Mi linda prima Brenda
Brenda es de mi edad, siempre nos hemos llevado bien porque mucho tiempo vivimos cerca y también fuimos a la misma universidad, entonces nos veíamos casi todos los días.
Fue en ese tiempo cuando empezamos a tener una relación más cercana, me refiero a que después de clases íbamos a su casa; escuchábamos música, jugábamos Xbox o simplemente platicábamos de los sujetos que la coqueteaban o de las chicas que me gustaban. Varias veces me di cuenta de que me veía con otros ojitos pero siempre creí que solo era risueña.
Siempre se acostaba en mis piernas mientras platicábamos y yo acariciaba su hermoso cabello negro y lacio, y ella respondía con golpecitos en mi frente con la palma de su mano.
Me encantaba verla con ropa casual de la universidad: suéter azul ajustado que resaltaba sus tetas y falda del mismo color, por arriba de las rodillas, calcetas blancas que remarcaban sus duras pantorrillas y unos lindos flats negros. Siempre muy bien peinada, ya fuera que se alaciara el cabello, que le llegaba a los hombros, o se hacía una media trenza o simplemente se recogía el cabello con un moño o listón azul, negro o rojo.
Su cintura es estrecha y su cadera ancha, rematando en unas nalgas duras y paraditas, vientre plano y sus tetas redonditas y firmes.
No importa cómo se vista siempre se ve linda, puede traer un mini short, una playerita y sandalias y se vería igual de preciosa que si se pusiera un vestido escotado y zapatillas.
A Brenda le gusta andar con sandalias, solo con calcetines o con los pies desnudos. Debo decir que ella contribuyó en parte para que empezara a tener un fetiche con los pies femeninos porque cuando nos sentábamos en el sofá ella subía sus piernas sobre mi regazo y me gustaba ver sus pies blanquitos, sus uñas pintadas de morado o negro y sus plantas sucias porque había andado descalza pero no me atrevía a tocar sus pies, solo cuidaba de que no notara una erección lo cual era difícil porque sus pies desprendían el rico olor de su piel sudada.
Cuando se levantaba para ir al baño o se quedaba dormida en el sofá yo corría a su habitación, tomaba los flats que se ponía para ir a la universidad y los olía, lamía y aspiraba con una excitación del demonio, y si encontraba unas calcetas o calcetines sucios hacía lo mismo pero nunca me masturbé o algo, me daba miedo que Brenda me descubriera, a pesar de que nos teníamos mucha confianza no me atrevía a confesarle que me gustaban sus pies.
Un día Brenda me invitó a una fiesta y quedé de pasar por ella a su casa. Llegué pero mi tía me dijo que Brenda todavía no regresaba del dentista y ella tenía que salir, así que me quedé solo en la casa. Subí a la habitación de mi prima para revisar sus zapatos. Me gustaban mucho unos flats color plata, unas alpargatas cafés abiertas y unas sandalias negras que siempre usaba. Tomé un flat plateado y me lo llevé a la nariz, aspiré lo más hondo que pude, imaginando que estaba oliendo los pies de Brenda. Cogí unos flats negros con moño y me los llevé a la nariz, hice lo mismo con las alpargatas. Como estaba muy caliente me saqué la verga y comencé a jalármela mientras olía y lamía por dentro los flats y las sandallas, al tiempo que imaginaba que eran las plantas pálidas de mi prima y terminé corriéndome dentro de sus flats.
Brenda llegó a la casa y se metió a la ducha, mientras yo aproveché para meter a mi auto los flats plateados y unas zapatillas negras de aguja.
Mi prima salió con un vestido negro ajustado, su cabello perfectamente alaciado y en sus lindos pies unas zapatillas rojas de correa. Alzó la pierna hacia atrás mirando su pie y dijo:
Quería ponerme unas negras pero no las encontré.
¿A sí? Respondí
Sí pero en fin, vámonos.
Cuando terminó la fiesta la regresé a su casa, después de un rato se quitó las zapatillas y subió los pies en el tablero, pude ver que las zapatillas habían dejado marcas en el dorso de sus pies. Comenzó a sobarse y a quejarse un poco.
¿Todo bien? Pregunté
Me lastiman estas chingaderas, te digo que quería ponerme unas negras que están más cómodas pero no las encontré.
Ya casi llegamos, no te preocupes. Respondí.
Llegamos, bajó del auto descalza y caminó hacia la entrada sosteniendo las zapatillas de las correas en una escena muy sensual.
Ponte unas chanclas. Le dije.
Neh ya sabes que me gusta andar descalza. Me voy a cambiar, ve si hay algo de tomar en el refri.
Sólo hay cerveza.
Sí no importa. Dijo desde su habitación.
Regresó con un mini short, una sudadera holgada y descalza, se veía asombrosa aunque hubiera preferido que usara sus sandalias. Se dejó caer en el sofá.
Me duelen las patas y a parte las tengo bien sucias mira. Dijo mientras estiraba sus pies hacia mí, puso sus plantas casi pegadas a mi nariz, tenía tierra en ellas y entre sus dedos, y desprendían un rico olor. Esto me calentó bastante, quería llevarme esos pies sucios a mi boca y limpiarlos con lujuria pero me contuve.
Después de unas cervezas Brenda quedó rendida en el sofá, con las piernas cruzadas sobre el reposabrazos, disfruté de la escena mientras me terminaba la mía.
Brenda. Dije en voz baja pero no despertó. Volví a llamarla con un tono más alto pero siguió durmiendo.
Entonces fui a su habitación, sus zapatillas rojas estaban en el suelo y extrañamente su sostén también, cogí ambos y me metí a su baño. Me llevé el sostén a la nariz, aspiré profundamente, olía a su perfume, muy dulce. Después tomé una zapatilla y la lamí por dentro. Me saqué la verga y comencé a frotármela con la otra zapatilla mientras olía su sostén, quería correrme pero tuve una mejor idea.
Regresé al sofá.
Brenda. Volví a decirle en voz baja al oído pero no despertó.
Seguía en la misma posición así que acerqué mi nariz a sus plantas e inhalé profundamente, olían al interior de la zapatilla y a su piel sudada. Volteé para ver si no había despertado, seguía dormida. Saqué la punta de mi lengua y di una pequeña lamida a su talón que estaba más sucio y áspero, busqué su rostro pero seguía dormida.
Olí su otra planta y la lamí más despacio pero con cuidado, quitando la suciedad, Brenda ni se movió, fui por sus zapatillas rojas y comencé a jalármela mientras aspiraba el olor de sus plantas y daba pequeñas lamidas, saboreando su piel áspera y olorosa, hasta que me corrí en las zapatillas, creo que ha sido de las corridas más largas que he echado.
Me apresuré a limpiar las zapatillas y dejar todo en su lugar antes de que Brenda se despertara. Regresé a la sala, mi prima seguía durmiendo, fui por otra cerveza y cuando regresé se había despertado.
¿Me dormí mucho tiempo? Preguntó.
Uy sí, como 2 horas.
Chismoso. Ven. Me dijo alzando sus brazos en señal de que la ayudara a levantarse del sofá, me tomó del cuello y quedamos frente a frente, a escasos centímetros y de repente me dio un beso en los labios, seguí el beso jugueteando con su lengua y acariciando su carita, fue un beso largo y tierno.
Se examinó un pie con extrañeza pero no le dio importancia.
Ya me voy a dormir, tú quédate en el cuarto de Julio.
OK.
AH y que esto quede entre nosotros.
¿Se dio cuenta de que le lamí los pies o se refería al beso? Pensé con miedo.
Sí, nadie sabrá. Respondí nervioso.
El beso fue un efecto del alcohol. Dijo seria.
A mí me gustó.
A mí también pero no podemos hacerlo. Te veo en la mañana.
Sí, descansa.
A la mañana siguiente Brenda tenía una falda negra muy corta, una playera ajustada y descalza. Charlamos pero ninguno mencionó el beso.
¿Me acompañas al Walmart?
Sí claro.
Va, voy a bañarme. Dijo dándome un golpecito en la frente y sonriéndome pícaramente.
Te espero.
Desde la habitación de su hermano escuchaba caer el agua y a mi prima cantar en francés, miles de perversiones pasaban por mi cabeza; quería entrar a la regadera y hacerla mía pero al menos esa vez pude cumplir mi mayor fantasía: probar sus pies pálidos y sucios, y ella sabía de mi gusto secreto por ellos, participando con entusiasmo en el juego.
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