a detenerte.

Curiosamente no se ofendió ni nada cuando le dije «perrita». Eso confirmaba mis
sospechas: esa zorra era una caliente pervertida sumisa. Esto era glorioso: por fin una
MILF sumisa que podía poseer a mi antojo.

Ella continuaba chupándome la verga cada vez con más intensidad y cada vez más
profundo.

¡Glup!
¡Glup!
¡Glup!

La perrita se atragantaba toda y después soltaba unos segundos mi verga babeante
para tomar un respiro. Yo inmediatamente la sujeté del cabello y la obligué a volvérmela
a mamar.

¡Glup!
¡Glup!
¡Glup!
¡Glup!
¡Glup!
¡Glup!¡Glup!¡Glup!

—Así, zorrita… ¡AAAAAHH!, continúa mamando.

—Claro que sí, papi.

(¿Papi?… Esto es excelente, esa puta está a mi merced).

Mientras ella continuaba chupándomela, yo comencé a ordenarle que se desvistiera.
Primero se quitó la blusa y noté que tenía un elegante brasier negro de encaje que le
sostenía unas jugosas y firmes tetas. Por instinto comencé a tocarlas mientras ella se
divertía debajo de mi cintura. Estaba fascinado con ella, pero aún no la había visto
completa.

—Párate y quítate los pantalones

le ordené.

Ella ni siquiera protestó; al contrario, me obedeció y se quitó los pantalones mientras
me miraba mordiéndose el labio inferior. Finalmente pude apreciarlo: ese magnífico
culo que resaltaba con los leggins la primera vez que la vi ahora estaba desnudo y solo
para mí.
La tomé de la nuca y la aventé boca abajo, recargada contra el sillón. Ella se acomodó
de modo que levantaba su culo listo para mí. Era definitivamente una mujer con
experiencia, aunque probablemente nunca había estado con un semental como yo.
Ya no podía esperar, así que me acomodé encima de Fernanda y le penetré ese
enorme y tonificado culo.

—¡Aaahh! ¡Por Dios, qué vergota tienes!

Ella exclamaba mientras yo empezaba a embestirla una y otra y otra vez, mientras veía
su trasero rebotar. Ella se sujetaba con fuerza del sofá mientras yo la tomaba del
cabello y la hacía arquearse de la espalda, mirándome para darle un beso de lengua
que sabía a gloria.

Ella me suplicaba más y que le diera más duro.
Yo respondí dándole una dura nalgada que resonó en toda la sala, dejándole una
marca roja de mi mano.

—¡AAAAAHH! ¡ASÍ, GRACIAS!!!

—Ahora eres mi puta sumisa. Dejaré al imbécil de tu hijo en paz, pero ahora tú eres
mía.

—¡Aaaahhh, aaay sí! Soy tuya, toda tuya. El imbécil de mi hijo puede irse al carajo;
ahora su bully está conmigo.

—Claro que sí, maldita perra. Dime de quién eres, puta

le dije mientras volvía a darle
una nalgada más.

—¡AAAAAHH! ¡Soy tu puta! ¡Soy la puta del bully de mi hijo!

—¡Di mi nombre, zorra! —le ordené mientras le daba otra nalgada más.

—¡AAAAAAHHH!!!! ¡SOY TU PUTA! ¡SOY LA PUTA DE ABRAHAM!

—Así me gusta

le dije mientras hundía su cara contra el sillón.

De pronto un sonido extraño comenzó a hacerse presente en la sala: el celular de
Fernanda estaba sonando. Ella lo tomó mientras aún me la estaba cogiendo y contestó.

—¿Bueno?… Hola, corazón, ¿qué pasó?… Aaaah…. No… estoy bien, cariño….
Aaaahh… es que… tuve que hacer unos mandados, pero ya… ya al rato voy para la
casa… Aaaah… ¿qué?… ¿Que me escucho agitada?… Nn.. no, amor, estoy bien, es
que tuve que correr un poco… Aaaahh. Sí, hijo, sí, estoy bien, mmmm, muy bien…
¡AAAAHH! Cielito, tengo que colgar: mamá está ocupada.

Fernanda colgó su celular y lo aventó al piso para volver a gemir como la perra que era.

—Olvida a ese bastardo. Ahorita solo déjate coger

le dije mientras la tomaba del
cabello, jalándola hacia atrás.

—¡Aaaaay!! ¡AAAAAHH!!! ¡Sí, papi, como órdenes!

Estaba tan excitado: me estaba cogiendo a una madura muy sexy y sentí que pronto
me iba a venir.

—Acomódate

le ordené.

Ella se recostó boca arriba en el sillón y yo me puse encima de ella, rodeando su cuello
con mis piernas mientras metía mi verga en su boca y ella me sujetaba de las piernas.
Entonces comencé a mover la cadera de adelante hacia atrás y ella simplemente era
una víctima sumisa haciendo garganta profunda.

¡Glup!
¡Glup!
¡Glup!
¡Glup!
¡Glup!¡Glup!¡Glup!

Ella se ahogaba y clavaba sus uñas en mis piernas hasta que finalmente me corrí.
La descarga fue tan potente que Fernanda terminó toda chorreada desde la boca hasta
su cintura y, finalmente, estaba hecho… Me había cogido a la mamá de Jared y esa
perra estaba incluso más satisfecha que yo.

—Aaaay… vaya, sí que tenías mucho semen ahí guardado… Mira cómo le dejaste toda
empapada y solo se suponía que te iba a dar un pequeño oral…

—Qué te puedo decir, soy todo un semental… Además, no te quejes… Se nota que no
habías cogido en años y por fin alguien te recordó lo puta que eres. Y tu hijo estará a
salvo por un mes.

—¿Por un mes?

—Sí… He decidido que ahora tú vas a ser mi puta personal y, para proteger al pendejo
de tu hijo, la cuota serás tú.

—¿Yo?… Pero… por supuesto…. Di… digo… bueno, sí, no tengo más remedio para
que el imbécil de mi hijo ya no sufra.

Ahora, por fin, cada vez que quiero llamo a esa puta madura a que venga a coger
conmigo y ella viene bien gustosa, fingiendo que lo hace por su hijo, aunque en
realidad solo lo hace porque le excita ser mi nueva sumisa.

👉 ¿Te gustó este relato? ¡Compártelo! ✨
Aiden
Aiden

Solo soy un chico que quiere plasmar sus fantasías (y...algunas anécdotas reales) en relatos

[email protected]

Artículos: 1

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *