Mi primera vez en la fiesta

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Esta historia sucedió cuando recién tenía 18 años y estaba en mi último semestre de preparatoria.

Claudia una amiga de la escuela que estaba bien buena había organizado una fiesta en su casa y todos los del salón estábamos ahí, conforme la fiesta iba avanzando el alcohol y el ruido de la música se impregnaban más en nuestras cabezas, la fiesta de Claudia estaba en su punto más alto y entre risas borrachas alguien propuso que jugáramos al típico juego de la botella, yo accedí pensando que seria mi oportunidad de por fin besarla.

Y justo así pasó, puse besarme con ella y con otras dos chicas más, el juego fué justo lo que esperaba, pero en algún momento de la fiesta ese juego ya se estaba saliendo de control, yo que había terminado bebiendo un par de tragos extras para ambientarme más comencé a sentirme algo mareado, y tuve que levantarme e ir al baño para lavarme la cara y checar frente al espejo que tan sobrio estaba aún.

Cuando salí del baño me topé con Jessica (una mujer de unos treinta y tantos años) estaba muy bien conservada, ella era la mamá de Claudia que también estaba en la fiesta con nosotros, ya que como habia tenido a Claudia a una edad muy joven y parecían hermanas no tuvo muchos problemas en convivir con nosotros.

Jessica era toda una MILF en la extensión de la palabra, tenia buen busto y un culo bastante ipnotico, ella se encontraba apoyada contra la pared del pasillo, con los brazos, al parecer me estaba esperando, yo creí que ella esperaba a que yo saliera para entrar al baño despues de mi, pero en lugar de eso comenzó a hacerme platica, sobre que si estaba bien y que que tal me parecía la fiesta.

La conversación con la madura fluyó tan bien que ella en algún momento se rió de algo que dije, después de eso Jessica se acercó a mi un paso, el perfume que usaba me golpeó de lleno, estaba ebrio pero sentí como si ese aroma me despertara y entonces me dijo…

—Oye…¿me podrías ayudar un momento? tengo que bajar más cerveza del ático por qué ya se acabó el alcohol y necesito a alguien fuerte que me eche una mano, será rápido

Lo dijo tan natural, tan calmada, que no pensé dos veces, sentí que así tal vez ganaría puntos con su hija, entonces asentí y la seguí por el pasillo, subiendo las escaleras hacia el segundo piso y luego la estrecha escalera de madera que daba al ático.

El espacio arriba olía a madera vieja y a polvo, había cajas apiladas que yo suponía que era la cerveza y un par de cuartos cerrados, ella abrió uno de los cuartos, entró y me dijo que la siguiera, en cuanto yo crucé el cuarto, Jessica le puso el seguro a la puerta, yo me quedé quieto sin saber cómo reaccionar, Jessica se giró hacia mí, sus ojos oscuros me recorrieron de arriba abajo, entonces dio dos pasos hacia mi, me agarró la camisa por el pecho y me empujó contra la pared, su boca chocó contra la mía con una urgencia que no esperaba de ella, me besó profundo, con lengua, chupándome el labio inferior y soltando un gemido.

Yo estaba muy confundido, pero también estaba ebrio y caliente, asi que correspondí al beso, mis manos subieron solas a su cintura y luego a su culo, levantándole la falda, ella apretó más el cuerpo contra el mío frotando su vientre contra mi erección que ya empezaba a marcarse más, ella se separó apenas unos centímetros jadeando contra mi boca, aún recuerdo que su aliento olía a vino tinto,
después me dijo…

—Te he estado mirando, desde que te hiciste amigo de mi hija, y esta noche está maldita noche se te ocurre vestirte como los chicos con los que yo salía en mi juventud, es como si me estuvieras incitando a qué hiciera esto

susurró

—Desde que llegaste aquí con esa cara de niño bueno que en realidad esconde a un demonio… y esa chaqueta de cuero tuya y luego como te veías cuando te la quitaste, no sabes lo que me ha costado no tocarte delante de todos ahí abajo

Yo no lo podía creer, ni en mis sueños más húmedos pensé que me pasaria algo como eso, ni siquiera me dejó responder, me volvió a besar, más sucio esta vez, mientras una de sus manos bajaba y apretaba mi entrepierna a través del pantalón, yo ya estaba duro, ella lo notó y soltó una risa baja, casi de satisfacción.

—mierda…

murmuró, apretándome con más fuerza

—Está gruesa, quiero verla

Yo simplemente me dejé llevar y empecé a besarla del cuello, ella inclinó la cabeza hacia un lado y yo aproveché para darme gusto con sus labios, lengua y cuello.

Yo mordí un poco más abajo, cerca de la clavícula, y ella soltó un gemido más fuerte, sus manos ya estaban desabrochándome el pantalón, bajó la cremallera y metió la mano dentro del bóxer, luego me sacó la polla, la sostuvo firmemente y sin soltarmela se arrodilló delante de mí sin ninguna prisa, me miró a los ojos mientras abría la boca y sacaba la lengua.

Lamió desde la base hasta la punta, despacio, definitivamente sabía lo que hacía, luego abrió más la boca y me la chupó entera de un solo movimiento, yo sentí el calor húmedo de su garganta era increíble, empezó a chuparmela con ritmo mientras jugueteaba con su lengua y hacia gemidos ahogados.

Yo apoyé la cabeza contra la pared y gemí, agarrándole el pelo sin apretar demasiado al principio.

Jessica tenía mucha experiencia, movía la cabeza de un lado a otro dejando que mi polla saliera casi completa para luego tragarla de nuevo hasta que su nariz tocaba mi vientre, babeaba, y la saliva le corría por la barbilla cayéndole al escote, a veces se separaba solo para lamer la punta en círculos y chuparla con fuerza.

Cada vez que llegaba al fondo, su garganta se contraía alrededor de mí y yo tenía que agarrarme a la pared para no doblar las rodillas.

Después de no se cuánto tiempo que me tuvo así ella se levantó y jalandome de la camisa me dijo…

—Quiero montarte, ahora

Entonces, se quitó la blusa de un tirón, las tetas le saltaron libres y yo quedé embobado, era. grandes naturalmente y esos pezones yo los miraba y sentía que me pedían ser chupados, después ella procedió a bajarse la falda dejandose solo las bragas.

Después ella me empujó hacia un viejo colchón que había en el rincón del ático y luego se subió sobre mí, agarró mi polla con una mano, la posicionó contra su vagina y me dió un sentón de un solo golpe, el calor de su coño me envolvió por completo y yo estaba completamente extasiado, ella empezó a cabalgarme de inmediato, moviendo las caderas en círculos y luego arriba y abajo con fuerza mientras yo la sujetaba de la cintura y la contemplaba.

Sus tetas rebotaban frente a mi cara, las agarré con las manos, las apreté, y me llevé un pezón a la boca, chupándolo con fuerza mientras ella gemía más alto.

Luego ella me sujetó de las manos y me las puso en su culo, yo apreté las manos y luego le solté un par de nalgadas, ella gimió y aceleró el ritmo, golpeando su culo contra mis muslos más y más intenso, yo seguí dándole nalgadas fuertes, ella gemía más alto cada vez que le pegaba, y su coño se contraía alrededor de mi polla.

—Más duro!

Me ordenó y yo obedecí, empecé a nalguearla con fuerza, alternando mejillas, dejando la marca de mis dedos, ella se inclinó hacia adelante apoyando las manos en mi pecho, y siguió cabalgándome mientras me besaba.

Así estuvimos un muy bien rato, ella cabalgandome y yo dejandole marcado el culo hasta que sentí que me iba a correr y como no tenía condon sentí la necesidad de avisarle a Jessica, ella se bajó de golpe, y comenzó a masturbarme con mucha rapidez mientras abría la boca y sacaba la lengua, los chorros salieron como proyectiles cayendole en el rostro y en la boca ella se lamió la cara y después me la volvió a chupar a un ritmo un poco más lento mirándome mientras yo terminaba de correrme por completo.

Despues de eso nos quedamos un momento acostados respirando fuerte, ella se pasó un dedo por la mejilla, recogió una gota y se la metió en la boca, saboreándola sin prisa, después se levantó, se limpió con una camiseta vieja que había por ahí, nos volvimos a poner la ropa con calma y luego me miró

—Baja primero tú, yo iré en un rato, y no digas nada, ni a Claudia ni a nadie

Bajé las escaleras todavía con el corazón latiéndome fuerte, la polla sensible dentro del pantalón y el olor de ella impregnado en mi.

La fiesta seguía exactamente igual, la música, las mismas risas y el olor a alcohol, Claudia me vio y me gritó algo desde el sofá, riéndose, yo sonreí, agarré otra cerveza y me senté como si nada hubiera pasado, como si no acabara de follarme a su mamá en el ático.

Unos cinco minutos después Jessica bajó también, se acercó a la cocina, se sirvió un vaso de vino tinto y, por un segundo, nuestros ojos se cruzaron a través de la sala, ella sonrió apenas, casi imperceptible, y se retiró, supongo que se fué a su cuarto, nadie se enteró de nada.

Jessica y yo cogimos un par de veces más y poco a poco nos fuimos perdiendo el rastro, pero nunca la olvidé ya que gracias a ella es que agarre mi gusto por las milfs

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Aiden
Aiden

Solo soy un chico que quiere plasmar sus fantasías (y...algunas anécdotas reales) en relatos

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